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Prólogo

 

Hay proyectos que se hacen realidad tras tiempo de preparación, de estudio, de búsqueda de financiación, de pruebas y ensayos... Pero otros nacen de la convicción, de la voluntad, de la persistencia y del tesón. Tal es el caso del curso o taller de Periodismo Solidario de la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense y del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS), estrechamente ligados entre sí y ambos a esta universidad.

Hace diez años, un grupo de estudiantes de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense y algunos periodistas recién licenciados iniciaron un camino que se convirtió en el Curso de Periodismo Solidario y el CCS, todo ello bajo la experiencia y coordinación del profesor José Carlos García Fajardo.

Para alcanzar esos objetivos se partía de una decisión que era y es la apuesta decidida por la justicia, por la defensa de los derechos humanos y sociales para todos, sobre todo para los más desfavorecidos, una apuesta sin concesiones por otro mundo posible porque es necesario, y porque el actual no nos gusta porque es injusto e insolidario. Una apuesta por asumir la causa de los más débiles, de los ancianos, de las mujeres maltratadas, de los niños, de los enfermos, de los inmigrantes, de los marginados en una sociedad opulenta, de la defensa del medio ambiente, de la lucha por un desarrollo endógeno, sostenible, equilibrado y global. Y también por la difusión de proyectos positivos, de ideas nobles y de otros modelos de crecimiento porque los experimentados bajo un liberalismo insaciable y un conservadurismo presidido por la codicia, nos habían conducido a esta crisis económica, financiera y ética. Y todo esto para ser difundido por medio de ese altavoz multiplicador que es el cotidiano ejercicio del periodismo.

Aquellos hombres y mujeres jóvenes y el profesor García Fajardo hicieron buena la certeza de que pueden los que creen que pueden. Por medio de la palabra, que es la herramienta de los periodistas, aquel grupo empezó a mostrar la realidad como es, honradamente, no como pretenden con tanta frecuencia oscuros intereses e ideologías. Estaban convencidos de que el primer paso para cambiar las cosas es conocer  los problemas, las injusticias y las sinrazones. Y llamarlas por su nombre.

Así comenzó el Centro de Colaboraciones Solidarias con su Taller semanal para 40 profesionales y estudiantes de periodismo. Por el mismo ya han pasado más de 400 periodistas, que hoy ocupan muchos de ellos puestos de responsabilidad en nuestro país y en otros muchos, como corresponsales y enviados especiales así como en las instituciones comunitarias y en varias universidades.

Los aprendices del periodismo solidario y algunos otros buenos profesionales que respondieron a ese desafío se pusieron a escribir, a cuidar la edición y a enviar sus escritos a colegas y medios informativos al otro lado del Atlántico, gracias a la increíble facilidad comunicativa que proporciona Internet.

Esos escritos empezaron a aparecer en las páginas de diarios y semanarios de América Latina, en portales y páginas web. Y cada vez fueron más lo medios que publicaban los escritos del CCS, hasta llegar a más de mil quinientos profesionales y medios de comunicación.

Este libro recoge algunos de los artículos escritos de José Carlos García Fajardo, fundador y director tanto del curso de Periodismo Solidario como del Centro de Colaboraciones Solidarias. Como persona comprometida, su director nos ofrece una visión universal y global humanista y humanitaria de los principales retos, problemas e injusticias que aquejan a nuestro mundo, analizados con fértil indignación y lucidez.

El profesor García Fajardo aborda múltiples campos de la actuación humana, por eso la edición de sus artículos que este libro presenta es un excelente reconocimiento de esa empresa de periodismo solidario iniciada hace diez años.

 

Carlos Berzosa Alonso-Martínez

Rector de la Universidad Complutense de Madrid

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación

 

Conciencia, voz y alma

 

El Centro de Colaboraciones Solidarias es conciencia, voz y alma para nuestra organización. Cuando el profesor García Fajardo lo fundó hace más de diez años, Solidarios dio un salto decisivo de madurez. Hasta ese momento, nuestra vocación se había manifestado en mayor medida en la presencia física junto a las personas que más sufren, aportando vitalidad y creando lazos para evitar la exclusión. Con el mensaje constante del CCS, además, hemos tratado de aportar sensibilidad a quienes puedan estar adormecidos, para que no tengan la tentación de alegar que ellos no sabían nada de lo que pasaba a su alrededor.

Con una estructura sencilla, sin pretenciosidad, contando con la voz de los periodistas más jóvenes y con el talento de los consagrados, buscando nuevos puntos de vista y nuevas maneras de acercarnos a la realidad, procurando hablar de hechos y no de especulaciones conspirativas, y, sobre todo, con una férrea determinación, el CCS ha logrado hacerse un hueco permanente en la agenda de opinión de los Medios, en especial del mundo y de los ámbitos latinos.

Sólo echando un vistazo al árbol de temas que se tratan habitualmente y, mucho más, si descendemos a la lectura de algunos de los miles de artículos, descubrimos un ideario que, con una piel de actualidad, ampara valores universales. Artículos sobre las grandes potencias, las consolidadas como los Estados Unidos y las emergentes como China o Brasil, artículos de fondo sobre las docenas de conflictos bélicos de los últimos años (desafortunadamente la cosecha de ellos ha sido abundante), artículos sobre los asuntos más desestabilizadores para el planeta, como los tráficos de drogas, armas o personas, o el cambio climático. O sobre el continente africano, tanto más en peligro cuanto más opacado siga. Temas actuales e insoslayables para cualquier persona, se encuentre donde se encuentre y viva en el país que viva.

Pero también encontramos el testimonio de los voluntarios en los hospitales o en las calles con los sin hogar, las necesidades de integración real de los discapacitados para poder reconciliarnos con una historia infausta en este terreno, la potencia y la sabiduría desacreditada de los mayores, el papel de la mujer, violentada por una historia machista, o la riqueza de la inmigración en sociedades anestesiadas por la opulencia. Contenidos que han de formar parte del día a día de los ciudadanos si no queremos seguir cometiendo más abusos e injusticias.

El CCS ha ofrecido cada semana una opinión valiente y serena sobre la actualidad. Una opinión y una reflexión al modo periodístico, es decir, ágil, documentado, directo, adaptado al espacio y a los recursos propios de los Medios. García Fajardo y los equipos que ha creado sucesivamente han sabido conjugar la profundidad del mensaje con la viveza del formato prensa. Todo ello, sin renunciar a unas raíces académicas complutenses que han aportado, por un lado, una capacidad de sistematización y una metodología y, por otro, un gran número de jóvenes estudiantes que han entrado con buen pie en la profesión a través de la vertiente formativa del Centro, clave importante para entender el conjunto. Con todo esto, no es de extrañar que el Centro de Colaboraciones Solidarias se haya convertido en una fuente imprescindible para muchos periodistas.

Los programas de Solidarios llegan a la cárcel, a las personas sin hogar, a los hospitales, a los centros de acogida o a los hogares de los mayores en soledad.  Enviamos bibliotecas a centros educativos o procuramos fondos para proyectos de desarrollo en Latinoamérica. Desde hace más de veinte años hemos sido una ficha luminosa en el puzzle de la intervención social con los grupos más desfavorecidos. El CCS ha prolongado nuestra acción más allá de la acción directa, tratando de sensibilizar, denunciando atropellos, proponiendo alternativas, reflexionando en voz alta sobre temas ocultos y podridos. Conciencia, voz y alma, gran alma, para una organización que aspira a ser algo más que una herramienta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por la justicia y por la Tierra

 

Vivir, no ser torturado, no ser juzgado salvo en juicio justo, poder expresarse libremente, participar de algún modo en el gobierno del propio país, llevar una vida digna, ser atendida la salud, tener derecho a aprender y saber…, sencillamente porque somos personas, no es algo que se pueda elegir o dejar de lado, como ir o no a ver una obra de teatro. Y tampoco es una elección baladí, como elegir color para pintar una casa o el lugar de vacaciones, optar por la justicia, por la búsqueda de la verdad y por situarse frente a quienes están y actúan contra los seres humanos, contra la vida.

Gritar contra la indignidad de la tortura, llamar a las cosas por su nombre, señalar a quien quebranta la ley y rompe los más elementales principios de la vida en humanidad se ha convertido en nuestros días en exigencia ética imprescindible. Quienes disponen de la palabra la han de usar con fuerza, la han de arrojar necesariamente contra los enemigos de la justicia y de la libertad, porque no es tiempo de frivolidades y sí de crisis profunda e intensa, de vergonzosos retrocesos de tantos pasos logrados hacia delante y de esperanza para ir de nuevo hacia delante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Derechos humanos

 

Los derechos humanos no son una opción

 

Los derechos humanos universales son una categoría antropológica de las personas. No pueden ser una opción porque no hay otra similar en valor, en dignidad y en excelencia. Puede una sociedad determinada no reconocerlos y actuar como si no existieran, o como si dependieran de la sanción del poder legislativo.  Esa actitud será legal, puesto que legislada, pero no justa. Como legales fueron los campos de concentración alemanes y soviéticos, el apartheid en Sudáfrica o la esclavitud durante siglos. Ninguna autoridad puede darlos o retirarlos legítimamente.

Estos derechos humanos -políticos y sociales- pertenecen a todos los seres humanos. Todos. Lo más que pueden hacer los poderes políticos es reconocerlos. Pero, aunque no lo hicieran, como sucede cada día en tantos lugares del mundo, no hay que esperar orden de mando alguna: es preciso arrebatarlos y ejercerlos.

Es unánime la doctrina jurídica de que, ante cualquier tiranía, no sólo es lícito rebelarse y matar al tirano sino que la resistencia se convierte en deber ético.

Vivimos enajenados por la falacia de que las cosas no son hasta que las dictan los poderes dominantes. No hay que esperar ley ni permiso alguno para ejercer los derechos fundamentales, como el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de felicidad. Con todos los derechos sociales que de ahí se derivan: trabajo, salud, cultura, vivienda digna, libertad de pensamiento y expresión, libre asociación, diversidad y la participación en la cosa pública como suma de todos los derechos políticos.

Sostiene el premio Nobel José Saramago que es preciso inventar gente mejor, que se sepa ciudadano, y no permitir que nadie nos engañe. El escritor denuncia la incompatibilidad entre la actual globalización económica y los derechos sociales. No duda en calificar a la primera como una nueva forma de totalitarismo contra la que hay que rebelarse. Como en su día nos alzamos contra los campos de concentración, los Auschwitz y los Gulag, contra la esclavitud y la marginación, contra la exclusión y la explotación de los seres humanos por los poderes dominantes.

El problema central es el problema del poder. Antes era reconocible; ahora, no, porque el poder efectivo lo tienen las multinacionales y los poderes financieros que lo han arrebatado a los políticos. Y si antes los oprimidos podían alzarse contra los poderes tiránicos, fueran reyes o militares, castas sacerdotales u oligarquías, hoy se nos ha ido de las manos en el difuso pero omnipotente magma de las corporaciones económico financieras.

Silenciar los defectos potencia las causas. Pero no todo está perdido. Es posible rebelarse, porque las derrotas, como las victorias, nunca son definitivas. Y Saramago propone la revolución de la bondad activa que acelere la llegada del hombre y la mujer nuevos. Porque hoy, como nunca anteriormente, es posible la destrucción de la humanidad y del medio que la sustenta.

El siglo XXI será el siglo de los derechos humanos porque se va a decidir el destino de la humanidad. A esta rebelión y conquista todos estamos convocados porque nos van la vida, la supervivencia. Pero sólo es admisible un vivir con dignidad como expresión de una sociedad en la que primen la libertad, la justicia y la ética por encima de los intereses y de la fuerza.

La historia demuestra que cuando los poderes opresores, esas minorías enriquecidas que dominan a inmensas mayorías empobrecidas, se plantan y les miran en los ojos, ellos enmudecen.

 

7 de diciembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acuérdate de Guantánamo

 

Se hunden los fundamentos del derecho ante nuestro silencio por la situación de los presos en Guantánamo. El mundo no ha salido de su horror ante las fotografías y videos que mostraban las torturas en las cárceles de Irak. Pero esos crímenes, propios de regímenes totalitarios nazis y soviéticos, se están practicando en Afganistán y en otros muchos lugares del mundo por quienes pretenden ser espejo de democracia y garantes de los derechos humanos universales.

Guantánamo es el nombre de la localidad donde se levanta la base que Estados Unidos controla en suelo cubano bajo renta perpetua desde hace 90 años. El primer contingente de 680  prisioneros llegó a esa base norteamericana  el 11 de enero de 2002. Desde entonces, esos prisioneros permanecen detenidos en calidad de "combatientes ilícitos", lo que según Washington le permite desoír el contenido de la Convención de Ginebra, de 1949, sobre la detención y tratamiento de los prisioneros de guerra. Incluso fuentes oficiales del Pentágono reconocieron que había allí niños de entre 13 y 15 años presos  y ancianos de más de 80 años.

La desesperante situación de los presos de Guantánamo se entiende en el marco de la nueva política exterior emprendida por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Una cruzada de invasión, cambio de regímenes, ocupación e imposición de la democracia liberal tal como lo entienden Bush y los halcones de la Casa Blanca. Es un nuevo imperialismo a la conquista de recursos energéticos y control de zonas estratégicas.

No son tratados como "prisioneros de guerra", porque implicaría protección y respeto a sus derechos. Tampoco como "delincuentes" o "criminales", lo que representa el derecho a un rápido y justo juicio frente a un jurado imparcial, acusación e información sobre los cargos en su contra, además de un abogado que los defienda. Las pocas imágenes que se conocen del campo consternaron a la opinión mundial. Se los vio llegar con los ojos tapados, los pies encadenados, maniatados, y en permanentemente posición de rodillas. Y en un evidente estado de confusión, desorientación y anonadamiento producto de las drogas con las que son tratados, según confesión de algunos pocos liberados, de algún capellán y por la denuncia de Amnistía Internacional, entre otras organizaciones. También la gran prensa norteamericana denunció este terror, empezando por The New York Times, que lo llamó "El escándalo en Guantánamo"

Entre los presos también hubo ya 30 intentos de suicidio.

La Federación Internacional de los Derechos Humanos denunció que el gobierno de Estados Unidos se ha negado a considerar a estos presos como prisioneros de guerra y no les ha sido imputado crimen alguno. Estados Unidos está vinculado por la normativa internacional en materia de derechos humanos y por la ley humanitaria internacional, en particular el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Tercer Convenio de Ginebra, que ha ratificado en ambos casos.

El  Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos ha determinado que los presos de Guantánamo tienen derecho a ser protegidos por esos instrumentos jurídicos. El Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre la Detención Arbitraria ha determinado que los presos de Guantánamo tienen derecho a que el carácter ilegal de su detención sea examinado por un tribunal competente, y tienen derecho a juicios justos por los artículos 105 y 106 del Tercer Convenio de Ginebra o en virtud de los artículos 9 y 14 del PIDCP si un tribunal competente determina que no son prisioneros de guerra.

El Convenio de Ginebra exige que los presos sean tratados sin crueldad. Pero, "Las apretadas jaulas metálicas recalentadas por el sol tropical de la base de Guantánamo parecen ser de otra época más brutal", escribió un periodista inglés. "Es una especie de GULAG caribeño y causaría inquietud si fuera de cualquier otro país". Todos son musulmanes. Los presos no saben dónde están. Los están interrogando las fuerzas armadas y los servicios de inteligencia yanquis al mando del general Miller que fue enviado a Bagdad para endurecer los sistemas de interrogatorio “como hacemos en Guantánamo con gran eficacia”.

Pero tanto la ONU como el director de seguridad de la Unión Europea han dicho que los deben tratar como prisioneros de guerra. La Convención de Ginebra dice que los prisioneros de guerra no tienen que someterse a la interrogación. Pero  Estados Unidos considera que sacarles información es crucial para la “guerra contra el terrorismo”.

Guantánamo es un precedente peligroso. ¿No es el deber de toda la gente de conciencia oponerse a los crímenes que se cometen en Guantánamo?

 

28 de mayo de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terrorismo en las prisiones de Irak

 

"La verdad es que no éramos terroristas. No éramos insurgentes. Éramos gente corriente. Y los agentes de Inteligencia americana lo sabían”, declaró Hayder Sabbar Abd, al denunciar que había sido violado en la prisión de Abu Ghraib por soldados norteamericanos. Y que se suicidaría si tuviera que volver allí.

Todos hemos contemplado con horror el reportaje de la CBS con fotografías de prisioneros iraquíes torturados por oficiales y soldados de los ejércitos de EEUU y de Gran Bretaña. Así como los reportajes que se suceden en The Daily Mirror, The Washington Post y en The New Yorker que dan cuenta del informe confidencial del General Antonio Taguba que estaba en poder del Pentágono y de la Casa Blanca desde hace meses y en el que denuncia “los abusos criminales sádicos, descarados e innecesarios” en la prisión de Abu Ghraib desde octubre y noviembre de 2003

Ya no cabe decir que los culpables fueron una docena de incontrolados. Al frente había generales y oficiales que tenían la obligación de velar por el cumplimiento de lo establecido en la Convención de Ginebra sobre el trato a prisioneros de guerra y el resto de disposiciones internacionales de obligado cumplimiento. Los militares acusados de estos crímenes pertenecían a la Compañía de Policía Militar 372 y al servicio de inteligencia, todos ellos bajo el mando de la General Karpinski.

El Daily Mirror fue terminante asumiendo la responsabilidad del comportamiento de las tropas británicas en fotos que muestran a sus soldados orinando sobre un prisionero desnudo, sangrando y con la cabeza cubierta por un capuchón. La prensa británica exige investigación, juicios y sanciones para los culpables.

The Washington Post anuncia que dispone de más de mil fotografías espantosas. No han sido servicios del Ejército de EEUU o de las Agencias de Inteligencia quienes han denunciado el caso, a pesar de disponer de evidencias por denuncias de soldados impresionados por lo que sucedía. Algunos tuvieron que ser dados de baja por choque emocional al contemplar cómo obligaban a desnudarse a los prisioneros, y los amontonaban en pirámides de cuerpos.

La CBS retrasó la emisión de su reportaje a petición del ministerio de Defensa, dirigido por Rumsfeld, para que no repercutiera en el asedio a la ciudad de Faluya.

Estas fotos provocan espanto en centenares de millones de musulmanes al ver a hombres desnudos obligados a prácticas homosexuales y a estar amarrados a las verjas de las celdas, también desnudos y con bragas de mujer en sus cabezas.

Esto es un cataclismo comparable al caso My Lai en Vietnam en los años setenta, cuando el mundo entero pudo contemplar la foto de un oficial americano volando la tapa de los sesos de un prisionero vietnamita esposado y sin posibilidad de amenaza alguna. Fue este acto gratuito y sádico lo que descubrió una montaña de torturas acompañadas de asesinatos a sangre fría, o durante interrogatorios dignos de los campos de concentración más espantosos. La sociedad civil norteamericana se conmovió, expresó su rechazo y se rebeló rompiendo muchos jóvenes sus cartillas militares, Las marchas de ciudadanos sobre Washington obligaron a la retirada del Ejército de EEUU en su primera derrota militar.

No se trataba de reservistas reclutados para la guerra en Iraq. Frederic de 37 años, traído del Departamento Correccional de Virginia, trabajaba en una prisión de máxima seguridad en EEUU y estaba acostumbrado a tratar con criminales convictos y condenados a largas penas. ¿Trataría así a los condenados por tribunales de EEUU que cumplen sentencia en sus prisiones?

El torturador declaró que los servicios de inteligencia le habían exigido que “preparase” a los prisioneros durante algunos días “para que estuvieran suaves” cuando los interrogaran ellos junto con los militares. Dice que nadie les informó de lo establecido en la Convención de Ginebra y que ellos hacían “lo normal” en estos casos.

Contra confesión de parte no hay prueba en contrario. No es admisible la declaración del Bush a una cadena de televisión en árabe, montada por el Pentágono “que emite desde el estado de Virginia”. Bush ha declarado que para Oriente Medio conocer las imágenes debió ser "terrible". Tan terrible como para señalar el comienzo de la retirada de las tropas invasoras decidida por el trío de las Azores, Bush, Blair y Aznar. La historia y los tribunales Internacionales les exigirán responsabilidades cuando se pueda demostrar toda la horrible verdad.

Si el fin de la Guerra Santa de Bush fue la implantación de la democracia en Irak, no puede olvidar que la resolución 3059 de la ONU declaró tortura todo trato cruel, inhumano o degradante inferido a prisioneros, y que en democracia combatir la tortura es el primer deber de un estadista.

 

7 de mayo 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para no olvidar el comercio de esclavos

 

La trata de esclavos y el genocidio indio fueron crímenes contra la humanidad y África exige su reparación porque "los crímenes contra la humanidad no prescriben". Esa fue la conclusión de la "Iniciativa de Goré", en Senegal, reunidos representantes de toda África y del mundo libre para exigir reparación por los crímenes de la trata de esclavos.

El genocidio de 140 millones de esclavos africanos durante tres siglos es una monstruosidad equiparable al exterminio de las poblaciones indias en América del Norte por los colonizadores europeos.

El movimiento a favor de la reparación por la trata de esclavos exige el reconocimiento de que la deuda externa de África está pagada con creces, pues el genocidio fue causa fundamental para el empobrecimiento de los pueblos africanos por la sangría en hombres y riquezas expoliadas durante siglos por los colonizadores. Francia y Bélgica ya han reconocido la trata de esclavos como un crimen contra la humanidad, reconocimiento que producirá jurisprudencia con consecuencias internacionales. Sin embargo, quien fuera Secretario de Estado de EEUU, Colin Powell, sostiene sin pudor que “los descendientes de las víctimas no pueden aportar testimonio válido sobre las atrocidades cometidas, a diferencia de los judíos supervivientes del Holocausto nazi”.

"El holocausto de los negros en Norteamérica duró veinte veces más tiempo y causó diez veces más víctimas que el holocausto de los judíos por los nazis", escribió el negro norteamericano Randall Robinson en “La Deuda: lo que EEUU debe a los negros”.

Robinson califica de “holocausto americano” no sólo el período de la esclavitud hasta 1865, sino los 135 años siguientes en los que la población de color sufrió una discriminación racial institucionalizada. Las autoridades de EEUU presionaron a empresas alemanas para que indemnizaran a los descendientes de los trabajadores judíos empleados en sus fábricas como esclavos durante el periodo nazi. Los gobiernos de Alemania han indemnizado y pedido perdón en innumerables ocasiones a las víctimas judías. Pero clama el silencio de EEUU ante un pasado que se perpetúa en las condiciones de discriminación en que viven los descendientes de los esclavos.

Ser negro es un escándalo en EEUU. Un negro de EEUU tiene siete veces más posibilidades de ser encarcelado que un blanco, aunque la comunidad negra sólo representa el 13% de su población, pero es la mitad de los encarcelados. Varios estudios demuestran que un negro tiene un 33% de posibilidades de pasar parte de su vida en la cárcel, frente el 4% de un blanco.

Las ejecuciones de negros en las prisiones son el triple que las de blancos. En los corredores de la muerte esperan la ejecución 3.700 condenados, de los que más del 70% son negros o hispanos.

Ni la ONU ni la UNESCO ni grupo de poder alguno han abordado la denuncia, condena y reparación inaplazables con la población negra. Compartimos la exigencia de que EEUU pague su deuda, repare a los descendientes de las víctimas de la esclavitud y de la discriminación y acometa la responsabilidad criminal que se inició con el genocidio de la población autóctona indígena, se consumó con la esclavitud de los negros y se perpetúa en un sistema social que margina a sus descendientes. 

Los crímenes contra la humanidad no prescriben. Comencemos por la reparación debida a esos pueblos.

 

22 de agosto de 2003 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quienes temen a la justicia

 

El Tribunal Penal Internacional (TPI) ha sido creado en la ONU, una vez logradas las ratificaciones de los sesenta países necesarios para su nacimiento. Lo firmaron 139 desde que en 1998 se aprobó su Estatuto en Roma, pero más de la mitad no lo habían ratificado.

Su sede esta en La Haya y juzgará crímenes contra la humanidad, genocidios y otras violaciones graves contra los derechos humanos y el derecho internacional humanitario.

Después de las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, funcionaron los Tribunales de Nürenberg y de Tokio para juzgar a los criminales contra la humanidad que habían perdido la guerra. Nada se hizo contra otros responsables de crímenes similares que bombardearon ciudades abiertas, hospitales, utilizaron bombas incendiarias, asesinaron sin juicio a los oficiales del ejército polaco en las Fosas de Katin, torturaron, expoliaron y deportaron pueblos enteros allende los Urales o la ignominia de las bombas atómicas lanzadas sobre las indefensas ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Ninguna de estas ciudades era objetivo militar ni constituían amenaza alguna. Fue escarmiento para acelerar la rendición de los japoneses. Por orden del presidente Truman, no importaron los medios para conseguir sus fines. Estos criminales de guerra se encontraban en el bando de los vencedores, los Aliados. Los asesinatos, las violaciones y las sevicias contra los vencidos fueron innumerables.

Después, el mundo asistiría atónito a las masacres en la guerra de Indochina por los franceses y en Vietnam por los norteamericanos. Las independencias de los países emergentes del llamado Tercer Mundo se lograron a costa de perder cientos de miles de vidas de nacionales que luchaban por sus países, pero eran tratados como terroristas. Una vez alcanzada la independencia y convertidos en héroes de sus respectivas patrias, las antiguas metrópolis se esforzaron por corromperlos para continuar explotando sus riquezas naturales. Todavía sucede en nuestros días en África, Asia y Latinoamérica. Por otros medios, claro, y bajo el pretexto de ayudarlos en su desarrollo, a costa de mantener vivas más de 34 guerras simultáneas en las que mueren más civiles que militares.

Dentro de esos crímenes destacan los genocidios perpetrados en Ruanda, Burundi, Congo, Camboya, Angola y el criminal sistema del apartheid en Sudáfrica y en la antigua Rodhesia, hoy Zimbabwe, donde ser negro era presunción de culpabilidad. Aparte de que las mejores tierras, igual que en Kenia y otras antiguas colonias, pertenecían y continúan perteneciendo a los extranjeros blancos.

Cuando se aprobó en 1998 en Roma el Estatuto del Tribunal Penal Internacional, parecía un sueño que algún día funcionara para perseguir los crímenes contra la humanidad, que no prescriben y que podían perseguirse en cualquier país, fuera cual fuera el rango del criminal.

La globalización de la justicia era una necesidad imperiosa para garantizar los derechos sociales, económicos, humanos. Parecía que las grandes potencias se habían dado cuenta de que no puede haber paz sin justicia; que no es por la guerra, la explotación, la extorsión y la fuerza como puede mantenerse un orden justo en un mundo cada vez más interrelacionado.

Pero ¿qué puede esperarse de un Tribunal Penal Internacional si es recusado por EEUU, China, Rusia e Israel entre otros países que se creen por encima del bien y del mal?

La Unión Europea ha tomado el liderazgo de la puesta en marcha de esta institución fundamental sostenida en todo momento por la presión de la sociedad civil organizada. La ONU, una vez más, se ha mostrado impotente ante la prepotencia de los países que mantienen la tortura, la pena de muerte, que no respetan los derechos humanos ni permiten que sus ciudadanos sean juzgados por otros tribunales que los suyos.

Los casos de EEUU después del 11 de septiembre, de Israel desde su nacimiento y de China desde su sistema totalitario son escandalosos.

Como señala el magistrado español, Baltasar Garzón, candidato al Nóbel de la Paz, "los ataques de EEUU contra el Tribunal Penal Internacional son demoledores y cuestionan seriamente el futuro de esta institución (...). La argumentación utilizada por sus autoridades de que nada ni nadie entorpecerá su lucha contra el terrorismo es perversa porque parte de esa lucha es ilegal". Y muchas veces criminal e injusta.

Una vez más, tocará a la sociedad civil organizarse para denunciar estas violaciones, amenazas y ataques a pesar de la impresionante e inmoral campaña mediática que EEUU ejerce sobre los grandes medios de comunicación.

 

12 de abril de 2002 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crímenes impunes

 

Varios periodistas y abogados piden en EEUU que se juzgue a Kissinger por crímenes de guerra. El ex secretario de Estado debería ser juzgado por ayudar al asesinato del comandante chileno René Schneider, en 1970, así como por otros delitos contra la ley estadounidense e internacional.

C. Hitchens, autor de una investigación publicada en la revista Harper's, ofreció las bases de un caso legal contra el ex asesor de Nixon.

"Henry Kissinger aprobó la internacionalización del principio de los escuadrones de la muerte", afirma Hitchens, que lo acusa del secuestro y asesinato de Schneider. La propia CIA reconoció el año pasado en un informe al Congreso que, bajo directivas de Kissinger y Nixon, la agencia trabajaba con tres grupos golpistas cuyo objetivo era evitar la llegada al poder de Salvador Allende tras haber ganado las elecciones.

La CIA entregó gas lacrimógeno, subametralladoras y municiones a un grupo que logró herir mortalmente a Schneider durante un intento de secuestro y reconoció haberles entregado 35 mil dólares.

Para los promotores del enjuiciamiento, Kissinger es también responsable de "la matanza deliberada de poblaciones civiles en Indochina" durante la guerra de Vietnam, así como otros actos criminales en Bangladesh, Chipre y Timor del Este.

Alfred Rubin, profesor de la Universidad Tufts, afirma que "si cualquier país en Europa quisiera extraditar a Kissinger podría presentar la demanda". Hasta ahora ningún funcionario estadounidense ha sido fiscalizado jamás por crímenes cometidos por su política exterior. Pero Vietnam no ha muerto ni estos crímenes prescriben.

Kissinger afirmó que sus acciones en los setenta deben ser entendidas en su contexto histórico y que "la violación de los derechos humanos no eran un tema internacional como ahora; pero también era cierto que estábamos convencidos de que Allende estaba llevando al país hacia el comunismo".

Lo que importa es que ya se puede denunciar la impunidad de gobernantes responsables de crímenes como Milosevic, Videla, Sharon o Kissinger.

 

2 de marzo de 2001

 

 

 

 

 

 

 

Globalización, pobreza y desigualdad

 

Crisis que condena al hambre a millones de personas

 

La misma crisis que ha secado el sistema financiero internacional amenaza con sumir en la más severa de las miserias a cientos de millones de personas en todo el mundo. Podrían quedarse sin el alimento y la atención médica con las que sobreviven. Al tiempo que  se desvanecen las herramientas básicas con las que tratan de engancharse al desarrollo económico.

“Los efectos de esta recesión se extenderán a todo el planeta”, alerta la ONG Save The Children. “Con la escasez y el encarecimiento de alimentos en África y Asia, nuestros cooperantes ya están luchando para salvar a decenas de miles de niños de morir por desnutrición. La situación podría derivar en una auténtica catástrofe si, como es previsible, gobiernos y particulares recortan ahora sus ayudas”.

La crisis amenaza con reducir los 76.000 millones de euros que el mundo ha destinado este año a la ayuda al desarrollo. Una cantidad de dinero importante, pero que no llega ni a una décima parte de lo que los Gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea han movilizado en para salvar a sus instituciones financieras.

El temor a los recortes es común entre las agencias de la ONU: Organización Mundial de la Salud (OMS), Programa Mundial de Alimentos (PMA) y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)-, advierten la Comisión Europea, las ONG y los expertos. La crisis aumentará los gastos y reducirá los ingresos de los países desarrollados y es previsible que reduzcan sus aportes en planes  de ayuda.

Estas contribuciones a los llamamientos de organismos internacionales son fundamentales para mantener el flujo de ayudas a los 923 millones de personas desnutridas en el mundo, para reducir la cifra de 58 millones de mujeres que este año habrán dado a luz sin asistencia médica o escolarizar a los 56 millones de niños de África y Asia que ni siquiera han recibido educación primaria, según datos de la FAO y de la ONU.

Un informe de la OMS alerta de que las diferencias en la esperanza de vida son abismales entre los países más ricos del mundo y los más castigados por el sida, el hambre y la pobreza, en África. Margaret Chan, directora general de la OMS, sostiene que estos gigantescos desequilibrios en materia de salud hacen del mundo un “lugar inseguro e inestable”. La FAO señaló que el alza de precios de los alimentos en los dos últimos años ha aumentado el número de personas desnutridas en el mundo en 73 millones.

Un responsable del Programa Mundial de Alimentos (PMA), que en 2007 asistió a 86 millones de personas en 80 países, destaca que “con el plan de rescate del sistema financiero aprobado por Estados Unidos, el PMA podría trabajar durante más de 100 años. Si los gobiernos tienen recursos para rescatar a sus bancos, seguro que también deben tenerlos para dar de comer a los hambrientos".

Lo peor de la situación es que no sabemos lo que puede ocurrir ya que la crisis se está mostrando cada día más profunda y extensa. Si los gobiernos gastan tanto dinero en los rescates financieros y la economía y sus ingresos van a menos, necesitarán recortar los gastos por algún lado. La tentación de cualquier Gobierno es hacerlo por la ayuda internacional.

El derecho internacional no contempla ningún mecanismo por el que los Gobiernos estén obligados a mantener sus contribuciones. En este momento, el mundo necesita más que nunca un liderazgo y compromiso fuertes. Esta crisis la han causado los excesos de los más ricos y sería desolador e imperdonable que acaben muriendo de hambre y enfermedades fácilmente curables millones de personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de disfrutar de la bonanza económica de los últimos años.

Las sociedades y Gobiernos desarrollados, tras años de vivir en la abundancia, no pueden dejar a cientos de millones de personas sin ayudas esenciales cuando las cosas se están torciendo. Ahora, más que nunca, es necesario mantenerse fiel a los principios de solidaridad, declara.

 

20 de febrero de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se consideran estafados cuando podrían ser delincuentes

 

Padecemos una intoxicación que señala a Bernard Madoff como responsable de la mayor estafa de la historia. Pero la estafa supone buena voluntad en personas inocentes. Estamos ante un caso de corrupción y de engaño a la sociedad  vulnerando leyes.

Madoff montó, con su familia y otros miembros del lobby judío, una red de fraude fiscal, de “asesoría” a grandes fortunas para la desmesurada rentabilización de su dinero negro.  Actuaban como una sociedad secreta y opaca. Como una mafia de soborno y de influencia en los responsables del control de las operaciones financieras y de sus efectos fiscales.

Amparándose en la crisis actual han designado al “chivo expiatorio” ritual, después de que  hubieran puesto a salvo sus fortunas y las de los capos de ese contubernio.

Los “aparentemente” estafados conocían el riesgo de sus inversiones, jugaban desde paraísos fiscales y crearon “otros paraísos” dentro de sus fronteras. Gran parte de esas sumas no eran administradas por Madoff, sino desde unas misteriosas oficinas en la planta 17 del mismo edificio, con empleados aún más misteriosos que “sólo asesoraban” a los clientes y les cobraban una comisión. A ellos y a las operaciones y empresas hacia las que canalizaban esos capitales.

Llegó a haber “rentabilidades” del 40% y hasta del 100% en operaciones para hundir empresas, despedir a miles de empleados, cobrar seguros y destazarlas como a bueyes, en otras empresas que valoraban al 1000% en su negocio de hedge funds, o activos tóxicos.

Entre los “estafados” por Madoff aparece la anciana dueña de L’Oréal. La hija de Eugene Schüller tenía fuertes inversiones en los fondos gestionados por el financiero. Era la mayor inversora en un fondo cuyo cofundador, Thierry Magon,  de 65 años, fue encontrado con las venas cortadas en su oficina de Nueva York, en lo que se considera un suicidio, querido o impuesto.

La empresaria Alicia Koplowitz, de padre polaco de origen judío asentado en España, habría perdido 14 millones de dólares. Otras fortunas permanecen en aterrado silencio.

La Fundación Elie Wiesel, dedicada a mantener la memoria del Holocausto judío, dice que ha perdido casi todo su patrimonio por el fraude de Madoff. La organización fundada por el premio Nobel de la Paz anunció que han perdido 16 millones de dólares. Algunos “aumentan la cifra” para conmover a nuevos donantes y mecenas.

Decenas de asociaciones de beneficencia judías apoyadas por ricos mecenas han sido afectadas por la “estafa” de Madoff. Más de treinta de organizaciones judías se reunieron en Nueva York para “decidir si existen opciones de actuar conjuntamente”, explicó Mark Charendoff, presidente de la red de mecenas judíos, entre los que figuran Steven Spielberg, Fred Wilpon,  y el senador Frank Lautenbergs.

La universidad de Nueva York ha “perdido” 24 millones de dólares. La Fundación Robert Lappin, que mantiene la identidad judía entre los jóvenes, también confió sus recursos a Madoff.

El Sistema de Salud Judío de Long-Island, que opera 15 hospitales, dice haber perdido 5 millones de dólares, y la Fundación Julián J. Levitt otros 6 millones.

La Universidad judía Bersheva y muchas organizaciones  equívocamente calificadas como de “charity” se beneficiaban de exenciones fiscales y realizaban actividades en defensa de los intereses del lobby judío y deI Gobierno de Israel.

En España, el organismo encargado de la supervisión de los mercados (CNMV) cifra en cerca de 200 millones de dólares la exposición “directa” de las Instituciones de Inversión Colectiva (IIC) al fraude de Madoff. No habla de las indirectas ni de las camufladas. Calcula que las IIC afectadas superan las 224, pero las atribuye al “fraude piramidal”.

No ha habido tal fraude de la estúpida pirámide de Ponzi, propia  de incautos. Aquí cada uno sabía en qué operaciones fraudulentas se metían. ¿O ignoraban que muchos de esos fondos financian guerras, blanquean dinero del crimen organizado, narcotráfico, trata de mujeres y de niños, sostienen movimientos fundamentalistas, especulan con petróleo y gas, y son cómplices de tráfico de fármacos perversos no admitidos en Estados Unidos? Dicen que no lo sabían, que el dinero no huele; como la banca Ambrosiana, del Vaticano, cuando se descubrió que participaba en la fabricación de anticonceptivos, de manipulación de células y en la fabricación de condones.

La Fiscalía Anticorrupción investiga la distribución de fondos de Madoff en España país y postas de los defraudadores a Hacienda, a quienes podrían acusar de cooperadores necesarios en este fraude.

 

26 de diciembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ante el terrorismo financiero

 

Ubuntu es una antigua palabra africana para designar humanidad, compartir, cuidar y estar en armonía con toda la creación. El Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil ha publicado un Manifiesto al que nos sumamos de todo corazón. Se trata de expresar los sentimientos de millones de seres humanos y de miles de organizaciones de la sociedad civil ante las propuestas de reuniones internacionales sobre la crisis financiera. Crisis cuyos responsables principales han sido las entidades bancarias, los responsables de fondos de inversión y de los hedge funds, así como las autoridades responsables de vigilar y de controlar las actividades financieras, como los Bancos centrales y la Reserva Federal.

La enorme paradoja que escandaliza a la sociedad civil es que los directivos de esas entidades han cobrado cantidades millonarias durante su catastrófica actividad y muchos han recibido cuantiosas sumas en forma de stock options y de “indemnizaciones” de despido ante el desplome de las finanzas y su imparable repercusión en la economía y en los mercados.

Causa rubor e indignación que los bancos no se fíen unos de otros y no se presten dinero entre ellos. No son dignos de crédito. Son “increíbles”. Hasta los ladrones tienen sus reglas para repartir el botín. Se hunde el crédito, las financiaciones, las industrias y el comercio. Están despidiendo a miles de obreros con el pretexto de Regulación de las plantillas. Lo más sangrante y decepcionante es que los responsables de este terrorismo financiero aguardan a que los llamen para volver a comenzar de nuevo.

Después se preguntan por qué hay comandos suicidas o “piratas” que se alzan contra las flotas pesqueras no somalíes ni africanas que esquilman los caladeros frente a Somalia. Como hicieron con los del Atlántico, Gran Sol, Golfo de Vizcaya, Mediterráneo, Marruecos, Mauritania, Namibia, Chile y Perú. Ahora engañan a la opinión pública con el envío de buques y de aviones de guerra para “proteger” a nuestras flotas pesqueras en el exterminio de millones de bonitos y de atunes, entre otras especies. Estamos confundiendo a las gentes. Las estamos explotando y arrebatándoles la esperanza y, si ya nada tienen que perder, me pregunto por qué no se han alzado contra el orden establecido y dominante. Por todos los medios a su alcance, pues la lucha es desproporcionada. Resuena el grito de Orwell: “Si nadie nos tiene que mandar, ¿a qué esperamos?

En el Manifiesto expresan preocupación por las graves repercusiones que para la Humanidad va a suponer la explosión del capitalismo neoliberal, una explosión no terminada aún, de un modelo económico que tantas veces habíamos denunciado como injusto y dañino para la sociedad.

Perplejidad porque los protagonistas de que este modelo se haya impuesto durante 25 años, y que el G7 y las Instituciones de Bretton Woods (el FMI y el BM), aparezcan  como los salvadores del desastre cuando deberían aparecer como culpables, y asumir las responsabilidades que les correspondan.

Indignación ante la convocatoria de la Cumbre del 14 de noviembre por el Gobierno de Estados Unidos, cuna de las Organizaciones políticamente responsables de lo que sucede. Y porque a la reunión se invite de forma arbitraria y discriminatoria. Como si los países más pobres, que más han sufrido este modelo y más vayan a sufrir las consecuencias del actual descalabro, no tengan nada que decir sobre qué hacer ahora y en el futuro.

Porque no sólo se desaproveche, sino que se “ensombrezca” la Conferencia de Doha sobre la Revisión de la Implementación del Consenso de Monterrey sobre la Financiación para el Desarrollo, prevista del 29 de noviembre al 2 de diciembre. Este Consenso tiene un apartado de temas estructurales que, revisado y ampliado, podría contribuir a abrir las puertas hacia un nuevo modelo económico y financiero mundial.

Expresan la convicción de que ha llegado el momento de que la Reforma en profundidad del actual Sistema de Organizaciones Internacionales, siente las bases de una gobernanza democrática mundial que impida que el mundo vuelva a vivir una situación como la actual.

Urge que, en el seno de Naciones Unidas, con la participación de los actores relevantes en la actual coyuntura mundial y también con la participación de la sociedad civil y de los movimientos sociales, se convoque una Conferencia Mundial sobre un Nuevo Sistema Monetario y Financiero Internacional y sus Nuevas Instituciones Democráticas de Gobierno.

Si lo que buscan es imitar al Príncipe de Lampedusa, remover algo para que todo siga igual, la revolución y el caos están servidos.

 

14 de noviembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando alguien llama a las cosas por su nombre

 

Una cadena es tan débil como su eslabón más débil. En un mundo donde las fronteras existen para las personas pero no para el dinero, de poco vale que el G20 se comprometa a asumir nuevas normas si no aísla a un G40 del que apenas se habla: los 40 países ladrones, los 40 paraísos fiscales.

Según la OCDE, en estas cuevas, piratas esconden de los impuestos entre 5 y 7 billones de dólares, una cifra que equivale al 13% del PIB mundial.  En los últimos 20 años, el dinero que guardan estos países se ha multiplicado por seis. Curiosamente, la distancia entre los sueldos de los altos directivos y los trabajadores ha crecido en ese tiempo en una proporción similar.

Cuando alguien llama a las cosas por su nombre y, encima, las escribe bien, debemos divulgar sus reflexiones. En un espléndido artículo titulado “Los pecados capitales”, Ignacio Escobar los analiza como el de la gula que hemos citado.

Llevamos años denunciando ese crimen, más que delito fiscal, de los paraísos fiscales en donde bancos y sociedades “legales” actúan con total impunidad. Allí blanquean el dinero procedente del narcotráfico, de la venta de armas, de las comisiones fraudulentas, de los “cierres” empresariales que ponen a los empleados en la calle y de la prostitución. Como el emperador romano dicen “El dinero no huele”. No huele porque apesta a podrido en la Dinamarca de las sentinas financieras.

Personas “respetables” y que dirigen instituciones que alardean de honestidad en sus negocios, y que son capaces de promover desahucios y embargos de familias por no poder atender al pago de unos intereses. Capaces de obligar a poblaciones enteras a subsistir bajo la explotación de sus riquezas naturales y de su mano de obra tratada como recurso capaz de generar beneficios económicos. Capaces de montar guerras allí en donde les conviene para dar salida a stocks de armas obsoletas o averiadas. Capaces de vender a países empobrecidos toneladas de productos farmacéuticos rechazados por las autoridades sanitarias de sus lugares de origen. Capaces de inundar los mercados con excedentes de producción que no hacen sino crear necesidades y dependencias, a cambio de materias primas. Que han inventado el concepto de “ayuda” en donde deberían de imperar los de justicia social y equidad. Capaces de transformar economías tradicionales y autosuficientes en repúblicas bananeras. Imponen el monocultivo, ocasionan erosiones y catástrofes, empobrecen a los pueblos al dominar despóticamente el precio de los productos que han obligado a plantar, bajo la amenaza de pérdida de las cosechas, con la sangría de los intermediarios y con el pago en productos manufacturados que ahogan la artesanía y la incipiente industria.

Capaces, digo, de influir torticeramente en el precio de las cosas, de crear hambrunas que utilizan como auténticas armas de destrucción al tiempo que ocasionan desplazamientos de pueblos enteros en cuyas tierras han detectado hidrocarburos o materias preciosas.

No es posible mantenerse en silencio por más tiempo. Desde Bretton Woods han impuesto un modelo de desarrollo nefasto para los pueblos empobrecidos y, por lo que estamos viendo, a las mismas sociedades capitalistas. De adorar al dios Mamón del enriquecimiento rápido y de las leyes de los mercados prodigiosos y perseguir con furor fanático las regulaciones estatales en favor del bienestar general, a exigir la intervención de los Estados para que nacionalicen sus pérdidas y paguen por sus desatinos. Sin rubor han privatizado los beneficios y pretenden socializar las pérdidas de sus economías de casino. Por supuesto, con el dinero de los contribuyentes detrayéndolo de los recursos destinados a la educación, a la salud, a las pensiones y a los ordenamientos legales que tratan de poder remediar a las crecientes dependencias de poblaciones envejecidas.

Es increíble, causa estupor la desfachatez con que abordan la crisis financiera mundial y las repercusiones económicas que pagarán las sociedades más débiles, al pretender que los causantes de tantos desatinos sean los encargados de reinventar el capitalismo.

Una vez más, una mentira nunca llegará a ser verdad pero terminará por creerse a fuerza de repetirla. Y que una proposición no necesita ser cierta para engañar a las gentes. La historia está llena de ejemplos: supersticiones, religiones absurdas, racismo, esclavitud, postergación de la mujer, homofobia, pretendidos derechos divinos de las dinastías, castas y clases superiores “por designio de los dioses”, alimentos prohibidos, etnocentrismos con la famosa “carga del hombre blanco”, pena de muerte legalizada, torturas indiscriminadas, campos de concentración, derechos de conquista y de colonización y de conversión a los nuevos dioses de los invasores, fanatismo religiosos, ideológicos y nacionalistas o de pretendidos “pueblos elegidos” o con patentes de corso para imponer sus dictaduras mentales, políticas y económicas.

 

31 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Instituciones degeneradas

 

Los bancos ya saben que no hay poder político capaz de resistir las amenazas a la estabilidad económica. Por eso se frotan las manos, se reparten bonos y stock options y sanean sus cuentas de resultados a costa del erario público.

Altos directivos de Lehman han tenido el cuajo de celebrar en estos días fiestas millonarias. Igual que los de Fortis, que se reunieron en el mejor hotel de Mónaco después de la catástrofe para un increíble festejo. ¿A qué juegan? Saben que tienen la sartén por el mango, y el mango también. Así ha sido siempre en la historia del capitalismo más salvaje. Bajo el indudable progreso técnico ocultaban la miseria, la explotación y el hambre de millones de personas para deslumbrar, como el Príncipe de Potenkín, a la zarina Catalina.

Cuando los financieros hablaban de quiebra del sistema se estaban refiriendo a sus propios balances, y cuando hablaban de confianza en realidad querían decir dinero, escribe Ignacio Camacho. Billones de euros públicos para sanear sus activos, cuadrar sus resultados y continuar como si nada hubiera pasado. Tantas vueltas para eso: las ideologías, el motín de los mercados, el fin de la Historia... todo se reducía a una factura. La cuenta de los platos rotos durante los años felices de la especulación, de la orgía de las hipotecas insolventes y los fondos de riesgo. La mano invisible del mercado era una mano extendida para recibir el importe de los desperfectos que ella misma había causado en sus días de euforia.

Y el Premio Nóbel, José Saramago, denuncia el “crimen financiero contra la humanidad” porque, si nos callamos, nos vomitarán nuestros hijos con merecidos reproches, porque habiendo podido tanto nos atrevimos a tan poco. Y desde el caos de un planeta saqueado y de muchedumbres hambrientas, debido a la explosión demográfica, nos preguntarán atónitos cómo no nos alzamos contra este sistema injusto y tiránico de unos financieros sin entrañas que dejaron exangüe a la economía mientras construían fraudulentas ingenierías financieras.

Llegaron tan lejos que los poderes públicos, las administraciones supraestatales y las instituciones de control como el FMI, el Banco Mundial y los bancos centrales consintieron que el poder real fuera detentado por las oligarquías transnacionales que actuaron como meros ejecutores de las decisiones de los sanedrines.

Los perdedores, escribe el Premio Nóbel, “somos nosotros, que presenciamos, impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos y financieros, locos por conquistar más dinero y más poder, con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o sucios, normalizados o criminales… mientras que, los banqueros, los políticos, las aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años, cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se considera poseedor de la última sabiduría…”.

¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas numeradas?, se pregunta Saramago. ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas, de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico?

Lo que está pasando, afirma con contundencia, es un crimen contra la humanidad que no son sólo los genocidios, los campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas.

Crimen contra la humanidad es también que los poderes financieros y económicos de Estados Unidos y de la Unión Europea, con la complicidad de sus gobiernos, han perpetrado contra millones de personas en todo el mundo.

Ahora sí que ‘un fantasma recorre el mundo’ y no sólo en Europa, pero los responsables de esta hecatombe están dispuestos a “reinventar el capitalismo” con los mismos mimbres e idéntica codicia. No piensan en los seres humanos, en las sociedades, en el medioambiente. Prescinden de las instituciones elegidas democráticamente y convocan a una conferencia en Estados Unidos, claro, a los miembros del G20, basados tan sólo en criterios económicos y no sociales. Saltan por encima de instituciones como la ONU y los gobiernos legítimamente representados en ella, y pretenden reedificar idénticos casinos financieros, una vez que los banqueros, recuperados de sus pérdidas, se disponen a seguir dictando el orden en un mundo cada vez más degenerado

 

24 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Crisis económica y justicia social

 

Si hasta en las prisiones se acepta el axioma de que “el que la hace, y lo pillan, la paga”, ¿por qué se van a ir de rositas los responsables de la actual crisis financiera, y de la más fuerte de la economía real que se avecina?

Causa rubor ver a presuntos delincuentes de guante blanco listos para aprovecharse de los ingentes fondos para inyectar liquidez en los bancos. Vamos, que encargamos a los zorros la vigilancia de los gallineros y a los pederastas la de los orfelinatos. Por duro que suene la realidad es todavía más cruda.

Richard Fuld, responsable de Lehman Brothers, amasó 500 millones de dólares entre 1993 y 2007. Sólo el año pasado ganó 45 millones más.

Henry Paulson, del Tesoro de Estados Unidos, consiguió 700 millones de dólares en Goldman Sachs. Él fue quien coordinó la reunión en la que se habló del rescate financiero con dinero de la Reserva Federal.

Keneth Lewis, de Bank of America, recibió 20 millones de dólares en 2007, y tiene acciones allí por un valor de 112 millones.

James Diamond, de JP Morgan, recibió un bono navideño de 14 millones de dólares en 2007, y tiene activos en ese banco por un valor de 190 millones.

Lloyd Blankfein, de Goldman Sachs, recibió 28 millones de dólares en 2007 y ha amasado una fortuna de más de 400 millones de dólares en su empresa.

Esto resulta “obs-ceno”, algo que no se puede presentar en la escena mundial, porque debería de ser materia de los fiscales, embargados sus bienes como cautela y ellos puestos a buen recaudo hasta que contasen todo lo que saben. Me temo que pronto los veremos en puestos de responsabilidad con repercusión mundial, sobre todo contra los más pobres.

Mientras todos se ocupan de salvar a los banqueros y a los ricos, la crisis deja en la cuneta la solidaridad. Los recortes en cooperación amenazan la alimentación, la asistencia médica o la educación de millones de personas. Las cifras del hambre vuelven a dispararse en contra de todos los compromisos, escribe Oriol Güell.

La misma crisis que ha secado al sistema financiero internacional amenaza con sumir en la miseria a cientos de millones de personas en todo el mundo, que podrían quedarse sin comida y atención médica o ver como se desvanecen las herramientas que les impusieron para que se pudieran enganchar al desarrollo económico.

“Los efectos de esta recesión se extenderán a todo el planeta”, alerta la ONG Save The Children. “La situación podría derivar en una auténtica catástrofe si, como es previsible, gobiernos y particulares recortan sus ayudas”.

La crisis amenaza con reducir los 76.000 millones de euros que el mundo ha destinado este año en ayuda al desarrollo, según un portavoz de Naciones Unidas. Una cantidad de dinero que no llega ni a una décima parte de lo que los Gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea han movilizado en menos de tres semanas para salvar las instituciones financieras.

La crisis aumentará los gastos y reducirá los ingresos de los países desarrollados, que restarán a sus contribuciones para los 923 millones de personas desnutridas en el mundo, para reducir la cifra de 58 millones de mujeres que este año habrán dado a luz sin asistencia médica o para escolarizar a los 77 millones de niños de África y Asia que ni siquiera han recibido educación primaria.

La directora general de la OMS advierte de que estos gigantescos desequilibrios en materia de salud hacen del mundo un “lugar inseguro e inestable”, para que luego nos preguntemos por las raíces de los movimientos revolucionarios: hambre, enfermedad, ignorancia y desesperación.

El secretario general de la ONU denuncia que los Gobiernos se han mostrado incapaces de cumplir los compromisos que asumieron en 2000 para erradicar la pobreza y el hambre en 2015.

Un responsable del Programa Mundial de Alimentos destaca que “con el plan de rescate del sistema financiero aprobado por Estados Unidos, el PMA podría trabajar durante más de 100 años. Si los gobiernos tienen recursos para rescatar a sus bancos, seguro que también deben tenerlos para dar de comer a los hambrientos”.

John Holmes, de Naciones Unidas, afirma que “lo peor de la situación actual es que no sabemos lo que puede ocurrir ya que la crisis se está mostrando cada día más profunda y extensa. Si los gobiernos gastan tanto dinero en los rescates financieros y la economía y sus ingresos van a menos, necesitarán recortar los gastos por algún lado. La tentación es hacerlo por la ayuda internacional”, afirmó estos días en Madrid.

Desde el PNUD, P. Conceiçao denuncia que “esta crisis, la han causado los excesos de los más ricos y sería desolador e imperdonable que acaben muriendo de hambre y enfermedades fácilmente curables millones de personas que ni siquiera han tenido la oportunidad de disfrutar de la bonanza económica de los últimos años”.

El clamor es unánime: Las sociedades y Gobiernos desarrollados, tras años de vivir en la opulencia, no pueden dejar a millones de personas sin las ayudas esenciales. Es necesario mantenerse fiel a los principios de justicia universal y de solidaridad.

 

17 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

No podremos decir que no lo sabíamos

 

Desde hace décadas nos han venido alertando de los graves problemas que nos amenazaban. Desde la explosión demográfica, al cambio climático, vertidos contaminantes en los mares, el destrozo en los bancos de pesca, los efectos perversos del fundamentalismo y del modelo de desarrollo neoconservador, la ignominia de los paraísos fiscales en donde se blanquea el dinero del narcotráfico, de la venta de armas y del crimen organizado. Cuando llegaron, todos nos hicimos de nuevas. Como sucedió con la caída del muro de Berlín o de la URSS o con el impresionante auge de China.

Antes de una década, la Unión Europea tendrá 50 millones de personas mayores de 65 años. Estas personas son las que más visitas hacen a la Seguridad Social y las que toman más medicamentos, aparte de pasar más tiempo en sus casas durante los meses del crudo invierno. Se incrementan el consumo de calefacción, las afecciones respiratorias y reumáticas, la depresión, la soledad y la sensación que tienen estas personas de ya no ser necesarias.

Hasta los países europeos del Mediterráneo conocen esas cifras de jubilados por su edad o por las políticas laborales de las empresas que antes se producían en los países más ricos de Europa.

Ahora, los responsables políticos buscan cómo abordar el tiempo libre en aumento para esos ciudadanos. Nuestras sociedades no estaban preparadas para responder a esas demandas y se agotan las medidas de vacaciones subvencionadas y de actividades culturales para ese ocio impuesto que a muchos les resulta una carga insufrible.

No es casualidad que los médicos de cabecera detecten un aumento de enfermos en sus consultas que han somatizado su soledad y su sensación de impotencia. Los consultorios se llenan de personas mayores que anhelan hablar y ser escuchadas.

La nueva configuración de las familias en los países europeos quita sitio para los abuelos en los nuevos hogares. Éstos están cada día más compuestos por una pareja con uno o dos hijos y que habitan viviendas maltusianas, llenos de hipotecas y de obligaciones para atender a las necesidades que el consumismo les ha ido creando.

Ante el desbordamiento de las estructuras sanitarias y la amenaza de no poder hacer frente a las pensiones que no crecen al ritmo del coste de la vida, se me ocurre lo siguiente:

En España, Grecia, sur de Italia y sur de Portugal, el espectacular desarrollo económico ha venido precedido por las remesas de divisas que los emigrantes enviaban desde el norte. A medida que el nivel de vida de estos países se acercaba a los del resto de la Unión Europea, los emigrantes fueron regresando a sus lugares de origen aportando saberes, costumbres, técnicas y capacidades imprescindibles para la formidable industria del turismo que se apoyó en el clima del Mediterráneo.

Los hijos de esos emigrantes hablaban otras lenguas, vivieron otras costumbres y habían aprendido a respetar otras formas de convivencia.

La ayuda que la Unión Europea prestó a estos países mejoró sus carreteras, ferrocarriles y aeropuertos, así como las comunicaciones telefónicas, atención médica, facilidades bancarias y las instalaciones de playas y de recreo.

Hasta entonces se creía que el ocio era patrimonio de los más pudientes. La experiencia demostró que no era así y cientos de miles de pensionistas empezaron a viajar a las islas Baleares, Canarias, Costa del sol y otros lugares similares de Italia, Portugal y Grecia.

¿Cuál era la riqueza fundamental que aportaban estos países en vías de desarrollo? El sol, el clima, el agua, los paisajes y el carácter abierto y acogedor de sus ciudadanos.

¿Por qué no se transforma el norte de África en instalaciones hoteleras de acogida para esos millones de jubilados europeos que podrían pasar casi la mitad del año disfrutando de ese clima y de sus posibilidades?

Las visitas a los centros médicos y el consumo de medicamentos se reducirían. El uso de carburantes para calefacciones, así como la contaminación, también descendería. El estado anímico de  millones de personas mejoraría al tiempo que se beneficiarían del aumento de la capacidad adquisitiva con las mismas pensiones.

Cualquiera que haya viajado por Marruecos, Túnez, Libia y Argelia puede comprobar la mejora de sus instalaciones hoteleras, culturales y de ocio en general.

Como sucedió en el sur de la Unión Europea, cientos de miles de puestos de trabajo serían creados en esos países para sus ciudadanos. Harían en su tierra lo mismo que están haciendo en tierra ajena proporcionando un lugar al sol para esas personas mayores que ven con temor la llegada del otoño y del invierno.

Sería posible organizarse entre los países de la Unión Europea y los del norte de África para desarrollar conjuntamente otro tipo de instalaciones y potenciar esa riqueza que alienta en las tierras y en las poblaciones de nuestros vecinos de la otra orilla del Mediterráneo.

 

26 de septiembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ante el hambre no hay razones

 

Si el mundo se ha convertido en una aldea global, es evidente que está muy mal gobernada. Falta un liderazgo mundial y faltan auténticos líderes en los Estados más poderosos y con mayores posibilidades de influir en el resto de la humanidad. Quienes realmente mandan y deciden son los grandes grupos de presión, la banca mundial, los especuladores profesionales y los intereses financieros. Y movimientos fundamentalistas de toda laya. El imperio de la Razón y los tiempos de las Luces han dado paso al magma de lo insustancial, al horror a tomar la palabra y afirmar “yo sé quien soy y vivir con plenitud es mi faena”.

¿Dónde hay un auténtico hombre de Estado? Se trataba de debilitar el sistema, de ahondar en la brecha, de movernos en los etéreos campos de la virtualidad y de lo soft, de caminar deprisa en nuestro laberinto cerrado.

La consigna era ‘no pensar’, dejarse conducir, no atreverse. Así, a los totalitarismos de uno y de otro signo ha seguido el pensamiento único, guarecernos en la manada y el regreso a comportamientos gregarios.

La publicidad golpea y constriñe a brillar con oropeles, a llamar la atención exterior para que no se detecten el vacío y la soledad interiores. Se teme al buen gusto, a esa exaltación de la naturaleza que es la cultura, al equilibrio y a las buenas maneras, a sentirse en paz con uno mismo abierto a los demás en actitud de acogida. 

Asistimos a la decadencia de los valores fundamentales representados por instituciones construidas a fuerza de voluntad, experiencia, generosidad y audacia. Instituciones de la Organización de las Naciones Unidas, la UNESCO, el Banco Mundial para el Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, la Organización Mundial del Comercio, y la Organización para la Agricultura y la Alimentación, la tristemente de actualidad FAO. Reunidos en Roma en “comité de crisis”, 500 delegados de 183 países no hicieron más que confirmar la voluntad de los más poderosos de que esa institución continúe vegetando sin aportar soluciones para combatir el hambre en el mundo.

La comunidad internacional cometió el error de desinteresarse por la agricultura mundial. Por eso hibernó a la FAO y mantiene a 3.600 funcionarios que consumen su presupuesto.

Es bueno recordar lo que se dice en su carta de constitución “su misión es alcanzar la seguridad alimentaria para todos, vigilar para que todos los seres humanos tengan un acceso garantizado a una alimentación de buena calidad que les permita llevar una vida sana y activa, mejorar los niveles de nutrición, la productividad agrícola y la calidad de vida de las poblaciones rurales para contribuir al desarrollo de la economía”.

Es lícito preguntarse que, si los norteamericanos, los europeos y los japoneses, principales contribuyentes del sistema de la ONU, que controlan, hubieran querido que la FAO prosperase y fuese eficaz, no habrían permitido que, durante treinta y seis años, estuviera en manos de un director general libanés y otro senegalés, 18 años cada uno.

Se necesitan medio millón de dólares diarios para mantener a los funcionarios de la ONU. La FAO gastará 784 millones en los dos próximos años, un millón de dólares al día, en un escandaloso despilfarro, ineficacia y responsabilidad criminal ante las muertes por hambre y enfermedades derivadas de más de 35 millones de personas al año, 24.000 al día y un muerto cada siete segundos. La FAO denuncia que la crisis es gravísima y que el número de víctimas del hambre se incrementa sin cesar. Esta sí es la más terrible arma de destrucción masiva.

Su ineficacia es tanto más sorprendente cuando hay otras agencias de la ONU que se ocupan de lo mismo: el FIDA (Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, 438 millones de dólares), el Programa Mundial de Alimentos (5.000 millones), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (4.440 millones). La ONU gasta un total de unos 10.000 millones de dólares para afrontar el hambre en el mundo. De ellos, 27 millones al día para mantener su paquidérmica estructura de funcionarios sin alma.  Porque es preciso no tener conciencia ni sentido de la realidad al contemplar los gastos en armas, en guerras, en narcotráfico, en especulaciones financieras, en desorbitados lujos, en arruinar el medio ambiente con la locura de un consumo irresponsable, mientras centenares de millones de seres humanos mueren de hambre.

Los pueblos empobrecidos no necesitan la “ayuda” de los enriquecidos, sino la reparación debida por sus expolios, el reconocimiento de su derecho a cultivar, fabricar y exportar sus productos. Y a que se terminen las subvenciones a productos agrícolas en el norte rico y desalmado.

Así lo demuestran Paul Collier, en “El club de la miseria. Qué falla en los países empobrecidos del mundo” y Jeffrey Sachs en “Economía para un planeta abarrotado”. Se conocen el problema y sus soluciones, pero faltan verdaderos líderes mundiales, hombres de Estado capaces de derrotar a la Gorgona de mil serpientes, modelo de desarrollo que padecemos.

 

13 de junio de 2008 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El hambre, arma de destrucción masiva

 

¿A quién beneficia esta alarma desatada por la subida de precios de los cereales que recogieron algunas Bolsas? No se trata de un tsunami ni de una mala cosecha excepcional, ni de una imprevista sequía. Algunos poderes agitan el fantasma del hambre para aterrorizar a las poblaciones, y justificar las propuestas de seguridad que preparan. No está la situación alimentaria peor que en años pasados. Obsesionados por el terrorismo y por las guerras en Iraq y Afganistán, imposibles de ganar al modo tradicional, preparan una salida “airosa” trasladando nuestro imaginario del terrorismo al hambre como auténtica arma de destrucción masiva que afecta a miles de millones de víctimas inocentes.

Las agencias nos informan de que la purificación étnica, la erradicación o el exterminio físico de los grupos étnicos hostiles a los gobiernos autoritarios no requieren alta tecnología, nada de misiles sofisticados, de ántrax o de cabezas nucleares.

En el caso de Sudán, escribe el Director de Acción contra el Hambre, el uso de mercenarios para quemar las aldeas, destrozar las cosechas y las reservas de comida ha forzado a más de un millón de personas al exilio. Así, una gigantesca hambruna, provocada por el gobierno de Jartum, se ha cobrado miles de vidas humanas.

El hambre como arma de destrucción masiva no ha llegado a EEUU o a Europa. Sin embargo, el hambre como amenaza es utilizada cada vez más. Por eso llegan informaciones tendenciosas capaces de ocultar la realidad con el estallido del miedo.

De un mal endémico que venimos padeciendo, sosteniendo y manteniendo por no adoptar medidas enérgicas, justas y adecuadas, ante el ominoso silencio y la ineficacia culpable de la Organización Mundial del Comercio, ahora echan la culpa del hambre a los hambrientos. No sería la primera vez en la historia: vagos, destruyen los bosques, incapaces de prever, se empeñan en cultivos de subsistencia, no saben planificar, ni exportar, ni industrializarse.

En esta “puesta en escena”, cadenas de alimentación que pertenecen al gigante Wal Mart y Costco restringieron la venta de arroz a sus clientes sobre todo restaurantes y comercios.

Con esta absurda medida, en el país más rico los precios en la Bolsa de Chicago subieron cerca del 3%, para romper la barrera psicológica de los 25 dólares cada 45 kilos. En Tailandia la subida fue del 5%, y el arroz alcanzó un precio récord: 1.000 dólares por tonelada. Las grandes compañías brasileñas que inciden en las especulaciones mediante acaparamiento, retenciones o lanzamiento masivo para desestabilizar los precios, suspendieron las exportaciones.

La directora del programa de alimentos de la ONU, J. Sheeran, ha declarado que  la ayuda alimentaria que proporcionan cuesta un 40% más que el año pasado, porque casi todos los productos se han encarecido.  Como causas de esta situación aludió a las nuevas necesidades de alimentación en China o India, los biocombustibles y el precio del petróleo. El gran volumen de inversiones en los mercados de materias primas contribuye al alza de los precios en las bolsas. Pero el hambre no es una fatalidad, ni un destino, ni tampoco cuestión de azar. No es el designio de los millones de personas que pasan hambre, como tampoco es una casualidad que el 97% de ellos vivan en países empobrecidos.

En ocasiones todavía se piensa que el hambre es fruto de la superpoblación, de mala gestión política, de la escasez de alimentos, de infraestructuras insuficientes o de un desastre ecológico. Hoy el hambre es un arma empleada por algunos gobiernos para eliminar grupos molestos de población en su propio país, escribe Mariló Hidalgo, en Fusión. Han convertido al hambre en un arma de guerra los que han hecho del beneficio económico y de la prepotencia financiera el eje y fin de sus acciones. Como si el mundo fuera un tapete en el que los seres humanos no juegan más que el papel de fichas que se mueven o eliminan según las sacrosantas leyes de un mercado que sólo sirve a los intereses de unos pocos.

 

25 de abril de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El petróleo nos consume

 

Se achaca a las potencias emergentes de India y China la responsabilidad del aumento de los precios del petróleo para sostener su crecimiento económico. Influye, pero no es la causa principal de este encarecimiento, sino el incremento desaforado del consumo en los países industrializados. China, con una población que cuadruplica a la de EEUU, no representa más que un 8% de la demanda mundial de petróleo, pero en EEUU sobrepasan el 25%, y un 18% corresponde a la Unión Europea.

Uno de los mayores expertos, Paolo Scaroni, director general del ENI (Sociedad italiana de petróleos) dice que, en EEUU, en los cinco últimos años, uno de cada dos coches comprados es un 4x4, cuyo motor gasta un litro de combustible por cuatro kilómetros. Por tanto, los coches americanos hacen una media de 7 km por litro. La media europea es de 13 km. Si los norteamericanos utilizasen vehículos semejantes a los europeos, continúa Scaroni,  economizaríamos 4 millones de barriles por día. Que equivale a la producción de Irán, tercer exportador mundial. Si todos los coches americanos, canadienses, europeos, japoneses y australianos se homogeneizasen en este nivel de consumo, economizaríamos 10 millones de barriles por día, lo que equivale a la producción de Arabia Saudita, primer productor mundial, y más que el consumo de India y China juntas… Si los denominados ‘países occidentales’, que coinciden con los más industrializados y enriquecidos del mundo, utilizasen vehículos ‘razonables’ y los norteamericanos adoptasen los estándares europeos en calefacción y aire acondicionado, se economizarían 15 millones de barriles de petróleo diarios. En números redondos, el 20% del consumo mundial”.

Todo indica que los precios del petróleo van a subir más. En los últimos seis meses los precios del petróleo para entregar dentro de cinco años han aumentado un 43%, mientras que los denominados spot, a entregar sin retraso, aumentaron un 38%. Los contratos de compra a plazo se negocian a más de 120 dólares el barril. Este petróleo se negociaba a 50 dólares el barril a comienzos de 2007, su precio se ha duplicado en doce meses. Podemos volver a caer en el círculo vicioso de los setenta y de los ochenta: un petróleo caro es factor de inflación y ésta encarece la extracción del petróleo y de otras materias primas, desajustando la economía mundial.

Se abre un período en el que tendremos que ajustarnos para vivir peor con un petróleo encarecido. Quienes más los sufrirán serán los países empobrecidos que no posean yacimientos de fuentes de energía. En tanto que los países y compañías exportadoras de petróleo van a ver multiplicadas sus ganancias. La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) registró en 2007 una cifra de negocios seis veces superior a la de 1998. En ese mismo período, los rusos han multiplicado por cuatro sus ventas de petróleo y gas.

Estas vertiginosas ganancias tienen su vertiente más odiosa en los pueblos de los países más empobrecidos.

¿A qué esperan los países libres, democráticos, defensores de los derechos humanos y dispensadores de patentes de ciudadanía mundial para terminar con esta injusticia?  Millones de seres humanos no tienen que perder más que sus cadenas, su hambre, su desesperanza y su ira. Ante una tercera crisis energética, como la de 1973, es razonable esperar una reacción de supervivencia de los desheredados de la Tierra. David buscará nuevas hondas de piedras o de lo que sea, para defenderse de Goliat. Pues la vida es un bien superior a cualquier otro.

Las señales de alerta del planeta ya son patentes, no es posible mantener este nivel de consumo y de explotación. Los pueblos de la Tierra tienen que movilizarse para conseguir energías renovables y limpias. En esta Era de la revolución de  las comunicaciones ya nadie es inocente ni podrá alegar que no conocía las consecuencias de estos delitos contra la humanidad, y contra nuestro medio ambiente. Nos devoramos a nosotros mismos mientras dos mil millones de seres no tienen cubiertas sus necesidades más elementales.

 

11 de abril de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Alemania: Evasión de miles de millones a paraísos fiscales

 

Se descubren más redes de blanqueo del dinero del crimen. Droga, prostitución, armas, evasión fiscal, todo envuelto en una trama en la que aparecen cerca de tres mil compañías en “paraísos fiscales”.

El último escándalo, en Alemania. Se descubrió un fraude fiscal de miles de millones de euros evadidos ingresados en cuentas secretas en el principado de Liechtenstein (35.000 habitantes en 116 Km. cuadrados).

La canciller Ángela Merkel y los representantes políticos, medios de comunicación y sociedad civil manifestaron su escándalo por la sistemática evasión y la facilidad con que lo hacían. La reacción ha sido más dura después de que el Príncipe Alois de Liechtenstein acusase a Alemania de atacar la soberanía del Principado, que sólo vive de ese negocio criminal.

Directivos de importantes compañías se sirven de esa sentina de la economía para obtener buenos dividendos y eludir el fisco de sus países. Fueron descubiertos por un empleado de la banca, que exigió el pago de cinco millones de euros, o vendía su información a otros postores. Como si nadie supiese hasta ahora cómo y dónde funcionan esos criminales de cuello blanco. Por no pagar una hipoteca te pueden embargar y hasta llevar a la cárcel. Por defraudar más de seis billones (con b, no miles de millones) de euros al año te ponen alfombra roja.

Si las sociedades democráticas no se protegen contra esta práctica, las mafias acabarán con ellas. De ahí la importancia de medidas para perseguir a los países que permiten estas redes y castigar a individuos que por su cargo ejercen más responsabilidad: jueces, funcionarios, abogados, policías y dirigentes financieros.

El actual sistema económico neoliberal, que favorece la total libertad de movimientos de los capitales y camina hacia una política de menos impuestos, menos servicios públicos y menos Estado, ha desencadenado por todo el planeta un movimiento sin control de una gran masa financiera que elude toda contribución social y sólo persigue sus ilimitados beneficios.

Dinero procedente de fortunas privadas, empresas, multinacionales, del narcotráfico, terrorismo, tráfico de armas, encuentra refugio en los territorios donde no hacen incómodas preguntas: en los paraísos fiscales.

La cifra de negocios del dinero procedente sólo de las organizaciones criminales, el producto criminal bruto, no es inferior al billón de euros anuales. Casi el 18% del comercio mundial. Este dinero criminal busca su refugio en los paraísos fiscales que, además de Bahamas, Jamaica, Panamá… hay en Europa: Isla de Man, Isla de Jersey, Principado de Andorra, Gibraltar, Luxemburgo, Liechtenstein, Mónaco, San Marino, Malta y Chipre.

Se calcula que el dinero depositado en paraísos fiscales asciende a más de seis billones de dólares y que en ellos hay registradas cerca de tres millones de sociedades-tapadera, que favorecen la corrupción de grandes empresas, que se sirven de ellas para ocultar su contabilidad y balances.

Personalidades de prestigio han sugerido medidas para acabar con los paraísos fiscales: a) Armonizar legislaciones nacionales en materia de delincuencia financiera con la adopción de medidas preventivas, como el registro y el seguimiento de la delincuencia financiera, el control público europeo de las cámaras de compensación, la prohibición a los bancos de aceptar fondos provenientes de paraísos fiscales y de abrir filiales off-shore; b) Creación de una fiscalía europea en materia de justicia y fraude fiscal;  c) Levantamiento del secreto bancario bajo pena de sanción a los Estados no cooperantes; d) y transparencia obligatoria para las empresas en sus actividades, filiales y capitales invertidos en países de riesgo.

Así conseguiríamos dar un paso en la lucha contra la corrupción, los sobornos, el fraude fiscal y otros delitos de corbata y levantaríamos un sistema que no se olvide de la necesaria solidaridad para que la distribución de la riqueza mundial no sea tan injusta.

Liechtenstein es uno de los paraísos fiscales que sirven de cloaca a la banca suiza, que no deja de actuar de forma contundente y silenciosa. Deportistas de élite, miembros de familias reinantes y de la jet society, junto con los más sórdidos negociantes, blanquean dinero procedente del narcotráfico, de la venta de armas y del crimen organizado. Disponen allí de increíbles facilidades fiscales.

Pero todos callan, porque desde allí se realizan operaciones fraudulentas relacionadas con la caída de gobiernos, la compra de políticos venales y el infernal tráfico de armas, que ningún país democrático permitiría. Las instituciones supranacionales y las de la Unión Europea tendrían que acabar con esta lacra.

 

22 de febrero de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La pobreza no la hacen los pobres

 

“Es preciso abandonar el punto de vista del ave y adquirir la perspectiva del gusano. Sólo a partir de la observación del mundo real desde su misma base se puede actuar para mejorarlo”, nos decía el Profesor Yunus, Premio Nobel de la Paz,  al explicar cómo se había gestado su proyecto de los microcréditos. Lo orientó para erradicar la pobreza desde su raíz y esa revolución no hace más que extenderse por cerca de 100 países. El Banco Grammen tiene más de siete millones de prestatarios, el 97% de ellos son mujeres, la mayor parte analfabetas. Es uno de los bancos con menor número de impagos y morosidad del mundo. El banco funciona en más de 100.000 pueblos de países con las economías más variadas, porque la pobreza no es sólo de países subdesarrollados o, mejor dicho, empobrecidos.

Los beneficios de los microcréditos se han manifestado en la educación de los niños. En Bangladesh, por ejemplo, el 100% de los niños con familias que disfrutan de ese sistema para producir bienestar y riqueza están escolarizados. También ha influido en la nutrición, en la salud y en la paternidad ymaternidad responsables. Ya no rige el arcaico principio de que “cuántos más hijos, mejor”, para echar una mano en los campos y para asegurarse, con los que sobrevivan, asistencia en la ancianidad. La situación de las mujeres ha cambiado completamente, antes se escondían en las casas, ahora son mujeres activas, mujeres que hablan y que toman decisiones. Las viviendas han mejorado por los préstamos para su mejora.

El principio básico es que, si bien no es posible ayudar a la gente a salir de la miseria de la noche a la mañana, lo que sí se puede hacer es influir en la vida de una persona al menos en el transcurso de un día. Puede sonar a utópico, y lo es en el sentido de que utopía es “lo que no existe, todavía”.

Toda persona, por serlo, tiene derecho a alimentarse, a encontrar trabajo, a tener vivienda digna y a cuidados sanitarios, así como a una pensión vitalicia que asegure su vejez. Así es y no porque nos lo parezca, sino por ser principio connatural al hecho de ser persona. De ahí surge el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad.

Es evidente que el ser humano no ha nacido para cuidar de sí mismo individualmente, sino para participar en la comunidad. Disponemos de esa capacidad, pero no queremos aplicarla porque no creemos en ella y nos movemos por fantasmas de nuestra imaginación terca y obstinada. Tenemos que creer que es posible un mundo sin pobreza y, mucho más, sin miseria. Antes de crearlo, hemos de ser capaces de imaginarlo porque no se ha hecho realidad nada grande si antes alguien no lo soñó primero. En tiempos de la esclavitud, del sometimiento y discriminación de la mujer, de la pretendida superioridad de unas razas sobre otras, nadie, excepto los sabios y los visionarios valientes, se atrevía a pensar que era posible una sociedad estructurada sobre principios de justicia, de libertad, de igualdad y solidaridad. Hoy vemos esa realidad en más de treinta países con cerca de mil millones de habitantes. Pero restan cerca de cinco mil millones de seres humanos que forman parte de nuestra familia, de la única familia sobre el planeta. No hay pueblos escogidos, no razas superiores ni destino que no podamos agarrar por el cuello y transformarlo, como escribía Beethoven a una amiga.

No podemos, porque no queremos. Otro mundo es posible porque es necesario y lo que es necesario puede encontrar los instrumentos para realizarse. Es un quehacer inaplazable, como la libertad y el derecho a la felicidad. Esto es, a ser uno mismo en un ámbito de solidaridad y justicia. Para que nuestros hijos y nietos no nos consideren culpables al visitar los “museos” de la pobreza y de las guerras, y se pregunten por qué permitimos que sucediera.

 

27 de julio de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los persas ya han pasado por las Termópilas

 

Hay un poema de Kavafis que dice que hay gente que sigue defendiendo el desfiladero de las Termópilas como si los persas no hubieran pasado por allí. “Yo tengo a veces esa sensación..., estar defendiendo cosas en las que creo, en medio de una realidad que me desborda todos los días”, así comenta el ex director del diario español El País, Joaquín Estefanía, su sensación diaria al contemplar la realidad y reflexionar sobre ella.

En su último libro “La mano invisible. El gobierno del mundo” nos cuenta que “He escrito varios libros sobre la globalización y sus efectos, y un día comprendí que desde que hemos entrado en esta época acelerada de globalización, la mayor parte de las decisiones que afectan a nuestra vida cotidiana se tomaban lejos de nosotros: en Bruselas, Frankfurt, Nueva York, y me puse a investigar para ver si esa sensación era auténtica y estaba afectando al núcleo duro del sistema en el que vivimos, a la democracia. Cada vez hay más decisiones que no dependen de los parlamentos nacionales donde se encuentran las personas que nosotros hemos elegido democráticamente, sino que se toman en segunda o tercera instancia. Mientras que aquellos a lo que llamábamos “poderes fácticos” -Ejército, Iglesia y Banca-, se habían movido mucho y los que funcionaban eran muy distintos. El único poder que no se discute nunca es el del dinero”.

Por eso trata de definir el nuevo poder que surge como consecuencia directa de la desigualdad. Lo ostentan los que lo han tenido siempre: los Estados y gobiernos, allí donde reside la soberanía de los ciudadanos. Pero han aparecido otros nuevos: los mercados, los medios de comunicación y la opinión pública. Los mercados son los reguladores de la vida económica, los guías de los hombres y sociedades que deben adaptarse a él para sobrevivir. España, que hace una generación era un país rural, gracias a los mercados se ha convertido en un país moderno, emergente, que aspira a ser uno de los siete más importantes del mundo en cuanto a bienestar. Pero estos mismos mercados convirtieron a México en un país arruinado en sólo cuarenta y ocho horas.

Con la misma lucidez aborda el papel de los medios de comunicación social como contrapoder de los poderes clásicos. Lo novedoso es que los medios de comunicación se han “independizado” y han pasado a formar parte de grupos económicos con intereses diversos, no subordinados al poder político.

El autor concreta esos intereses: “Cuando se habla de periodismo de investigación y se trata de la cacería mediática de una persona; o cuando se llevan a cabo campañas de opinión que responden a intereses mercantiles; o cuando se convierte a los medios en un instrumento del tráfico de influencias. 

Ante la realidad de la invisibilidad del auténtico poder que toma las grandes decisiones e influye en nuestras vidas, Estefanía afirma que cuando antes hablábamos de poder hacíamos alusión a una persona o una institución. Había un rostro, una marca o unas siglas. Hoy ese poder es más anónimo y a veces es difícil distinguir el verdadero poder de las decisiones que se toman. Los que ejercen el poder niegan tenerlo. Lo ocultan, lo disfrazan, pero no lo sueltan. El término “mano invisible” es una especie de actualización de lo que descubrió hace casi dos siglos Adam Smith: una suma de intereses de varias personas que al unirse se convierten en interés general. Hoy hablaríamos de: gobiernos, empresas, personas que funcionan mucho más en red, que se identifican entre sí menos que antes, pero que están ahí y afectan a nuestras vidas cotidianamente. 

No es de extrañar el pesimismo de quienes observan, analizan y piensan. Por eso es imprescindible crear organismos multilaterales que regulen y gobiernen la globalización. Estamos transición e incertidumbre mientras todavía no hemos creado los contrapoderes que nos hagan resistir estas presiones. Pero los ciudadanos no están privados ni de iniciativas ni de autonomía para llevarlas a cabo. Son necesarias las manifestaciones de una sociedad civil fuerte y despierta, que exija la creación y el fortalecimiento de las instituciones públicas para que en ellas resida verdaderamente el poder. 

Afirma Estefanía que la globalización no está saliendo tan bien como imaginaban los que creyeron en ella a principios de los 90. Asistimos a una globalización financiera excluyente que arregla la vida a los países más beneficiados y genera en una mayoría niveles de desigualdad brutales, como no se han conocido en la historia contemporánea. Hay también una sensación de impotencia política, pues parece que la economía es la que gobierna el mundo, mientras los gobiernos sólo administran lo que ésta dicta. Ha habido un desplazamiento de poder de los gobiernos a los llamados mercados.

 

29 de junio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Terrorismo social ante el que es justo rebelarse

 

Durante tiempo se creyó que sólo los trabajadores que habían cotizado a la Seguridad Social tenían derecho a cobrar una pensión al llegar su jubilación. Personas que habían trabajado toda su vida sacando adelante a sus familias, trabajando en asistencia doméstica, como modistas, artesanos o en cualquier otro trabajo duro, pero no remunerado con sueldo fijo ni dados de alta por un empleador, ni en sueños podían aspirar a que la sociedad, por medio del Estado, reconociese su derecho a una pensión digna que les permitiera vivir sin zozobras la última etapa de su vida.

Hoy se reconoce el derecho de todo ser humano a esa pensión como una de las conquistas del Estado de bienestar. Es una conquista social sin la cuales los derechos políticos y declaraciones de derechos universales no serían sino quimeras. Como personas tenemos derecho a que la comunidad provea a nuestras necesidades en tiempo de necesidad en la enfermedad, en la dependencia y en la vejez.

Ninguna de las conquistas sociales, logros científicos y técnicos han nacido de la nada ni cada generación ha tenido que comenzar de cero. Vamos a hombros de quienes nos han precedido y existe un capital acumulado al que todo ser humano tiene derecho porque existe y no para existir.

Lo que durante siglos perteneció a la utopía hoy son en los países desarrollados y democráticos valores concretos reconocidos por leyes y exigibles ante los tribunales. Nadie en su sana razón lo discute. De igual manera hemos de abordar otras propuestas que parecen utópicas, “verdades prematuras”, para que, a fuerza de comentarlas, estudiarlas y ponderarlas se conviertan en realidades concretas.

Es el caso de la “renta básica”, auténtico principio revolucionario. Es un ingreso pagado por el Estado, como derecho de ciudadanía, a cada miembro de la sociedad, incluso si no trabaja de forma remunerada, con independencia de otras posibles fuentes de renta y sin importar con quien conviva.

A fuerza de hablar de la desigualdad de ingresos y riqueza, olvidamos su acelerado crecimiento, sus causas. Orígenes y consecuencias, y olvidamos refutar las falsas justificaciones ofrecidas por los interesados. Olvidamos que la desigualdad hace tiempo que ha rebasado lo social, la ética y lo estéticamente tolerable. La extrema desigualdad nos debe golpear por ser radicalmente injusta e inhumana. Ante la desigualdad no sólo tenemos el derecho de resistencia sino el deber de alzarnos como ante cualquier tiranía.

Leemos sin inmutarnos que la mitad de la humanidad,  3.000 millones de personas, vive con menos de 2 dólares al día y, de éstos, 1.300 millones con menos de 1 dólar diario. Esta desigualdad extrema entre ricos y pobres destroza la comunidad, rompe los lazos de fraternidad y desata la codicia de unos pocos mientras provoca la desesperación de muchos,  condenados sin culpa.

Algunos sostienen sin rubor que cada uno tiene lo que se merece y que la buena suerte hay que trabajarla. Falso. Nadie ha merecido nacer donde nació ni disponer o carecer de medios para su formación y desarrollo. Pero todos nacemos miembros de una sociedad y, aunque falleciesen nuestros padres, la sociedad es responsable de nosotros, como nosotros lo somos de los demás miembros de la misma. Esta conciencia es una de las conquistas de la globalización que nos ha descubierto próximos y, por tanto, responsables solidarios unos de otros.

Por eso es urgente no cejar en la lucha contra la desigualdad, construyendo propuestas alternativas graduales a este modelo de desarrollo basado en el sofisma de que “cuánto más, mejor”; falsa premisa de que lo importante en economía es la mayor productividad posible con el mayor beneficio, caiga quien caiga y tratando a los seres humanos como recursos y no como a sujetos libres, dignos y responsables. Es urgente construir alternativas que nos permitan recuperar el control democrático sobre las decisiones económicas. Y a las personas, recuperar el control sobre sus vidas en una vida que merezca la pena de ser vivida, y no sea una condena ante la que es comprensible rebelarse. Aunque, luchar por el derecho a una vida digna algunos la condenen como un ataque a la sociedad. Como si no fuera el terrorismo social, y no sólo de Estado, la causa de esta desigualdad injusta.

 

10 de febrero de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El fin de la pobreza

 

Hace 85 años, el economista John Maynard Keynes reflexionó sobre las atroces circunstancias de la Gran Depresión. Desde lo más hondo de la desesperación que le rodeaba, en 1930 escribió acerca de "Las posibilidades económicas de nuestros nietos". En una época de penalidades y sufrimiento, previó el fin de la pobreza en Gran Bretaña y otros países industriales para la época de sus nietos, hacia finales del siglo XX. Keynes puso de relieve la marcha espectacular de la ciencia y la tecnología y la capacidad de los avances tecnológicos para sustentar un crecimiento que bastaría para poner fin al antiquísimo "problema económico" de tener suficiente para comer y suficientes ingresos para hacer frente a otras necesidades básicas. Keynes acertó de lleno: la pobreza extrema ya no existe en los países ricos y está desapareciendo en la mayoría de los países de renta media del mundo.

Hoy podemos invocar la misma lógica para afirmar que se puede acabar con la pobreza en nuestro tiempo. La prosperidad del mundo rico, el poder de las amplias fuentes de conocimiento actuales y la disminución de la porción del mundo que necesita ayuda para escapar de la miseria se combinan para hacer que el fin de la pobreza sea una posibilidad realista para el año 2025.

Jeffrey Sachs ha publicado “El fin de la pobreza: Cómo conseguirlo en nuestro tiempo”. El autor es una autoridad mundial en economía y política sanitaria y Director del Instituto de la Tierra en la universidad de Columbia. Ha publicado centenares de artículos sobre la lucha en el mundo contra la enfermedad, la pobreza extrema y la reducción de la deuda en el Tercer Mundo.

Actualmente, más de ocho millones de personas mueren todos los años en el mundo porque son demasiado pobres. Todas las mañanas, los periódicos podrían informar: "Más de 20.000 personas murieron ayer a causa de pobreza extrema". Nos darían estas cifras: hasta 8.000 niños muertos de malaria, 5.000 madres y padres muertos de tuberculosis, 7.500 adultos jóvenes muertos de sida y varios miles de muertos más de diarrea, infecciones respiratorias y otras enfermedades que atacan a los cuerpos debilitados por el hambre crónica. Los pobres mueren en salas de hospital que carecen de medicamentos, en aldeas que carecen de mosquiteras para prevenir la malaria, en casas que carecen de agua potable. Mueren en el anonimato, sin que su muerte se haga pública. Desde el 1 de septiembre de 2001, EEUU ha emprendido una guerra contra el terrorismo, pero ha desatendido las causas más profundas de la inestabilidad mundial. Los 850.000 millones de dólares que EEUU dedicará en 2005 a gastos militares no servirán para conseguir la paz si el país sólo gasta 15.000 millones de dólares en hacer frente a la grave situación de los más pobres de entre los pobres del planeta, cuyos países se ven desestabilizadas por la pobreza extrema y se convierten en focos de malestar, violencia e incluso terrorismo.

Esos 15.000 millones de dólares representan un porcentaje minúsculo de las rentas de EEUU: sólo 15 centavos por cada 100 dólares del Producto Nacional Bruto estadounidense. La parte del PNB estadounidense dedicada a ayudar a los pobres disminuye desde hace décadas y es una porción diminuta de lo que EEUU ha prometido y no ha dado. Este libro trata de la toma de decisiones acertadas que pueden conducir a un mundo más seguro, basado en el respeto auténtico por la vida humana.

Dice Sachs que ha tenido la suerte de haber observado algunos éxitos reales y haber contribuido a ellos: el fin de situaciones de hiperinflación, la introducción de nuevas monedas nacionales estables, la condonación de deudas impagables, la conversión de las moribundas economías comunistas en economías dinámicas basadas en el mercado, la puesta en marcha del Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria, y el tratamiento con medicamentos modernos de personas carentes de recursos infectadas por el VIH.

Sostiene que todas las regiones del planeta tienen la posibilidad de incorporarse a una era de prosperidad sin precedentes basada en la ciencia, la tecnología y los mercados mundiales. Sin embargo, también hay regiones atrapadas en una espiral descendente de empobrecimiento, hambre y enfermedad.

Hay que contribuir a forjar el futuro. Nos corresponde a todos y entre todos podemos conseguirlo, como se consiguió erradicar la pobreza extrema en los países industriales del siglo XX.

 

18 de noviembre de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Es posible controlar la explosión demográfica

 

Transcurridos 11 años de la nueva era iniciada, en 1994, por la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD), hay que subrayar la relación directa entre la pobreza y los derechos de la mujer así como también con el acceso universal a servicios de salud reproductiva con programas de planificación de la familia y maternidad sin riesgo.

El Programa, aprobado en El Cairo hace 10 años por 179 países, aspiraba a equilibrar la población mundial y los recursos del planeta, mejorar la condición de la mujer y velar por el acceso universal a los servicios de salud reproductiva, incluida la planificación de la familia. El punto de partida fue la premisa de que el tamaño, crecimiento y distribución de la población están estrechamente vinculados con las perspectivas de desarrollo y que las acciones en uno de esos temas refuerzan las acciones en los demás. Pero, debido a las presiones de los países islámicos así como del Vaticano en una insólita alianza, el Consenso de El Cairo dio prioridad a invertir en los seres humanos y ampliar sus oportunidades, en lugar de tratar de reducir el crecimiento de la población.

Esta es la mayor amenaza que pende sobre la humanidad: la explosión demográfica. Contra ella sólo cabe garantizar la educación de las mujeres y su acceso a los puestos de trabajo que les corresponden para que puedan asumir una maternidad responsable. Pero es mucho lo que queda por hacer para garantizar la salud reproductiva y los derechos reproductivos, incluidos los de 1.300 millones de adolescentes en todo el mundo, promover la maternidad sin riesgo y frenar la propagación del VIH/SIDA.

Diez años después de El Cairo nos encontramos con estos datos escalofriantes: más de 350 millones de parejas siguen careciendo de acceso a servicios de planificación de la familia. Las complicaciones del embarazo y el parto continúan siendo importante causa de defunción y enfermedad de las mujeres: cada año, 529.000 pierden la vida por causas que se podrían evitar.

En 2003, 5 millones de personas se sumaron a las infectadas con el VIH; las mujeres constituyen casi la mitad de todos los adultos infectados y casi las tres quintas partes de quienes viven en África al sur del Sahara.

La población mundial aumentará desde los 6.400 millones actuales hasta 8.900 millones hacia 2050; los 50 países más pobres triplicarán su población hasta 1.700 millones.

Una decisión del G-8, los siete países más ricos más Rusia terminaría con el hambre en el mundo en diez años, ofrecería las necesarias educación primaria y asistencia sanitaria, lucharía con éxito contra la contaminación del medio ambiente y garantizaría la salud reproductiva de las mujeres que les permitiría una maternidad responsable.

Es factible acabar con estas plagas que asolan a la humanidad y ponen en peligro su supervivencia y la del planeta Tierra. No se trata de fantasías futuristas, son peligros reales contrastados por científicos y expertos mundiales. ¿Por qué no lo hacemos si está en nuestras manos? Por las mismas razones por las que no se terminó con las guerras, con las agresiones al medio ambiente, con la proliferación de armas nucleares, químicas y biológicas, con el tráfico de armas y de estupefacientes, con las modernas esclavitudes de menores alistados en ejércitos y prostituidos en tantos lugares del mundo, holocaustos de todo género y con los desplazamientos forzados de pueblos enteros.

Pero es preciso difundir por todos los medios a nuestro alcance que la solución está a nuestro alcance: en todos los países desarrollados y democráticos del mundo en los que las mujeres han alcanzado el acceso a la educación y a los puestos de trabajo, se han controlado y reducido las curvas demográficas. La solución es clara: educación, responsabilidad y libertad para administrar la maternidad y la paternidad que les corresponden.

 

8 de julio de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un tsunami cada semana

 

Los ciudadanos de la UE están consternados por las terribles consecuencias del maremoto en el Golfo de Bengala. Los telediarios repiten sin cesar imágenes de las playas afectadas en Sumatra, Tailandia, India y Sri Lanka. Los corresponsales pronuncian nombres de exóticos lugares con tal familiaridad que los espectadores se sienten interpelados y hasta responsables por no haber sabido comprender  el alcance del todopoderoso tsunami. Se ha llegado a sostener que ha sido la mayor catástrofe de los últimos cuarenta años, pro no es cierto aunque otras no hayan tenido semejante cobertura informativa. En 1970, un maremoto barrió las costas de Pakistán Oriental causando 300.000 muertos; en 1976, un terremoto ocasionó en China 255.000 muertes y, en 1991, los ciclones causaron 265.000 víctimas en Bangladesh.

Pero esas cifras no alcanzan a los devastadores efectos de los tsunamis que tienen lugar cada semana de cada mes, todos los años desde hace décadas. De estos tsunamis endémicos tenemos que ocuparnos pues no son causados por la naturaleza.

¿Por qué esta conmoción casi personal por lo que sucedió el 26 de diciembre en el sudeste asiático? No sólo porque la televisión lo ha retransmitido casi en tiempo real a millones de hogares con incesantes repeticiones. La razón fundamental es que por primera vez miles de turistas europeos y australianos se encontraban entre las víctimas. Fue tan impresionante que hasta el rey de Suecia se quejó de que su Gobierno no le hubiera alertado hasta pasados dos días. Y es que parecía que no pudieran suceder semejantes cosas a ciudadanos de sociedades tan avanzadas como las europeas. Quizás ha llegado el momento de poner los pies en el suelo y reflexionar sobre la realidad.

Las víctimas del tsunami asiático casi alcanzan las 170.000 víctimas. En un día de diciembre. Pero, según los datos de la FAO, cada cuatro segundos muere una persona por hambre o por enfermedades relacionadas con la desnutrición. Sin contar las víctimas de la malaria, del cáncer, sida, tuberculosis, enfermedades del corazón o accidentes de carretera. Ni las víctimas civiles de las veinte guerras que existen en el mundo y de las que no nos acordamos porque no parecen ser noticia.

Cada día mueren por causa del hambre 25.000 seres humanos y, cada semana, 175.000. Cifra superior a las del tsunami en cuestión y que cada mes se elevan a 750.000 para superar los nueve millones de seres humanos muertos por el hambre cada año. Cinco millones son niños.

Llamemos a las cosas por su nombre y dejemos de actuar por pulsiones viscerales: en el mundo hay 852 millones de personas mal nutridas. Son datos renovados cada año por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura, FAO.

La ONU considera lamentable cuan poco se hace para combatir el hambre, aunque los recursos necesarios para evitar esta tragedia humana y económica son minúsculos en comparación con los beneficios si se invirtieran en esa causa. La FAO estima en 30.000 millones de dólares anuales el costo del hambre para los países en vías de desarrollo por la pérdida de productividad y de ingresos nacionales.

Es irónico, dice la FAO, que se pierda tanto dinero cuando, si se invirtiera en la lucha contra el hambre, los beneficios serían enormes pues cada dólar invertido se multiplicar por cinco y hasta por 20.

Pero la FAO nos urge a tomar conciencia y a actuar para cumplir los objetivos de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. Con sólo 25 millones de dólares al año se podría reducir la desnutrición en 15 países latinos y africanos antes de 2015 y salvar a unos 900.000 niños de la muerte por hambre. Es urgente garantizar el acceso directo a los alimentos de los más necesitados. La FAO recomienda que se promuevan la agricultura y el desarrollo rural, de los que dependen los medios de subsistencia de las personas que pasan hambre.

Este es nuestro tsunami semanal que no depende  de la incertidumbre de la naturaleza sino de la injusticia social de las estructuras establecidas por los poderes dominantes. Y esas muertes nos afectan a todos porque todos somos responsables solidarios. Aquí no son suficientes las ONG ni las políticas de ayuda sino abordar con responsabilidad un desarrollo endógeno, sostenible, equilibrado y global.

Lástima que las víctimas de estos tsunamis no vivan en lugares apetecidos por los turistas.

 

14 de enero de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque parezca imposible

 

En el libro de Susan George, “Otro mundo es posible, si...”, se abordan con valentía los desafíos de nuestros días: Si sabemos de lo que estamos hablando; si salvamos el planeta; si identificamos a los actores, si nos centramos en los adversarios correctos y si Europa gana la guerra del diálogo y del derecho dentro de Occidente. Porque ese otro mundo posible está a nuestro alcance si incluimos a todos y forjamos alianzas; si combinamos conocimientos y política; si los educadores educan.

Nadie puede poner en duda la indiscutible hegemonía de EEUU en economía, finanzas, investigación científica, desarrollo tecnológico, potencial de guerra ni su formidable liderazgo en la revolución informática. Pero similar grandeza tuvieron otros imperios que terminaron por hundirse entre las cenizas de su gloria. Hace menos de un siglo, el Imperio de Gran Bretaña no admitía parangón en el mundo y, hasta hace una década, la URSS era una potencia a tener muy en cuenta.

Pero no siempre a una potencia dominante le siguió otro imperio indiscutible. La historia está llena de ejemplos estremecedores de siglos oscuros, edades de fanatismo, de estancamiento económico y de desorden, como señala Niall Ferguson al comentar la hipótesis del historiador Paul Kennedy en Auge y caída de las grandes potencias. Kennedy concluía que EEUU y la URSS sucumbirían a la sobreexplotación de sus recursos. Al no haber ocurrido así, no pocos vaticinan que una China emergente es la amenaza más peligrosa para EEUU. Los estudiosos ven en los próximos años al coloso chino como segunda gran potencia mundial, seguida por Japón e India, si Europa no asume el liderazgo que le corresponde, fundado en una sociedad de derechos  humanos y sociales que equilibraría las tensiones de esos colosos. China misma puede venirse abajo si su galopante desarrollo no supera la contradicción de un sistema comunista esquizofrénico y tambaleante. Pero el enemigo que acecha en la era de la globalización, tras las terribles experiencias del terrorismo sin fronteras, no es otra potencia hegemónica como China, India o el mundo musulmán, sino “la pesadilla anárquica de una nueva Edad Oscura”.

Diego Hidalgo afirma que “El conflicto entre la visión del Gobierno actual de EEUU y la de la inmensa mayoría del mundo puede maquillarse, pero es insalvable”. Y recuerda que Europa y Norteamérica fueron capaces de unirse para derrotar al nazismo y al comunismo mientras que, en palabras de Raymond Aron, el mundo sólo fue capaz de crear un sistema de gobierno global con las Naciones Unidas tras una gran depresión seguida de una guerra mundial.

De ahí, la premura de unir esfuerzos, de establecer diálogos y de afrontar los retos de un mundo que padece injusticia y terror, hambre y enfermedad, explosión demográfica y una loca carrera armamentística fruto de un modelo de desarrollo periclitado por injusto e inhumano. Estados poderosos han sufrido la humillación de ataques terroristas dentro de sus fronteras como cánceres que se aprovechan de los monstruos que hemos construido.

No son el miedo ni el terror los que traerán la paz, sino la justicia y la cordura, el diálogo inteligente y el reconocimiento de los derechos fundamentales de cada uno de los seres humanos que se ven abocados a un abismo en el que la destrucción de la humanidad y del planeta se han hecho posibles por primera vez en la historia.

Otro mundo es posible, sí, porque es necesario que lo hagamos posible entre todos.

 

30 de julio de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Al alba de otro mundo posible

 

África es el continente olvidado a pesar de haber sido la cuna de la humanidad y de poseer una población rica en civilizaciones y culturas, además de una de las mayores riquezas minerales y ecológicas del mundo.

Desde el punto de vista de la inversión financiera y del gran tráfico económico internacional parece no existir. Sin embargo, provee de materias primas a los países más desarrollados de Europa. No podemos olvidar que más del 65% de las materias que se precisan en la Unión Europea para mantener su nivel de desarrollo, su crecimiento económico y su estado de bienestar social provienen de países empobrecidos del Sur, entre ellos de África.

Sus hombres emigran en busca de puestos de trabajo en la vieja Europa que los colonizó durante siglos, que secuestró cerca de cien millones de sus mejores hombres y mujeres para enviarlos como esclavos a América y a los estados del Índico. Y esos emigrantes regresarán a sus países como regresaron los españoles para colaborar en el formidable desarrollo de sus países de origen.

El desarrollo de Europa y de América hubiera sido impensable sin la aportación vital del continente africano. Hoy se mantienen allí regímenes inestables, poderes fuertes y guerras en más de una decena de países para poder seguir extrayendo oro, diamantes, coltán, petróleo, maderas preciosas, azúcar, café, pesca, y un sin fin de materias primas esenciales para sostener el nivel de producción y consumo de las antiguas metrópolis colonizadoras de Europa que los esquilmaron en nombre de las tres “ces”: cristianizar, civilizar y comerciar.

Un día se alzarán los descendientes de esos pueblos aherrojados y explotados para reclamar la reparación debida. Los crímenes contra la humanidad no prescriben y en África se llevaron a cabo auténticos genocidios y exterminios de pueblos que después diezmaron y encerraron en artificiales fronteras, de acuerdo con la conveniencia de los colonizadores.

Francia, Gran Bretaña, Portugal y Bélgica, principalmente, serán reos de crímenes contra la humanidad ante los tribunales de los pueblos democráticos. Al igual que sucederá con las reclamaciones de los pueblos indígenas del continente americano desde Alaska a la Patagonia. La historia y el progreso les darán la razón y nuestros hijos vivirán para ver el alba de la libertad y de la justicia.

Los comentaristas sociopolíticos se preguntan si África podrá salir adelante. Con 53 estados soberanos y varios conjuntos regionales con pueblos y tradiciones históricas y culturales diferentes tiene una población de 850 millones de hombres y de mujeres que se han dado a sí mismos una organización continental, la Unión Africana, pero que todavía no permite que se hable de ellos como de la Unión Europea.

Si contemplamos Asia, vemos al Japón que ha salido adelante antes que Corea del Sur y ésta antes que Malasia. Nadie hubiera podido imaginar hace treinta años que el minúsculo Singapur llegaría a ser uno de los países más ricos y adelantados del mundo.

El camino recorrido por una decena de países asiáticos podría ser seguido por algunos países africanos en las próximas décadas. Pero se necesitan dirigentes íntegros y bien preparados que coloquen a la educación y la salud como prioridades esenciales de sus políticas nacionales. Que erradiquen las guerras y transformen las armas en arados, como hicieron Japón y Alemania durante los últimos cincuenta años dando lugar a los famosos “milagros” económicos y sociales que las colocaron a la cabeza de los países desarrollados, tras haber sido destrozados en la última Guerra Mundial.

Otro ejemplo a ponderar es el de China: nunca hubiera despegado económicamente y emprendido el camino del renacimiento sino hubiera sido por un político clarividente en los setenta, Deng Xiao Ping.

“Gatos blancos, gatos negros, lo importante es que cacen ratones”. Y vaya si los cazaron con el paso de una rígida económía marxista a una “economía socialista de mercado”. Hasta el punto de que, antes de una década, será la segunda potencia económica del mundo cuando el eje geopolítico se afirme en el Océano Pacífico y el sudeste asiático reemplacen al Atlántico como espacio de encuentros.

De ahí que el entendimiento entre los EEUU y una Unión Europea fuerte y organizada políticamente sean fundamentales para apoyar los desarrollos socioeconómicos de Latinoamérica y de África para un diálogo intercultural e ínter económico entre todos los pueblos y culturas del mundo para alcanzar ese Otro Mundo más justo y solidario que es Posible porque es necesario.

 

23 de abril 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Esclavos de nuestros días

 

En pleno siglo XXI, existen más 27 millones de personas que sobreviven en auténticas situaciones de esclavitud. En un mundo interrelacionado y que se sabe responsable de todo cuanto se hace o se deja de hacer en el planeta Tierra, en la era de las comunicaciones digitales, ya nadie es completamente libre, parodiando a Hegel. Pero algunos lo son  infinitamente menos que otros.

Hoy existen más personas en condiciones inhumanas que en cualquier otro momento de la historia. Algunos estudios de la Unión Europea llegan a apuntar la cifra de 200 millones de personas que vive en servidumbre forzada.

Hay situaciones de sometimiento en forma de trabajo y de prostitución, la servidumbre por deudas y el trabajo infantil que afecta a cerca de trescientos millones de niños, según denuncia incansablemente Unicef.

Los esclavos de hoy pueden ser inmigrantes que trabajan de sol a sol en viveros de agricultura intensiva en Europa, obreros de la construcción a destajo y sin derechos reconocidos, así como tejedores de alfombras o de prendas deportivas en inmundos lugares de Asia para grandes firmas multinacionales. Los esclavos de nuestros días, a veces, padecen tratos más brutales en ambientes más estresantes que los de la antigüedad.

La esclavitud fue definida, en 1926, por la Convención contra la Esclavitud, promovida por la Liga de Naciones, como "el estatus o condición de una persona sobre la que se ejercen todos o alguno de los poderes asociados al derecho de propiedad". Así se ampliaba el ámbito de la esclavitud histórica reconociendo otras formas similares.

En modernos informes se distinguen distintos mecanismos de sometimiento a la servidumbre. Uno es el laboral, que sufren los niños forzados a trabajar en textiles de India, minas del Congo o fabricando aceite en Filipinas. O las mujeres de las fábricas de Vietnam, los emigrantes birmanos en Tailandia, los haitianos forzados a cortar caña en República Dominicana, o los esclavos en plantaciones de bananas de Honduras y los subcontratados por fábricas de calzado y prendas deportivas en Camboya.

La esclavitud sexual es otra forma de sometimiento de seres humanos. A las redes de prostitución y de explotación sexual que afectan a mujeres, niños y emigrantes, cabe añadir algunas formas de matrimonio forzado que entrañan la esclavitud de las mujeres.

A pesar de que la Convención Suplementaria de la Esclavitud (1956) prohíbe "cualquier práctica o institución en la que la mujer, sin el derecho de renunciar, es prometida o entregada en matrimonio a cambio de una compensación económica o especie a su familia, tutores o cualquier otra persona o en la que el marido de la mujer, su familia o su clan tengan el derecho de transferirla a otra persona a cambio de una compensación", todavía permanecen vigentes en muchos lugares los acuerdos de matrimonios con contraprestación económica.

Existen zonas rurales en las que, ante la indiferencia de los gobiernos, las deudas familiares se saldan con la entrega de niños como "servidores de por vida". Es conocido de todos en los países receptores de inmigrantes, imprescindibles para mantener el nivel de vida de las sociedades europeas, el terrible endeudamiento de quienes llegan sin papeles y caen en manos de mafias criminales que los explotan bajo amenazas de denunciarlos o vengarse en sus familias.

También hay que considerar una forma de esclavitud lo que sucede con los niños reclutados a la fuerza por los ejércitos de Sudán, Somalia, Liberia, Zaire o Sierra Leona. En Latinoamérica son conocidos miles de adultos   coaccionados para alistarse en ejércitos regulares, guerrillas o grupos paramilitares.

La raíz del problema de la actual esclavitud está en la pobreza absoluta de zonas cada vez más amplias del planeta y en la explotación sistemática y sin entrañas que practican compañías transnacionales sobre los más débiles.

Escribió Martín Luther King que, "cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos parecerán lo más grave los crímenes de los malvados, sino el escandaloso silencio de las buenas personas".

Por ello, es preciso denunciar el ambiente que genera esta nueva forma de esclavitud: los esclavos de hoy son producto de la guerra, de los criminales negocios de armas y del narcotráfico, así como de la demencial competitividad de los mercados. Es el resultado de un ultraliberalismo que confunde el valor con el  precio, considera a los seres humanos como mercancías y a las riquezas de la tierra como recursos siempre explotables.

 

9 de enero de 2004 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los enemigos del capitalismo

 

Cuando el semanario The Economist cumplió 160 años, publicó un número  titulado “Capitalismo y democracia”. En él aseguraba que los más poderosos enemigos del capitalismo son los propios capitalistas. No son los movimientos a favor de una globalización alternativa, la izquierda socialdemócrata o los comunistas que han sobrevivido a la caída del muro de Berlín, sino los amigos del capitalismo, sus hombres de confianza que se han desbocado y abusan de un poder sin límite. El auge económico de los mercados financieros de los noventa fue tan extremo que su decadencia ha provocado una ingente cantidad de escándalos empresariales, un resentimiento generado por enorme incremento de las desigualdades, un abrumador agujero de los fondos de jubilación privados de millones de ciudadanos y, sobre todo, una desilusión respecto de la capacidad de las instituciones democráticas para hacer que los culpables respondan de sus acciones. Lo cuenta Joaquín Estefanía en el artículo “Cuando el capitalismo pierde la cabeza”.

Durante años, los bancos han bombardeado a sus clientes, y al resto de los ciudadanos, con abusivas campañas de publicidad, para convencerles de que invirtieran sus ahorros en fondos de inversión o en planes de pensiones. Crearon la sensación de que los sistemas del Estado fracasarían por el incremento demográfico y más valía trasladar nuestra confianza a gestión de los agentes de la economía de mercado. Las instituciones públicas reaccionaron con información adecuada.

El corazón del capitalismo del siglo XXI son los fondos de inversión. Sus gestores manejan más dinero que presupuestos de los países más ricos del mundo. Si se generaliza la crisis de confianza que padecen, será mucho peor que escándalos que han dañado el  sistema financiero: empresas que cotizan en Bolsa; bancos de inversión que asesoran; compañías auditoras que deberían haber detectado engaños contables; organismos reguladores que permitieron el fraude; ejecutivos y directivos que antepusieron su interés personal al de las sociedades que representaban; mercados de divisas que llevan décadas blanqueando capitales y tratando desigualmente a sus inversores. Y ahora, los fondos de inversión, en los que participan millones y millones de ciudadanos.

La industria de los fondos de inversión en EEUU ha entrado en una profunda crisis de confianza por sus abundantes irregularidades. Cuando quiebran empresas como Enron o WorldCom, los perjudicados son los accionistas, sus trabajadores y sus jubilados. Pero, cuando fondos de inversión son manipulados, los perjudicados pueden ser centenares de millones de ciudadanos. Noventa y cinco millones de norteamericanos tienen sus ahorros depositados en los más de 8.000 fondos de inversión que operan en EEUU. Siete billones (no billions) de dólares, lo que equivale, por ejemplo, a más de 12 veces los Presupuestos del Estado español. Y afecta a ciudadanos del mundo entero que han confiado en la rentabilidad de esos fondos o de los fondos de pensiones.

“¿Qué tiene que ver este capitalismo de fraude y engaño, con el de sus padres fundadores, Adam Smith, Benjamin Franklin o Max Weber?”, se pregunta Joaquín Estefanía.  El capitalismo requiere confianza; los ahorradores ponen su dinero en manos de otros y han de confiar en que no les estafen. una fuerte regulación fortalece al capitalismo.

Sostiene el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, antiguo economista jefe del Banco Mundial, que la regulación impide a las empresas y al sector financiero aprovecharse de su capacidad de monopolio cuando la competencia es limitada; ayuda a mitigar los conflictos de intereses y las prácticas abusivas, de modo que los inversores puedan tener confianza en que el mercado proporciona un marco de juego limpio y que aquellos que dicen que actúan en defensa de sus intereses así lo hacen. Pero la otra cara es que la regulación va en detrimento de los beneficios fáciles y rápidos; por eso se han multiplicado los lobbys de autorregulación.

Otros muchos economistas opinan también que los escándalos generalizados han derrumbado los fundamentos intelectuales de la economía del laissez faire: la creencia en que los mercados se bastan a sí mismos para manejar con eficacia y con justicia toda la economía.

Han jugado con la confianza de centenares de millones de ciudadanos y al fraude criminal han añadido el escarnio de la desesperanza.

 

12 de diciembre de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Que nos traten como a las vacas

 

Gritan los pobres de la Tierra ante la avalancha de la globalización, que consiste en la interdependencia de las economías de numerosos países, sobre todo del sector financiero, que controla la economía y decide las grandes líneas de la política internacional.

Desde siempre, la apetencia de las riquezas de un país o de una zona del planeta, movió a las potencias del momento a inventar peligros y agresiones, imaginadas o promovidas por sus agentes, para escenificar guerras en nombre de la religión, de la civilización, de las pretendidas fronteras naturales, o de la siniestra doctrina del “espacio vital”. La historia de la humanidad viene marcada, no por los logros científicos, técnicos, sociales o artísticos, sino por guerras, cambios de dinastías o conquistas de pueblos inermes ante la prepotencia de los agresores que ignoraron todo derecho, despreciaron culturas y sometieron pueblos. Así se estudia la historia desde hace siglos.

Cuando creíamos que nada nos quedaba por ver, hemos asistido, -después de la todavía sospechosa y no aclarada, agresión terrorista del 11 de septiembre-, a la guerra de agresión y conquista del territorio del pueblo iraquí, pues el estado de Iraq se reveló como entelequia, en nombre de una llamada “guerra preventiva".

La globalización es la característica fundamental de la etapa histórica inaugurada por la caída del muro de Berlín, en 1989, y por el desmembramiento de la URSS, en 1991. Y cuando la desaparición de la amenaza soviética alimentaba la esperanza de que los ingentes recursos destinados a las organizaciones militares, puestas en pie desde la década de los cincuenta, se destinaran a la construcción de una paz social justa y

solidaria, asistimos al incremento astronómico de los gastos de armamento. Tan sólo en EEUU, el presupuesto militar se acerca peligrosamente a la cifra fatídica del 5% de su PIB, a casi 6.000 millardos de dólares. Una cantidad que cubriría las necesidades básicas de todos los seres humanos: se erradicarían el hambre y las enfermedades endémicas, se daría educación básica a todas las poblaciones, se cuidarían las aguas como fuente de vida y al medio ambiente, y sobre todo, se podría garantizar la salud reproductiva de las mujeres.

La globalización no pretende conquistar los países, como durante las colonizaciones disfrazadas de evangelización y civilización, sino hacerse con los mercados porque, según el financiero George Soros, “éstos votan todos los días y son los que tiene el sentido del Estado, y no los políticos.”

Las injustas reglas del comercio internacional perjudican a los países más pobres del planeta y han de ser reformadas o vamos a superadas posiciones proteccionistas contra las que se constituyó la OMC. Las ONG denuncian como inadmisible que los países más ricos graven con altos impuestos los productos de los países más pobres cuyas economías de subsistencia se apoyan en el sector agropecuario. Los países más ricos destinan cerca de 3.000 millones de dólares anuales a subsidios agrícolas, seis veces más que su ayuda para el desarrollo a los países más pobres a los que endosan sus excedentes de producción, arruinando sus tradicionales medios de vida. Tan sólo en EEUU, el gobierno emplea 3.000 millones de dólares anuales en ayudas a sus productores de algodón, cuando podrían adquirirlo por un tercio de esa suma a los países que lo producen desde hace siglos que no pueden competir con los productos subvencionados del Norte.

La sociedad civil emergente se pregunta a través de las ONG si es justo que una vaca europea reciba 2,50 dólares diarios en subsidios mientras la mitad de la población de la Tierra sobrevive con menos de dos dólares. La privilegiada vaca japonesa recibe 7,5 dólares, según el Banco Mundial.

De ahí que los pobres, tras haber expresado su deseo de “ser globalizados” para participar en los beneficios del auténtico desarrollo, hoy se contentarían con ser tratados como las vacas, aunque no fueran japonesas.

 

12 de septiembre de 2003 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Falsa ayuda que arruina a los campesinos

 

Cada año, los países ricos del llamado Primer Mundo, desembolsan más de mil millones de dólares diarios para mantener a sus agricultores. Seis veces la cantidad de lo que conceden anualmente para la ayuda al desarrollo de los países del Tercer Mundo.

Tan sólo la Unión Europea y los EEUU son responsables de dos tercios del total de esas subvenciones. Esta política conlleva niveles de producción cada vez más elevados, disminución de las importaciones de productos de los países del sur y la invasión de nuestros excedentes de producción que hunden los precios de sus mercados al no haber competencia posible. Eso cuando no se disfraza la oferta de esos "excedentes de nuestra producción" como créditos de Fondos de ayuda al  desarrollo (FAD).

Hablemos de producto tan propio de países africanos y otros del tercer mundo meridional como el algodón. EEUU concede 3.000 millones de dólares anuales en subvenciones a sus cultivadores de algodón; China mil millones doscientos mil dólares y la Unión Europea mil millones de dólares en un producto tan poco adecuado a nuestros climas como el algodón.

Los productores de África del Oeste y Central (Benin, Burkina Faso, Malí, Chad y Togo), con una población de diez millones de habitantes, denuncian que esas subvenciones falsean el comercio, les obliga a exportar su algodón a precios inferiores a sus costos y suponen una pérdida de beneficios de 200 a 300 millones de dólares anuales.

De ahí que este año 2003, los productores africanos de algodón hayan encabezado la rebelión contra el sistema internacional imperante que oprime y empobrece cada vez más a los productores agrícolas del sur del planeta. Han pedido al presidente de Burkina Faso, Blaise Campoaré, que sea el portavoz de sus desdichas y de sus propuestas en la Organización Mundial del Comercio. Denuncian el escándalo de las subvenciones que los países ricos conceden a sus agricultores y exigen una reparación financiera por el desequilibrio que les causan desde hace años.

Hablamos de algodón,  introducido en bastantes países africanos por Francia para aprovechar la mano de obra barata, cuando no forzada, en regiones de la antigua África Occidental Francesa. Con ello ocasionaron espantosas erosiones, aplanamientos de terrenos preparados desde hacía siglos para otros productos agrícolas cuidados por las comunidades, sequías, desplazamientos de poblaciones y hambre, ruina y guerra cuando se fueron los colonizadores.

Lo mismo sucedió en el Mar de Aral. Los soviéticos decidieron utilizar sus ricos caudales para imponer un cultivo salvaje de algodón en cientos de miles de hectáreas que acabaron convirtiendo el antiguo Mar en salinas muertas con tremendas repercusiones en los sistemas ecológicos y desaparición de la biodiversidad.

No fue otra la política de Gran Bretaña en inmensas extensiones de la India, reducidas al cultivo de algodón. Con el agravante, como denunció Ghandi hasta la saciedad y el encarcelamiento, de prohibir la manufactura del algodón indio a las muchachas indígenas a las que amputaban los pulgares de las manos para que no pudieran hilar. El algodón y el hilo lo cultivaban los indígenas en India y se exportaban a la metrópoli para manufacturar los tejidos que luego vendían a los nativos. Es bueno releer el testimonio de Dominique Lapierre y de Larry Collins en "Esta noche la libertad".

¿Serán necesarias otras concentraciones como las de Seattle y en tantos otros lugares del planeta para denunciar la infamia y el escándalo de unas instituciones pretendidamente creadas para ordenar el comercio a escala mundial y que en realidad empobrecen cada día más a los campesinos pobres que no tienen otras formas de subsistencia?

Ni el Banco Mundial ni el Fondo Monetario Internacional ni los funcionarios de la Organización Mundial del Comercio ni de las Agencias de Ayuda al desarrollo de los diferentes países, entre ellos España, ignoran estas realidades. Se empeñan en engañar a la opinión pública con su propaganda de la "ayuda" que los países ricos hacen a los pobres que no tiene otra moneda de cambio que sus productos agrícolas. Así lo testimonian economistas y académicos, funcionarios y expertos de la sociedad civil que no quieren ser ni un día más cómplices de un sistema radicalmente injusto.

Lo mismo sucede en no pocos países de Latinoamérica y Asia. Es preciso denunciarlo cuantas veces sea necesario: mientras los países ricos del Norte subvencionen a sus agricultores con mil millones de dólares diarios, será una infamia, una mentira y una fuente de desesperanza y de ira. Si esto y otras aberraciones son los pretendidos beneficios de las democracias, algunos no dejarán de ir por la calle del medio aún a riesgo de que los consideren terroristas, haciendo  explotar sus vidas en un grito que denuncia el exterminio de sus pueblos.

 

20 de junio de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Joseph Stiglitz, un hombre honesto

 

Nuestro malestar es no saber qué queremos y matarnos por alcanzarlo. El Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, ha escrito un libro apasionante titulado "El malestar de la globalización". James Galbraith lo ha definido como "una guía sobre el mal gobierno de la globalización. Stiglitz lo ha visto de cerca, sabe de lo que habla y lo explica de un modo sencillo". Sólo los sabios se expresan con claridad, pues de la abundancia del corazón hablan sus bocas.

A todos mis alumnos y ex alumnos les he enviado copia de la espléndida entrevista que le hizo la periodista Sol Alameda y publicó el diario español "El País". No tiene desperdicio. Se siente la complicidad entre la formidable periodista española y el genial economista justo, que fue cocinero antes que fraile, y sabe lo que pasa en las cocinas del Banco Mundial (BM) y del Fondo Monetario Internacional (FMI). No en vano Stiglitz fue vicepresidente del primero y asesor del presidente Clinton antes de ser galardonado en 2001 con el máximo premio del mundo de la economía.

"La globalización puede ser una fuerza benéfica -dice- pero hay que replantearse profundamente cómo ha sido gestionada". Y, más adelante, "El FMI y el Tesoro de EEUU aprovechan la situación de los países en crisis para promover su ideología y sus intereses". De ahí que los jefes de Gobierno de países en desarrollo tengan miedo a enfrentarse al FMI porque temen que les castiguen, que se venguen.

Desde su atalaya como docente universitario y tras su experiencia de gobierno escribe sin prejuicios: "Siempre me había interesado el desarrollo económico, pero lo que vi entonces  – en la Casa Blanca y en el Banco Mundial (entre 1993 y 1997) –  cambió radicalmente mi visión, tanto de la globalización como del desarrollo. Escribo este libro porque en el Banco Mundial comprobé de primera mano el efecto devastador que la globalización puede tener sobre los países en desarrollo, y especialmente sobre los pobres de esos países. Creo que la globalización –la supresión de las barreras al libre comercio y la mayor integración de las economías nacionales en la economía internacional– puede ser una fuerza benéfica, y su potencial es el enriquecimiento de todos, particularmente de los pobres; pero también creo que para que esto suceda es necesario replantearse profundamente el modo en que la globalización ha sido gestionada, incluyendo los acuerdos comerciales internacionales que tan importante papel han desempeñado en la eliminación de dichas barreras, y las políticas impuestas a los países en desarrollo en el transcurso de la globalización".

Stiglitz denunció duramente el escándalo Enron que, en otros países menos poderosos y desarrollados que EEUU, hubiera provocado una avalancha de dimisiones políticas, pues no era sino la punta del iceberg de un montaje mucho más complejo. Si la prestigiosa auditora Andersen cayó en la más vergonzosa de las colusiones con el poder económico que se supone debe controlar, e pueden temer importantes revelaciones que echarán por tierra los excesos de la imaginación. Una vez más, se puede engañar a algunos durante un tiempo, pero no a todos permanentemente.

Parecía que las denuncias de los Grupos de Resistencia Global eran cosa de "violentos antisistema, anarquistas y gamberros - dice Sol Alameda- que quieren acabar con todo". Lo importante es que un Nobel de Economía, que fue asesor del Presidente de EEUU y vicepresidente del Banco Mundial, se decida a "tirar de la manta" y explique, razone y denuncie una situación de malestar y de injusticia social de dimensiones mundiales. Hasta ahora estas cosas las leíamos y escuchábamos de labios de los líderes antiglobalización: Noam Chomsky, Sami Naïr, Ignacio Ramonet, Petrella, Susan George, Joaquín Estefanía, Carlos Taibo, Cassen, Vivian Forrester, el también Nobel de Economía Amartya Sen, el ex Director General de la UNESCO Mayor Zaragoza o mujeres excepcionales como Mary Robinson o la Directora de la OMS Grö Harlem y tantos otros. Pero la denuncia de Joseph Stiglitz es demoledora por sus datos, su estilo y su transparencia cuando afirma que "la política económica es responsable de las grandes diferencias en la vida de la gente. Buenas políticas económicas pueden provocar una vida mejor, malas políticas la empeoran. Es obvio, pero hay que repetirlo una y otra vez".

Lo más terrible que podría sucedernos es lo que Mayor Zaragoza denomina el "irremedismo" cuando aborda estos problemas fundamentales en "Los Nudos gordianos". Como bien sabemos, el gran Alejandro resolvió el problema cortándolos con su espada.

Poseemos la espada de la palabra, del grito, de la denuncia y de la propuesta alternativa por otro mundo más justo y solidario. Callar en tiempo de injusticia social es convertirnos en cómplices del sistema porque, además, esta loca carrera neoliberal impuesta por el pensamiento único y los grupos de poder que la animan no tiene futuro. De ahí que prestigiosos académicos no vacilen en ver en ella elementos totalitarios de un nuevo orden que no tiene nombre, pero que huye de la luz como lo hacen la enfermedad y la locura.

Que nadie se engañe con la envoltura aparentemente democrática de los poderes que rigen el mundo, porque se apoyan en la fuerza de las armas, del dinero y de la explotación de los más débiles. El repunte totalitario que se avizora no es repetición de fascismos o comunismos obsoletos, sino imposición de la razón de la fuerza sobre la fuerza del diálogo.

 

28 de junio de 2002

 

 

 

 

 

 

 

La sociedad anónima

 

En las grandes ciudades viven muchas personas en la calle: son los llamados "sin hogar". Existen muchas razones para explicar estas situaciones individuales: enfermedades mentales, familias rotas, adicción a drogas o al alcohol, dificultades de adaptación tras haber cumplido penas de prisión o emigrantes que se enfrentan a una sociedad implacable. Sociedades con altos índices de desempleo y precariedad laboral. Las personas sin hogar son desarraigados socialmente y forman parte del más amplio contexto de la "exclusión social", que no puede ser reducida simplemente a la falta de vivienda.

Muchos de estos hombres y mujeres han sido rechazados por las instituciones oficiales o dependen de ellas porque han sido sus huéspedes en la inclusa, en el orfanato, en las prisiones, en los comedores sociales... Aunque a veces tenemos la impresión de que algunos son agresivos y violentos -y motivos no les faltan- son personas que agradecen enormemente una visita o muestra de afecto. En muchos casos lo de menos es la ausencia de un techo o una cama, el rigor de los fríos o la asfixia de los calores. La más triste de las carencias es la de no tener conciencia de su dignidad como personas, de sus derechos y deberes.

En otras épocas los hemos llamado mendigos, indigentes, pordioseros, transeúntes... Son términos todos que muestran matices despectivos o no responden a la realidad tan diversa que se quiere describir. Hoy se utiliza "Personas Sin Hogar", por lo que supone de carencia común de familia, de raíces, de amistades, de amores y de cualquier factor que suponga calor humano.

Muchas instituciones, públicas y privadas, han tratado de buscar soluciones al problema. Existen albergues, comedores sociales, centros de salud, baños públicos... que dirigen su acción social hacia estas personas. Pero las cifras y los hechos reflejan una insuficiencia en la atención. Todas las organizaciones que trabajan con los "sin hogar" insisten en que es muy difícil hablar de resultados en reinserción social. Son muchos los obstáculos que dificultan un trabajo sostenido y sistemático con los transeúntes. Es muy frecuente encontrar enfermos mentales o disminuidos psíquicos que deberían estar internados en algún centro especializado, seguir un tratamiento ambulatorio o vivir al amparo de sus familias. También es habitual el consumo de drogas y, especialmente, de alcohol. Las enfermedades, por la insalubridad del medio, dejan a menudo secuelas irreversibles y los accidentes son habituales.

El segundo informe del Observatorio Europeo para los "sin techo" (1993) ofrecía datos impresionantes: En la Unión Europea había entonces unos dos millones y medio de personas así. Pero estos datos sólo incluyen a quienes no tienen vivienda o se acogieron a albergues públicos o privados. No incluye a los transeúntes desconocidos ni a otros que, debido a su inestabilidad de alojamiento, paro obrero y dolencias crónicas no atendidas por los organismos públicos, están abocados a la condición de "sin techo". El Observatorio Europeo calcula que la cifra que debe manejarse para evaluar el número de personas sin hogar en la Unión Europea es de unos cinco millones de personas.

Narra el profesor Hobsbawm que, incluso los países más desarrollados, tuvieron que acostumbrarse a la visión cotidiana de mendigos en las calles, así como al espectáculo de personas sin hogar refugiándose en los soportales al abrigo de cajas de cartón. "En una noche cualquiera de los noventa, en la ciudad de Nueva York, más de veintite mil personas durmieron en la calle o en albergues públicos". En Inglaterra, cuatrocientas mil personas fueron calificadas oficialmente como "personas sin hogar" en 1989.

Hay Organizaciones que se ocupan de estas personas, no sólo proporcionándoles albergue sino visitándolos y acompañándolos en su realidad. Porque si tarea fundamental del voluntariado social es cambiar las estructuras, hay que entender éstas como algo que penetra toda la realidad, no sólo las macroestructuras económicas, políticas y sociales, sino también las estructuras mentales, la manera de pensar que nace de una actitud radical ante la vida.

Decía Monseñor Oscar Romero: "¡Qué fácil es denunciar la injusticia estructural, la violencia institucionalizada, el pecado social! Y es cierto todo eso, pero ¿dónde están las fuentes del pecado social? En el corazón de cada hombre. La sociedad actual es como una especie de sociedad anónima en la que nadie se quiere echar la culpa y todos somos responsables". De ahí la urgencia en el deber de transformar las estructuras de opresión y de injusticia en estructuras de solidaridad y de justicia.

 

11 de abril de 2001

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Migraciones

 

El talón de Aquiles de los dirigentes europeos ante la inmigración

 

El búnker de Europa va tomando cuerpo. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, sigue adelante con su plan de cerrar las puertas a nuevos inmigrantes no seleccionados previamente. Su Pacto por la Inmigración y el Asilo  pretende introducir la identificación biométrica en los visados y los vuelos colectivos para expulsar a los que no tengan todos los papeles en regla y garantizado un  puesto de trabajo. Todo lo contrario de lo que muchos países de América, de África y de Asia hicieron durante siglos con los millones de emigrantes europeos que acogieron y contribuyeron al desarrollo y a aliviar las necesidades de los países europeos. De los ocho millones de sin papeles que hay en la UE sólo serán regularizados algunos ‘con carácter excepcional’ por motivos humanitarios y económicos.

El presidente de la Liga de los Derechos del Hombre considera que estas ideas del pacto tratan a los inmigrantes como mercancías y favorece a los países ricos a costa de los pobres, es decir, todo lo contrario al desarrollo. La última redacción del documento del pacto, cuyo texto debería aprobarse en octubre por los líderes europeos, recuerda que corresponde a cada Estado miembro decidir sobre las condiciones de admisión de los inmigrantes legales y fijar si es posible con la colaboración con los países de origen, su número”.  Y pide a los Estados miembros que pongan en práctica una política de inmigración escogida, especialmente en lo que concierne a las necesidades del mercado de trabajo, y  teniendo en cuenta del impacto que puede tener sobre los otros Estados miembros. Dirigentes de organizaciones de la sociedad civil denuncian que este enfoque de la inmigración está más basado en motivos ideológicos que en la realidad porque anteponer la emigración económica a la reagrupación familiar es condenar a los inmigrantes a vivir separados de sus familias.

La Unión Europea se debate en una profunda contradicción ante la inmigración. Por una parte, la Comisión Europea  publica estudios que señalan la urgente necesidad de extranjeros para compensar el imparable envejecimiento de la población. Por otra, están los discursos  de los presidentes de Francia y de Italia que se sirven de las diferencias culturales para promover actitudes xenófobas y confundir a la opinión pública en momentos de crisis económica.

La Comisión acaba de aprobar en junio un documento con un enfoque más realista y justo de la inmigración: “En el contexto de una Europa que envejece, la contribución potencial de la inmigración a la eficacia económica de la UE es importante”. La realidad es que los europeos viven cada vez más años y es difícil garantizar sus pensiones y asumir sus gastos en sanidad y residencias de acogida.

Según solventes estudios de la Comisión, Europa precisa entre 50 millones y 110 millones de inmigrantes hasta 2060.  Precisa A. Missé: “La población de la UE en edad de trabajar habrá descendido en 50 millones de personas, incluso si se mantiene un nivel de inmigración neta similar a los niveles históricos, y descenderá en 110 millones si no se mantiene esa inmigración neta. Para la Comisión, esta evolución  exigiría un mayor gasto público”.

Las llegadas de inmigrantes a la Unión Europea, desde 2002, se acercan a dos millones de personas por año. El impacto positivo de la inmigración ha sido analizado por los ministros de Finanzas y está fuera de toda duda su aportación en el crecimiento de una población en continuo descenso. El éxito económico de España, Reino Unido e Irlanda de los últimos años es inexplicable sin la inmigración. En España, más de la mitad del crecimiento en 2007 fue debido a los inmigrantes. En Reino Unido, más de un millón de polacos, checos y de otros países del Este cubrieron el déficit de mano de obra. Lo que es preciso desarrollar son proyectos de cooperación con los países de origen y facilitar su inserción en el mercado laboral mediante la necesaria formación para los puestos que han de ocupar. Esto, después de revisar la cuestión fundamental de este proceso: la Unión Europea necesita materias primas para mantener su nivel de desarrollo y de calidad de vida que proceden en un setenta por ciento de esos países de origen de los inmigrantes. Que de una vez se revisen precios, transportes y condiciones laborales de los ciudadanos de esos países en la elaboración y comercio de esas vitales materias primas. Ese es el talón de Aquiles del injusto planteamiento del problema por los gobernantes de esa Europa de los mercaderes que colonizó y explotó  las riquezas materiales y humanas de esos países que hoy se ven forzados a devolvernos las visitas que les hicimos durante siglos los emigrantes europeos.

 

4 de julio de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Inmigrantes bajo sospecha

 

Los inmigrantes nos devuelven las visitas que les hicimos los europeos durante quinientos años.

No nos obligaron a hablar quechua, aymará, guaraní, árabe, swahili o malayo. Les impusimos nuestras lenguas, nuestras costumbres, nuestras creencias, nuestros miedos y nuestra explotación. No nos obligaron desde Canadá a Tierra de Fuego, en toda África y en gran parte de Asia y Australia, a firmar contrato alguno en condiciones de presuntos culpables, de delincuentes en potencia bajo pena de ser devueltos a sus países de origen si no encontrábamos trabajo en un año.

El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, anunció que, si gana las elecciones, obligará a los inmigrantes que deseen renovar sus permisos de residencia a firmar un “contrato de integración”. En él, los extranjeros deberán comprometerse “a cumplir las leyes, a respetar las costumbres de los españoles, a aprender la lengua, a pagar sus impuestos, a trabajar activamente para integrarse en la sociedad española y a regresar a su país si durante un año no encuentran empleo”.

Aunque la fórmula del contrato es inédita en España -sólo Francia la ha adoptado-, la mayoría de los requisitos que propone Rajoy ya están contemplados en la legislación vigente. 

Entre las “costumbres de los españolas” que los inmigrantes deberán respetar, Rajoy mencionó la prohibición de la ablación y el respeto a la igualdad de sexos, que ya están tipificados en las leyes. Fuentes del PP añadieron otras "costumbres" recogidas en las ordenanzas municipales, como “la higiene”. Menos mal que no les prohíben castrar a los jóvenes cantores, marcar a fuego a los esclavos o cortar orejas, narices y manos a los delincuentes.

Los conservadores reformarían la fórmula de reagrupación familiar para limitar esa vía de entrada de inmigrantes, y expulsaría de forma “inmediata” a los que hayan cometido delitos. Cuando era ministro de Interior del Gobierno de Aznar, ya intentó ejecutar esa propuesta, pero recibió contundentes descalificaciones del Tribunal Supremo. La medida privaba a los extranjeros de la presunción de inocencia, libraba a los delincuentes de la cárcel y burlaba el derecho de las víctimas a ser resarcidas.

Ese “contrato de integración” es una copia del que Nicolás Sarkozy, introdujo en la legislación de su país en 2004, cuando era ministro del Interior. Allí se estipula que si se ha incumplido ese contrato, pueden perder las ayudas sociales e incluso ser expulsado de Francia. Países como Alemania, Holanda o Reino Unido contemplan facilitar cursos de idiomas, pero ninguno recoge sus exigencias en un documento. En 2006, cuando un partido catalán pretendió algo semejante, la consejera de Inmigración de Madrid, Lucía Figar, del PP, manifestó: “Más que una medida de integración parece una cartilla de racionamiento de derechos humanos”.

Los derechos y deberes de los inmigrantes en España están recogidos en las leyes, así que ningún “contrato” puede limitarlos, como pretende el PP. Se lo advirtieron ayer al líder del PP los responsables de varias ONG que, al igual que partidos y sindicatos, censuraron la iniciativa del candidato.

Declararon que es anticonstitucional porque los derechos no pueden estar condicionados a una nacionalidad o una situación administrativa. “La integración no se puede plantear por decreto o por contrato. Además, ¿qué van a hacer? ¿Pasarnos un catálogo de las costumbres españolas?” “Pretende ofrecer una imagen de dureza frente a la inmigración, asociándola a la delincuencia. Es un discurso muy peligroso”, advirtieron.

¿Qué concepción de la vida, qué visión del mundo, qué ideología subyace en semejante planteamiento? Y eso sin haber alcanzado el poder que anhelan.

Nosotros, pueblos de acogida, debemos reconocer que necesitamos a los inmigrantes como seres humanos, como repobladores ante el derrumbe de nuestra demografía, comos personas para compartir los bienes universales y el natural derecho a la búsqueda de la felicidad, de la libertad, de la justicia y de la dignidad.

 

8 de febrero de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Acogida e inserción de los inmigrantes

 

La acogida de los inmigrantes por parte de la sociedad española ha sido positiva y, en general, ausente de conflictos. Más de cuatro millones de inmigrantes se han instalado en España, han encontrado trabajo, han podido enviar dinero a sus familias, como antes lo hicieron los emigrantes españoles en Europa, ayudando al desarrollo espectacular de nuestro país. Han podido traer a sus familiares y, sobre todo, han podido educar a sus  hijos en el modelo público, obligatorio y gratuito de la enseñanza en España. Se han insertado en la Seguridad Social,  contribuyendo a subsanar el déficit demográfico, gozan de las pensiones comunes a todos los españoles y podrán participar de la Ley de Dependencia que va a crear más puestos de trabajo con personas mayores, enfermas o discapacitadas, y a disfrutar de sus beneficios directos. Los inmigrantes, pero lo que es más importante, la sociedad española, han asumido que los necesitamos, que nos ayudan a cubrir puestos de trabajo, a mantener nuestro sistema de pensiones, contribuyen a nuestro desarrollo económico y social de los que ellos mismos se benefician; forman parte de nuestras fuerzas armadas, de nuestra universidad, de nuestros espacios de arte, descanso e investigación y están presentes en todas las profesiones.

Ha sido una lucha sin cuartel por parte de los gobernantes que no siempre ha sido reconocida por la Iglesia católica ni por los partidos de una derecha acostumbrada a administrar su verdad. Pero los obispos españoles acaban de publicar un documento en el que reconocen, y esto es novedad en su crítica a la gestión del gobierno, que “vamos caminando bien, pero hay que prevenirse para la época de las vacas flacas". Más aún, quieren destacar la “colaboración” entre el Gobierno y la Iglesia católica en la atención de los inmigrantes, aunque tan acerbamente hayan criticado a los gobernantes por sus políticas de extranjería. “Las administraciones públicas y las leyes de extranjería son restrictivas y tienden a priorizar los intereses nacionales y la llamada seguridad nacional”, escriben. Ante el fenómeno de la inmigración, advierten de que, cuando empeore la situación económica, pueden producirse “brotes de racismo y xenofobia”.

Porque, no sin razón,  “la piedra de toque de la integración no es la riqueza, sino los tiempos de la pobreza. Los inmigrantes tienen que ser tan personas cuando nos ayudan a cuidar a nuestros ancianos o limpian nuestras calles como cuando se tienen que ir al paro porque se corta la cuerda por lo más débil”. Parecen reconocer que  no todo lo que ha realizado el Gobierno ha sido malo, como pretende la COPE, emisora propiedad de la Conferencia Episcopal. Este es un inmenso error del ala más conservadora de la Iglesia española que desconcierta a no pocos clérigos y a muchos cristianos que no están de acuerdo con ese sectarismo de la emisora y del que el mismo embajador de España ante la Santa Sede, declara “como católico no entiendo por qué los obispos españoles no acaban con el problema de la COPE”.

Cáritas, principal organización del catolicismo español en la tarea asistencial, emplean buena parte de sus cuantiosos presupuestos y medios humanos en atender a inmigrantes en la idea de que para la Iglesia “nadie es extranjero”.

También es importante la reclamación de una especial atención a la segunda y tercera generación de inmigrantes: “Del acierto en la adecuada integración de los hijos de los inmigrantes de hoy dependerá en buena parte la convivencia pacífica en la sociedad plural de mañana. Hay que arbitrar las medidas necesarias y tender los puentes que la situación requiera para evitar la exclusión, la marginación, la discriminación, el gueto,  durante el tiempo de formación de niños, adolescentes y jóvenes, porque un error repercutiría en frustración y violencia”.

Esta es una de las tareas más importantes que tiene ante sí la sociedad española. Hasta ahora hemos sido el país de la UE que proporcionalmente más extranjeros ha acogido por estar en la orilla fronteriza de esa UE, junto con Italia y Grecia. Pero la lengua común con los países de América Latina ha propiciado la llamada y facilitado su inserción de inmigrantes para los cuales ha sido más fácil recuperar la unidad familiar.

Es un tema serio pues a los marroquíes y a los africanos sub-saharianos se les hace más difícil que sus familias se integren en  nuestra sociedad, por sus costumbres, tradiciones y niveles de educación. Cuestión que se puede superar con la educación obligatoria para todos cuantos habitan suelo español. Al cabo de unos años, nadie es capaz de distinguir a unos niños de otros jugando en el patio de un colegio, estudiando o insertándose en la formación universitaria o profesional. Este dato es incontestable. El reto que tenemos ha de ser asumido y resuelto por los gobernantes de todos los países implicados.

 

14 de diciembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuevo colonialismo: EEUU y UE fichan a inmigrantes cualificados

 

La Unión Europea propuso una directiva que pretende facilitar la entrada de cerebros inmigrantes para salvar los futuros problemas que la economía europea tendrá que afrontar. La propuesta legislativa se llama tarjeta azul y obliga a los países a ofrecer buenos sueldos (al menos tres veces el salario mínimo del país de origen). Los trabajadores serán admitidos en menos de 30 días o 60 en casos extraordinarios, y a sus consortes se les concederá automáticamente un permiso de trabajo. Los portadores de la tarjeta azul podrán además trabajar en cualquier país de la UE, transcurridos dos años desde su contratación. Europa conseguiría así su objetivo de pagar con la aportación de inmigrantes jóvenes las pensiones de una población envejecida.

En el trabajo “¿Fichaje de inmigrantes o fuga de cerebros?”, publicado en El País, se denuncia estos contratos de jóvenes universitarios cualificados como si fueran futbolistas. Y muchos países en vías de desarrollo acusan a Occidente de promover la fuga de cerebros y ejercer una nueva suerte de colonialismo explotando los recursos humanos más capacitados. Cada año, miles de profesionales especializados -ingenieros, economistas, informáticos, médicos, investigadores- abandonan los países del Sur, seducidos por los altos salarios y condiciones de vida más atractivas del mundo rico. Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la huida de capital humano ha ido a más con el paso de los años. En África, más 20.000 personas cualificadas abandonan el continente cada año. Más de un tercio de los que se fueron, nunca regresaron.

Philip Emeagwali, ganador del Gordon Bell, algo así como el Nobel en computación, considera que el trabajo de los científicos, académicos e intelectuales africanos es indispensable. "Los que consigan la tarjeta azul serán los que lideren la lucha contra el sida", asegura. "Hasta que los hombres de ideas, los verdaderos senadores de África, no vuelvan a casa, el renacimiento africano y la lucha contra la pobreza serán sólo lemas vacíos. Si no se incrementa el capital del continente, África seguirá siendo irrelevante en el siglo XXI y más allá del mismo", afirma.

Pero, el mismo Emeagwali, es uno de los que no se plantean el regreso a Nigeria porque eso les impediría seguir investigando. Otros, como el ingeniero indio V.S Mani, residente en Nueva York desde los años 80, están tan adaptados a la vida occidental que el regreso les supone un paso hacia atrás. Y el biólogo mexicano Siro Rico, investigador en Madrid, sostiene que la ciencia es internacional y no debería haber fronteras para sus logros. 

Unos 20 millones de indios viven en el extranjero. La riqueza que generan es igual al 35% del producto interior bruto del país que les educó, pero de todo ese caudal India no se beneficia. El gobierno indio intenta que participen en el boom económico del país. "La gente más capacitada se educa con dinero público y se van a aplicar sus conocimientos a otro país", explica Rupa Chanda, directora del Instituto Indio de Dirección, en Bangalore, una especie de Silicon Valley indio que pretende crear las condiciones adecuadas para que sus cerebros regresen. Como hace China con enorme éxito.

Chanda señala que son las instituciones públicas y las zonas rurales las que más sufren las consecuencias de la huida de sus técnicos y científicos estrella, sobre todo con la contratación de médicos. "Las zonas más pobres son las que quedan más desprotegidas", comenta. Chanda, que tras estudiar en Harvard regresó a India, es autocrítico, y subraya la necesidad de que su país siembre el campo para que los nuevos investigadores quieran quedarse. "No sólo es cuestión de dinero. Hay que crear condiciones para que tengan una vida de calidad. La gente tiene que sentirse a gusto en sus trabajos". Aún así, el caso de India quizá sea uno de los que mejor ejemplifica las tesis de quienes defienden la contratación de inmigrantes cualificados. No sólo por el hecho de que muchos regresan, sino porque durante los últimos años los inmigrantes han enviado  millones de dólares en remesas. El actual crecimiento de la economía india debe mucho a los emigrantes que se fueron los años 60 y 70. Muchos han conseguido contratos millonarios para India y han ayudado a construir escuelas en las que se forman los prestigiosos técnicos del país reclamados por las empresas occidentales. Recordemos que las remesas de dinero de los emigrantes a sus países, cualificados y los que no lo son, se acercó a 300.000 millones de dólares en todo el planeta.

 

25 de octubre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aportaciones de los inmigrantes

 

Más de 300.000 millones de dólares enviaron a sus casas en 2006 los emigrantes repartidos por todo el planeta. Esa cifra incluye las remesas de inmigrantes cualificados y de los que no lo son. En algunos países eso supone gran parte de la riqueza del país. Los ciudadanos de Ghana contribuyen cada año con unos 500 millones de dólares a sus economías, la cuarta fuente más elevada de los ingresos del país. En Ecuador esos envíos suponen el mayor ingreso después del petróleo, así como en Marruecos después del turismo. Es un hecho que no sólo puede evaluarse económicamente; además hay que reconocer que la mayoría de esos inmigrantes, al menos en la Unión Europea, disfrutan de todos los derechos sociales adquiridos por los nacionales del país: seguridad social, educación pública y gratuita, pensiones, y el acceso a una mejor forma de vida.

La mayor esperanza de vida de los españoles obliga a modernizar la protección social. Esa esperanza de vida supera ya los 80 años. Esto indica que las condiciones de vida en España (calidad de la alimentación, salubridad de conductas o nivel de la sanidad pública o privada) son buenas. Por eso, se aconseja reconsiderar la edad de jubilación, situada hoy en los 65 años. Es absurdo prescindir de la aportación laboral o social de personas que a esa edad tienen una gran capacidad de trabajo, experiencia y generación de ideas. Muchos economistas apoyan hoy la coincidencia de que la prolongación de la vida laboral tenga además efectos favorables sobre la sostenibilidad de las pensiones públicas. A más años trabajados, más aportación de fondos al sistema de pensiones y menos probabilidad de colapso financiero. La contraindicación puede ser la menor capacidad de sustitución en el empleo existente pero que se complementa con la aportación de los inmigrantes.

Una sociedad más madura exige un fortalecimiento de los sistemas de protección social para las personas de más edad, un aumento de las pensiones y más inversiones para mejorar la asistencia sanitaria para todos los residentes en nuestro país, nacionales e inmigrantes.

Pero la contratación de personal sanitario español en otros países plantea un problema. España necesitará a partir de 2016 más de 7.000 nuevos médicos cada año para cubrir las necesidades sanitarias nacionales. Ahora, las facultades españolas de medicina ofrecen unos 4.000 licenciados al año, lo que implica que una parte importante de los recursos futuros tendrá que venir de fuera.

Intermón Oxfam denuncia la sangría que supone para los denominados países del Sur la contratación de sus médicos: "Al menos un 12% de los médicos indios están en Reino Unido; Etiopía perdió la mitad de sus patólogos entre 1984 y 1996; Pakistán pierde la mitad de sus licenciados cada año; Jamaica y la isla de Granada han de formar cinco médicos para retener a uno; en torno al 60% de los médicos formados en Ghana abandonaron el país durante los años ochenta".

Intermón critica la política de la tarjeta azul que propone la Unión Europea: "Es hipócrita. Se conceden derechos a las élites de inmigrantes. No se tiene en cuenta que la mayoría de los beneficios que obtienen los países de origen vienen de aquellos que no son cualificados". Las críticas de otras organizaciones solidarias exigen que los países de acogida compensen de algún modo a los de origen. Pero una de las exigencias que hace la Unión a los Estados es que se abstengan de reclutar trabajadores en sectores necesitados de esos países, como el sanitario. De ahí la necesidad de fortalecer los vínculos entre las asociaciones de profesionales inmigrantes en los países de acogida y las de origen para fomentar la transmisión de conocimientos e incentivar el retorno a sus países de origen en condiciones dignas.

Un buen ejemplo de las posibilidades de esos acuerdos es la Red Sudafricana de Conocimientos en el Extranjero: Más de 22.000 licenciados de universidades sudafricanas en el exterior mantienen contactos con sus universidades de origen ofreciendo sus servicios para formar estudiantes o dirigirles en sus investigaciones. Los críticos no rechazan la contratación de esa mano de obra, pero piden que Europa no fomente una inmigración de dos velocidades, una para las élites y otra más lenta, para los que nunca pudieron estudiar.

 

2 de noviembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Europa busca 20 millones de inmigrantes cualificados

 

La Unión Europea envejece aceleradamente y nota la falta de trabajadores cualificados imprescindibles para competir en un mundo globalizado y para mantener los altos niveles de vida a los que se ha acostumbrado, señala el corresponsal M. Retuerto en su crónica desde Bruselas. Para hacer frente a este desafío, Bruselas se propone atraer a los trabajadores cualificados, quienes tendrán derecho a una tarjeta azul que facilitará su establecimiento y movimientos, como anunció el Vicepresidente de la Unión Europea, Franco Frattini.

La escasez de mano de obra cualificada en Europa amenaza con convertirse en una bomba de relojería. En 2006, se crearon dos millones de puestos de trabajo en la Unión, y para el bienio 2007-2008 se prevén otros 5,5 millones de nuevos empleos. La Comisión Europea informa de que hay tres millones de puestos vacantes. Hasta ahora han sido puestos de trabajo de baja cualificación, pero ya se aprecian desequilibrios en sectores estratégicos. En Alemania faltan 23.000 ingenieros, y en el área de la tecnología de la información se calcula que en 2010 habrá un déficit de 300.000 trabajadores en Europa.

El panorama se agrava con el progresivo envejecimiento de la población. Uno de cada cinco europeos tiene más de 60 años, y en 2050 serán más de uno de cada tres. La última ampliación de la UE ha llevado la población hasta los 490 millones de personas, pero las proyecciones apuntan a que la población europea comenzará a reducirse a partir de 2025. Pocos, viejos y fuera del mercado laboral.

"Seamos realistas de un modo visionario", dij Frattini. "Tenemos que mirar a la inmigración como un enriquecimiento, como un fenómeno inevitable de hoy, no como una amenaza"."Europa tiene que competir con Australia, Canadá, EE UU y las potencias emergentes de Asia". Mientras la UE recibe un 85% de trabajadores no cualificados, frente al 5% de ese tipo que entra en EE UU, resulta que el 55% de la mano de obra especializada va a EE UU y sólo el 5% opta por Europa. Sólo falta que les exijamos ser altos, sanos, blancos y con ojos azules.

Frattini propone de directiva para hacer más tentadora la UE a los trabajadores altamente cualificados del resto del mundo, a quienes se concederá una tarjeta azul, siguiendo el modelo americano de la carta verde, que les haga sentirse cómodos en Europa. La nueva estrategia tendrá cierta flexibilidad:

1. Un procedimiento rápido para la admisión de trabajadores de alto nivel procedentes de terceros países, que deberán llegar con contrato de trabajo con retribución por encima de los salarios mínimos en el país de destino.

2. A las mismas condiciones se podrán acoger los residentes legales de terceros países. Por ejemplo, estudiantes.

3. Se creará un régimen específico para jóvenes profesionales.

4. Los trabajadores admitidos recibirán una tarjeta de trabajo azul, que les garantizara determinados derechos.

5. El acceso al mercado de trabajo en el primer país de destino estará limitado a dos años prorrogables.

6. Los portadores de tarjeta azul podrán ir a trabajar a otro país comunitario al cabo de dos o tres años de residencia legal en el primero.

7. Para no penalizar su potencial movilidad ni perderlos, se les permitirá acumular los periodos de residencia en los diferentes países con vistas a la obtención del permiso de residencia comunitario definitivo.

Pero el primer ministro británico, Gordon Brown, ha sugerido a los empresarios de su país que conviene contratar trabajadores nacionales del Reino Unido, para reducir la bolsa de marginalidad de medio millón de británicos. Establece la "preferencia nacional" y hace que el discurso democrático, y el europeo, pierda parte de su efectividad ante unas prácticas con las que resulta incompatible. En Francia, el presidente Nicolás Sarkozy ha decidido deportar a 25.000 extranjeros que residen ilegalmente en Francia, pero la falta de instrumentos políticos adecuados puede hacer que esta decisión se vuelva contra él y encienda la revuelta de los inmigrantes que ya residen en Francia. Lo peor es que el Gobierno francés se propone incluir análisis genéticos financiados por los propios demandantes de visado para resolver los expedientes de reagrupación familiar. Eso tiene connotaciones racistas.

El establecimiento de una política común en inmigración es una tarea urgente en Europa, y hoy se presenta como un antídoto para evitar que las decisiones de los Gobiernos se ceben con los trabajadores extranjeros. En vez de establecer una política común que considere los intereses coincidentes de los países receptores y de origen, así como el escrupuloso respeto a los derechos humanos y a la igualdad ante la ley, cada uno de los países miembros se lanza demagógicamente con ideas que satisfagan a las opiniones nacionales. Lo cual dista mucho de la actitud democrática y respetuosa con los Derechos Humanos que informa la política de la Unión Europea desde sus orígenes.

 

14 de septiembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Remesas, clave para el desarrollo

 

España se ha convertido en el primer Estado de la Unión Europea por envío de remesas a países terceros. De acuerdo con un estudio de la Comisión Europea sobre las transferencias de los inmigrantes a sus países de origen, en 2004 los inmigrantes extracomunitarios afincados en España enviaron 3.258 millones de euros, lo que representa casi el 40% de las remesas de toda la UE y el 0,39% del PIB español. Este año esa cifra quedará superada hasta alcanzar los 6.000 millones. Un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), ya atribuyó a España varios récords. El más espectacular fue que en una década (1994-2004) el empleo desempeñado por extranjeros aumentó un 551%, el mayor crecimiento del mundo aportándonos mano de obra capaz y servicios imprescindibles, más miles de altas en la Seguridad Social que garantizaron servicios sociales y pensiones para millones de españoles. Aparte de detener la peligrosa curva demográfica descendente, mantener abiertas escuelas de primera enseñanza, proporcionar un delicado trabajo remunerado a las personas mayores y, en suma, demostrar que la inmigración no constituye amenaza alguna sino que es gozne cardinal de un desarrollo consolidado, mestizo y global.

En 2004, España fue también el país que más inmigrantes acogió (645.000), detrás de Estados Unidos, siete veces más poblado. La tasa de actividad de los inmigrantes era además de las más altas del mundo y superior a la de los españoles.

El informe de la Comisión Europea añade ahora una nueva medalla de oro, la del principal emisor de remesas, por delante de Alemania y Francia. Fuera de la Unión Europea (UE), sólo EE UU y Arabia Saudí superan a España.

La Administración española es, entre los Veinticinco, la que más esfuerzos consagra a efectuar una detallada contabilidad de las remesas. Otro factor que permite comprender la fuerza del flujo es el poco tiempo que llevan los inmigrantes afincados en España y, por tanto, los fuertes lazos que mantienen con sus países de origen. Con el paso del tiempo estos vínculos son más tenues y, en consecuencia, se reducen los envíos debido a reagrupaciones familiares, a desarrollo de actividades empresariales y a que los hijos se integran en el sistema de estudios de la Unión. De ahí la importancia de que en los países de destino de esas remesas se informe y ayude para que no se empleen esas divisas sólo en el consumo sino en bienes de producción capaces de multiplicar su rentabilidad y garantizar el retorno de muchos emigrantes, como sucedió en España durante el “milagro económico español”. España no era rica en materias primas ni en industrias punteras ni en desarrollo de la investigación. Pero teníamos sol, tierras, paisajes, personas capaces de aprender y de entusiasmarse en un proyecto de vida común que abrió nuestras fronteras y riquezas a los turistas primero, y a los inversores después.

En 2004 las remesas que salieron de España rebasaron, por primera vez, a las que se recibían de los emigrantes españoles residentes en el extranjero, sobre todo en Europa. Esto, no sólo no perjudicó a la creciente economía española, sino que ha sido uno de sus factores más pujantes y uno de sus bastiones en el desarrollo previsto.

A estas cantidades conocidas que alcanzan los 6.000 millones anuales, habría que añadir las remesas ocultas, aquellas que los inmigrantes llevan en mano cuando regresan de visita a su país. En el caso de los 600.000 marroquíes instalados en España se calcula que la cantidad es elevada por la cercanía geográfica del país de origen. Felizmente, el negocio de las remesas, con sus pingües comisiones, no está en manos de la banca, aunque ésta lucha por su control cuando hasta hace unos años ni permitían abrir una cuenta de ahorro si el inmigrante no presentaba contrato de trabajo y domicilio fijo. Ahora, les irían a buscar el dinero a sus casas, si se dejaran. Nada menos que el 80% de los envíos que efectúan los inmigrantes se hacen a través de empresas especializadas que operan en España, La facilidad del trámite, la inmediatez de la transferencia, la escasa bancarización de algunos de los países de destino y, sobre todo, el amplio horario de apertura y sus tarifas más baratas, explican el éxito de las remesadoras. El Congreso español aprobó una proposición instando al Gobierno a impulsar el abaratamiento de estos giros. Las transferencias de inmigrantes pueden fomentar el desarrollo mucho más y mejor que las pretendidas “ayudas”. Las remesas son una fuente clave de financiación externa para los países  emergentes que superan ya a la Ayuda Oficial al Desarrollo sin crear las consabidas dependencias.

 

29 de diciembre de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Para no perder nuestras raíces

 

Los países europeos se han convertido en receptores de inmigrantes, cuando durante siglos fueron los mayores proveedores de emigrantes. Hacia América pero también hacia las ricas tierras de África convertidas en colonias de repoblación por los intereses de las potencias hegemónicas de Europa, así como hacia Australia y Nueva Zelanda.

Con facilidad olvidamos que Europa ha sido la primera en volcar los excedentes más pobres de su población en otras tierras para aliviar la presión demográfica y abrir caminos a la conquista y a la explotación, bajo los principios de las tres “Ces”: cristianizar a los paganos, Civilizar a los salvajes y abrir rutas al comercio que llevaría la prosperidad de todos, según las leyes de la economía dirigidas por la mano invisible.

Siempre recuerdo las palabras que escuché, en Dar Es Salam, a Julius Nyerere, la conciencia de África: “que no nos echen una mano, basta con que nos quiten el pie de encima”, a propósito de una ayuda económica que pretendían ofrecer filantrópicas instituciones europeas.

En el siglo XVI, 200.000 castellanos emigraron a América, para evangelizarla de acuerdo con la Bula del Papa Alejandro VI concedida a los Reyes Católicos. Portugal hacia otro tanto hacia el futuro Brasil y las tierras atlánticas de África, con idénticos propósitos. En menos de veinte años, entre 1846 y 1864, dos millones de irlandeses, la cuarta parte de su población, emigraron a EEUU. En ese mismo tiempo, un millón de alemanes abandonaron Europa para instalarse en América y, a finales del siglo XIX, les siguieron 650.000 italianos como avanzadilla de dos millones de compatriotas que les irían después.

Entre 1820 y 1925, unos 55 millones de europeos abandonaros sus tierras en una de las más grandes migraciones que ha conocido la historia. La mayoría se fueron a América, “tierra de promisión y de esperanza”: 33 millones a EEUU, 5,4 millones a Argentina, 4,5 millones a Canadá, 3,8 millones a Brasil, y el resto a diversos lugares controlados por potencias europeas en África.

Polonia, Italia e Irlanda, entre otros países sumidos en la pobreza, se aliviaron así del lastre de millones de personas hambrientas. Poblaron el Este de EEUU, California, Argentina o Uruguay. Las superpobladas India y China, en los siglos XIX y XX, volcaron sobre el resto de Asia y sobre África, sus excedentes de una población cuyos descendientes construyeron diásporas educadas y ricas que controlan el comercio y gobiernan países prósperos como Singapur o Isla Mauricio.

Este fenómeno de las migraciones ha experimentado un vuelco impresionante en las últimas décadas: una Europa enriquecida con la transformación de las materias primas expoliadas al Sur y con el nivel de vida que le proporciona su bienestar y cultura, ya no exporta mano de obra, rivaliza con EEUU en atraer a decenas de millones de inmigrantes empobrecidos y deslumbrados por El Dorado con que les bombardean los medios de comunicación y la publicidad de los países enriquecidos del Norte sociológico. Ante esta situación, reaccionan como fortalezas asediadas por millones de incontrolados, cuando los inmigrantes sólo pretenden devolvernos las visitas que durante siglos les hicimos nosotros. Conocen bien el camino que hicimos con anterioridad, pero ellos sin la fuerza con la que nos pudimos imponer. Esa es la radical diferencia junto a no saber reconocer que necesitamos a esos inmigrantes, a sus familias y sus aportaciones para no perecer en un orgasmo de felicidad estéril y envejecida.

El documento de la ONU “Las migraciones internacionales y el desarrollo”  habla de los flujos migratorios que ponen al desnudo la insoportable desigualdad entre ricos y pobres, entre los que se benefician de la paz y de la seguridad y los que carecen de ellas. Nadie abandona su país por gusto si no es para viajar o estudiar; cuando es por la fuerza de la inseguridad o de la miseria, se reproduce la cadena de injusticias que como llagas sangrientas estampan la historia: esclavitud, invasiones, racismo, xenofobia, colonización, explotación, conquistas, guerras, deportaciones. Tantas formas del desprecio y del miedo de lo que, en palabras de Tucídides,  “está en la naturaleza de los hombres: oprimir a los que ceden y respetar a los que resisten” o, en palabras de Solón “la política que muestra la historia no es sino la guerra entre pobres y ricos”, que Hegel elevaría a parábola del Amo y del esclavo para estudiar la íntima relación que los encadena: unos para seguir siendo ricos y otros para dejar de ser pobres.

Sin embargo, las migraciones engendradas en el sufrimiento han dado a luz frutos de progreso: quienes emigran se transforman y dan lugar a un mestizaje positivo y enriquecedor que está en los orígenes de las más grandes civilizaciones. La clave está en saber acoger a otras personas que necesitamos para sobrevivir. Necesitamos el mutuo enriquecimiento y establecer espacios de encuentro, prosperidad y relaciones entrañables con los lugares de origen para no perder ni las señas de identidad ni las raíces. Sin ellas, no seríamos más que barcos desarbolados y a la deriva, gentes sin sentido.

 

26 de junio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El derecho a emigrar y a escoger un domicilio

 

En la frontera sur de la Unión Europea, se han producido asaltos de centenares de inmigrantes a las vallas metálicas con sistemas de protección electrónica que pretenden delimitar Europa. Ya ha habido víctimas mortales entre los asaltantes.

Si en el país de origen existieran condiciones de vida justas nadie se arriesgaría a emigrar. Las personas emigran por necesidad, por un puesto de trabajo remunerado con justicia, por unas condiciones de vida dignas para el trabajador y para su familia. Nadie emigra por capricho.

Tanto en México como en Marruecos y en los países subsaharianos hay situaciones económico-sociales manifiestamente mejorables cuando no radicalmente injustas. Para transformar esas realidades deberán aplicarse no sólo los países directamente implicados sino aquellos a los que después se dirigen los inmigrantes. Por eso, la Unión Europea tiene la obligación irrenunciable de implicarse en la resolución del problema de la inmigración y sus causas.

En toda Europa tenemos que reconocer que necesitamos a los inmigrantes para sobrevivir y poder mantener nuestras conquista sociales. Sería imposible mantener nuestro nivel de vida, nuestro desarrollo político y económico sin la ayuda eficaz de esos más de dos millones de inmigrantes que necesitamos cada año, de acuerdo con los informes más solventes de la ONU y otros organismos internacionales.

La curva demográfica en los países de la UE lleva más de una década estancada y no cesa de descender. La razón es obvia: el mayor nivel de vida y el acceso de las mujeres a la educación y a los puestos de trabajo que les corresponden han retrasado en casi diez años la fecha de nacimiento de los hijos. Las mujeres en la Unión Europea tienen uno o dos hijos a partir de los treinta años.

En la frontera de México con EEUU se producen muertes y situaciones inhumanas. En la frontera de España con Marruecos se ha producido el asalto de unos trescientos inmigrantes subsaharianos a la doble valla metálica, coronada con alambre de espino, que separa ambos países, y que se han reforzado desde que España, urgida por la Comisión Europea, pretendió blindar ese tradicional paso de entrada de inmigrantes. Barreras y puntos de observación visual diurna y nocturna a lo largo de los 12 kilómetros de perímetro fronterizo. Lo nuevo es el carácter organizado del asalto; su ejecución simultánea en diversos puntos del perímetro vallado; el uso de decenas de escaleras de mano y, sobre todo, el hecho desgraciado y lamentable de la muerte de un inmigrante en circunstancias no aclaradas.

En la prensa se reconoce que este hecho pone de manifiesto que ninguna barrera hará desistir a los inmigrantes que buscan una vida mejor en Europa. La Europa fortaleza que algunos defienden es una fantasía peligrosa. Los derechos políticos y sociales de los europeos a vivir según sus ordenamientos jurídicos chocan de lleno con el derecho de los habitantes de esos países a percibir la retribución debida por las materias primas que, en un 70%, Europa extrae de sus tierras. Es urgente reconocer que necesitamos esa fuerza de trabajo inmigrante sin la que no podemos sobrevivir ni mantener la Seguridad Social ni garantizar el cobro de pensiones por una población en proceso de envejecimiento imparable: antes de una década en Europa las personas mayores de 60 años superarán a las menores de 20 años si no lo remedian los inmigrantes con sus hijos y con un mestizaje vital y fecundo.

 

2 de septiembre de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sami Naïr, el desafío multiétnico                    

 

La globalización no hay que entenderla sólo en su contexto económico, se trata de un proceso que condiciona nuestras vidas. Estamos ante una nueva civilización. El modelo cultural era el American way of life, pero ahora se ha reemplazado por The new standard, en el que la homologación afecta a la opinión pública, "como auto imagen que tenemos de nosotros, ya que - señala Sami Naïr -, nadie conoce su identidad sino la auto representación de la misma, pero las cifras son necesarias porque nosotros pagamos las cuentas."

El lúcido politólogo francés de origen argelino, profesor en la Universidad de París, eurodiputado y asesor de Lionel Jospin, lanza un desafío a la conciencia europea ante la transformación de nuestras sociedades que serán multiétnicas. "Se pueden dominar las culturas, no el color de la piel".

"El mundo del Norte, viejo, rico, pequeño y blanco ha alcanzado el máximo poder, pero se ha agotado y el Sur joven, pobre, grande y de colores no conoce fronteras y ocupará el puesto que le corresponde", afirma. "No se trata de una invasión sino de un proceso natural histórico, pero falta perspectiva para comprenderlo". Esa es la misión de los intelectuales, de los artistas y de los políticos, si supieran descifrar los signos de los tiempos.

En el norte se concentra la riqueza mientras se destruyen las sociedades tradicionales del sur y aumenta la movilidad de sus poblaciones. El 75% de las inversiones se hacen en el norte y sólo el 8% en África adonde se exportan criterios de consumo occidentales.

El problema es de la comunidad, que tiene derecho a defender su propia identidad respetando y aceptando las de los demás. Se acabó el concepto de conquista para civilizar a pueblo alguno, o para imponer un monoculturalismo caníbal que provoca desarraigo, alienación y desesperación.

Sami Naïr sostiene que "los flujos migratorios que van a transformar el mundo no se pueden admitir en forma desordenada. La solidaridad con los inmigrantes es hacerles comprender que entran en una comunidad a la que deberán adaptarse, respetándola y aportando sus inmensos caudales culturales". De ahí que sean necesarias políticas contractuales a largo plazo con los países de donde proceden, fomentar los contratos temporales e integrar a los que ya están aquí a través de la escuela, de la cultura y de la participación ciudadana. No se puede tratar a los inmigrantes sólo como mano de obra, porque suelen emigrar las personas mejor educadas, causando sangrías irreparables en sus países de origen. En Francia hay 4.000 médicos argelinos que tramitan la convalidación de sus títulos mientras son necesarios en Argelia.

El mayor experto en políticas migratorias propone que nos preparemos para esa transformación mediante la educación de los pueblos implicados y no confiar absurdamente en el mercado. Los inmigrantes no son una mercancía. Son nuestro mejor mañana, con quienes tenemos que construir un futuro humano y habitable. "Hay que pagar un tributo a las desigualdades del mundo, porque lo que cuenta no es lo étnico sino la participación en un proyecto común".

  

4 de febrero de 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Nos devuelven la visita

 

Algo está cambiando en nuestra sociedad. Los inmigrantes ya no aparecen como la amenaza latente y desdichada, como la presencia incómoda, como la memoria rechazada de lo que hemos sido los europeos: expatriados en tierra ajena. Ahora nos devuelven la visita que les hemos hecho durante cinco siglos.

Televisión Española emitió un reportaje espléndido sobre la peripecia de un inmigrante senegalés, seguido paso a paso por las cámaras hasta su feliz arribada a Barcelona. La audiencia estaba en vilo completamente entregada a la causa del africano.

Muy bien filmada, con planos convincentes y sin concesión al folklore o al sentimentalismo. Acompañamos a Ibrahim, el protagonista, desde el día en que anuncia a toda su familia, reunida en el patio bajo una gran acacia, que ha tomado la decisión de acudir a la llamada de su hermano mayor que le ha buscado un trabajo en Barcelona. 

Habla con respeto y pone por delante los valores de la familia, de las tradiciones, del apego a su tierra, del respeto a su madre, que preside hermosa y con lágrimas contenidas, a los hermanos más jóvenes y a su prometida. En ella se demora la cámara mientras la voz de Ibrahim expresa su emoción ante su belleza y su calidad humana en el compromiso que los une, y que les obligará a permanecer cinco años separados. Los ancianos del lugar también asisten con una inmensa dignidad.

Lo que sí queda claro es que Ibrahim se va para regresar. Pretende conseguir un poco de dinero con el que paliar los desastres que la colonización hizo a los pueblos de África, autosuficientes durante siglos, que vieron destrozadas sus economías cuando las metrópolis coloniales exigieron abandonar sus cultivos tradicionales y plantar algodón, cacahuete, yute, sorgo como monocultivos para la producción industrial. El reportaje del programa “Documentos TV” hace un riguroso análisis de las causas de la pobreza hoy, motivada por los saqueos de los colonizadores, de los conquistadores y de los fundamentalistas religiosos.

Su prometida siempre estuvo al corriente de sus proyectos, pero Ibrahim no quería entristecer al resto de la familia. Ambos habían estudiado en Dakar y, una vez más, se deshace el mito de que se van a la emigración los menos preparados. La realidad es que las comunidades eligen y sostienen a los mejores porque se abrirán camino con más facilidad. Ibrahim había estudiado para aparejador y ella es topógrafa. Hablan con perfección el francés y conocen las lenguas vernáculas.

Recibida la bendición de los mayores y el abrazo con lágrimas comedidas de todos, la madre agarra un cántaro de agua y va tras su hijo, vertiendo un chorro fresco en cada huella de sus pisadas. Para que el camino le sea propicio y los vientos frescos.

Sin volver la vista atrás, Ibrahim, al llegar al portalón de la entrada, se agacha y con su dedo índice traza nueve rayas paralelas sobre la arena, ante el silencio impresionante de todos. Para que los caminos se abran ante él con facilidad. No traza la raya décima porque ésta es la que trazará desde donde se encuentre para regresar junto a los suyos.

Gobiernos miopes que protegen los intereses económicos de las grandes fortunas nacionales y transnacionales, no pudiendo rechazar la imperiosa necesidad de mano de obra que ofrecen extranjeros mucho mejor preparados de lo que nos han hecho creer, cargan las tintas en la amenaza a nuestras costumbres y a los logros sociales.

Europa necesita para sobrevivir la ayuda de esta gente joven que sabe trabajar, que engendra hijos y contribuye a evitar el descalabro de nuestra crisis de natalidad con sus contribuciones a la seguridad social y al mantenimiento de pensiones para una población cada vez más envejecida. El último Informe de la ONU declara que la UE necesita el doble de inmigrantes para mantener su nivel de desarrollo.

Los conservadores del pensamiento ultraliberal nos amenazan con los peligros de la multiculturalidad que preconizan. Esos guetos que contribuyen a crear en las ciudades, cuando lo que alumbra y es preciso favorecer es un diálogo intercultural enriquecedor para todos.

Una nueva sociedad mestiza nace.

 

16 de julio de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ecología

 

Vender la vida para comprar carburante

 

“Mientras siga muriendo gente de hambre, no es sensato que utilicemos grano en nuestros motores”, declaró el investigador Pablo Vera, del Instituto de Biología Molecular y Celular de las Plantas, dedicado a la búsqueda de biocarburantes independientes del sector alimentario.

Añade que no deberíamos permitir que la tecnología de primera generación, como el bioetanol, se convierta en sustituto de la gasolina, que se obtiene de los cereales. La escalada especulativa de los alimentos es debida a los intermediarios, los lobbies y los mercados financieros que están especulando con las materias primas. Es absurdo vender la vida para comprar carburante.

Los biocombustibles de primera generación necesitan grano, el mismo del que salen las barras de pan y las tortillas de maíz. Necesitamos sacar energía de los cultivos de

la madera. Pero no se puede decir de la noche a la mañana “voy a degradar la celulosa de la madera en glucosa para sacar etanol”. Queremos biocombustibles ya, de bajo precio y sin investigación. Y eso no puede ser. Lo más obvio, reducir nuestras “necesidades” de velocidad y no someternos al imperio de las máquinas no se toma en consideración. Vamos deprisa a ningún sitio. Corremos enloquecidos dentro de un laberinto.

El informe Evaluación Económica de las políticas de apoyo a los biocombustibles, estima que subvencionar y promover el oro verde resulta muy caro, no contribuye a la seguridad energética, reduce sólo muy poco las emisiones de CO2 y propulsa el incremento de los precios de la alimentación en el planeta.

Los biocarburantes eran presentados hace una década como una triple solución a la inestabilidad crónica del suministro de petróleo, a las emisiones de gas con efecto invernadero y a los bajos ingresos de las familias de agricultores. Pero la OCDE opina que las políticas que Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea han puesto en marcha desde hace casi diez años para promover el biocarburante tiene efectos negativos por ese inmenso aparato de subvenciones, mandatos, precios subsidiados y desgravaciones fiscales.

Los técnicos reconocieron que habrá que comprobar si las investigaciones sobre una segunda generación de biocarburantes dan resultados, mientras que reconocieron que el etanol sacado de la caña de azúcar en medios tropicales ya es eficaz, pero no transferible a otros países porque provocarían desertización y hambre.

Por ello sugieren que se supriman las subvenciones al cultivo de cereales, remolacha u oleaginosos para carburante en Estados Unidos, la Unión Europea y Canadá, sustituyéndola por una liberalización de importaciones de biocarburante tropical. Aunque con el riesgo de incrementar las superficies de cultivo, que contribuiría a destruir más selva primaria tropical.

Es más barato reducir el consumo de energía, sobre todo en el sector de los transportes, que sustituir unas fuentes por otras, por lo que pide mayores esfuerzos en este sentido. Ayudará también mejorar la investigación, tanto en el sector de los biocarburantes como en el de la energía solar, las pilas de hidrógeno y otras tecnologías prometedoras.

Sin embargo, España, donde los biocarburantes suponen casi el 2% de los combustibles usados en el transporte, culpa a las petroleras de la campaña contra el biocarburante y niega que sean la causa del encarecimiento de los alimentos.

El número de personas que pasan hambre en el mundo aumentó en 133 millones en 2007, según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos; 849 millones de personas ya sufren la escasez. El precio del arroz ha subido un 70% en un año, el del trigo se ha duplicado y el del maíz ha subido un 25% en dos meses.

La Agencia Europea de Medio Ambiente considera que no está claro que los biocarburantes mitiguen el efecto invernadero y sí que deforestan bosques tropicales; el FMI afirma que son los principales culpables del alza de los alimentos. Pero el Gobierno español insiste: “Los alimentos han subido por el alza continua del petróleo y porque los últimos años ha habido muy malas cosechas en grandes productores, como Australia o Ucrania”. Lo cual sólo es cierto en parte, pues la especulación es la mano que mece la cuna y expande la muerte.

España importa un 83% de la energía que consume y los biocarburantes son una de las pocas fuentes autóctonas. Por último, dicen que permiten mantener la agricultura y recuperar cultivos como la remolacha y el girasol y mantener la población rural.

Los defensores de los biocarburantes exponen que hay alimentos, como el arroz, que se encarecen pero que no sirven para fabricar biocombustibles.

 

Los ecologistas, partidarios de los biocarburantes, piden ahora que se reconsidere el objetivo.

Los expertos creen que en el futuro los biocarburantes tendrán que proceder de algas o de residuos orgánicos para no interferir en la alimentación. Pero los intereses financieros y de las petroleras pretenden beneficiarse todavía más de sus inversiones antes de dedicar sus esfuerzos a conseguir nuevas tecnologías que no contaminen tanto la atmósfera y que ayuden a paliar los efectos del hambre en el mundo.

 

18 de julio de 2008

 

 

 

 

El agua, un bien codiciado

 

Primero fue la lucha por el oro y otros minerales estratégicos. Después, por el petróleo (oro negro). Ahora, por el agua (oro azul). Las guerras futuras tendrán lugar en Asia central y en otros lugares donde esos recursos son abundantes y los gobiernos demasiado débiles para protegerlos, afirma Michael Klare, analista de la doctrina estratégica de EEUU. Pero sus efectos más apremiantes ya se dejan sentir en el Medio Oriente: el Jordán, que quieren controlar los israelíes, y el Éufrates y el Tigris donde EEUU mantiene una guerra desde hace cinco años para controlar Oriente Medio.

Klare, profesor de la Universidad de Hampshire, advierte de que no sólo EEUU está inmerso en esos conflictos, sino que todas las potencias regionales desarrollan planes para aumentar su acceso a recursos vitales para la próxima generación. Así lo explica en “Guerras por los recursos: El nuevo paisaje de conflictos mundiales”.

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta 1990, el objetivo principal de la estrategia norteamericana consistía en mantener un sistema mundial de alianzas capaz de contener y, si era necesario, derrotar a la Unión Soviética.

Con el fin de la guerra fría, la cuestión de los recursos recuperó su papel central en la planificación militar. Una señal importante de ese cambio es el aumento de ejercicios militares conjuntos de EEUU con ejércitos de países centroasiáticos ricos en petróleo o gas natural, como Kazajistán, Kirguizistán y Uzbekistán. Sin olvidar el designio establecido sobre Ucrania y otros países de la antigua URSS, sirviéndose de la OTAN como ariete en el nuevo concierto estratégico que pretende prescindir de la antigua Rusia, conflicto de máxima actualidad.

La razón de esos ejercicios no es sólo fortalecer a los ejércitos de esos países y apoyar su independencia de vecinos más poderosos, como Rusia, China e Irán, sino también afirmar la presencia militar de EEUU en una región que guarda una quinta parte de las reservas mundiales comprobadas de petróleo.

Klare considera el despliegue permanente de la fuerza naval estadounidense en el Golfo, tras la guerra de 1991, como muestra de las prioridades políticas de Washington, pero señala que no sólo EEUU trata de asegurarse sus futuros recursos energéticos. Por eso tuvo el apoyo de tantos países europeos que no podrían subsistir más de tres meses sin el petróleo de la zona; aún a costa de sostener regímenes feudales que violan los derechos humanos como en Arabia Saudita y los emiratos del Golfo.

El mar de China Meridional -que según parece alberga grandes reservas de petróleo- se ha transformado en el objetivo de una nueva “carrera armamentista naval” de media docena de países que reclaman derechos sobre él.

Pero el petróleo y el gas no son los únicos recursos que pueden ser causa de conflictos. La lucha por el agua dulce puede ser crítica en los próximos años en vastas áreas desde el norte de África hasta Asia meridional. Hay estudios que demuestran que, en la misma Europa, se compran y privatizan los recursos hídricos.

Las cuencas fluviales donde la situación es más grave se encuentran en regiones donde el rápido crecimiento de la población presiona los recursos existentes y el calentamiento del planeta puede agravar las condiciones de sequía. Ahí está el Nilo, que fluye desde Etiopía hasta Egipto, pasando por Sudán; el Jordán, compartido por Israel, Jordania, Líbano y la Autoridad Nacional Palestina; el Tigris y el Eufrates que fluyen desde Turquía a través de Siria hasta Iraq; y el Indus, cuyos afluentes atraviesan partes de India y Pakistán.

“Con el crecimiento de la población y el consiguiente aumento de la demanda de agua y alimentos, cada estado ribereño intentará utilizar al máximo los recursos disponibles”, afirma Klare. “Y cuando las acciones de uno de esos estados provoquen una disminución en el suministro de alguno de los otros, se darán las condiciones para un conflicto por la distribución del agua”, añade.

Mesopotamia, “tierra entre ríos” con fértiles tierras y enormes posibilidades de desarrollo, sufre una disminución del cauce del Eufrates y del Tigris. Pero ya nadie ignora que en Turquía se construyen unas presas formidables que forman parte de un plan maquiavélico para, llegada la ocasión, cortar el agua a uno de los países con mayores reservas del petróleo vital para EEUU y la UE.

La guerra por el agua ya ha comenzado, aunque sólo se hable de los hidrocarburos. Los conflictos se trasladarán cada vez más a regiones con recursos naturales abundantes, olvidadas durante la guerra fría.

El resultado, dice Klare, es una nueva geografía estratégica, definida por la concentración de recursos y no por las fronteras políticas. Los Estados no importan tanto como los intereses en esta ciega escalada de los poderes económicos sobre los sociales. Y padecerán los seres humanos, reducidos a meros recursos útiles para ser explotados.

 

19 de marzo de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Formamos parte del medioambiente

 

Si la ecología es el estudio del medio ambiente, el profesor Raimon Panikkar prefiere el término ecosofía, pues comprende la realidad de que todos nosotros nos sabemos medio ambiente porque formamos parte del mismo. Y no es lo mismo estudiarlo como objeto que integrarlo como sujeto responsable. Una vez más, “la tierra no pertenece al hombre sino que el hombre pertenece a la Tierra”, como afirmó el Jefe Seattle en su Carta al Jefe Blanco de Washington, en 1854.

El cambio climático no es sólo un tema medioambiental, como muchos creen: destrozará cosechas, pondrá en peligro a las poblaciones costeras, destruirá ecosistemas, extenderá enfermedades como la malaria y la fiebre amarilla y aumentará los conflictos por lograr recursos, afirmó Kofi Anan en la Cumbre de Nairobi.

Por eso es necesario activar posibles escenarios basados en modelos científicos porque, si los escépticos continúan negando el cambio climático actúan contra una evidencia científica,  completa y alarmante, que sugiere que nos acercamos a un punto de no retorno. El impacto del cambio climático caerá de forma desproporcionada sobre los más pobres, especialmente en África. Pero todavía hay mucho que podemos hacer. Kofi Annan mencionó el uso más eficiente de combustibles y de energías renovables, y destacó que el reto de luchar contra el cambio climático ofrece oportunidades para la economía pues está demostrado que emisiones bajas no significan menor crecimiento económico.

De seguir el aumento del consumo de petróleo al ritmo actual, especialmente por parte de países como China e India, habrá un crecimiento insostenible de emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera.

El Protocolo de Kioto es un paso, pero demasiado pequeño. Los países industrializados no pueden aumentar sus emisiones de forma descontrolada. Es una falacia sostener que “el que más contamina que pague”, como se ha sostenido en los últimos años. No es suficiente con pagar, son necesarias leyes que prevengan las contaminaciones y emplear todos los medios coercitivos para que se cumplan, incluso clausurar las empresas que contaminen. “Que nadie diga que no podíamos actuar”, afirmó el Secretario de Naciones Unidas. Sabemos que es más barato reducir emisiones ahora que afrontar las consecuencias más tarde.

La cuestión no es si el cambio climático ocurre, sino saber si nosotros somos capaces de cambiar antes de que los daños sean irreparables en la atmósfera, en los océanos, en las riberas de los ríos, en los bosques y en la cadena trófica que transporta, transforma y transmite efectos indeseables y hasta mortales a especies vegetales, animales y humanas  aún antes de nacer.

Por eso es imprescindible una estrategia para prolongar los acuerdos de Kioto más allá de 2012 con objetivos más ambiciosos y la participación de los países que no se sienten obligados por ese acuerdo. Así se deduce de los datos del informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que sostiene que sólo con una decidida intervención de los poderes públicos en los países más consumidores de energía podrá conseguirse una alternativa energética de futuro “limpia, inteligente y competitiva” frente a la simple prolongación de las tendencias actuales, que nos conducen a un escenario “sucio, inseguro y caro”.

La primera línea de actuación es impulsar políticas de eficiencia y ahorro energético que permitan invertir a partir de 2015 la tendencia al aumento de la contaminación. Los cálculos del informe demuestran la rentabilidad de dichas políticas, pues por cada dólar invertido en aumentar la eficiencia energética se ahorran dos dólares en generación, transformación y distribución de energía. Pero el ahorro energético sólo puede ser significativo en los países más ricos mientras que el consumo seguirá creciendo en los de economías emergentes, lo que implica que hay que complementar las políticas de ahorro con las de generación limpia de energía.

El impulso a las energías renovables es una necesidad inaplazable, tanto en la generación de electricidad como en los combustibles líquidos para el transporte. El informe también plantea considerar la energía nuclear como una alternativa viable para contribuir a ese escenario más seguro y menos contaminante. Las cifras que avanza son de hasta un incremento del 40% en la potencia nuclear instalada en 2030. La energía nuclear seguirá teniendo un papel que jugar, pero para que sea aceptable será necesario avanzar todavía en su punto débil: la gestión, tratamiento y eliminación de residuos.

 

17 de Octubre de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pesticidas de destrucción masiva

 

Más de 6.000 campesinos del sector bananero permanecían acampados ante la Asamblea Nacional de Managua. Reclamaban al Gobierno del presidente Bolaños indemnizaciones por las graves secuelas para su salud causadas por el pesticida Nemagon, utilizado indiscriminadamente por las multinacionales para fumigar los latifundios bananeros.

Durante siglos los campesinos alternaban sus cultivos porque sabían que la tierra se fatiga y que así evitaban las plagas que brotan como pestes en las amplias extensiones dedicadas a los monocultivos.

Los campesinos que permanecieron al servicio de las enormes propiedades de las multinacionales, que antes les habían expropiado, padecieron los efectos de esas fumigaciones que les afectarían durante generaciones. Estos productos agroquímicos, cuyos letales efectos se transmiten de padres a hijos, han causado más víctimas que los huracanes.

El Nemagon es un pesticida utilizado en las plantaciones de plátano en Nicaragua y otros países de Centroamérica, Caribe, África y Asia. Es un derivado del dibromocloropropano (DBCP) para combatir a un gusano microscópico que daña los cultivos de banano. En 1975, la Agencia de Protección Ambiental de EEUU (EPA) determinó que el DBCP era un posible agente cancerígeno. El Gobierno de EEUU prohibió el agroquímico para casi todos los usos y suspendió el suministro temporalmente.

Las multinacionales Standard Fruit (Dole, en EE UU), Del Monte y United Fruit (actualmente, Chiquita) son algunas de las compañías que fumigaron con Nemagon en sus cultivos bananeros. El pesticida era producido por Dow Chemical, Shell y Occidental, entre otras empresas. Se calcula que 22.000 nicaragüenses han enfermado por el Nemagon, y se contabilizan 466 muertes de cáncer causadas por el pesticida.

Los informes médicos demuestran que más del 67% de los campesinos que trabajan en el plátano en Nicaragua tiene problemas de esterilidad. Las mujeres sufren abortos, cáncer de útero y de mama. En ambos sexos se han detectado migrañas, intensos dolores en las articulaciones, pérdida de visión, fiebre intermitente, caída de pelo y uñas, hematomas, pérdida de peso, ansiedad y otros desórdenes nerviosos, así como casos de cáncer de riñón y estómago.

Una de las principales reivindicaciones es que el Gobierno y el Parlamento mantengan en vigor la Ley 364, aprobada en 2000, en virtud de la cual un tribunal de justicia nicaragüense condenó en 2002 a las multinacionales Dow Chemical, Shell Oil Company y Dole Food Company a pagar 490 millones de dólares como indemnización a unos 600 trabajadores de los 5.000 que presentaron la demanda.

Las empresas condenadas no han cumplido la sentencia porque alegaron que la ley es inconstitucional y la justicia nicaragüense es corrupta. Estas empresas ya no están presentes en Nicaragua y así han escapado a cualquier acción de embargo en su contra. En estos casos no tiene lugar la extradición de los culpables, como sucede con los narcotraficantes que se desmarcan de la acción desestabilizadora de los agentes de las Agencias de EEUU.

Este es uno de los perversos efectos del modelo de desarrollo acelerado que los países industrializados impusieron durante décadas a “poblaciones subdesarrolladas”. Con ellas experimentaron productos químicos que actuaron como auténticas armas de destrucción masiva. Vistos los efectos nocivos y letales, prohibieron su utilización en EEUU, pero permitieron que se utilizaran en otros países para acelerar los procesos de crecimiento agrícola.

En amplias zonas cercanas a Latacunga, a unos sesenta kilómetros de Quito, se cultivaban plantas prohibidas por las leyes, pero muy valoradas por la industria farmacéutica suiza para elaborar productos anestésicos. Los campesinos que trabajaban en esas explotaciones todavía aparecen drogados y destrozados por las veredas y los contornos. Aspirar las emanaciones de las plantaciones residuales produce daños irreparables en el cerebro y afecta de manera fatal a la salud de familias enteras. Fetos monstruosos, alteraciones genéticas y cánceres de todo tipo se silencian por las autoridades que conocen la existencia de esas plantaciones, y de las pistas de aterrizaje de las avionetas que las sacan del país. Pero esas actividades criminales no son fumigadas ni bombardeadas desde helicópteros artillados, como los que el Pentágono ha facilitado al gobierno de Colombia como “ayuda al desarrollo” contra las plantaciones de la coca cuya pasta consumen en un 80% los ciudadanos norteamericanos. No sólo Nicaragua, Guatemala, Honduras y El Salvador sino también Ecuador, Bolivia y Perú padecen los efectos de esa política de exterminio que, en nombre de la salud pública, desestabilizan a los gobiernos para poder mantener el control de esa zona al sur del Canal de Panamá declarada de importancia vital y estratégica por el gobierno de Washington.

 

6 de mayo de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mundo, patrimonio de la humanidad

 

Está en pleno auge el debate sobre la internacionalización de las fuentes de riqueza fundamentales para la conservación de nuestra especie y de nuestro planeta. El paradigma es la conservación de la Amazonía como patrimonio de la humanidad. Las autoridades y la opinión pública brasileña reaccionan con un patriotismo que debería quedar superado en la época de la globalización y de las intercomunicaciones que vivimos.

La Amazonía es responsabilidad de todos los seres humanos y de sus instituciones. Es uno de los pulmones claves para nuestra supervivencia. No se trata de sustraer esa inmensa zona vital al pueblo brasileño. Sería absurdo. Pero sí de hacer comprender a sus autoridades y a la opinión pública que el mundo no puede asistir impávido a la progresiva destrucción y a la mala administración de ese fenomenal ecosistema del planeta Tierra. Esa debería de ser una de las primeras responsabilidades de unas Naciones Unidas renovadas y auténticas. Pero no sólo de la Amazonía, sino de frenar la progresiva desertización de las orillas del  Sáhara, de conservar los mares y los ríos, de mantener las reservas de agua dulce en el mundo entero y de la lucha contra la contaminación y del freno de la emisión de gases nocivos a la atmósfera.

Si no somos capaces de cumplir los compromisos de Kyoto es que nuestra actitud es suicida y deberíamos promover una revolución contra el modelo de desarrollo que nos destruye. Porque de lo que no cabe duda es que la capa de ozono supera todo concepto nacional, internacional o supranacional. Términos obsoletos en nuestro tiempo. Por eso, comprendemos las palabras del Ministro de Educación de Brasil, Cristóvão Buarque, durante un debate en una universidad de EEUU. "Como brasileño, hablaría en contra de la internacionalización de la Amazonía. Por más que nuestros gobiernos no cuiden debidamente ese patrimonio, él forma parte de nuestra historia. Como humanista, sintiendo el riesgo de la degradación ambiental que sufre la Amazonía, puedo imaginar su internacionalización, como también de todo lo demás que es de suma importancia para la humanidad”

Y así, argumentaba que, desde una ética humanista, debemos internacionalizar también las reservas de petróleo del mundo entero. El petróleo es tan importante para el bienestar de la humanidad como la Amazonía para nuestro futuro. A pesar de eso, los dueños de las reservas creen tener el derecho de aumentar o disminuir la extracción de petróleo y subir o no su precio.

De la misma forma, el capital financiero de los países ricos debería ser internacionalizado. Y no pocas personas creemos  que deberían destruirse en 48 horas los paraísos fiscales del mundo. ¿Acaso no fue ese el tiempo que tardaron en congelar  las cuentas bancarias de los sospechosos de tener alguna remota relación  con el 11 de septiembre?

El ministro Buarque argumenta que, si la Amazonía es una reserva para todos los seres humanos, no se debería quemar solamente por la voluntad de un dueño o de un país. “Quemar la Amazonía es tan grave como el desempleo provocado por las decisiones arbitrarias de los especuladores globales”. Y añade con valentía, “no podemos permitir que las reservas financieras sirvan para quemar países enteros en la voluptuosidad de la especulación”. Y no duda en declarar que si EEUU quiere internacionalizar la Amazonía, para no correr el riesgo de dejarla en manos de los brasileños, “internacionalicemos todos los arsenales nucleares de EEUU. Ya demostraron que son capaces de usar esas armas, provocando una destrucción miles de veces mayor que las lamentables quemas realizadas en los bosques de Brasil”.

Las grandes potencias que han esquilmado sus bosques, contaminado sus aguas y degradado el medio ambiente en proporciones gigantescas con relación a sus poblaciones, pretenden ahora reglamentar los espacios vitales de otros continentes.  En sus discursos, continúa el ministro de Educación de Brasil, los candidatos a la presidencia de los EEUU han defendido la idea de internacionalizar las reservas forestales del mundo a cambio de la deuda. “Comencemos usando esa deuda para garantizar que cada niño del mundo tenga la posibilidad de comer y de ir a la escuela.

Internacionalicemos a los niños, tratándolos a todos sin importar el país donde nacieron, como patrimonio que merece los cuidados del mundo  entero. Como humanista, acepto defender la internacionalización del mundo. Pero, mientras el mundo me trate como brasileño, lucharé para que la Amazonía sea nuestra”.

Su lógica es tan apabullante que escandaliza que, en su país, hayan criticado sus palabras. Quizás no sea demasiado tarde para superar las “internacionalizaciones”, que siempre benefician a los poderes económicos y financieros del nuevo imperialismo sin imperio. Tal vez no sea tarde para que los responsables del mundo entero asuman como responsabilidad personal que cada parcela de esta Tierra no soporta por más tiempo el trato que le damos. En ello, nos va la supervivencia.

 

11 de junio de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Carta de la Tierra

 

La Cumbre sobre la Tierra, celebrada en Río de Janeiro en 1992, enfrentó a los países industrializados del Norte sociológico con los pueblos empobrecidos del Sur imposibilitando un acuerdo para la preservación del medio ambiente. Lo más que lograron fue distribuir en cuotas la capacidad de contaminación a partir del principio de que "quien contamina paga". Nadie ignora que para las empresas más contaminantes resulta más barato pagar una multa que introducir los factores correctores de sus emisiones de productos letales para el medio ambiente que nos sostiene. Tras del fracaso de la Cumbre de Otawa con los mismos fines, se asiste al escándalo de enviados oficiosos de los países más contaminadores intentando comprar a los países pobres sus "cuotas de contaminación" a cambio de nuevos préstamos o bajo la amenaza de exigirles sus deudas o de suspender los envíos de repuestos para maquinarias que les habían vendido. En toda África, en Latinoamérica y Asia, se vive este fraude que ataca por donde más duele: la negativa a aceptar la importación de los productos básicos del sur mediante la exigencia de cláusulas de calidad, de origen y de sanidad imposibles de cumplir sin ayuda.

Ante la decepción por la negativa de EEUU y los países más poderosos de la tierra, como China, Rusia, India y muchos más, a suscribir los compromisos de la Cumbre de Río, un grupo de participantes siguieron la iniciativa del antiguo primer ministro de los Países Bajos, Rudd Lubbers, de redactar una Carta sobre los derechos de la Tierra.

Así nació la ONG "El Consejo de la Tierra" para buscar "un cuadro ético y moral universal que guíe a los pueblos y a las naciones en sus relaciones con el medio ambiente así como entre ellos mismos". El texto busca "el respeto a la Tierra y a toda forma de vida", "tratar la vida con comprensión, amor y compasión", "construir sociedades que mantengan una coexistencia pacífica, libre, justa, sostenible y basada en la participación", para "asegurar la belleza de la Tierra y la abundancia de sus riquezas para las generaciones presentes y futuras".

Fruto del trabajo durante ocho años de más de 100.000 personas en 50 países, esta Carta de la Tierra es resultado de la cooperación entre la sociedad civil y las organizaciones no gubernamentales que reclaman su derecho a participar en la preservación del medio ambiente que no puede quedar en las manos de políticos, economistas, ni tan siquiera de gobiernos.

Este documento se presentó a todos los Estados miembros de la Naciones Unidas en el año 2002 para que la ONU la adoptara formalmente como Declaración Universal y convertirlo en una Convención de obligado cumplimiento para los signatarios de la misma. Aunque es sabido que las Declaraciones sobre los derechos del hombre, de la mujer, de los niños y hasta de los animales son incumplidas en muchos países sin el menor rubor y sin consecuencias políticas ni sanciones económicas con tal de preservar las relaciones privilegiadas con los poderosos del mundo. Ahí están los ejemplos de EEUU, Rusia, China, Turquía, India, Afganistán, Brasil, México y tantos otros países que lideran el nuevo orden.

El 14 de marzo de 2000, se presentó en París la Carta de la Tierra para lanzar la campaña mundial de divulgación y de sensibilización de la opinión pública y obligar a los gobiernos a asumir las responsabilidades inherentes a este desafío en el que nos va la supervivencia de la vida en el planeta.

Al ritmo de "desarrollo" que se promueve con el modelo imperante en el Norte, la capa de ozono no resistirá la presión de la contaminación. Como le sucede a los mares, a las limitadas reservas de agua potable, a los bosques que desaparecen cada día por millares de hectáreas ante la devastación impune de empresarios sin conciencia. La deforestación de la Amazonía es un grito ante el silencio culpable del mundo que mira para otra parte como sucede en los magníficos bosques del Africa tropical. Es imposible circular por las carreteras de África sin encontrarse con interminables hileras de camiones que transportan las venas de las tierras africanas, uno de los mayores pulmones del planeta.

La Unión Europea gasta ingentes cantidades de dinero para conseguir que los gobiernos africanos detengan esa sangría que los europeos no supimos detener en nuestras tierras. Es impresionante el cinismo de exigir a otros pueblos que controlen las reservas del planeta mientras nosotros contaminamos con nuestros vehículos e industrias millones de veces más que los pueblos empobrecidos que venden sus bosques para convertirlos en papel, muebles y objetos que el norte dice necesitar.

Ya nadie puede llamarse a engaño: si fuera cierto que los llamados "países en vías de desarrollo" tuvieran proporcionalmente los mismos vehículos, industrias, neveras y consumo de papel que tenemos en los países industrializados, la capa de ozono y los casquetes polares no resistirían veinte años.

La tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra y, como dicen los Masai, ésta no es un regalo que los padres hacen a los hijos sino un préstamo que estos hicieron a sus padres para que la administrasen y protegiesen con respeto. Hace cien años, el Jefe Seattle anunció "acaba la vida y comienza la supervivencia". Ojalá los medios de comunicación y toda la sociedad civil se ponga en pie para reclamar el derecho a la vida y el respeto al medio ambiente que proclama la Carta de la Tierra.

 

24 de abril de 2000

 

 

 

 

Continentes, regiones y países

 

La vieja Europa parece apostatar de sí misma, pero paradójicamente no deja de ser arsenal de esperanza. La inmigración la aterra, pero la necesita con urgencia. Por su parte, unos Estados Unidos erráticos aún dominan, guerrean sin cesar, y causan dolor y provocan sufrimiento, al tiempo que quizás entren en un callejón sin salida. En Oriente cercano y lejano, conflictos sin resolver, contradicciones de décadas, más nuevas fuerzas, temores y esperanzas agitan los días de las gentes, en tanto que África se consume de pobreza no por ser pobre sino empobrecida, esquilmada por los más ricos con nuevos métodos y modos tan miserables como los de antaño.

Mientras en algunas regiones de Asia apunta un resurgir sorprendente, pero no se consigue que cese la insultante desigualdad, y de la revolucionada y palpitante América Latina emergen promesas, luces y perspectivas que tal vez conduzcan a tiempos mejores.

La visión y análisis de lo que ocurre, de lo que sube y de lo que baja, de lo que avanza y retrocede en las diversas regiones y zonas que forman este planeta, expuesta con crudeza, lucidez y honradez es condición inexcusable para mantener viva la llama de la resistencia, de la razón , de la equidad y de la esperanza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Europa

 

A quién pertenece el gas ruso

 

No hay más que “mirar por el telescopio”, como suplicaba Galileo a los cardenales que lo condenaban; pero no quisieron hacerlo “para no poner en duda su fe”. Así no hay más que mirar un mapa y asomarse a la historia de Rusia y de otros países eslavos.

Ucrania es el segundo país más grande del continente por extensión después de Rusia. Abarca a las llamadas tierras negras de gran fertilidad y granero de cereales. Desde 1991 es independiente, aprovechando la desintegración de la URSS, propuesta por Gorbachov.

Apasiona seguir la peripecia de esos pueblos que, mucho antes de que existiera Rusia, habían hecho de los enclaves de Kiev y de  Novgorod  hitos en el camino hacia Rusia, la tercera Roma, heredera de Constantinopla. Miremos el mapa, analicemos los recursos y los movimientos de pueblos espoleados por una religión totalizadora y excluyente, que confunde Trono y el Altar.

La URSS prosiguió el imperialismo de los zares en busca de las aguas calientes. Tenía que dominar el Mar Negro, como se había expansionado hasta el Pacífico por Vladivostok y enfrentarse al Imperio británico por el control de las tierras afganas para  ganar el Índico.

Con el auge del petróleo y del gas no había nada que inventar desde los zares Iván, Pedro o Catalina.

Mientras que Europa organizaba sus intereses por medio del Tratado de Roma y otros acuerdos que condujeron a la Unión Europea, la URSS se desintegraba deshaciendo el COMECON y el Pacto de Varsovia. Contra toda lógica y acuerdos, los occidentales fortalecían la OTAN y presionaban a los antiguos miembros de la URSS. Demostraron que no pretendían una Rusia integrada en las democracias occidentales y libres, sino unos pueblos humillados y sometidos para poder explotar sus inmensas riquezas y abrir nuevos mercados. Rusia pasó a constituir el “Segundo mundo”, antesala del Tercero.

Los depredadores al servicio de una plutocracia sin entrañas utilizaron la OTAN para controlar a países de la antigua URSS, organizando sus comunicaciones, vendiéndoles armas y nuevas tecnologías mediante la creación de una “deuda externa” como la de los países empobrecidos del Sur.

Mediante el chantaje a millones de ciudadanos europeos que, asolados por el frío, volvieron sus ojos hacia la Unión Europea, que se atrevió a “exigir” a Rusia que reanudara el envío de hidrocarburos a través del caballo de Troya de Ucrania.

Pero esas materias primas pertenecían al pueblo y al estado ruso y con la  lógica del libre mercado, esos productos tienen un precio que, si no se paga, no se entregan.

La mayoría de los países europeos habían diversificado sus fuentes de combustibles. No así los países del Este, que pretendían seguir enganchados a la ubre de Rusia, con precios de favor sólo comprensibles en el ámbito de las lealtades. Pero la integración en la OTAN de varios países del Este, como paso previo a su asociación a la Unión Europea, supone un descaro de aurora boreal.

Fue el vicepresidente Cheney quien, en su locura por controlar las reservas de petróleo de Oriente Medio y de las antiguas repúblicas soviéticas, proclamó en Kiev el derecho de este país a incorporarse a la OTAN, lo quiera o no Moscú. Mientras que la obediente Bruselas exhortó a Kiev a acercarse a la Unión Europea y a Occidente.

Cheney retó a Moscú desde Kiev: “Creemos en el derecho de hombres y mujeres a vivir sin la amenaza de la tiranía, del chantaje económico, la invasión o la intimidación” y advirtió a Moscú que “ningún país” fuera de la Alianza puede vetar la membresía de Kiev.

Cheney se reunió con la primera ministra, Yulia Timoshenko, antigua empresaria del sector energético que pretende conseguir ahora con la ayuda y al servicio de Estados Unidos. Ya lo había intentado sin éxito durante años cuando pretendió el control de esa industria desde nuevas sociedades al servicio de intereses transnacionales.

La Dama de la revolución naranja sostenida por la CIA se convirtió en Dama de Hierro que se atrevió a poner en jaque a Moscú. No reconoció la deuda de miles de millones de dólares a Rusia en pago de los combustibles que habían recibido aún al precio de país amigo. Se abasteció a tope de combustible no pagado, y pretextó que los millones de toneladas que desvió de los gaseoductos eran en pago de los derechos de tránsito.

Pero la jugada le ha fallado: Bruselas recula y baja el tono pues está ante una potencia soberana y en expansión, Rusia, que controla sus productos y los negocia como le enseñaron a hacer los mercaderes occidentales.

Moscú ha demostrado que es responsable de las riquezas naturales de su inmenso país, a quien torpemente algunos mandatarios anacrónicos se empeñan en ningunear.

 

16 de enero de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Europa de los mercaderes no da la talla

 

Causa estupor comprobar que la Unión Europea no existe un poder soberano. A la hora de la verdad, cada uno de sus 27 miembros actúa como quiere y desprecia las instituciones que soberanamente nos hemos dado los ciudadanos.

En lo militar, dependemos de la OTAN y ésta de lo que decida el gobierno de Estados Unidos. En medioambiente, como en educación y formación superior, cada país tira por su lado. Por eso, no existe una auténtica libertad de circulación de la mano de obra, ni de las personas con titulaciones superiores. Con lo fácil que hubiera sido homologar la educación para todos los ciudadanos, como rige en cada uno de los países de la Unión Europea. Han abolido las obsoletas fronteras que no nos podían proteger de la contaminación, ni de los peligros de catástrofes nucleares, ni del control indiscriminado de las comunicaciones personales.

Internet y la revolución de la información han facilitado las relaciones humanas y comerciales. Pero también han proporcionado un arma de control masivo a los poderes dominantes sobre correos electrónicos, conversaciones telefónicas, transacciones comerciales con el cada vez menos seguro dinero plástico, control de datos personales so pretexto de defendernos. Eso sí, se han montado agencias policiales de datos con acceso de diversos países y cuerpos de inteligencia para protegernos mejor de los terroristas.

¿Cuándo nos atreveremos a denunciar que los peores terroristas son los que comercian con nuestras vidas, con nuestro sustento, con nuestra salud y con nuestro derecho a una vivienda y a un trabajo  dignos? Son los responsables de las guerras, del narcotráfico, de la impunidad en los paraísos fiscales, del blanqueo de dinero del crimen organizado, de las estafas inmobiliarias y de la destrucción de nuestras costas y de la contaminación de los mares y de la atmósfera.

Creo que hay indicios suficientes para una alarma general ante la fragilidad de nuestra autonomía personal y la creciente vulnerabilidad. Y eso que los neoliberales han sostenido que el fin principal del Estado era la seguridad, y no la justicia social, la defensa de los derechos humanos y de las libertades generales en la tarea de procurar el mayor bienestar para todos los seres.

El fracaso del modelo de desarrollo económico que estamos padeciendo y la injusticia radical del capitalismo salvaje nos están mostrando en estos meses que vivimos en un volcán.

No fuimos capaces de atender al grito de los pobres y de los excluidos. Ni hemos invertido en medios suficientes para proporcionar la salud general para todos, ni la educación universal obligatoria y gratuita, ni terminado con el hambre que padecen cuatro quintas partes de la humanidad. 

Impresiona constatar con qué facilidad Estados Unidos ha votado a favor de un rescate de 700.000 millones de dólares para ayudar a los banqueros temerarios y de directivos de grandes corporaciones para enjugar sus pérdidas. Y ese dinero, más el ya empleado en salvar a varias grandes empresas, va a sobrepasar el billón de dólares (no miles de millones como algunos mal traducen, sino un billón, un “millón de millones”). Sin contar con lo que la Comisión Europea ha acordado para garantizar fondos de depósitos y las exorbitantes cifras que Irlanda, Alemania, Gran Bretaña, Países Bajos y Francia ya han adelantado por su cuenta.

Aparte del escándalo por las repercusiones de esta crisis financiera y económica en el resto de los países del mundo, sobre todo en los más empobrecidos que seguirán condenados a aportar mano de obra barata y sus riquezas naturales sin recibir la contraprestación económica debida. Ellos no cuentan. Son una inmensa mayoría, pero no cuentan más que como objetos de transacción o de consumo.

Con una decisión del G 8 más Rusia, con 40.000 millones de dólares anuales, en diez años, se podría terminar con el hambre en el mundo, ofrecer educación primaria y asistencia sanitaria, así como luchar con éxito contra la contaminación del medioambiente y de prevenirnos ante la explosión demográfica que tenemos encima. ¿Qué significan 400.000 millones de dólares ante el billón que se disponen a gastar sin las suficientes garantías? De nuevo, se beneficiarán los culpables de esta catástrofe y no sus víctimas.

 

10 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una Europa más justa y solidaria

 

La Unión Europea ya no es una Utopía sino un proyecto ilusionante que ha recorrido medio siglo y precisa de una Constitución adecuada que afirme las estructuras, distinga los tres poderes, refuerce su dimensión social, se afiance como una de las mayores potencias económicas del mundo y no se deje avasallar por los grandes poderes económicos transnacionales que ahora se asustan del gigante que contribuyeron a crear.

Algunos prefieren unas instituciones débiles, con mínimas normas bancarias, laborales y fiscales. Prefieren unos "ejecutivos" a sus órdenes en lugar de auténticos hombres y mujeres de Estado. Sólo se puede “temer al miedo” sin olvidar que los poderes humillan y explotan al débil, pero se contienen ante el fuerte. Consolidar la Unión Europea como un auténtico Estado de Estados, República federal, Federación, una Europa de los pueblos que integre y supere la artificiosa funcionalidad de los Estados y de las naciones, de las patrias y de las banderas. Un proyecto de vida común basado en la Justicia, la Libertad, la Solidaridad, el respeto al Medio Ambiente y la afirmación del derecho a la búsqueda de la felicidad de acuerdo con nuestra naturaleza, una Europa desde el Atlántico hasta los Urales... y hasta, con Rusia integrada, hasta el Pacífico. ¿Por qué no?

Una Europa que sea coherente al reconocer que la clave de Oriente Medio está en el conflicto de Israel con los palestinos. ¿Israel un Estado? Sí, pero al mismo tiempo que un Estado de Palestina viable, con espacio suficiente, medios de vida autónomos, fronteras justas reconocidas y respetadas, y la reparación debida a los palestinos expulsados al exilio por los israelíes desde hace más de medio siglo. Es preciso restaurar el orden en Oriente Medio mediante la justicia y la equidad, y no a cañonazos como EEUU, Gran Bretaña y sus satélites pretenden.

Ser realistas en la relación con las grandes potencias emergentes de China e India, y reconocer que la segunda economía del planeta, Japón, está al borde de un abismo imperialista en el que se puede precipitar si el resto de las naciones libres y democráticas no cooperan para que ese salto adelante no suceda en el vacío. Y ahí están Pakistán y todo el Sudeste asiático -más de dos quintos de la población mundial- a punto de estallar. Indonesia, con más de un centenar de lenguas y ninguna  común, es uno de los mayores polvorines de 200 millones de seres de distintas etnias y orígenes, amalgamados por los poderes colonizadores de cada tiempo y por un fundamentalismo islámico en expansión.

Europa tiene que mirar,  sostener y hacer justicia con los pueblos de África, el continente de la esperanza. Europa tiene que reparar por lo que arrebató y expolió a los pueblos de África: restituir y compensar, organizar un gran Plan Marshall, depurar a los dirigentes corruptos y a sus corruptores occidentales o transnacionales, respetar sus tradiciones, sus anhelos, sus proyectos y voluntades, su historia y su inmensa riqueza humana y material. Seguimos necesitando sus riquezas materiales y humanas en la Unión Europea: que imperen la igualdad y la justicia en nuestro trato. Proporcionalidad y reciprocidad exigidas en derecho. Caiga quien caiga, como hizo Mandela. Porque una explosión de los oprimidos y condenados de la tierra puede alcanzar proporciones inimaginables, pues no tienen más que perder y saben que las antiguas "potencias" somos frágiles y ellos no precisan armas de destrucción masiva para desintegrarnos y volvernos locos. Lo saben. Sólo pedimos justicia, libertad e igualdad para todos y coherencia con mucho sentido común. No hace tanto que la esclavitud se consideraba inevitable; al igual que la pretendida superioridad de ciertas razas sobre otras, del derecho de conquista y de la fuerza, de la postergación de la mujer y de infamias como la pena de muerte, las mutilaciones, la lapidación, la tortura, los campos de exterminio, la Inquisición y las supuestas guerras santas o cruzadas. No. El mundo se ha hecho abarcable y hoy todos podemos ser testigos responsables y solidarios, o ciegos suicidas y miserables. Hoy podemos escoger. Mañana será demasiado tarde.

 

5 de Enero de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Estados Unidos

 

Salvemos a los “banksters”

 

Después de las salvajes intrusiones de los Ejércitos de la URSS en Praga y en Budapest, los comunistas de toda Europa decían: “Es que en Rusia nunca ha habido auténtico comunismo”· Ni en China ni en Cuba ni en  Polonia ni en Hungría ni Alemania del Este, ni en los antiguos países miembros de la URSS.

Con el mismo cinismo, los neoliberales sostienen ahora que en el sistema financiero capitalista no ha imperado el libre mercado porque existe “una profusa intervención por los Bancos Centrales y otras agencias regulatorias”. “No existiría hoy una crisis financiera de tal magnitud si la Reserva Federal no hubiera mantenido los tipos de interés tan bajos”, escribe el economista liberal, José Luis Feito.

¿Les habrá parecido pequeña la catástrofe que han montado las entidades financieras con sus especulaciones salvajes, el uso de paraísos fiscales y su exigencia de una desregularización del Estado para seguir amasando fortunas inconmensurables?

Ningunearon a los Estados, considerando a sus legítimos gobernantes como meros ejecutores de las políticas financieras y económicas decididas en cavernas tan poco representativas como el G8 y Rusia, y por lobbies de intereses que no reconocen ni soberanía, ni fronteras, ni límites. Se han autodestruido por su propia voracidad y pretenden privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

“Allá van leyes do quieren reyes”, se decía de los monarcas absolutistas. Hoy los poderes tiránicos no tienen patria ni admiten responsabilidad porque se han adueñado del sistema financiero transnacional. Ignoraron Derechos Humanos, Leyes Fundamentales y Tratados Internacionales actuando bajo la ley del más fuerte, del beneficio económico a cualquier precio y haciendo del hambre y de las guerras armas de destrucción masiva. Han especulado con guerras inventadas e invasiones de países para apoderarse de sus recursos naturales, de su fuerza de trabajo y de la imposición de condiciones inhumanas.

En los bancos del mundo libre y en paraísos fiscales se han blanqueado miles de millones del dinero del narcotráfico, de la venta de armas y del mundo criminal. Han mantenido la opacidad de cuentas bancarias que defraudaban a las Haciendas nacionales y alteraban los precios de las cosas: desde los hidrocarburos a los alimentos, desde la construcción inmobiliaria a los medicamentos, desde la contaminación del medio ambiente con sus industrias participadas y los perversos fondos especulativos.

Ahora exigen que el Estado intervenga en ayuda de estos delincuentes (banqueros gánsters) inyectando fondos astronómicos a cuenta de los contribuyentes. No importa que pongan en peligro los fondos de pensiones, los programas sociales imprescindibles, la educación y la sanidad gratuitas y para todos, la vivienda asequible, la legítima ayuda a las personas dependientes y la creación de puestos de trabajo.

Habían excomulgado a quienes defendían políticas sociales justas y solidarias y a quienes proponían medidas conquistadas socialmente para garantizar el Estado de Bienestar para todos.

Lo expone I. Ramonet: El desplome de Wall Street es comparable, en la esfera financiera, a lo que representó, en el ámbito geopolítico, la caída del muro de Berlín. Hemos llegado al final del proceso abierto en 1981 con la fómula de Margaret Thatcher: “Más mercado, menos Estado. Ya no hay sociedad, sólo individuos”. Ahora para salvar a los “banksters” (banquero ganster) pretenden implantar un socialismo para los ricos y capitalismo salvaje para los pobres.

En Estados Unidos, el Senado ha aprobado un Plan de Rescate en espera de que lo haga el Congreso, mientras la Unión Europea permanece en una inoperancia escandalosa. China, India, los Emiratos del Golfo y Rusia observan.

No olvidemos que algunos de estos países tienen fondos soberanos suficientes para controlar la economía de los países democráticos y desarrollados.

¿Dónde están los auténticos hombres de Estado?, se pregunta el periodista I. Gabilondo.  Del crack del 29 surgieron Roosevelt y Hitler, radicalmente diferentes, pero nacidos de la angustia de sus sociedades. Descubriremos liderazgos mundiales en personalidades de China, India o Brasil. Por el momento, el mundo viaja sin rumbo en un avión sin piloto y deposita su esperanza en que, el 4 de noviembre, emerja un nuevo Presidente que como, Franklin D. Roosevelt en 1930,  lance un nuevo desafío basado en un neokeynesianismo que confirmará el retorno del Estado en la esfera económica. ¿Dónde están los Roosvelt, Schuman, De Gasperi, Churchill, Adenauer, De Gaulle, Dhen Xiao Ping, Kennedy, Nheru, Mandela que devuelvan la confianza a los pueblos?

La etapa más salvaje e irracional del neoliberalismo habrá sido sustituida por otro modelo de sociedad más justo y solidario.

 

3 de octubre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A quién le beneficia este estado de guerra

 

El profesor Francis Fukiyama, norteamericano de origen japonés,  tuvo un gran éxito con su ensayo El fin de la Historia, en el que sostenía que puesto que EEUU había alcanzado la más alta expresión de la democracia, el mayor nivel de vida y un modelo incomparable e insuperable de vida, la Historia había terminado en su progreso. Así como suena. Por lo tanto, EEUU y sus aliados de ese club de elite no vacilaron en lanzarse a imponer "esa democracia" por las buenas o por las malas.

Ya hay pruebas ad nauseam de que esperaban un ataque de semejantes proporciones al del 11-S porque "lo necesitaban" para desarrollar el plan fundamentalista evangélico-sionista que domina la cúpula de Washington, plan elaborado desde antes de la elección de este nefasto presidente, y que no habían logrado que implantara su padre. De ahí que fueran aquellos colaboradores de Bush padre (a quien criticaron y abandonaron por no haber invadido Bagdad) quienes controlan el nuevo gobierno del acomplejado, ex alcohólico y converso, George W. Bush.

Cambiados los objetivos de la OTAN, cuya razón de ser era "protegerse de un eventual ataque de la URSS", una vez que desmoronada ésta, las gentes de buena voluntad del mundo esperábamos que "los dividendos de la paz" se invirtieran en erradicar del mundo, el hambre, la enfermedad y la terrible pandemia del sida, la ignorancia, la maternidad desde los doce años, la calidad de las aguas, el medio ambiente, la búsqueda de energías alternativas, el desarme nuclear, el fraude los paraísos fiscales, acabar con el tráfico de drogas y con el blanqueo en nuestros bancos del dinero del crimen, el escándalo de las ingentes transacciones financieras que no pagan impuestos -¡más de un billón de euros al día!-, prohibir el tráfico de armas con enormes sanciones, regenerar los campos de cultivo inutilizados y contaminados por las secuelas del napalm y de otras armas químicas utilizadas en las guerras últimas y las minas que colocaron los combatientes, garantizar la seguridad social para todos los seres humanos en los cuatro pilares del Estado de Bienestar: pensiones, educación, sanidad y ayuda a los dependientes.

Una vez transformada la OTAN en una ‘organización humanitaria’, esa auténtica maquinaria de guerra controlada por EEUU muestra su auténtico rostro: ser el sherif del ‘mundo condado’ a neocolonizar y convertirse en la force de frappe del neoimperialismo de la potencia hegemónica para controlar las fuentes de energía donde quiera que se encuentren. Por supuesto, en nombre de la democracia y de la libertad.

¿Qué hacer desaparecido el peligro soviético? Pues crear otro enemigo. Y aquí entra el Profesor Samuel Huntinton con El choque de las civilizaciones. Una especulación con tanta base científica como la Océana de Hurrington, La ciudad del sol de Campanella o la Utopia de Tomás Moro, pero que sirve muy bien a quienes desean un enfrentamiento entre la civilización islámica y la occidental, a la que no podían denominar cristiana, porque parte fundamental de esa aventura son los intereses del Estado de Israel, enemigo declarado de palestinos, árabes, musulmanes... y todo lo que oponga a su mesiánico concepto de sí mismos como ‘pueblo elegido’.

¿A quien puede beneficiar? Pues a quienes quieren alcanzar por la fuerza lo que no consiguieron por la política y la diplomacia del diálogo; a quién  tiene que aprestarse a retirar sus tropas de Iraq antes de que los contribuyentes se lancen a la calle como durante el descalabro de Vietnam. Lo quisieron todo y ya contra el Irán de los ayatollahs y armaron hasta los dientes a Hussein, y arruinaron a ambos países durante una guerra fratricida (ambos contendientes eran musulmanes y la mayoría chiís) que duró una década. Esperaron después a la invasión de Kuwait por Sadam para tener un casus belli. Luego esgrimieron la falacia de las armas de destrucción masiva, ahora pretenden que un país rico de la zona, Irán, no pueda desarrollar la energía nuclear como lo han hecho otros países menos ricos, como Israel, Pakistán o India. ¿Por qué razón? ¿Cómo puede el gobierno de Israel mantener más de doscientas ojivas nucleares listas para ser lanzadas y casi una docena de submarinos nucleares armados con bombas atómicas patrullando los 365 días del año en aguas mediterráneas?

Recuperemos la cordura. Que callen las amenazas, las injurias, las algaradas y las descalificaciones.

 

31 de marzo de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué hacer ante el desconcierto general?

 

“Aparte del decenio de 1936 a 1945, en el que daba la impresión de que Hitler y sus aliados podían destruir el mundo civilizado, no recuerdo ningún otro periodo que me haya parecido tan peligroso como el actual”. Así de tajante se expresa el historiador norteamericano Gabriel Jackson. No puede ser acusado de anti norteamericano, como tampoco el ex presidente Clinton que declaraba “los inspectores de la ONU pedían unas semanas más para terminar, pero quienes querían el conflicto no querían que terminaran” y más adelante “creo que el fundamentalismo de los conservadores del actual Gobierno – el sentir de que están en posesión de la verdad con derecho a imponerla a los demás – no concuerda con la solución a los problemas del mundo moderno”.

Cada día son más las personalidades, periodistas e intelectuales de EEUU que se han dado cuenta de su enorme responsabilidad ante lo que ocurre en su país y en inmundo cuyos dirigentes tratan de controlar y de dominar aún por los medios más injustos y criminales.

Ni siquiera en tiempos de la guerra fría había semejante desconcierto porque, tanto EEUU como la URSS, estaban gobernadas por hombres que poseían cierto conocimiento de la historia y eran conscientes del poder destructivo sin precedentes de las armas nucleares, químicas y biológicas.

Lo que hoy provoca una justificada alarma, no sólo es que existe una única superpotencia, sino que dicha superpotencia está dirigida por un hombre que no sabe nada de historia ni de economía y que cree que su combinación de cristianismo bíblico, amigos multimillonarios y poder militar es suficiente para guiar el mundo del siglo XXI.

Todos ellos denuncian los daños irreparables que hace el presidente Bush: el rechazo del tratado sobre misiles antibalísticos, la única limitación seria de armas que ha existido nunca; la amenaza de están con nosotros o contra nosotros; el desprecio por la ONU, el desprecio por "la vieja Europa"; el rechazo del Tribunal Penal Internacional si no promete excluir de su jurisdicción a los ciudadanos estadounidenses; el rechazo a Kyoto, porque exigiría que la industria de EEUU realizara las adaptaciones que ya se han hecho en "la vieja Europa" y Japón; la transformación del primer excedente presupuestario desde hace medio siglo en la mayor deuda nacional de la historia; los tres recortes fiscales para los más ricos, mientras redujeron los servicios sociales y educativos para los más desfavorecidos, unos 40 millones de ciudadanos; la detención contra todo derecho en Guantánamo de cientos de presos a los que no se les reconoce el derecho a ser defendidos ni a conocer de qué delitos se les acusa; el canto al libre comercio mientras se incrementan los aranceles para proteger la agricultura estadounidense; la guerra en Irak, decidida de forma unilateral e injustificada para conquistar un país soberano y hacerse con sus riquezas petrolíferas… La opinión pública se siente manipulada y engañada al no haberse encontrado las temibles armas de destrucción masiva con las que Bush pretendió justificar su guerra preventiva.

Además, la conducta de Bush hace posible que Putin mantenga una guerra colonial en Chechenia con el pretexto de la lucha contra el terrorismo; y que Ariel Sharon construya un muro que insiste en llamar valla y destruya, con aviones y artillería, las viviendas de miles de palestinos.

Es verdad que existe terrorismo en Israel y en Palestina, pero los métodos de Sharon, aceptados por Bush, contribuyen mucho más a aumentar ese terrorismo que a acabar con él. Y tampoco hay nadie dispuesto a enfrentarse a las diversas dictaduras genocidas de África, a la interminable guerra civil de Colombia o las dictaduras militares en Indonesia, Pakistán y los Estados asiáticos que pertenecían a la antigua URSS. Ni de preguntar al Gobierno chino hasta cuándo piensa seguir ejecutando a miles de personas al año y contaminar la atmósfera de manera tan atroz con las emanaciones de sus fábricas.

Ante toda esta locura criminal, ¿qué responsabilidad tienen quienes viven en regímenes democráticos, pero no son “políticos”? Muchos se han callado. Otros comienzan a expresar su desesperación sobre lo que ocurre. A diferencia de lo que sucede en las dictaduras, en democracia los ciudadanos son los responsables supremos. No sirve de nada echar la culpa a "los políticos". La sociedad civil es responsable del poder delegado en sus gobernantes y debe expresar su descontento y su denuncia por todos los medios que nos ofrecen las nuevas tecnologías.

 

14 de noviembre de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La dictadura del 'petrolariado'

 

A estas alturas, los norteamericanos no han descubierto arma alguna de destrucción masiva en Iraq, pero han encontrado lo que buscaban: el petróleo del que se han apoderado para controlar mejor los mercados internacionales.  

EEUU, acompañado de su satélite inglés, invadió Iraq. Llegaban para liberar al pueblo de la dictadura de Sadam Hussein y para destruir las armas de destrucción masiva que “amenazaban EEUU y al mundo entero”. Se convirtieron en los salvadores de la humanidad sin tener mandato legal para hacerlo. Más aún, con la oposición firme y decidida del Consejo de Seguridad y de la inmensa mayoría de los países miembros de la ONU. Los ejemplos de Chile y de México conmovieron al mundo. El gigante Goliat no iba a ser abatido, pero tenía los pies de barro.

El extravagante presidente Bush había pregonado en tonos tan apocalípticos como falsos: “No permitiremos que las armas más peligrosas del mundo continúen en poder de los dirigentes más peligrosos”.

Encontraron el petróleo que buscaban, porque previamente sabían dónde estaba, sin necesidad de los siempre turbios informes de la CIA. Con la patente de corso que se otorgaron a sí mismos se hicieron con un magnífico botín que les permitirá, por primera vez en treinta años, controlar el mercado internacional del petróleo.

De todos era sabido que EEUU, controlado Iraq, privilegiaría el pago de los costes de la guerra con la reconstrucción de lo que han destruido. No aliviarán la enorme deuda externa iraquí, cuyo peso soportan las clases más desfavorecidas, pero fomentarán el desarrollo de su industria petrolera en función de los intereses de las compañías norteamericanas.  

La clave de la conquista de Iraq por la coalición anglo-norteamericana era el control del petróleo y de los mercados internacionales en apoyo de su hegemonía militar. Pero el demógrafo y analista político Emmanuel Todd no duda en afirmar “EEUU no se está convirtiendo en un imperio, sino  que está dejando de serlo”. En su libro Después del imperio, asegura que “EEUU ha descubierto que el mundo no les necesita, que son ellos los que necesitan al mundo. El crecimiento ilusorio de la era Clinton se financió con cantidades masivas de dinero procedente del exterior, que les ha permitido vivir por encima de sus posibilidades mientras se agravaba la desindustrialización”.

Hay razones que muestran la codicia que domina las intenciones de EEUU sobre el botín arrebatado a los iraquíes, con independencia de la catadura ética y política de sus anteriores líderes. La Carta de las Naciones Unidas condena cualquier pretensión de una potencia de invadir o conquistar otra bajo el pretexto de la naturaleza de su gobierno. Nadie está legitimado para desencadenar una guerra preventiva. El derecho Internacional no las admite sino es en legítima defensa y siempre bajo el mandato explícito del Consejo de Seguridad.  

En el actual modelo de desarrollo basado en el petróleo y no en otras energías alternativas, EEUU lo necesita en abundancia y barato. Pero poseer el petróleo no hace a un país poderoso; los países árabes productores de petróleo no lo son, pero enriquece a sus gobernantes.  

Medio Oriente significa el 31% de la producción mundial de petróleo, pero sólo el 6% de su consumo, mientras que EEUU representa el 18 % de la producción y el 30% del consumo. Estas cifras cobran mayor interés cuando se recuerda que EEUU no posee más que el 3% de las reservas mundiales contra el 65 % de Oriente Medio. La economía norteamericana depende del Golfo Pérsico –sobre todo de Arabia Saudí-, en un 14 % de su consumo de petróleo.

La creciente importancia estratégica del petróleo de Oriente Medio confirma que EEUU prolongará su presencia en esta región, antes que disminuirla, cuando hayan controlado su poder político y “acabado con la amenaza de las armas de destrucción masiva”.

De una manera o de otra, Iraq, Arabia Saudí y Kuwait deberían salir de la órbita de los protectorados americanos del pasado para convertirse más bien en lo que significaron Alemania y Japón después de la Segunda Guerra mundial.

No hay que olvidar el peso del continente africano en esta dictadura de los controladores del petróleo. Sus reservas comprobadas hasta ahora suponen 77’4 millardos de barriles, es decir, el 7’4 % de las reservas mundiales para una población de 832 millones de personas, el 13’4 % de la población mundial.  

Los países latinoamericanos deben acostumbrarse a mirar su próximo futuro desde esta perspectiva que se impondrá por encima del derecho y de la ética. Los actuales gobernantes de EEUU no conocen otro lenguaje que el de la defensa de sus intereses incluso por la fuerza. Es el más puro estilo de un Maquiavelo que proclamaba que la fuerza es justa cuando es necesaria. El problema siempre radica en establecer quien comprueba la necesidad.

Los gobernantes norteamericanos no han descubierto arma alguna de destrucción masiva en Iraq, pero han encontrado lo que buscaban: el petróleo del que se han apoderado para mejor controlar los mercados internacionales.

 

11 de julio de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La nueva estrategia militar americana

 

Llevaron al cine La batalla de Okinawa en la que sobresalía el valor de los norteamericanos y el ejemplar castigo que recibían los alevosos japoneses que se habían atrevido a desafiar en Pearl Harbour al nuevo poder emergente. Un cuarto de millón de muertos quedó en el campo de batalla. La mayoría, japoneses.

Desde 1945 hasta 1967 los EEUU mantuvieron la ocupación militar de Japón y más de 80 bases militares se han mantenido hasta nuestros días. No sólo han edificado donde han querido aeropuertos, hangares, campos de tiro y de maniobras sino que los soldados americanos gozan de extraterritorialidad aún en el campo penal y en sus relaciones con la población civil. En la medida en que los japoneses iban recuperando su autonomía económica, comenzaron las protestas por los abusos de los soldados que habían convertido las poblaciones próximas a sus bases en lupanares. Desde hace unos años se atreven a denunciar las violaciones de menores y los desafueros de los soldados. Pero el presidente Clinton ha vuelto a afirmar que "las bases militares americanas en Japón son esenciales para Washington y para Tokio". O lo que es lo mismo, para la pax americana en el mundo entero.

En estos días se han difundido los impresionantes datos del "New American Way of War". El presupuesto militar de EEUU para el año próximo supera los 300.000 millones de dólares. Una cifra que no representa más que el 3% de su PIB, pero superior a la suma de todos los gastos militares de los dieciocho países aliados de EEUU miembros de la OTAN y tres veces superior a la suma de los presupuestos militares de Rusia y de China, que no superan los 100.000 millones de dólares.

Los analistas militares norteamericanos sostienen que ese descomunal poder oculta una debilidad que puede ser mortal. Los dinosaurios perecieron por exceso de volumen y Roma por no poder sostener sus legiones.

Los generales de EEUU, tras la derrota en Vietnam con 50.000 soldados americanos muertos, emprendieron una reforma a fondo de su doctrina militar a la que denominaron "Revolution in Military Affairs" (RMA): sustituyeron a los soldados de cupo por profesionales voluntarios. Invirtieron masivamente en nuevas tecnologías para informatizar el mando y el control de las operaciones a distancia, aviones espías invisibles, misiles de crucero y bombas teledirigidas. El objetivo de esta transformación era político más que militar: no exponer a los soldados americanos en contacto directo con el enemigo como había sucedió en Vietnam y en Somalia; privilegiar la guerra electrónica a distancia para poder matar sin sufrir víctimas. Así, el presidente de EEUU podría hacer la guerra cuando quisiera sin enfrentarse a la opinión pública americana como les había sucedido a Johnson y a Nixon durante la guerra de Vietnam a causa del número de muertos americanos, pues los del enemigo no contaban.

Los resultados de esta nueva forma de hacer la guerra se comprobaron contra Irak: después de 42 días de bombardeos aéreos, seguidos de sólo 100 horas de combates terrestres, los americanos no tuvieron más que cien víctimas, en tanto que más de cien mil iraquíes eran masacrados a distancia. La guerra de Kosovo demostró el "éxito" de esta nueva estrategia: las fuerzas de la OTAN coordinadas por EEUU se limitaron a una guerra aérea, bombardeando a distancia, destrozando objetivos militares y civiles pero sin sufrir ni una víctima. El coste fue ingente, pero la opinión pública de los aliados no reaccionó en contra. Así se han arrogado el derecho unilateral de seguir bombardeando rutinariamente Irak con aviones ingleses y norteamericanos.

Los EEUU pretenden dirigir el mundo con aliados o sin ellos e incluso al margen de la ONU, pues pueden destruir las infraestructuras de un país hasta paralizarlo militar y económicamente. Al igual que pretenden imponer un nuevo orden en el Próximo Oriente apoyando a Israel en contra de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que ordenan retirarse de los territorios ocupados militarmente desde hace más de 20 años.

La cuestión que plantean los analistas militares es qué sucedería si un día tuvieran que enfrentarse con países fuertes como China, Rusia o India con esa estrategia de "cero víctimas americanas". Este sistema puede ser el fin de la hegemonía militar norteamericana preparada para paseos militares y bombardeos a distancia.

 

31 de julio de 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Medio Oriente

 

No quedaría nadie para protestar

 

Existe una amenaza real de conflicto nuclear en Oriente Medio. Estados Unidos ya no podría participar porque el 4 de noviembre elegirán a un nuevo presidente. Si Bush y el vicepresidente Cheney pretendieran lanzar antes un ataque suicida contra las instalaciones nucleares de Irán, no serían obedecidos ni por los militares ni autorizados por el Congreso.

Pero tienen un comodín dispuesto a encargarse del trabajo sucio, los halcones de Israel. Sostienen que en ello les va la subsistencia, no como Estado, sino de esa entelequia irracional que es el Eretz Israel, delirante fantasía de un pueblo que se pretende “elegido entre todas las naciones” ¿Por quién, con autoridad reconocida por los demás pueblos de la Tierra?

Los halcones del gobierno de Tel Aviv, apoyados por los ultra ortodoxos y colonos fanatizados que parecen sentir nostalgia del gueto, así como por los dirigentes de la Agencia Judía que soñaron con un estado mundial para los judíos cuya capital financiera fuera Jerusalén. Todos con dos pasaportes, el de su lugar de residencia, como los demás ciudadanos, y uno del Estado de Israel por razones étnicas excluyentes.

La obsesión de sus dirigentes es que ningún otro estado en Oriente Medio pueda disponer de tecnología nuclear, ni siquiera con fines industriales. Los militares israelíes han llevado a cabo con éxito arriesgados ataques fuera de sus fronteras: Argentina (1960), Beirut (1973), Entebbe (1976), Túnez (1985). En 1981, bombardearon el reactor nuclear iraquí Osirak a 30 kilómetros de Bagdad, y hace unos meses una estación militar siria sin que nadie en el mundo ni en la ONU elevara la mínima protesta.

Hace unas semanas la aviación israelí ensayó en pleno Mediterráneo la operación planeada para bombardear Irán. Participaron más de 400 aviones, cazas, bombarderos, cisternas, con conexión a satélites y con apoyo naval.

Tampoco nadie alzó la voz, como en el poema atribuído a Brecht.

Los militares y dirigentes políticos de Israel se apoyan en la “doctrina Begin” según la cual Israel no permitirá jamás ninguna disuasión nuclear en “su” región. Así lo han declarado el actual vice-primer ministro y antiguo ministro de Defensa, General Mofaz, el 9 de junio y el general de aviación, Isaac Ben Israel, en declaraciones a Der Spiegel hace una semana. Y “necesitan” hacerlo antes de que Irán haya enriquecido suficiente uranio para su primera bomba, y antes de que hayan instalado el SA20 ruso que ya han comprado para asegurarse la defensa de su espacio aéreo. Por otro lado, la marina norteamericana ya ha desplegado la VI Flota para impedir que Irán bloquee el Estrecho de Ormuz por donde pasa el 40% del petróleo de la región.

Entre Irán e Israel hay enormes diferencias: 1648000 kilómetros cuadrados de superficie, unas 80 veces más vasto que Israel y con 72 millones de habitantes, diez veces más que su oponente. Pero Israel lo supera en desarrollo económico y como potencia tecnológica y militar. 600 mil soldados persas mal equipados contra los 200 mil bien entrenados del Tsahal que dispone de más de 300 cabezas nucleares y 400 aviones de combate. Irán, 286 y ninguna ojiva nuclear. Esta semana, Irán ha disparado una docena de cohetes de largo alcance para advertir de que no existe objetivo en Israel que no pueda ser alcanzado desde su territorio en caso de amenaza.

Lo más trágico es que, desde 1960, la ayuda clandestina de Estados Unidos y de Francia ha convertido a Israel en una potencia nuclear. Así figura en un memorando de 19 de julio de 1969 dirigido por Henry Kissinger al Presidente Nixon, que se ha hecho público en noviembre de 2007. Ahí se exige que “la posesión de armas nucleares por Israel no sea conocida internacionalmente” e Israel se compromete a no realizar ensayos nucleares y a no decir que disponía de esas armas nucleares. Por su parte, Estados Unidos prometía que no harían presión ¡para que el Estado hebreo firmara el Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares!

Ante semejante hipocresía uno se pregunta si los presidentes norteamericanos, que han mantenido este compromiso contra toda ley y derecho establecido, no han perdido la autoridad moral para pretender imponer su modelo de desarrollo y de política en el mundo como un  nuevo imperialismo sin emperador.

El presidente Carter, adversario a la proliferación nuclear, esperó treinta años para confirmar al diario israelí Haaretz que Israel posee armas nucleares listas para ser utilizadas.

Hubiera sido un acto de dignidad y de reparación si, hace unos años, el Primer Ministro Ariel Sharon no lo hubiera revelado como amenaza real para todos los países de Oriente Medio que Israel disponía de un arsenal de más de 100 ojivas nucleares operativas desde tierra, mar y aire. Por acontecimientos no menos importantes se declararon gran parte de las mayores guerras de la humanidad.

 

11 de julio de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El lobby israelí condiciona la política exterior de EEUU

 

No se puede confundir israelí con israelita. Israelíes son los ciudadanos del Estado de Israel, judíos, cristianos, musulmanes o ateos. Israelita es sinónimo de hebreo y de judío, sea o no creyente, cumpla o no con prácticas religiosos. Tiene que ver con una etnia, o con una cultura y unas tradiciones, pero ser judío no es una opción política. Ser sionista sí lo es, porque promueve la creación y fortalecimiento de un Estado con unas políticas que pueden diferir en los medios pero que coinciden en una idea de sí mismos como pueblo elegido que desvirtúa la realidad desde un punto de vista ilustrado que parte de la razón, de la igualdad de derechos y de deberes, del reconocimiento de derechos fundamentales y de una concepción de la vida humana sin intervención de dioses iracundos, ni de pretensiones de ser “pueblo elegido” o raza superior.

A principios del siglo pasado se reconoció el deseo de los judíos a tener un hogar, que luego convirtieron en un Estado y después en una potencia nuclear que se permite actuar contra las resoluciones de la ONU y contra el ordenamiento jurídico internacional presentándose siempre como víctimas con patente para toda acción militar, social, económica o de presión preventivas. Existen unas características culturales, tradicionales e históricas, pero sin componente racial alguno y mucho menos privilegiado. Del victimismo al orgullo y a la soberbia, de la humillación padecida al ansia de venganza no había más que un paso. Y las autoridades más conservadoras, derechistas y fundamentalistas en el Estado de Israel lo han dado y lo mantienen. A pesar de la oposición de muchos ciudadanos israelíes judíos y de muchísimos judíos de la diáspora, donde se encuentran disfrutando de sus derechos y cumpliendo sus deberes ciudadanos sin ansia por instalarse en el Estado que encarna imaginarios sionistas.

Repitiendo el síndrome de Sansón. “¡Muera Sansón con todos los filisteos!” O hacen lo que yo quiero o que se hunda el mundo pues, en palabras de Golda Meier, “¿Pueblo palestino? Qué desatino. ¡No hay más pueblo que el judío!”

Por eso promovieron un delirante tabú: todo el que critica la política o los negocios o la obra de cualquier judío es condenado y execrado como antisemita. Una aberración que, como toda falsedad, nunca llegará a ser verdad pero que, a fuerza de repetirse, termina por ser creída. Somos tantos los amigos y admiradores de la cultura del pueblo judío, que entre cristianos y musulmanes que reconocemos culturalmente a los profetas y a Jesús de Nazareth somos más que los judíos del mundo e infinitamente más que los delirantes ultra ortodoxos que fuerzan una política enloquecida. Recordemos que una proposición o una ideología no necesita ser cierta para arrastrar a masas ingentes en su locura.

De estos polvos y vientos proceden los lodos y las tempestades de sus padecimientos y de su opresión suicida. De ahí la importancia de la obra de los profesores norteamericanos, John J. Mearsheimer, de la universidad de Chicago, y Stephen M. Walt, de la de Harvard, El lobby israelí y la política exterior de Estados Unidos, publicado en España por Taurus.

En este interesantísimo estudio describen el extraordinario nivel de apoyo material y diplomático que EEUU proporciona a Israel, y sostiene que ese apoyo no puede justificarse desde un punto de vista estratégico o moral, sino que se debe a la influencia política de un lobby que trabaja activamente para moldear la política exterior estadounidense en sentido favorable a Israel. Este lobby, integrado por algunos judíos americanos y grupos cristianos fundamentalistas, no está determinado por cuestiones de identidad religiosa o étnica, sino por una facción extremista que ha implicado a múltiples organizaciones, fundaciones y medios de comunicación con los que no están de  acuerdo muchos ciudadanos del Estado de Israel, ni gran parte de los judíos de la diáspora.

Este estudio es riguroso, lejos de todo antisemitismo, y ahonda en las tácticas y maniobras del lobby, pero también amplía la reflexión a los más recientes acontecimientos en Iraq, Líbano, Palestina, Siria, o el inconmensurable mundo de intereses en torno al petróleo y al gas.

Sus tesis: el respaldo incondicional norteamericano en las últimas décadas al Estado de Israel no ha beneficiado ni a los EEUU ni al pueblo judío; las decisiones de la política exterior estadounidense en Oriente Medio están claramente influidas por el lobby israelí y una tercera, que no garantiza ni la seguridad de Israel ni la paz en Oriente Medio.

Cuando uno termina de leer este libro apasionante comprende el rechazo del mundo árabe y de otras sociedades al trato de favor a Israel como si fuera el Estado 51 de la Unión.

La lectura de este libro es imprescindible para acercarnos sin orejeras ni tabúes a un problema que va más allá del conflicto israelí-palestino y  que afecta a la seguridad del mundo.

 

18 de enero de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jean Daniel y la prisión judía

 

Jean Daniel, uno de los más grandes periodistas e intelectuales de nuestro tiempo, ha publicado “La prisión judía”. Una obra fundamental para entender el grave problema sionista en el polvorín de Oriente Medio. Nacido en el seno de una familia judía sefardí en la Argelia colonial francesa, fue educado en la escuela laica y en los principios y valores de la República. Resistente contra los nazis y fundador del semanario Le Nouvel Observateur, Jean Daniel ha estado siempre en el lado responsable en todos los debates de los últimos sesenta años. Del calibre del también judío, Edgard Morin, estamos ante dos de los más clarividentes y serios intelectuales de nuestro tiempo.

Como periodista, Jean Daniel brilla con luz propia e ilumina uno de los más graves problemas de nuestro tiempo: la presión suicida de un sionismo exacerbado en Oriente Medio, capaz de encenderlo todo con tal de mantener su exaltada idea de sí mismo. Hay muchísimos judíos, no sólo en el Estado de Israel sino en toda la diáspora, que no comparten esa locura del Gran Israel y hay no pocos rabinos que consideran blasfema la conquista de Jerusalén y el establecimiento de un Estado sionista antes de la llegada del Mesías.

Muchos judíos que no practican la religión hebrea se sienten coaccionados por este concepto de la “prisión judía” que Morin y Daniel abordan con valentía. Por el bien del auténtico Israel, como en su día lo fue por el bien del auténtico pueblo alemán, debemos hacer frente a la ideología de un sionismo excluyente, como lo fue el nazismo como tumor del gran pueblo alemán.

No podemos permanecer impasibles ante la oposición al reconocimiento de un Estado de Palestina al igual que existe el Estado de Israel, aunque con las fronteras de 1967, como exigen las resoluciones del Consejo de Seguridad y el Derecho Internacional.

Ya ha habido elecciones democráticas en Palestina, supervisadas por instituciones internacionales y venció Hamás. Ahora dicen los políticos de la extrema derecha de Israel y de EEUU que ese gobierno no vale porque “no reconoce a Israel”. Nunca podrán reconocer al Estado de Israel si antes éste no regresa a las fronteras de 1967, devuelve los Altos del Golán, abandona Cisjordania y deja libre del todo Gaza, destruye el muro construido sobre terrenos palestinos, reconoce el derecho al regreso a su tierra de los palestinos que padecen exilio desde hace medio siglo, devuelven mutuamente sus prisioneros y se retira de Jerusalén Este. También tienen que desalojar todos los asentamientos de colonos judíos edificados sobre territorio palestino. El Derecho Internacional lo exige.

Jean Daniel, denuncia la identidad comunitaria y opta por la ciudadanía en su obra “La prisión judía”. El gobierno de Israel  califica sistemáticamente de “antisemita” a cualquier gentil que discrepe de su política belicista. Si el que opina es judío, éste “se odia a sí mismo”. Razonamiento tan falso como lo fue el concepto de superioridad de la raza aria que llevó al criminal Holocausto.

La limpia y documentada reflexión sobre la condición judía que constituye el ensayo de Jean Daniel no puede ser más oportuna. No es partidario de nacionalismos e integrismos excluyentes y ha tenido que afrontar no sólo la cuestión judía en general, sino la de su propio judaísmo.

Hay unos quince millones de judíos en el mundo -de ellos cinco millones en Israel- y muchos han optado, según Jean Daniel, por encerrarse en “la prisión judía”. Así la describe: “Se puede salir de la religión, pero nunca se sale del pueblo judío y de su destino único, incluso si uno se declara no creyente. Se está condenado a la pertenencia”.

Esa prisión se encuentra “en las mentes”; sus muros invisibles son “la esencia, la eternidad, el absoluto”, y su carcelero, el mismísimo Dios, según Jean Daniel. De modo que, al final, resulta que “el judeocentrismo es un encarcelamiento común al pensamiento judío y al pensamiento antisemita”.

Jean Daniel opta por situarse en una línea de disidencia en la que incluye a Baruch Spinoza, Heinrich Heine, Simone Veil, Henri Bergson, Hannah Arendt, Edith Stein y Edmund Husserl. Como Spinoza, escribe, “no consigo creer realmente que el pueblo judío, a pesar del milagro de su perennidad, sea el único testigo de la humanidad, así como el único instrumento de la divinidad. Y rechazo sobre todo que se comporte como si, con el pretexto de que se le persigue haga lo que haga, pueda abandonarse a hacer lo que le parezca, tanto bueno como malo. Como si en nombre de su elección o de su maldición, pudiera arrogarse una moral diferente a la de los demás”.

El Estado de Israel se desarrolla hoy “alimentando un nuevo antisemitismo árabe”, señala el autor.

Y es que, en contra de lo que dicen muchos judíos, y no pocos gentiles, el fundador del semanario Le Nouvel Observateur no cree que nos encontremos ante el resurgimiento del mismo fenómeno antisemita en una tierra diferente. Los que sostienen lo contrario –“infieles, a mi modo de ver, al mensaje de Auschwitz”- no distinguen entre “las barbaries de las que fueron víctimas simplemente por haber nacido y existir” y las vicisitudes que ahora afrontan “a causa de lo que hacen, libre y soberanamente”.

“Los israelíes son dueños de su destino nacional”, recuerda el pensador judío. “Están en el hacer y ya no sólo en el ser. Y he aquí que algunos de ellos, ofuscados para siempre por la fatalidad del mal, se muestran incapaces de distinguir entre los desastres que sufrieron en Auschwitz y las guerras que libran en Israel, en igualdad de condiciones con sus enemigos”.

Jean Daniel aporta con La prisión judía un importante instrumento intelectual y también una propuesta de conducta ejemplar y sencilla: “He llegado a la conclusión de que los judíos sólo deberían retener de su Elección la exhortación a ser los mejores, y de la Alianza, la obligación de hacer de Israel un faro de las naciones.

Si esto se considera imposible, entonces todo el mundo es judío y nadie lo es. En este caso, la prisión es cruel, gloriosa, absurda, eterna. Como la condición humana. Pero el oficio del ser humano no consiste en elegir la servidumbre voluntaria”.

 

2 de marzo de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Gran Medio Oriente amenaza

 

Después de la destrucción de los regímenes de Afganistán e Iraq, desplegadas bases militares en las antiguas repúblicas soviéticas, el gobierno de EEUU se dispone a desarrollar la política contenida en el famoso documento PNAC que sólo pudieron aplicar tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001. Se trata de la nueva versión aplicada al norte de África con el alarmante título “El Gran Medio Oriente”.

Como escribió John Pilger, la amenaza que representa el terrorismo estadounidense para la seguridad de las naciones y las personas se resume en un documento escrito antes de la elección de Bush. Lo que Washington necesitaba para dominar a la mayoría de la humanidad y los recursos naturales mundiales era "algún acto catastrófico, algo como un nuevo Pearl Harbour". Los ataques del 11 de septiembre proporcionaron "la oportunidad de todos los tiempos". Los extremistas que han explotado el ataque terrorista vienen de la era de Ronald Reagan, cuando se establecieron grupos de extrema derecha y "grupos de expertos" para vengar la "derrota" estadounidense en Vietnam. En la década de los noventa se formó el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense (PNAC, siglas en inglés).

De ahí el borrador sobre el Greater Middle East que se disponen a presentar ante el Grupo de los 8 países más ricos en su reunión de junio en EEUU.

Ese “Gran Medio Oriente” se compone de 23 países y cubre una zona que se extiende desde Mauritania hasta Pakistán, con una población de 600 millones de personas –el 10% de la población mundial– en su gran mayoría musulmanes y dos tercios con menos de 30 años.

Esa parte del globo guarda tres cuartas partes de las reservas mundiales de petróleo y más de la mitad de las de gas. Por supuesto que el terrorismo que ha golpeado a EEUU el 11 de septiembre de 2001, así como a España el 11 de marzo, hunde en esta región sus raíces y obtiene de ella sus voluntarios suicidas.

Los actuales gobernantes norteamericanos declaran que van a desecar este yacimiento de terroristas para poder protegerse de sus crímenes y proteger a sus aliados europeos e israelíes.

La fórmula para alcanzar estos objetivos consiste en “instalar la democracia” en los 21 países de la región que todavía no la tienen –a diferencia de Turquía y de Israel– y de “ayudarles a desarrollarse económicamente y favorecer a las clases medias”.

Pero el objetivo principal de este proyecto es la penetración económica con su modelo de desarrollo, la reestructuración de sus sistemas políticos y el control de sus inmensas riquezas energéticas.

La Casa Blanca y el departamento de Estado ya han enviado a sus mensajeros para comunicar a los dirigentes políticos de esos países  que no están dispuestos a esperar la evolución de sus regímenes hacia la democracia, ni a que resuelvan el problema palestino-israelí  por sus propios medios. 

Sólo se trata de un “proyecto” preparado por las cabezas fundamentalistas de Washington pero que van a presentar a los dirigentes del G-8, así como a los países miembros de la OTAN cuyos dirigentes se reunirán en Estambul el 28 y 29 de junio.

En lenguaje de marketing, se trata de un prelanzamiento logrado, un globo sonda con éxito. Los dirigentes de Egipto y de Jordania han corrido a Washington aterrorizados porque no se les haya tenido en cuenta, como a ninguno de los dirigentes de esos 21 países.

Los ideólogos neoconservadores norteamericanos pretenden la remodelación del mundo en busca de una  mayor seguridad para los países desarrollados utilizando la fuerza militar para imponer la cosmovisión de Occidente expresada en el nuevo fundamentalismo democrático. 

Ya el 26 de febrero de 2003 el presidente Bush había hablado de las “necesarias reformas económicas”, de “una más grande participación política” y de la redacción de una “carta árabe” sobre ese tema. Sobre todo, desde el 11 de septiembre en que los EEUU decidieron no seguir dependiendo del petróleo de Arabia Sudita al comprobar que su régimen sostenía a los fanáticos talibanes. El tiempo apremia porque la familia reinante en Ryad se ha apresurado a firmar impresionantes acuerdos con el Gobierno de Pekín para dirigir hacia el nuevo coloso en los próximos años diez mil millones de barriles de petróleo imprescindibles para sostener su imparable desarrollo económico. 

A la locura del PNAC le sucedió el horror del ataque terrorista en Nueva York y Washington. A la invasión de Afganistán, los atentados en Casablanca y Bali. A la injusta guerra de conquista de Iraq decidida por el trío de las Azores -Bush, Blair y Aznar-, los atentados de Madrid. 

La Unión Europea tiene que cambiar el rumbo de esta política demencial con los recursos que pueden dar las urnas, la coordinación de las fuerzas de inteligencia y una nueva política de justicia social hacia esas muchedumbres aplastadas por regímenes tiránicos y por concepciones de la vida que repugnan a la humanidad.

 

2 de abril de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Holocausto del pueblo palestino

 

El periódico americano The Los Angeles Times recogía un artículo sobrecogedor en el que el rabino Lerner denunciaba las amenazas de muerte que recibía por defender el fin de las ocupaciones israelíes en Cisjordania y el derecho de los palestinos a vivir en las tierras que les pertenecen desde hace dos mil años. Lerner dirige Tikkun, la publicación judía más libre e ilustrada, empeñada en transformar un mundo enloquecido.

“Asumía estas amenazas, escribe, como represalias por criticar la política de Israel, pero mi alarma creció cuando vi mi dirección personal publicada en Internet animando a cualquier “auténtico israelita” a asesinar a este traidor al pueblo judío, calificándome como uno de los tres judíos americanos a abatir, junto a Noam Chomsky y Woody Allen”.

El rabino Lerner recordaba que, en el movimiento de oposición a la guerra de Vietnam de los años sesenta, “apelábamos a los más altos valores de la democracia americana”. Hoy también, “en el movimiento judío por la paz, los valores del pueblo judío recuerdan que todo ser humano ha sido creado a imagen de Dios y que la violencia contra el pueblo palestino es una tragedia comparable a las padecidas por el pueblo judío. Aunque muchos israelíes no admiten esta equivalencia moral, pues creen que ningún sufrimiento es comparable al suyo. De ahí su insensibilidad ante los padecimientos de un pueblo sin ejército, con diez veces más muertos, confinados en minúsculos territorios donde no pueden procurarse alimentos, educación ni cuidados médicos”.

El autor denunciaba que esa crueldad inhumana contra los palestinos se dirige ahora contra los judíos partidarios de la paz.

“No importa que mi hijo haya servido en el ejército israelí, que yo sea  partidario del Estado de Israel y que dirija una sinagoga en San Francisco. Para estos extremistas no soy más que un judío que se odia a sí mismo y al que cualquier terrorista puede asesinar.”

Deploraba el rabino que muchos no judíos no se atrevan a criticar los errores de Israel por miedo a que los consideren antisemitas. “El pueblo judío necesita cristianos que denuncien el antisemitismo y se unan a los judíos progresistas para criticar la política inmoral y autodestructiva del gobierno israelí”.

Lerner había pedido a los palestinos que, a ejemplo de Luther King y de Ghandi, renunciaran a la violencia. Hoy pide lo mismo a los israelíes no sólo contra los palestinos sino contra los judíos que no comparten su injusticia y su crueldad.

Ante la conmoción que ha producido el asesinato, mediante un misil lanzado a la muchedumbre, de un anciano en silla de ruedas que salía de orar en la mezquita, la opinión pública mundial se pregunta si no es hora ya de que los judíos del mundo entero denuncien la política genocida del Gobierno del Estado de Israel.  Que este anciano, a los ojos de mucha gente, sea responsable de enviar a múltiples palestinos suicidas no invalida el hecho de que para más de mil millones de musulmanes represente la resistencia a vida y muerte de un pueblo masacrado y expulsado de sus propias tierras. Igual que los españoles que se alzaron contra Napoleón, que Goya inmortalizó en los Fusilamientos del 3 de mayo.

Nunca podrán alegar los judíos del mundo entero, así como su patrocinador EEUU, que no sabían lo que sucedía. Se trata de un holocausto semejante al que padecieron sus antepasados por pertenecer a un pueblo concreto. Como hoy padecen ese exterminio los ciudadanos palestinos.

El silencio de las personas que sostengan al Estado de Israel los hará cómplices de un sistema de muerte con terribles consecuencias. Y todo a pesar del enésimo veto que los EEUU han impuesto en el Consejo de Seguridad para que saliese adelante una resolución condenando este asesinato selectivo y repugnante que anunció los asesinatos de autoridades palestinas reconocidas internacionalmente.

Con Bertold Brecht volveremos a lamentar “Primero cogieron a los comunistas, pero no dije nada porque yo no era comunista. Luego se llevaron a los judíos, pero no dije nada porque yo no era judío. Luego se llevaron a los obreros, pero yo no dije nada porque yo no era obrero. Después se metieron con los católicos, pero yo no dije nada porque yo era protestante. Cuando vinieron a por mí, no quedaba nadie para protestar”.

 

26 de marzo de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A quién benefician los crímenes terroristas

 

¿A quién beneficia el crimen?, se preguntan los policías en las novelas de serie negra. Ante el crimen perpetrado contra tres ciudadanos norteamericanos en la franja de Gaza no podemos quedarnos en las apariencias. La única beneficiada es el ala más extremista del Gobierno del Estado de Israel. Ariel Sharon ya se apresuró a asegurar que “las suertes de EEUU y de Israel van unidas en su lucha contra el terrorismo desde los atentados del 11 de septiembre”, para reafirmarse en su decisión de proseguir la construcción del muro levantado en territorio palestino y no desmantelar ni un solo asentamiento de colonos ultra ortodoxos en estas tierras invadidas. Más aún, amenazó con que “no habrá un Estado palestino independiente” si prosiguen los atentados terroristas, como si eso dependiese de su voluntad y no de un imperativo histórico anterior en el derecho al de la proclamación unilateral del Estado de Israel. Las condiciones que exige para sentarse a hablar con la legítima Autoridad Palestina equivalen a un diktat, un ultimátum, si no se entregan de pies y manos con todo su armamento “que será entregado a EEUU para su destrucción”. ¿Y el armamento mil veces superior del Ejército israelí y de sus fuerzas de seguridad? Da por hecho que los israelíes son los únicos dueños de esos territorios que ninguna instancia internacional ha reconocido. El escarnio llega a la exasperación ante el veto que, por quinta vez desde 2001, ha ejercido Washington contra resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra el Gobierno israelí. Dos en menos de un mes.

El silencio clamoroso de las potencias democráticas occidentales es similar al que se produjo en Munich ante las pretensiones de Hitler. La política del gobierno de Israel es de conquista, ocupación y exterminio contra un pueblo que llevaba siglos viviendo en unas tierras que les pertenecían. 

Los atentados del 11 de septiembre ya no son un misterio terrorista tan grande como quisieron hacernos creer para poner en marcha una política salvaje, ya trazada por mentes cuyo objetivo es establecer el imperialismo de EEUU en todo el mundo. Necesitaron un pretexto que conmoviera a la opinión pública y lo tuvieron. Como tuvieron su Pearl Harbour ante la impasibilidad del presidente Roosevelt, aunque tenía más que razonables indicios de que se produciría un ataque japonés. 

Ya nadie se cree que los servicios secretos norteamericanos no pudieran detectar lo que se preparaba. Hay pruebas suficientes de que algunas personas sí sabían lo que iba a producirse, y tomaron medidas para sacar el mayor partido posible de la conmoción que iba a producirse. El ataque a Afganistán y la injusta guerra preventiva contra Iraq no son más que eslabones de una cadena de ocupación y conquista que favorece los intereses de EEUU y los del Estado de Israel en su expansión sionista. 

Ya nadie sostiene que el gobierno de EEUU controle al de Israel, sino que ambos son elementos de un poderoso lobby judío aliado con la derecha más extremista del fundamentalismo cristiano calvinista. 

Igual hicieron nazis, soviéticos, los maoístas de la Revolución cultural y todos los regímenes totalitarios cuando se vieron desesperados en su huida hacia delante. 

El gobierno de Israel está atizando una guerra de conquista de todo Oriente Medio a costa de las sociedades árabes y musulmanas que desde hace más de mil años viven en esas tierras. 

Sólo a unos locos suicidas podrían habérsele ocurrido los atentados contra las Torres gemelas, el Capitolio y el Pentágono. Alguien encontró a esos locos, ocultó sus tramas y facilitó sus planes.

Que los ejecutores hayan sido mercenarios árabes, y no afganos ni talibanes, no demuestra más que la profundidad de la trama.

Que hayan actuado criminales palestinos en el atentado de Gaza contra  escoltas de autoridades norteamericanas –no contra el enviado especial John Wolf que oportunamente estaba de vacaciones-, no niega que alguien está moviendo los hilos siniestros que han conducido a la gran nación norteamericana a una guerra sin salida. Trescientos millones de árabes y mil doscientos millones de musulmanes no pueden ser acusados de terrorismo, de barbarie y de tanto crimen premeditado. Pero pueden verse conducidos a una espiral de violencia sin límites cuando ya no exista remedio para tanta locura.

Las autoridades de EEUU y de Israel se están convirtiendo en cómplices responsables de un crimen contra la humanidad porque ya no respetan fronteras, tratados ni leyes. Han llegado al límite del caos y de la locura que podría volver a transformar los ámbitos del terror en oleadas de exterminio, como sucedió en el siglo pasado a pesar de haberse juramentado la humanidad entera al grito de ”nunca más”.

Bretch se preguntó donde estaban los cristianos y otros pueblos durante el exterminio de los judíos. Algún día nos preguntaremos dónde estaba el pueblo judío durante las matanzas de los palestinos.

 

17 de octubre de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Días de cristales rotos

 

El escritor judío, Primo Levi, escribió “Los hundidos y los salvados”, en 1986, un año antes de su suicidio, desesperanzado de la condición humana que fue capaz de perpetrar exterminios en campos como Auschwitz. Se preguntaba si lo sucedido allí podría repetirse, “si volverían a darse exterminios en masa, unilaterales, sistemáticos, mecanizados, provocados por un Gobierno, perpetrados entre poblaciones inocentes e inermes, y legitimados por la doctrina del desprecio”.

Primo Levi había padecido hasta el límite, pero alertó ante una tragedia semejante ocurrida en Camboya, en 1975, y previó que los factores que habían conducido a las matanzas alemanas podrían reproducirse.

Si Primo Levi hubiera sobrevivido, jamás hubiera comprendido a unos homicidas del género humano en su pueblo judío, que lleva a cabo una  operación de exterminio similar a la que representa Auschwitz, aunque no se utilicen los terribles lager. El Gobierno del estado de Israel dispone de esos medios y está dominado por “la doctrina del desprecio”: a sus ojos, la vida de los palestinos no merece respeto y los tratan como si pertenecieran a una raza inferior.

Para el gobierno de Israel, todos son terroristas, y les han arrebatado los derechos humanos más elementales, el derecho a su tierra, a su cultura, a su educación, al trabajo y a todo lo que conlleva el derecho a la vida con dignidad. Por eso los persiguen, hostigan, expolian y asesinan “selectivamente”, hasta que verse forzados al exilio para sobrevivir. 

Se reproduce la historia en su caricatura más perversa. El pueblo judío padeció el destierro y el exilio en numerosas ocasiones, la última desde la destrucción de Jerusalén por Tito en el año 70. Sus rabinos los convencieron de que ese castigo obedecía a su resistencia, por duros de cerviz, a los planes del Dios que los había elegido, segregándolos como a pueblo elegido, el pueblo de Dios. 

Así caminaron, sometidos, bajo el peso de una culpa inventada, que se acrecentó con el falso cargo de pueblo deicida, culpable de la crucifixión de Jesús de Nazareth. ¡Como si un pueblo pudiera ser responsable de crimen alguno, máxime cuando los seguidores del rabino de Nazareth eran judíos en su inmensa mayoría!

Destierro, culpa, exilio, sumisión, hasta que surge la oportunidad de la venganza transfiriendo toda su frustración contra otro pueblo. Y ahí se transmuta el perseguido en perseguidor, la víctima en verdugo, el oprimido en opresor. Pero nunca será un pueblo, ni una raza, ni una nación, sino una minoría que ha alcanzado el poder político con ayuda de otros congéneres cuya oscura conciencia de culpa se manipula. 

El pueblo judío no es culpable, ni responsable de crimen alguno. El planteamiento sionista de Teodoro Herzl es perverso y truca los datos para conseguir una reparación mediante la venganza, utilizando la fuerza del dinero, el control de los medios y de los lobbies como si les perteneciera por derecho propio la antigua “Tierra prometida” (que dicen que se la prometieron a ellos, por eso se creen con derecho a arrebatarla por la fuerza, el asesinato y el exterminio a los palestinos).

Ese es el sentido de la política de Sharon para reducir a escombros las ciudades palestinas, destrozar sus instituciones, reventar sus carreteras o cortar los suministros de agua y electricidad. 

Un gobierno enloquecido en esta limpieza étnica sólo se detendrá si EEUU, la UE y los países libres de la ONU presionan hasta obligarlos  a desistir de su criminal política. Bastaría con suspender la descomunal ayuda de EEUU para convencer a los ciudadanos israelíes de la inviabilidad de su proyecto. Pero EEUU ha optado por apoyar la actuación israelí, apremiado por el poderoso lobby judío americano. A pesar de que prestigiosos analistas en The New York Times, The Washington Post e incluso el diario israelí, Haretz, alzan la voz de alarma.

Son espantosos los datos de la última encuesta entre ciudadanos israelíes que se pronuncian por el “asesinato de Arafat” (un líder que, con todos sus defectos, ha sido elegido por su pueblo), por “el destierro y el exilio” del mayor número de ciudadanos palestinos. El plan sionista de Sharon es exterminar, expulsar, ahogar económicamente a todo un pueblo mediante un muro de ignominia en tierras palestinas, la poda de cerca de 100. 000 árboles, la destrucción de miles de kilómetros de cañerías de agua y la demolición de millares de casas como “medida preventiva”. 

Esta actitud del Gobierno de Sharon es criminal e inhumana como lo fueron las humillaciones, incendios, noches de cristales rotos, y estrellas amarillas que los nazis infligieron a los judíos antes de llevarlos a los campos de exterminio. 

La opinión pública mundial y las instituciones supranacionales tienen que tener presente que sin palizas, incendios y cristales rotos, nunca hubiera existido Auschwitz y los demás campos de exterminio que llevaron a proferir el grito de “¡Nunca más!” a todo un pueblo, ante el silencio vergonzoso de quienes, con su cobarde actitud, se convirtieron en cómplices de un crimen contra la humanidad.

 

19 de septiembre de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El ejemplo de Mandela y De Klerk

 

Nelson Mandela denunció ante las cámaras de televisión la actitud vergonzosa de la ONU y de los países occidentales incapaces de detener el genocidio en Palestina. Ni EEUU ni Gran Bretaña quisieron esperar el mandato del Consejo de Seguridad para intervenir con toda violencia contra Irak o en los Balcanes. Mandela se pregunta "¿por qué no han actuado de modo similar ante la masacre de inocentes?". También hace un profundo reproche a la ignominia de los países árabes poderosos.

Por todo el mundo se extiende un clamor de incalculables consecuencias ante las atrocidades cometidas bajo las órdenes del mayor enemigo de Israel: Ariel Sharon.

Se acumulan las pruebas filmadas, los testimonios espeluznantes, los cadáveres mutilados, las torturas, los bombardeos de civiles, las humillaciones semejantes a las terribles imágenes del holocausto. Privados de asistencia jurídica, con más de un centenar de menores encarcelados, sometidos a interrogatorios inimaginables por parte de los temibles agentes del contraespionaje israelí.

Se conculcan los derechos humanos, sociales y civiles fundamentales así como las Convenciones internacionales y se ha caído en la barbarie más absoluta e infame: han atacado a médicos y personal sanitario, a miembros de asociaciones humanitarias, han lanzado misiles contra ambulancias de la Cruz Roja y de la Media Luna, han prohibido a la prensa que ejerciera su labor, han impedido a líderes religiosos de diversas confesiones que accedieran al encuentro de sus fieles cobijados en uno de los lugares más sagrados para toda la Cristiandad: la Iglesia de la Natividad en Belén. Han llegado a prohibir al presidente del Consejo de la Unión Europea, Josép Piqué, a su portavoz para Asuntos Exteriores, Javier Solana, y al Representante de la Comisión Europea, Moratinos, que accedieran a visitar con todo derecho al presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, reconocido por todos los países del mundo. Eso es terrorismo de Estado sobre una nación ocupada en contra de las resoluciones de la ONU.

Después de la reunión en Madrid del Secretario de la ONU, del Secretario de Estado de EEUU, del Ministro de Asuntos Exteriores de Rusia y del Presidente actual de la UE, José María Aznar, Ariel Sharon ha respondido con insolencia, con desprecio y con amenazas al mandato de alto el fuego.

Ese sangriento enemigo del pueblo judío extendido por el mundo entero, Ariel Sharon, quiere llegar a una "solución final" que consistiría en acabar con los palestinos, obligarles a abandonar sus tierras para ocupar su nación en busca de una quimera: utilizar Palestina para asentar a los colonos judíos traídos del fin del mundo en el quimérico sueño del Gran Israel, rechazado por las mentes más sanas, juiciosas y equilibradas del pueblo judío en los cuatro puntos cardinales.

Hay que repetirlo: no se puede identificar a los judíos con los israelíes, y a éstos, con los fanáticos seguidores del actual sátrapa sanguinario que destruye un futuro lleno de esperanza y de posibilidades.

Generaciones enteras de judíos maldecirán el nombre de Ariel Sharon cuando inevitablemente sucumba a su locura racista, genocida y criminal.

El antiguo presidente de Sudáfrica, Frederic De Klerk, se ha unido a Mandela en la denuncia de esta locura sin nombre aduciendo el ejemplo de lo que ambos consiguieron en el antiguo país donde imperaba el terrorismo de Estado de Pretoria.

Mandela, el antiguo prisionero de Robben Island, que pasó 28 años encarcelado acusado de terrorista y de saboteador por los racistas blancos compañeros de De Klerk, jamás ocultó su simpatía por el movimiento de liberación de Palestina y animó a la OLP a no perder de vista el día de la liberación y de la reconstrucción de su país en lucha contra el sionismo más salvaje, asimilándolo a la lucha que la ANC sudafricana mantuvo contra el apartheid.

De Klerk recordó ante las cámaras a los dirigentes de Tel Aviv que él liberó a Nelson Mandela en 1990 para ayudarlo a convertirse en Presidente de una Sudáfrica en paz, libertad y prosperidad, ejemplo para África entera.

Los dos recibieron el Nobel de la Paz en 1993 y juntos ofrecieron al mundo el ejemplo que hoy muestran a los gobernantes enloquecidos del Estado de Israel. A sus voces se unen las de centenares de intelectuales judíos de Israel y del mundo entero que odian la guerra y buscan la construcción común de una región con dos Estados que cooperen. Que sus voces no caigan en un desierto cuya sangre salpicará a judíos inocentes que viven pacíficamente en otros países.

 

19 de abril de 2002

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EEUU es parte en el conflicto entre Israel y Palestina

 

Hemos caído en una trampa por la influencia de los poderosos medios de comunicación: todos aceptamos como inevitable que EEUU tiene que ser árbitro en el conflicto entre Palestina e Israel.

Desde la Unión Europea hasta el Consejo de Seguridad de la ONU pasando por la misma Autoridad Palestina no acaban de comprender que los EEUU no pueden ser árbitros en un conflicto provocado por ellos o en el que han tomado abiertamente partido.

El Estado de Israel jamás hubiera subsistido sin la inconmensurable ayuda promocionada por los lobbies judíos desde sus bases en EEUU y una Alemania a cuya población han hecho sentirse culpable y pagar miles de millones de marcos como reparación por los actos criminales del partido nazi.

El Presidente de EEUU ha tomado partido por la causa del actual Gobierno de Israel: los han armado y dado la tecnología necesaria para convertir a Israel en uno de los mayores exportadores de armas del mundo. Les han proporcionado armamento nuclear y han permitido, mientras transgredían los tratados internacionales, que dispongan de armas de destrucción masiva, químicas y bacteriológicas. Sin el armamento y la ayuda de los satélites, así como la colaboración entre el Mossad y la CIA, no hubiera sido posible mantener la ocupación de territorios palestinos y la escalada de construcciones para asentar a más de 500.000 judíos traídos desde la antigua URSS: les pagan el viaje y les ofrecen vivienda gratis y trabajo. Por eso no saben dónde realojarlos al tener que retirarse como exigen las resoluciones de la ONU.

Muchísimos judíos que viven en muchos lugares del mundo disfrutando de los derechos fundamentales, al igual que el resto de los ciudadanos, están en contra del genocidio que dirige Ariel Sharon. Es más, dentro del Estado de Israel muchos ciudadanos israelíes, judíos, árabes o cristianos están en contra de estas atrocidades que les recuerdan las cometidas por los nazis en Alemania o por los racistas responsables del apartheid en Sudáfrica, en Rodhesia, hoy Zimbabwe, y tantos otros lugares.

Espanta el silencio de los responsables de la UE que no han llamado a consultas a sus respectivos embajadores en Tel Aviv. El ministro de Asuntos Exteriores español califica de "terroristas" las acciones de los palestinos y de "violencia extrema" las de los soldados israelíes. El Presidente español no deja de manifestar su sintonía con el presidente Bush, creyendo que así fortalece su postura en la lucha contra el terrorismo del que ha hecho el eje de su mandato al frente de la UE, pero no el de la justicia social y la lucha contra la pobreza.

Israel sigue recibiendo armas mientras se monta un escándalo mediático por un barco con armas para la Autoridad Palestina. EEUU utiliza un doble lenguaje en el Consejo de Seguridad de la ONU donde ha vetado la censura del Consejo mientras el presidente Bush proclama que "Sharon tiene derecho a defenderse de los terroristas palestinos".

El presidente Bush, que desconoce todo lo relativo a las civilizaciones, culturas e historias del resto del mundo, no ha vacilado en caer en el fundamentalismo de dividirlos a todos en "amigos del Bien o partidarios del Mal", llegando a utilizar el término, también fundamentalista, de "cruzada".

Los miembros de la UE, los países árabes e islámicos, así como el resto de países no alineados deberían formar un frente común ante este auténtico genocidio del pueblo palestino.

Entre otras razones por el bien del pueblo judío, que tiene derecho a vivir en paz, libre de la barbarie que este tipo de criminales –cuyo representante actual es Sharon- ha atraído históricamente sobre ellos y que podría volver a repetirse por desgracia.

 

5 de abril de 2002

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Democracia imperial por la senda de los dinosaurios

 

EEUU bombardea en Afganistán tierras empobrecidas de las que huyen poblaciones civiles aterrorizadas por una carnicería sin sentido. Una de las claves de estos desproporcionados bombardeos, a los que ninguna persona sensata podría calificar como guerra, reside en la necesidad que tenía la burbuja económica de EEUU de reforzar uno de sus pilares: las fábricas de armamentos, que actúan como locomotoras del tren del crecimiento económico, que no del desarrollo y mucho menos del progreso.

A las pocas semanas del ataque terrorista a EEUU, el presidente Bush firmó un inconcebible contrato con la Lockheed Martin por 225.000 millones de dólares, para fabricar aviones de combate que no estarán disponibles antes de tres años. Luego, el pedido no fue motivado por el ataque terrorista sino que éste sirvió de espoleta para poner en marcha un proyecto preparado desde largo tiempo. De ahí que no sea extravagante pensar que la acción terrorista fue tan útil como el ataque a Pearl Harbour, cincuenta años atrás, para sensibilizar a la opinión pública americana. La Casa Blanca conocía el ataque de los japoneses doce horas antes de producirse, por eso estaban en alta mar los mejores barcos de la escuadra. Se lo atribuyeron al cambio horario: menudo papelón para los servicios de inteligencia. Roosevelt obtuvo el pretexto que necesitaba para cumplir la palabra dada a Churchill, y para poner en marcha la reactivación de la economía americana gracias a los ingentes gastos producidos en los campos de batalla que felizmente no estaban en suelo americano.

Tampoco es un secreto que el lobby judío necesita una opinión pública americana que comenzaba a cansarse de las barbaridades perpetradas por la extrema derecha israelí, personificada en Ariel Sharon, impresentable desde un talante democrático respetuoso de los derechos humanos.

El Estado de Israel se ha convertido en un portaaviones de los intereses de EEUU en Medio Oriente en donde se encontraban las mayores reservas de petróleo controladas por capitales norteamericanos e intereses transnacionales hasta que se descubrieron las inmensas potencialidades de las ex repúblicas soviéticas en Asia Central, en torno al mar Caspio.

Todo el terrorismo de los talibán fue financiado por EEUU, Arabia Saudita y coordinado desde Pakistán, que anhelaba cubrirse las espaldas en su contencioso con la inmensa India.

Los corruptos regímenes musulmanes del Golfo y de Arabia fueron protegidos por el Ejército de EEUU y una coalición a sus órdenes tras caer en la trampa de la guerra de Kuwait. Sadam ya no era necesario una vez terminada la sangrienta guerra entre Irak e Irán para contener el ímpetu de los ayatollás, financiada por los regímenes árabes temerosos ante la escalada fundamentalista de los chiítas. Otra cosa era el fundamentalismo wahabita de Arabia cuyo dinero iba a sostener al régimen talibán para que permitiese el paso por Afganistán de los oleoductos y gaseoductos para exportar los hidrocarburos de Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajstán.

El Pakistán musulmán de los generales golpistas iba a recibir cuantiosas regalías por el tránsito del oro negro y por su desembocadura en sus puertos en el Índico. EEUU nunca permitiría una agresión a Pakistán procedente de la India. La jugada iba a ser desbaratada por la resistencia de los talibán a dejarse manejar cuando saborearon el poder al expulsar al Ejército soviético de Afganistán. Fue una sangrienta fuerza de ocupación que incurrió en las más bárbaras prácticas asesinas, como sucede con la ocupación de tierras palestinas por parte del ejército israelí comandado por antiguos miembros de las organizaciones terroristas Irgún y Stern.

No respetaron las resoluciones del Consejo de Seguridad que exigía la devolución de los territorios ocupados, el desmantelamiento de los campos de colonos judíos traídos de la diáspora mientras más de cuatro millones de palestinos malviven en campos de refugiados. No hubo embargos ni sanciones para los talibán ni para los gobiernos israelíes dominados por la ultraderecha religiosa y xenófoba. Tampoco los hubo para Pakistán ni para Arabia. Pero había que desmantelar al monstruo talibán que se les había ido de las manos. ¿Qué motivación más útil que un golpe infligido al coloso que mostró ante el mundo su vulnerabilidad y la necesidad de ser ayudado por lobbies y grupos de poder transnacionales?

Nadie niega que los autores de los atentados terroristas de septiembre en EEUU fueron musulmanes extremistas. Pero tampoco nadie puede demostrar que el Mossad no dispusiera de información suficiente que pasaron a sus colegas de la CIA. Tampoco se atreve nadie a argumentar sobre los apellidos y orígenes de muchas víctimas del World Trade Center por si algunos hubieran disfrutado de información privilegiada. La historia nos lo dirá. Quienes más se beneficiaron de la inicua agresión terrorista fueron la derecha capitalista norteamericana y los extremistas de Israel.

Después de los nueve meses de la guerra del Golfo, ésta se concluyó en cien días de batallas sobre el terreno. Incomprensiblemente, el presidente Bush padre no permitió el derrocamiento de Saddam Hussein, porque lo necesitaba para mantener el ambiente de guerra conveniente para mantener un rearme innecesario. Salvo que lo fuera para la programada invasión de Afganistán, derrocamiento de los talibán e instauración de un gobierno títere dócil a su política imperialista.

Igual sucede con el mullah Omar y Osama Bin Laden: los necesitan para proseguir la trazada política de control imperial de los recursos estratégicos en el mundo durante los próximos diez años, como subrayan Condolezza Rice, Rumsfeld y Bush.

Norteamérica es una potencia democrática mundial ensoberbecida tras la desmembración de la URSS en 1991, del cambio de política económica en China y del sometimiento servil del resto de las potencias democráticas, sobre todo las que conforman la Unión Europea.

EEUU controla la ONU, el FMI, el Banco Mundial, la OTAN y el resto de las instituciones creadas para conducir la marcha de los países del mundo hacia una convivencia pacífica. Facilitada por los logros de las nuevas tecnologías al servicio de las ciencias, que eso es la globalidad alcanzada como instrumento de progreso y no de sometimiento.

Por desgracia, esa prepotencia les impide ver que están alimentando al coloso asiático mientras exacerban el dolor y la ira de los pueblos empobrecidos que acabarán por desbordar las fronteras del Imperio en oleadas migratorias. O apoyados en las inesperadas posibilidades ofrecidas por el espanto de ataques terroristas para los que no fueron concebidos nuestros sistemas de defensa. Los potenciales terroristas no necesitan de un terrorismo organizado: este es el mayor terror, el miedo a lo desconocido.

El coloso americano no sólo tiene los pies de barro sino la mente ensombrecida por un fantasma que le fuerza a salir en campañas extravagantes mientras en su retaguardia crece el descontento provocado por la injusticia social y por la locura de no saber valorar sus innegables valores y riquezas que todos reconocemos. Quizás el gigante USA necesite, junto a la crítica razonable, comprensión para ayudarle a salir del berenjenal en el que se ha metido para que no siga la senda de los dinosaurios que destila decadentes efluvios de tristeza.

 

4 de enero de 2002

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La justicia es más rentable que la guerra

 

Una de las imágenes que más me han impresionado es la de los habitantes del poblado palestino de Beit Rima desalojados por las tropas israelíes apoyadas por tanques y helicópteros artillados. Entraron en la madrugada y los hacinaron en la plaza del pueblo. Hombres, mujeres y niños tiritaban de miedo mientras cerraban las salidas del pueblo para que en medio de gritos denunciaran a los responsables del asesinato del ultraderechista Rehavam Zeevi. Golpearon, arrancaron de los brazos de madres y esposas a quienes ejecutarían sin juicio alguno en las calles, en los olivares o en las cunetas.

Recordaban lo que las SS y la Gestapo hicieron con los judíos en sus guetos, amontonándolos a los gritos del miedo, frío en las plazas y calles de las ciudades que Bertol Brecht evocaría con vergüenza, antes de montarlos en camiones de muerte camino de los campos de concentración. Camino de la nada sin sentido, dolorida y ciega.

Es la imagen opaca y estéril de los turcos masacrando armenios, kurdos y griegos; de los esbirros del KGB amontonando a la población a punta de bayoneta, aterida en plazas con espadaña para montarlos en trenes sin luz y sin respiro para dispersarlos, allende los Urales, en las repúblicas asiáticas, o en Siberia.

Son los militares que masacraron a los indígenas en Guatemala y cuyo grito todavía surge al anochecer en busca de los hijos del maíz para que regresen, hecha triste la alegría. Y a los cielos piden los chamanes que llueva, que tiene que llover a cántaros para limpiar tanta sangre de esperanzas truncadas. ¡Somos tierra que camina!, musitan en la niebla. Son las brigadas paramilitares que, en el Cono Sur, segaron vidas, desventraron anhelos, sofocaron miedos y emascularon corazones ansiosos de libertad por el delito de pensar, por pedir justicia para todos y por atreverse a soñar un mundo en el que la vida pudiera ser un juego gozoso, en lugar de cumplir una condena dictada por poderes siniestros.

Toda la América andina, ojos inmensos, y el Caribe de azúcar, tabaco y ron; el Africa de la esperanza que alumbraran Nyerere, NKruhmah, Kenyatta, Ben Bella, Cheik Anta Diop, Lumumba, Mugabe, Chissano, Cabral, Sankara, Mandela y tantos otros. Ojalá podamos desde estas páginas rescatar del injusto olvido las gestas de tantos hombres y mujeres que animaron, padecieron y alumbraron vida y esperanzas en los pueblos colonizados como dar al harb, tierra de conquista. Y conquistada, en efecto.

Porque la mayor de las desgracias es que nos arranquen la memoria y nos pueblen con olvidos.

El Sudeste asiático padeció las razias de japoneses y de chinos, de británicos y franceses, de holandeses y norteamericanos. Corea y Vietnam, Indochina e India, Malasia y Camboya, Tibet y Birmania ¿Dónde no se derramó sangre de gentes cuyo único delito era participar en el canto de la vida negándose a aceptar que vivir fuera una condena? Por eso, surgieron los sidhis y hombres santos, Buda y Lao Tsé, Mahavira, Chuang Tzú y los maestros del Tao y del Zen, Zoroastro y los profetas de Israel, Sócrates, Jesús y Mahoma. Para entretener la espera cuyo silencio abrumaba a los hombres del camino. Al igual que en Africa y en América hicieran los ancianos y los hombres sabios, los chamanes y los curadores que se inclinaban ante el árbol para saludarlo antes de abatirlo, porque lo necesitaban para la comunidad.

¡Qué frío sentí al escuchar la voz estentórea y lúgubre del sanguinario Ariel Sharon amenazando con "arrasar Palestina"! Como sin duda sintieron tantos judíos honestos, a lo largo y ancho del mundo, que no suscriben ese extremismo suicida.

Ya parecen estar contentos los hombres de la guerra. Entrechocan cristales brindando por haber conseguido el mayor contrato militar de la historia. En Texas, la Lokheed Martin festeja los 225.000 millones de dólares para construir el avión X-35. Las fábricas texanas construirán 3.000 aparatos mientras su rival, Boeing, anuncia el despido de 30.000 trabajadores. ¡Qué más les da! Ya gestarán otra guerra, o algún conflicto importante pues ya no quedan Estados que se arriesguen a una guerra ni tierras que las soporten salvo los páramos de Afganistán, o algunos de los múltiples escenarios que tiene diseñados el Pentágono, obviamente en lo que ellos denominan Tercer Mundo.

Llevaban años luchando por este contrato. Bush tenía que compensar por su apoyo a los fabricantes de armas texanos como está haciendo con los petroleros. Les hacía falta un conflicto serio después del pavoroso descanso que siguió a la Guerra del Golfo, y a la desazón por no poder seguir armando a dictadores corruptos de Africa, América y Asia, ya que su lugar lo ocuparon los traficantes de armas provenientes del deshielo. Qué paradoja. Menos mal que estaban sostenidos por los blanqueadores del dinero del crimen y del narcotráfico en esos paraísos fiscales que albergan cuentas siniestras protegidas por el sacrosanto principio del secreto bancario.

Después se extrañan de la proliferación de la droga como evasión, del alcoholismo creciente, del grito ahogado en una sociedad dominada por el fundamentalismo del pensamiento único que proclama que el triunfo es para los mejores (bajo la máxima errónea de "cuanto más, mejor; en lugar de cuanto mejor, más"); que no hay sociedad, tan sólo individuos.

La injusticia social alimenta víboras y escorpiones de un malestar que revienta en fanatismos, en fundamentalismos y en locas carreras hacia ninguna parte pero envueltos en el estruendo de balas, misiles, humo o gritos para ahogar el insoportable silencio.

Mientras tanto, miles de toneladas de bombas siguen cayendo sobre el empobrecido Afganistán cuyo pueblo paga las consecuencias de unas guerras de ajedrez con las piezas trucadas: los alfiles son tuertos, las torres de escayola, los caballos sin patas, regidos por una reina loca mientras los peones corren despavoridos.

Desde el 11 de septiembre el presidente de EEUU ha conseguido que el Congreso y el Senado liberasen 60.000 millones de dólares para los gastos de la guerra mientras se reducían 100.000 millones en recortes tributarios para contener la recesión económica.

Una corriente explosiva presiona en Washington por extender la guerra desde Kabul a Bagdad en un Armagedon de incalculables consecuencias.

Mientras tanto, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, con su Premio Nobel de la Paz al frente, permanece en silencio estruendoso.

Con lo que se emplea en esta locura que debió atajarse por otros medios que por los de una obsoleta guerra, hubiera bastado para erradicar el hambre, la ignorancia, la enfermedad endémica, evitar la explosión demográfica y mantener vivo a un planeta maltratado y enfermo. El Informe del PNUD de 1998 cifraba en 40.000 millones de dólares al año, durante diez años, para reparar esas lacras que están en la raíz de tanto malestar y de tanta locura que nos abisma hacia una nueva noche de la historia.

Ojalá sepamos reaccionar. Olvidamos que la justicia es más rentable que la guerra.

 

5 de noviembre de 2001

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Revolución social inaplazable

 

"Estoy amargamente decepcionado pues no hemos sabido responder a la amenaza del terrorismo internacional y temo que hayamos contribuido a incrementar el nivel de violencia en el mundo". Así se expresaba el 18 de diciembre de 1972 ante la Asamblea General, George Bush, entonces Embajador de EEUU en la ONU.

Tres meses antes, el mundo entero se había conmocionado por los atentados terroristas en la ciudad olímpica de Munich. El Secretario General, Kurt Waldheim, había inscrito en el orden del día "medidas para prevenir el terrorismo" con un proyecto de Resolución. Intervino el Embajador de Arabia, Jamil Barody, para proponer "el estudio de las causas subyacentes a ciertas formas de terrorismo que se apoyan en la miseria, la frustración, las injusticias y la desesperanza que llevan a ciertas personas a sacrificar sus vidas y las de sus semejantes en un esfuerzo para provocar cambios radicales". Por supuesto, el embajador Bush retiró un proyecto que, afrontado con valor hace treinta años, quizás hubiera contribuido a la necesaria revolución social en un mundo cuyas instituciones van por detrás de sus logros científicos y técnicos mientras ahondan la fractura entre sociedades más que entre civilizaciones.

En 1991, EEUU consiguió establecer su prepotencia económica sobre Oriente Medio instalándose militarmente en los feudos de las dinastías petromafiosas del Golfo Arábigo. Excepto Irán, controlaron las importantes reservas de petróleo indispensables para mantener su nivel de desarrollo.

Diez años más tarde, otro musulmán de Arabia Saudita, Osama Bin Laden, millonario y preparado intelectualmente, convocaba a los musulmanes del mundo – no sólo a los árabes - a alzarse contra EEUU. Como veinte años antes, él mismo había ayudado a los talibanes, entrenados en Pakistán y financiados por EEUU, contra el Ejército Rojo que se había instalado en Kabul en 1979. En su día, la antigua presidenta de Pakistán, Benazir Bhuto, había advertido al viejo Bush: "ustedes han creado un monstruo que se rebelará como Frankestein".

A pesar de que el 13 de septiembre Bin Laden declaraba que aunque él "no había ordenado el bombardeo (sic) de EEUU, lo sostenía porque era la reacción de los oprimidos contra el poder de los tiranos", por todos los bazares desde Yakarta hasta Marrakech se extendió como la pólvora el mito de un nuevo Mahdi, o Enviado, dirigiéndose al pueblo de los creyentes, a la Umma, que no sabe de fronteras. El 7 de octubre juró "por Dios, que América no conocerá la seguridad hasta que no la consiga Palestina" en su escenificada aparición televisiva. Sabía lo que decía y a quienes se dirigía con voz dulce y gestos medidos, con un estudiado aspecto, con la gruta y los compañeros que, en el imaginario de cualquier musulmán, rememoraban al Profeta y a los compañeros que le acompañaron desde Medina para reconquistar La Meca. No hubo palabra sin motivo: "la batalla de Jerusalén" que evocaba a Saladino vencedor de los Cruzados, "la tragedia de Al Andalus" cuando los cristianos expulsaron a los musulmanes de España, "la humillación y la desgracia" padecidas en Medio Oriente desde la caída del Imperio Otomano, en 1918, hasta la afrenta del Sionismo apoderándose de Palestina y amenazando con la locura ultraderechista del Gran Israel.

Una vez más, una proposición no tiene por qué ser cierta para que arrastre a las muchedumbres. La Historia es un mosaico de ejemplos: esclavitud, etnocentrismo, razas superiores e inferiores, religiones beligerantes embutidas de pretendidas misiones que ignoraban derechos humanos, postergación de la mujer, prepotentes derechos de conquista de tierras y de pueblos "para que los evangelizasen", a cruz y a espada. La historia de China, India, África, América y del mundo reposa sobre no pocas mentiras repetidas hasta que terminan por creerse.

Pareciera que con la disolución de la URSS, en 1991, se iban a aprovechar los dividendos de la paz para hacer un mundo más justo y solidario. A la Guerra Fría sucedió el fundamentalismo del pensamiento único, el control de la globalización por poderes transnacionales que ahogaron la política, la sociedad y la esperanza. Como Margareth Thatcher sentenciara "No hay sociedad, sólo individuos".

Cabía esperar que después de la Guerra del Golfo los Aliados hubieran comprendido que pisaban el acelerador de un potente vehículo con la mirada puesta en el retrovisor. Ni derrocaron a Sadam ni, desde hace diez años, han dejado de bombardear continuamente al pueblo iraquí en un embargo decidido por EEUU y Gran Bretaña al margen de la ONU. Los mismos que ahora lideran la ofensiva en Afganistán en una guerra inútil e innecesaria si lo que quieren es castigar a los dirigentes terroristas del grupo de Bin Laden.

No ha pasado más de un mes y el terror y el sufrimiento han logrado acercar a líderes que parecían irreconciliables. Parece increíble que el diálogo que hoy nos parece normal, lo tuvieran por imposible los dirigentes de la OTAN y del G8 hace unas semanas.

No se ha sabido ver así y el esperado nuevo paradigma, pasó a manos de los grandes intereses económicos sin alma, arraigo ni esperanza de futuro. Contra esta injusticia social y contra el malestar de una sociedad sin rumbo fue contra lo que se alzó la sociedad civil en algo más que "algaradas antiglobalización", como algunos trataron de descalificar. Ahora comienzan a asumir que no estaban tan locos quienes buscaban propuestas alternativas a la gestión de la globalización.

Bin Laden es tan anacrónico como el proyecto hegemónico de EEUU y de sus aliados. Durante años nos habían deslumbrado con la fuerza imparable de la Nueva Economía, el poder de la mano invisible para conducir las finanzas, la magia de la Bolsa y la necesidad de adaptarse a los reajustes estructurales del FMI. Poco antes de que se derrumbaran las Torres Gemelas se venía abajo su flamante economía anunciando una recesión.

Se empeñan en olvidar que los inesperados y espantosos atentados de Nueva York y Washington fueron "avisos" de quienes hubieran podido meter en cada avión estrellado maletas con artefactos nucleares.

Alguien intenta ofuscar a la opinión pública para justificar la expansión de un imperio amenazado en el flanco irracional de los fundamentalismos integristas aliados a la pobreza y a la miseria de los excluidos mientras éstos contemplan el crecimiento del Norte sociológico a costa de los recursos del Sur.

¿Dónde queda ahora la amenaza de los Estados basura que "justificaban" un Escudo antimisiles a mayor gloria de quienes ven en Wall Street cómo se disparan sus acciones? Soy incapaz de imaginar a un ser humano invirtiendo a futuros en la industria de la guerra y de la muerte.

No es posible sostener esta postura de espectadores impotentes. Es preciso actuar desde todos los frentes para que llegue la voz de los sin voz. Es un imperativo ético para que nuestros hijos no se avergüencen de nosotros porque, pudiendo tanto, nos atrevimos a tan poco.

 

26 de octubre de 2001

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

África

 

Neocolonialismo en países empobrecidos

 

La FAO alerta del neocolonialismo de tierras en los países del Sur por especuladores con materias primas y alimentos. Es un loco rally de países emergentes y corporaciones multinacionales por controlar tierras de cultivo y  con reservas de agua en países latinoamericanos, asiáticos y africanos. Nadie podrá decir que no se había denunciado la burbuja inmobiliaria, las hipotecas tóxicas, los hedge funds y los paraísos fiscales.  Así como la agresión al medio ambiente. Pero la codicia de los especuladores va pareja con su ceguera.

El director general de la FAO no ha dudado en calificar a estas operaciones como neocoloniales, mientras que organizaciones de la sociedad civil alertan de que los más perjudicados van a ser los pequeños agricultores, pastores y poblaciones que hoy se autoabastecen y respetan el entorno con cultivos alternativos. Muchos de ellos sin más títulos de propiedad que los usos y costumbres. Presa preciada para especuladores y dirigentes sin escrúpulos.

Las tierras que van a roturar para cultivos intensivos se verán asoladas y las harán estériles con el uso extensivo de pesticidas, herbicidas y abonos. Así hicieron los colonizadores europeos con la implantación del monocultivo que ocasionó la desertización como nunca antes había sucedido.

La FAO fija en más de mil millones el número de personas hambrientas en el mundo con un incremento tan dramático como rápido y que empeorará con la crisis económica mundial.

En un documentado reportaje, Lali Cambra aborda el acuciante problema de países como China, India, Japón, Malasia, Corea del sur, Egipto, Libia y los emiratos del golfo pérsico con gran crecimiento económico y demográfico. Mientras tanto, escasean las superficies agrícolas y el agua, codiciada como oro azul, igual que lo fueron el amarillo y el negro petróleo. Brasil prepara un cambio de su legislación para exigir mayor transparencia y participación local en las inversiones de capitales extranjeros.

La mayoría ya son importadores de comida, como antes lo fueron de materias primas y de mano de obra barata. Hoy pretenden asegurarse una reserva de alimentos, incapaces de reconocer el derecho de los productores del Sur a participar en el mercado mundial en contra de las subvenciones agrícolas y de las barreras aduaneras. La OMC será culpable de gran parte de esta locura.

Las firmas de inversión también participan del furor por la tierra, escribe la autora. Ante la volatilidad de los mercados, buscan fondos seguros a través de la adquisición de fincas. Muchas están interesadas en comercializar cereales, pero también en la producción de biodiésel, muy controvertido. Si bien es sustituto “ecológico” del petróleo, el cultivo intensivo por grandes empresas de terrenos ganados a espacios naturales, (o adquiriendo tierras antes cultivadas por pequeños agricultores que pasan a ser jornaleros), tiene el efecto contrario al deseado.

En Tanzania, más de media docena de firmas del Reino Unido, Suecia, Holanda, Japón, Canadá y Alemania (con un proyecto para biodiésel de 200.000 hectáreas) han comenzado sus operaciones. Pero no son sólo los biocarburantes los acicates a la presión comercial sobre la tierra. Y cita Cambra al portavoz de International  Land Coalition, Michael Taylor: “los controvertidos créditos de carbono, surgidos a raíz del Protocolo de Kyoto, con los que las empresas contaminantes pueden ‘comprar’ su excedente de emisiones a industrias más limpias o sufragar proyectos ecológicos en países pobres, también contribuyen al fenómeno”.

Así, desde su instauración, el mercado financiero basado en estos créditos mueve más de 2.000 millones de euros anuales.

Una empresa coreana proyecta alquilar por 100 años la mitad de la tierra cultivable en Madagascar para plantar maíz para llevar a Seúl. En la isla, más del 70% de la población vive bajo el umbral de la pobreza y más de medio millón de personas recibe asistencia del Programa Mundial de Alimentos.

Los países importadores, advierte la FAO, deberían preguntarse si es necesario adquirir la tierra sin estudiar otras posibilidades, como la formación de empresas conjuntas o la firma de contratos bilaterales equitativos con los países empobrecidos, que “deben asegurarse de que las condiciones del acuerdo son beneficiosas, proporcionan empleo, transferencia tecnológica y se imbrican en la economía local”.

Pero ¿quién defenderá su causa en equidad y en justicia? La voracidad de los explotadores es insaciable mientras el mundo mira para otro lado, como siempre.

 

12 de diciembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Despotismo humanitario en África

 

El 25 de mayo se celebra el día de África que marca el aniversario de la fundación de la Unidad Africana, “voz de África en el escenario internacional y un abogado en casa para el progreso y la paz”, según Kofi Annan.

Ya hace algún tiempo, Annan denunció a los países ricos por reducir en un 24% la ayuda humanitaria y aseguró que el hambre hacía peligrar el futuro de 12 millones personas en África. Solicitó un esfuerzo especial cuando la atención mundial había vuelto sus ojos y su dinero a otras crisis, Kosovo, Afganistán e Irak y el resto de países considerados por Washington “contrarios a sus intereses”. Sus palabras no sirvieron para movilizar a la comunidad internacional y más de 20 millones de africanos están amenazados por el hambre y el SIDA, cuando se podía haber actuado.

Quizá haya llegado el momento de hablar menos de ayuda humanitaria y denunciar las corrupciones y abusos por parte de los poderosos del norte sociológico, en connivencia con dirigentes corrompidos de pueblos empobrecidos del sur. Se abusa del concepto de humanitario alzándose los Estados, los ejércitos y los grupos de presión económica y financiera con el monopolio de un nuevo despotismo que no dudo en calificar de despotismo humanitario. No deberíamos invocar tanto la ayuda humanitaria como la justicia en nuestras transacciones comerciales y sociales. Si se pagara el precio justo por las materias primas que se les expolia, obligándolos a monocultivos intensivos que desertizan las tierras; si se impusiera un embargo absoluto en la venta de armas de manera que ningún país miembro de la ONU pudiera vender armas a los Estados africanos; si se detuviera la proliferación de fábricas sucursales del norte que se instalan en África para explotar la mano de obra barata sin seguridad social alguna; si se reconociera que la deuda externa ya está pagada con creces y que muchos países necesitan el 60% de su renta nacional para pagar los intereses de la misma; si no se invadieran sus mercados con los excedentes de producción de las industrias del norte creándoles necesidades y dependencias por la imposición del modelo de desarrollo neoliberal, que se ha revelado eficaz sólo donde ha habido posibilidad de explotar materias primas y mano de obra barata de otros pueblos; si se llevara a los tribunales penales internacionales a las multinacionales y potencias corruptoras, así como a los dirigentes corruptos de esos países; y si se cooperara en situación de igualdad con esos pueblos para ayudar en un desarrollo endógeno, sostenible, equilibrado y global –de acuerdo con sus idiosincrasias, culturas y características propias-, se estaría contribuyendo a una verdadera relación humana y justa que va más allá de una ayuda económica esporádica, siempre de acuerdo con los intereses de los países donantes.

Ya está bien de prepotencias, mentiras y falsos problemas. África es un continente rico en pueblos, culturas y civilizaciones, rico en materias primas, en tierras regadas y en bosques. Es la mayor reserva del mundo en toda clase de minerales. Quizá por eso no pidan 'ayuda humanitaria', sino que prefieran más justicia y solidaridad. El ex presidente de Tanzania, Julius Nyerere, dijo a una comisión de donantes de países del Norte: "Por favor, no nos echen una mano, quítennos el pie de encima". Para que no le sucediera como a Jomo Kenyatta, primer presidente de Kenia, que decía de los ingleses "Cuando vinieron, ellos tenían la Biblia y nosotros las tierras; ahora, ellos poseen las tierras y a nosotros nos dejaron la Biblia".

Cada día se alzan más voces reclamando la reparación debida por la expoliación que las potencias europeas realizaron en África durante quinientos años.  La mejor manera de 'ayudarles' sería retirándonos y reconociendo su mayoría de edad y capacidad para relacionarse con otros países y con otros modelos de desarrollo económicos distintos en términos de igualdad.

 

16 de mayo de 2003

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Argelia en la encrucijada mediterránea

 

Más de cien mil argelinos muertos desde la anulación de las elecciones de 1991, en las que vencieron los integristas islámicos. Occidente respaldó al Ejército por temor al fundamentalismo que se presenta en una amalgama de talibanes afganos, ayyatolas chiítas, terroristas de embajadas americanas en Nairobi y Tanzania, o sudaneses resistentes a la penetración armada de los buenos negros cristianos desde el sur, con armas de Uganda. Por eso EEUU bombardeó una fábrica de productos farmacéuticos en Jartúm (Sudán), por si eran de doble uso. Por eso se mantiene un embargo inhumano contra el pueblo iraquí y hasta hace poco contra el libio.

Ahora toca el turno a los beréberes de la Kabilia argelina. En primer lugar, no existe el pueblo "beréber"; éste era el nombre de "bárbaros" con que los designaban los invasores romanos por no saber hablar el lakoiné dialektós, lengua franca del Imperio. El norte de Africa fue conocido durante siglos como Berbería. Berber es un nombre genérico dado a numerosos grupos étnicos que comparten prácticas culturales, políticas y económicas.

Los pueblos de lengua tamazight habitaban el norte de Africa desde mucho antes de la invasión árabe y aún de la de los vándalos, de los fenicios que fundarían Cartago, de los griegos y de los romanos.

Existen muchas etnias que proceden de ese tronco común y que se extienden por trece países con 30 dialectos diversos y su propia escritura libico-tamazight, llamada tifinagh. Desde Argelia (tuat, shawiya, shila y zenatas) a Marruecos (drawa, dades, mesgita, seddrat y zeri), pasando por Libia (luata, nefusa, adassa), Túnez (jerba), Níger, Mali, Mauritania, Nigeria, Egipto y Burkina Fasso. ¿Dónde podríamos enraizar a los pueblos tuaregs?

La conversión al Islam de todos ellos no les hizo perder señas de identidad características: mujeres sin velo, que conservan la dote y administran su patrimonio, aparte del derecho a repudiar al marido desleal, vago o infame. No olvidemos que hasta la llegada de los deportados andalusíes y moriscos, en los siglos XV y XVII, no se completó su arabización.

Los pueblos de lengua tamazight no practican el Ramadán cuando viajan. Muchos son nómadas, pero los del Norte son hábiles agricultores y mejores comerciantes que abrieron las antiguas rutas comerciales con el África subsahariana.

No olvidemos que si en Argelia hay unos 2.360.000 "beréberes", en Marruecos superan los 6.400.000. Pero nunca han reclamado soberanía o independencia, sino el reconocimiento de la necesaria autonomía para conservar y desarrollar sus características culturales. El propio Mohamed V se las reconoció al regreso de su vergonzoso exilio en Madagascar impuesto por los franceses. Entre sus derechos reconocidos por un dahir está el cultivo del cannabis en el Rif.

Argelia es el país más extenso y más rico del norte de Africa con treinta millones de habitantes. Los franceses la invadieron en 1840 para no pagar una deuda por importación de trigo que arrastraban desde el gobierno revolucionario y Napoleón. Castigaron su insolencia con el desembarco de 36.000 soldados a los que siguieron otros 115.000.

En 1873 expropiaron las ricas tierras de labor para dárselas a 500.000 colonos franceses y a más de un millón al final de la Segunda Guerra. Toda la economía e industria argelina fue reorganizada para servir a los intereses de Francia. Más de 8.000 aldeas fueron destruidas, un millón de argelinos masacrados por un ejército francés de 500.000 soldados, bajo la pretensión de "Argelia francesa" hasta que De Gaulle reconoció la "Argelia argelina" tras los acuerdos de Evián de 1962.

Esa atroz guerra de Argelia fue mi primer destino como corresponsal. Conocí la Kabilia y recorrí el país desde el rico oranesado y las fértiles tierras del norte hasta los pozos de Hassi Mesa Oud.

Ésa es la madre de todos los corderos: el petróleo y las mayores reservas de gas del Mediterráneo. Los grandes intereses petroleros transnacionales no pueden admitir una Libia y Argelia autónomas, ricas, desarrolladas que comercien libremente con los países mediterráneos y el resto de Europa.

Además, Argelia tiene la más rica vega del norte de África que, junto con la de Túnez y la de Marruecos arrancado a las oligarquías vinculadas a Palacio, pueden abastecer a Europa de productos tempranos. El Magreb es una exigencia ética envenenada por el problema saharaui emponzoñado por una España abandonista que no hizo frente a sus responsabilidades históricas. ¿El camino? El reconocimiento de una autonomía en un Magreb más rico, más libre y con mayor justicia social.

Los responsables de la falsa guerra civil argelina son los militares corruptos al servicio de intereses transnacionales. Baste leer los testimonios del coronel Habib Souaida y su libro testimonio "La guerra sucia", publicado en Francia, en el que denuncia lo que es público y que el presidente Buteflika no quiere reconocer: tropas argelinas disfrazadas como rebeldes participaron en masacres de civiles y echaron la culpa a los fundamentalistas, mientras torturaban a musulmanes hasta matarlos.

Los inadmisibles excesos del fundamentalismo islámico no se corrigen con la brutalidad de los militares que tienen maniatado a Buteflika. Mucho menos con pretendidas luchas étnicas atribuidas a las gentes de lengua tamazigth. Al final, prevalece el prejuicio etnocentrista "son bárbaros que no saben gobernarse, luchas tribales y conflictos religiosos". Argelia, con Libia, Túnez y Marruecos tienen un porvenir maravilloso y fundamental para el equilibrio y prosperidad de un Mediterráneo recuperado como espacio de encuentro y no de frontera.

 

1 de junio de 2001

 

 

La lucha continúa

 

Con estas palabras Samora Machel proclamó la independencia el 25 de junio de 1975.

Mozambique tiene una extensión como la de la península Ibérica, diecisiete millones de habitantes (cuya esperanza de vida no supera los 46 años), con una mortalidad infantil de 146/1000 y un médico por cada 40.000 habitantes. Sólo tiene agua potable el 33% de la población y el analfabetismo alcanza el 66%.

Es uno de los países más pobres del mundo, porque fue esquilmado por una colonización implacable. Desde el siglo XV los portugueses destruyeron el comercio con Oriente: marfil, oro de Zimbabwe, hierro, porcelanas, tejidos, cristal. Acabaron con la autoridad del Monomotapa de los karanga que garantizaban la seguridad para el comercio y la vida social: ningún pueblo dejaba de tener su sustento que se conseguía en común. Cuando el sultán de Zanzíbar arrojó de sus tierras a los portugueses, éstos se atrincheraron en Mozambique dedicados a la captura de esclavos. Un millón de mozambiqueños emigraban a las minas de oro sudafricanas para hacer trabajos inhumanos.

En 1963, Eduardo Mondlane creó el FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique). En 1969, caía asesinado por agentes de la PIDE. La imposibilidad de ganar las guerras coloniales llevó a los capitanes del ejército portugués al levantamiento del 25 de abril con la Revolución de los Claveles. El 25 de junio de 1975 se proclamó la República Popular de Mozambique y Samora Michel prometió solidaridad con los independentistas de Zimbabwe y de Sudáfrica. El FRELIMO decretó la nacionalización de la banca, de la enseñanza, de la sanidad y de varias empresas multinacionales, y se promovió la creación de aldeas comunales para organizar formas colectivas de producción y poder atender a los campesinos, al tiempo que se promovieron campañas de vacunación y enseñaron los rudimentos de la higiene. La reacción del mundo capitalista fue total y el embargo económico, cierre de industrias, destrucción de infraestructuras y el expolio de todo lo que se llevaron los colonos ahogaron toda posibilidad de despegue. El régimen racista de Sudáfrica expulsó a los trabajadores mozambiqueños. Entonces se creo el RENAMO (Resistencia Nacional Mozambiqueña) financiado por exsalazaristas y formado por mercenarios.

En 1985, el terrorismo del REMANO y una terrible sequía llevaron al país a la miseria. En octubre de 1986, el avión en que regresaba Samora Machel de Zambia fue abatido sobre territorio sudafricano. En aquel encuentro habían participado los presidentes de Zambia, de Zaire y de Angola para enfrentarse a las agresiones de Sudáfrica a sus países. Elegido presidente Joaquim Chissano, se aprobó una política más flexible para las inversiones extranjeras con un régimen de economía mixta hasta que, en 1992, el Gobierno de Mozambique y el RENAMO firmaron en Roma un acuerdo de paz para poner fin a 16 años de una guerra que causó más de un millón de muertos y cinco millones de refugiados. El RENAMO lo violó y sus acciones terroristas causaron la destrucción de 900 tiendas rurales, 495 escuelas primarias, 86 centros sanitarios y 140 aldeas comunales.

Mozambique tiene la agricultura desmantelada y la mayor siembra de minas antipersona del planeta. Esta fue la herencia de una política colonial salvaje e inhumana cuyos herederos luchan desde Sudáfrica para instalarse y hacerse con los recursos de un país martirizado.

 

3 de marzo de 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La dictadura del petróleo

 

Nigeria es uno de los países más ricos de África con una de las poblaciones más pobres del mundo. Con una superficie equivalente al doble de España (923.768 km2), tiene 120 millones de habitantes, lo que significa que uno de cada seis africanos es nigeriano. Con un 43% de analfabetismo y un médico por cada 6.000 habitantes no es de extrañar que la mortalidad infantil supere los 95 cada 1000. La población está concentrada en el sur y tiene una densidad urbana cercana al 40%. Los ingredientes son explosivos. Es el mayor productor de petróleo de África y el quinto del mundo con la mejor calidad en octanaje. De ahí procede el 90% de sus divisas, lo que explica su dependencia del mercado internacional controlado por las siete petroleras que deciden su inestabilidad política, las sucesivas dictaduras militares y mantienen una de las administraciones más corruptas del continente. La economía de Nigeria está en manos de Shell, Mobil, Chevron, Texaco, Elf, Total y Agip que extraen cerca de dos millones de barriles diarios. La Shell tiene un papel preponderante en el delta del Níger y está acusada de genocidio con el pueblo ogoni así como con los ijaws. En 1995 hicieron ahorcar al escritor Ken Saro-Wiwa que promovía el movimiento de resistencia ogoni (MOSOP) mientras el Premio Nobel Soyinka tuvo que exiliarse. Las reservas de gas de Nigeria se estiman en 3,6 billones de metros cúbicos lo que lo convierte en el tercer país del mundo en combustibles de origen fósil. Tiene una deuda externa de 35.000 millones de dólares cuyo servicio consume el 40% de sus exportaciones. El PNB ha descendido a 260 dólares por habitante. Pero Nigeria es uno de los países claves para EEUU, junto con Colombia, Indonesia y Ucrania. La población está compuesta por numerosas etnias que inducen a la confusión. Predominan los hausas y fulanis, seguidos de los yorubas e ibos. Los hausas son la mitad de la población y, más que un pueblo, se trata de una lengua poderosa hablada por más de cien millones de personas con un rico y secular pasado cultural unificador. Si olvidamos esto, nos perderemos en el piélago de noticias con las que nos intoxican: siempre hablan de querellas interétnicas y conflictos religiosos. Hay que hablar más bien de intereses foráneos, de corrupción sostenida y de uno de los estados más artificiales de África que obtuvo su independencia, en 1960, de Inglaterra que la ocupaba desde 1914. Pocos pueblos en el mundo se pueden equiparar a las tierras de Nigeria en culturas conocidas desde el siglo IX, estructura estatal, monarquías controladas por asambleas y alcaldes al frente de municipios con poderes efectivos. En contacto con el Imperio de Malí se islamizaron de los siglos XII a XIV y se convirtieron en los mayores exportadores de esclavos y de eunucos para clientes árabes del norte. Son impresionantes las terracotas y esculturas en bronce de los siglos X y XI de Ifé, Oyo, Ilorín y Benin. Francia estimuló el separatismo de los ibos del sur para hacerse con sus yacimientos de petróleo. No olvidemos que el origen del movimiento de cooperación internacional surge con la terrible guerra de Biafra, en 1967, que causó cerca de un millón de muertos. Una serie de dictaduras militares promovidas por las multinacionales del petróleo han mantenido una inestabilidad que ahora se reviste de conflicto religioso. Alunos intereses buscan una secesión de las tierras del sur y el conflicto de Nigeria sólo es abordable en la relación geopolítica con sus vecinos musulmanes del norte profundizando en la federación de Estados y no en el desmembramiento de las zonas ricas en minerales e hidrocarburos. Los pueblos africanos tienen derecho a repensar su estructura sociopolítica de nuevo.

 

25 de febrero de 2000

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

América Latina

 

Mantengan prendida una luz

 

Sorprenden las pintadas con graffitis y chapeteos en las paredes de nuestras ciudades. En muchas películas, como Ciudad de Dios, ya constituyen el principal argumento, pero desde la violencia, desde la amenaza que representan para el orden que ven amenazado por estas pandillas. Los medios de comunicación han incorporado el tema de los raperos, pandilleros, violencia juvenil y drogas en un magma de difícil inteligencia. Tampoco los romanos entendían las señales que les enviaban los bárbaros que padecían la expansión del Imperio.

Desde EEUU a Latinoamérica y a las urbes europeas han llegado las bandas, pandillas y las maras (de marabunta). Son diferentes, pero con muchos rasgos comunes que tienen que interesarnos si queremos abordar en sus justos términos el problema que plantean. Es preciso tratarlos como sujetos y no como a problemas sin rostro a resolver por la policía. Son los invisibles que ahora meten ruido.

Organizaciones de la sociedad civil, como Ser Paz, en Ecuador, han aceptado el desafío de “reconstruir ciudadanía apoyándose en las fortalezas que estos grupos tienen, potenciando sus capacidades y formas de expresión, utilizando sus liderazgos, sus formas de cohesión para revertir el proceso marginal de las pandillas para reconstruir el tejido social de la ciudadanía que les rechaza”.

La alarma se produce cuando hemos sabido que los jefes de bandas latinoamericanas han transmitido collares que los identifican a otros jefes constituidos en Europa con sus códigos secretos, sus tatuajes simbólicos, sus lenguajes con los dedos y la posición de las manos y con el cuerpo, con la indumentaria (pantalones anchos caídos, zapatos y colores determinados, corte de pelo, pañuelos y gorras en distintas posturas, piercing y lentes) y con bailes como el breakdance.

Disponen de estructuras que representan unas culturas ciudadanas con poderosos lazos de fraternidad y de solidaridad entre sus miembros. Hasta la muerte por el grupo, aunque haya que esculpirla con lágrimas negras en las mejillas. Las maras y pandillas se componen de 20 o 30 miembros sin cadenas de mando ni reglas escritas que se reúnen en parques para conversar, planear y “echar cabeza”.

Las naciones son grupos de un centenar de integrantes que obedecen a un jefe, con organización jerárquica y piramidal semejante a la militar y a la religiosa con sus ceremonias de iniciación y el “amor de corazón”.

Imperios son las naciones sometidas a una autoridad y que respetan una jerarquía con un poder compartido.

El graffiti tiene un valor artístico y es una explosión de color y de formas que expresan caricaturas, paisajes oníricos y escrituras elaboradas. Chapetear es marcar sus territorios con las letras que se ven en las paredes de los barrios.

Los analfabetos somos nosotros por ser incapaces de descodificar esos mensajes al ignorar sus polifacéticos lenguajes. Desconocemos el significado de una corona con unos ceros encima, o el de las letras atormentadas o gloriosas que campean en las fachadas. No somos capaces de escuchar el grito de soledad que nos envían desde sus fraternidades construidas como las antiguas comunidades en territorio extraño.

Son jóvenes entre 13 a 30 años, muchos de los cuales pertenecen a una misma familia entre sí y han huido de un entorno hostil. Rompieron los mecanismos usuales de integración en la sociedad -educación y trabajo-, después, vino la separación afectiva y el desapego a su propia vida.

Son productos de una sociedad violenta, conflictiva y a menudo inhumana en la que sobreviven los más crueles o los más hipócritas. Por eso responden con violencia, afirmándose en comunidades que les dan seguridad y afecto. Las bandas son comunidades emocionales de víctimas que se convierten en victimarios.

De ahí la actitud positiva de Organizaciones como Ser Paz para recoger el desafío de estos jóvenes. Parten de elementos que se encuentran en las mismas bandas para una acción desde lo cultural y sacarlos de la clandestinidad, e integrarlos en la sociedad para que aporten sus valores. Buscan apoyarse en los liderazgos existentes y en la capacidad de convocatoria que los grupos tienen. Asumen que el respeto a la autoridad y al orden jerárquico que los jóvenes viven en sus organizaciones puede derivar a liderazgos positivos si se realiza un trabajo adecuado. Ante la creatividad demostrada en sus vestidos, bailes y pinturas, ellos mismos proporcioan los elementos para generar propuestas creativas en cerámicas, decoraciones, ropas y bisutería. La generación de espacios donde puedan demostrar sus habilidades les daría la posibilidad de salir de la clandestinidad y hacerse visibles desde la propuesta y nos desde la confrontación. Valoran la capacidad de adaptación, que les puede llevar a actividades lúdicas y técnicas ligadas al diseño, al marketing. El sentido de lo erótico, del valor y la expresividad del cuerpo puede llevar a nuevas formas de relación en un mundo competitivo del que la caricia está ausente y desterrada la ternura. Rescatar el valor de los afectos que la pandilla tiene para sus miembros.

Una tarde, en Quito, un graffiti me golpeó muy fuerte: “Siempre voy a volver, mantengan encendida una luz”.

 

1 de octubre de 2004

 

 

 

 

 

Asia y Pacífico

 

La población mundial amenazada

 

Japón ha visto descender su población en 2005 por primera vez en su historia. Es la segunda potencia económica que, con 127 millones de habitantes, es la décima en población. La alarma ha sonado y no podemos dejar de reflexionar sobre las consecuencias de este gran giro en la historia de la Humanidad. La ONU ya había lanzado su alerta por el desequilibrio que supone el imparable descenso de las curvas demográficas en los países más desarrollados, con el consiguiente envejecimiento de sus poblaciones.

Las estadísticas japonesas muestran que su país tendrá menos de 100 millones de habitantes en 2050 y menos de 50 hacia 2100. Es una población bien alimentada y cuidada sanitariamente con la mayor esperanza de vida del mundo: los hombres 77 años y las mujeres 84. La tasa de fecundidad japonesa es una de las más bajas del mundo, si exceptuamos la española, y le siguen las de los países de la Unión Europea. El problema es que al descenso de la natalidad se une el envejecimiento de la población con los consiguientes riesgos para cubrir puestos de trabajo, cotizaciones a la seguridad social y garantía de pensiones. Dentro de pocos años, cerca de un tercio de la población japonesa tendrá más de 65 años, de los que un 20% superará los 75. No es casualidad que la alarma se haya disparado en ese país por coincidir la caída en la tasa de natalidad con el mayor envejecimiento de la población sin disponer del alivio de una inmigración creciente que, en otros países, resolverá muchos de los problemas citados aún con el riesgo de modificar modos de vida, cultura y tradiciones.

Japón tiene una de las tasas más bajas de inmigrantes del mundo, un 1’5% de la población. Viven su insularidad hacia dentro con un rechazo cultural a casarse con los pocos inmigrantes admitidos. Esta serie de factores hacen de Japón un caso extremo al tiempo que un precursor para otros países como Alemania, tercera potencia económica, e Italia que van por el mismo camino. Otro caso es Rusia, el más extenso país del mundo con enormes reservas en riquezas materiales y estratégicas, pero con una población que no sólo decrece imparablemente sino con incremento de la mortalidad por el sida, la alcoholemia y el desmoronamiento de sus sistemas de salud.

La población del planeta se ha incrementado de manera exponencial hasta alcanzar los 6.500 millones actuales. En 1802, éramos unos mil millones de personas, dos mil millones en 1927 (125 años después), tres mil millones en 1961 (34 años más tarde) y cuatro mil millones en 1974 (13 años después). Lo impresionante es que este ritmo de crecimiento ha culminado en el siglo XX y que el aumento de 80 millones por año va a tener lugar en Asia, África y Latinoamérica. Hay razón para preocuparse porque esos crecimientos no van acompañados de mejoras científicas, técnicas, médicas, culturales, económicas ni de una expansión de los derechos humanos y sociales. Y la gran sorpresa es que hacia mediados de este siglo XXI la población del planeta se estabilizará en nueve mil millones para comenzar a decrecer, si la contaminación del medio ambiente, el incremento de las pandemias, el empobrecimiento creciente y la desesperación que podría conducir a exasperaciones integristas no estallan en inimaginables confrontaciones sociales, como formas de terrorismo y de destrucción masiva como jamás se han visto en el pasado.

Las preguntas se suceden y amenazan con sobrepasarnos: ¿podrá el planeta soportar y alimentar a dos mil millones de seres más? ¿Podrá Asia administrar y sobrevivir en la lucha por el espacio y por el alimento que ya padece? Actualmente tiene la mayor densidad de población por kilómetro cuadrado con el 50% de la población mundial.

El ejemplo paradigmático del Japón debe servirnos para considerar este gran giro en la tendencia ininterrumpida del crecimiento de la población desde hace diez mil millones de años. Necesitamos superar barreras ideológicas, étnicas o de nacionalismos obsoletos. Es preciso imaginar otras propuestas que modifiquen los derroteros consumistas, egoístas y excluyentes de nuestras sociedades y formas de vida, la toma de conciencia de nuestra interdependencia global, para bien o para mal.

 

16 de enero de 2006  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

China como proyecto ilusionante

 

La emergencia de la China del siglo XXI como superpotencia mundial se convierte en un reto ineludible para las demás naciones, que no pueden seguir desconociendo cómo hablan, cómo piensan y cómo imaginan su pasado, su presente y su futuro los ciudadanos de China. Así aborda el profesor Manuel Ollé, en Made in China su apasionante viaje hacia la comprensión de la China actual superando prejuicios y estereotipos. Se trata de otro mundo, de otra mentalidad y de otra concepción de la vida apoyada en más de cuatro mil años de continuidad y de transformación histórica y cultural. Es preciso echar un vistazo a la China actual y analizar algunas de esas claves históricas, culturales y sociales.

El mundo occidental parece despertar de un sueño de ensimismamiento sin haber sabido interpretar las señales incesantes que enviaba el antiguo Imperio del Centro, harto de las humillaciones increíbles y de la explotación despiadada a la que las potencias europeas y EEUU la sometieron desde el siglo XIX. Ahora se abren nuestros más importantes diarios para reconocer los peligros de nuestra ignorancia y prepotencia culpables. Que la economía china era, por tamaño, una de las más importantes del mundo, no precisaba de confirmación estadística, afirman. Su entrada en 2001 en la Organización Mundial del Comercio nos ha hecho descubrir de golpe que China se está convirtiendo en la fábrica del mundo. Esto ha ocurrido de forma traumática para ciertos sectores económicos europeos que no habían sabido adaptar a tiempo sus estructuras y vivían el sueño prolongado de un eurocentrismo gloriosamente fenecido. Olvidamos que la China emergente del siglo XXI retorna a la centralidad económica que ocupaba a principios del XIX cuando era la primera potencia manufacturera del mundo desde hacía nueve siglos. La ignorancia de la historia nos obliga a repetirla, sostienen los chinos con una leve sonrisa. Olvidamos que en 1776, Adam Smith había afirmado que China era un país más rico que todos los de Europa juntos, “hasta que la revolución industrial la desplazó empobreciéndola, arruinándola y desindustrializándola por unas reglas de comercio de impuestas: el libre comercio colonial obligaba a las colonias a abrir unilateralmente sus fronteras a los productos europeos sin contrapartidas de ningún tipo”, como demuestra el profesor de Estudios de Asia Oriental. La revisión que han hecho las autoridades del gigante asiático de la estimación de su PIB en 2004, la sitúa con Hong Kong en el cuarto lugar mundial, desplazando al Reino Unido, Francia e Italia y sólo por detrás de Estados Unidos, Japón y Alemania.

A partir de 1978 su economía empezó a crecer a un ritmo de un 9% que ha mantenido hasta la fecha y que le permitirá situarse en segundo lugar, e incluso desbancar antes de 2050 a EEUU. Y todo a pesar de que Pekín reconoce que cien millones de sus 1.300 millones de habitantes viven en la pobreza, pero China es el único país de la historia que en menos de dos décadas ha sacado de la pobreza a más de 300 millones de habitantes. Nuestros parámetros no sirven para comprender la realidad de esa potencia colosal emergente. China se ha convertido en la mayor importadora de petróleo, hierro, cinc, cemento y otras materias primas, así como de las tecnologías más sofisticadas que la convertirán en la segunda gran locomotora de la economía mundial, junto a EE UU.

En 2004 superó a EE UU como principal exportador mundial de bienes de tecnologías de la información y de la comunicación. Era el secreto de Polichinela que sus reservas internacionales están entre las mayores del mundo. Tampoco es un secreto que la ingente posesión de títulos del Tesoro estadounidense “ha convertido a su economía en una de las principales financiadoras del déficit presupuestario de EE UU, a la vez que en importante factor de estabilización financiera global”.

Sólo cuando se ha llegado a percibir su crecimiento como una potencial amenaza para el resto del mundo, se tiende la mano para establecer puentes que permitan el diálogo constructivo en lugar de la confrontación suicida. Para empezar, reconocer que ya pertenece de pleno derecho al exclusivo club del G-7 que pretende poner un cierto orden en la globalización existente. Ojalá, pueda el gran Imperio del Norte hacernos comprender la magnífica ocasión de enriquecernos con todo lo fascinante y útil para el hombre contemporáneo que aporta la corriente civilizadora que empuja hacia delante a la China, que está, como sostiene Manel Ollé, mucho más cerca de lo que nunca habríamos llegado a imaginar.

 

23 de diciembre de 2005

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

China, centro del mundo

 

Preveía Napoleón que, cuando China despertase, el mundo temblaría. Después de casi dos siglos de humillaciones por parte de las potencias occidentales, China emerge como una gran potencia llamada a copresidir los destinos del planeta antes de una década. En menos de una década, China será la segunda potencia económica mundial, desbancando a Japón, y sólo superada por EEUU. Antes de dos años, es probable que adelante a Francia y a Gran Bretaña alcanzando la cuarta posición en el imparable ascenso que la ha llevado a su actual sexta posición con un crecimiento medio anual del 9%.

Este crecimiento, desde 1979 a 2005 tan sostenido como vertiginoso, ha sido posible por el genio político del sucesor de Mao, Deng Xiaoping, llamado el Arquitecto de la Reforma. Compañero del Gran Timonel desde la Larga Marcha y en la fundación de la República Popular, el Pequeño Timonel lanzó el desafío de reformar la Agricultura, Industria, Defensa, Ciencia y Tecnología. Nadie en el resto del mundo creyó que sería capaz de despertar de su letargo al inmenso dragón que guarda en su seno el Gran Imperio del Centro. Ese es el nombre de China en mandarín, Imperio del Centro, que mantuvo su poder durante milenios, mientras el resto de los pueblos apenas eran conocidos más allá de los límites de sus correrías.

China fue humillada por las potencias occidentales y por Japón a lo largo de los siglos XIX y XX mediante prácticas vergonzosas y de explotación con guerras y ocupaciones que les llevaría al colmo de la vergonzosa guerra del opio. Nadie debería olvidar esta realidad en la cosmovisión china que mantiene un fundamento taoísta que desafía a cualquier planteamiento filosófico y religioso occidental. Los chinos cuentan su historia por milenios, no por siglos. Por eso fueron capaces de adaptarse a la revolución comunista del Gran Timonel Mao que, al fin y al cabo, no duró más de medio siglo. Por eso, los politólogos occidentales se ven desbordados por la implacable realidad de los hechos.

Un pueblo disciplinado, (nosotros diríamos sometido pero ellos responderían “qué no han sido las religiones en la historia de la humanidad sino el sometimiento de la razón”), ha despertado y va camino de recuperar su puesto de Imperio del Centro del mundo, mientras el resto de las potencias discuten, se contradicen ante el fenómeno del terrorismo fundamentalista y el no menos fundamentalista del pensamiento único.

Deng Xiaoping acometió la Segunda Revolución sirviéndose de las armas de sus adversarios. Lanzó el increíble slogan “enriquecerse es bueno” que asombraría a los demócratas occidentales pero que el pueblo chino comprendió y acató con esa profunda sabiduría que le hace comprender otra consigna del Pequeño Timonel “gato blanco, gato negro, lo que importa es que cace ratones”, y ¡vaya si los caza! Consiguió el puesto permanente con derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU que detentaba la denominada “isla rebelde de Taiwán”.

Con un 80% de sus ahora mil trescientos millones de habitantes dependiendo de la agricultura y la ganadería, no vaciló en declararlas prioritarias, al tiempo que utilizaba todos los resortes del capitalismo para ir desarrollando de manera imparable regiones como las de Shanghai y Cantón, que actúan como imanes para atraer las mayores inversiones de capitales en el mundo, entre ellos de Taiwán, y que posee las reservas en dólares más grandes del mundo que le dan una maniobrabilidad sin ataduras en los mercados del mundo. China financia con decenas de miles de millones de dólares el imparable y gigantesco déficit de EEUU, y permanecen atentos a las posibles consecuencias dentro de las reglas del mercado que tanto les han reprochado desconocer.

Caso insólito en un país comunista: sus emigrados que ocupaban puestos de relieve en la investigación y en el desarrollo de las naciones más poderosas y avanzadas de Occidente, regresaron a China con todos sus saberes y relaciones para cooperar en la reconstrucción de ese Imperio del Centro cuyo símbolo milenario ha sido la Gran Muralla.

Como ya son noticia los espectaculares avances económicos, industriales, financieros, tecnológicos y de la investigación más puntera, así como en arte, música, cine, deportes y todo el espectro que en Occidente constituyen las patentes de crédito del desarrollo, parémonos en lo que ha sido denominada la Nueva Gran Muralla China: la presa de las Tres Gargantas sobre el río Yangtsé, el tercero más largo del mundo. Era el sueño de los Emperadores de las diversas dinastías: domeñar sus terribles inundaciones que acabaron con millones de vidas de campesinos y ciudades ribereñas.

Buques transoceánicos podrán navegar por el río durante más de 1.500 kilómetros extendiendo el desarrollo al centro del inmenso país y abriendo un mercado de centenares de millones de consumidores que eran la gran incógnita para los occidentales ¿Cómo sobreviviría Shanghai, la ciudad más densamente poblada del mundo, con una riqueza acumulada y sostenida por inversiones del exterior de más de 20.000 millones de dólares anuales? China es el mayor receptor del mundo en inversión exterior: pronto alcanzará 100.000 millones de dólares al año.

Aquí está una de las respuestas inimaginables para un occidental: despertando al dragón dormido en el río Yangtsé para convertirlo en el difusor de industrias, fábricas, polos de desarrollo tecnológico y de servicios que alivian el exceso de crecimiento económico de Shanghai, Cantón y Hong Kong, invirtiéndolo en sus propias regiones. China nunca dejará de sorprendernos y lo más prudente es seguir su consejo: no te enfrentes al dragón, adáptate a él.

 

15 de julio de 2005

 

Un Nuevo Telón de Acero en Asia

 

Padecía Galileo la incomprensión de los cardenales encargados de que se retractara de las teorías que evidenciaban que la tierra no era el centro del universo. Por más que insistían, Galileo les suplicaba: "Eminencias, no les pido que me crean; tan sólo que miren por el telescopio". Conocida es la respuesta de los príncipes de la Iglesia "¡Líbrenos Dios! Mirar por ese artilugio sería poner en duda la Biblia que nos describe la Creación del Universo!"

En mis clases de la universidad, despliego un gran planisferio y les pido a los alumnos: "¡Por favor, miren lo que tienen ante sus ojos! Aquí no precisan del telescopio".

En ese planisferio etnocentrista, el inexistente "continente" europeo sigue centrando la perspectiva. La Política ha pasado a un plano secundario cuando, como rama de la Ética, se servía de la Economía para administrar la convivencia.

Hoy la polis se ha hecho ekumene, y denominamos mundialización a sus efectos mientras asistimos a una carrera por apropiarnos del concepto. Hoy nadie puede negar el fenómeno sociológico de la mundialización, aunque los poderes económico y financiero que gobiernan el Norte utilicen el término anglosajón globalización.

A quienes se alzaron contra su gestión abusiva y torticera, los calificaron de "movimientos antiglobalizadores". Nada más lejos de la realidad. Hemos llegado al patético paroxismo de que residuales partidos comunistas pretendan abanderar el movimiento antiglobalización.

El Manifiesto del Partido Comunista pudo aglutinar a las masas trabajadoras para que tomaran conciencia como proletarios de los abusos de un capitalismo sin entrañas cuyo error fue arrebatarlo todo sin compartir beneficios que jamás hubieran sido posibles sin los trabajadores.

De su peripecia nos ha quedado el socialismo real con su secuela de errores, de crímenes y de desencanto. Permanece la lucha por la justicia social que ni socialistas, ni liberales, ni socialdemócratas o nacionalistas han sido capaces de institucionalizar para facilitar una convivencia pacífica como fruto de la justicia.

De ese amanecer, de esa búsqueda de otro mundo posible, de un modelo de sociedad plural y defensor de los derechos humanos, - que son derechos sociales, económicos y fundamentales o no son nada -, nadie puede apropiarse.

Asistimos a un despertar de la sociedad civil harta de ideologías, de fundamentalismos, de privilegios, de nacionalismos arcaicos y de falsos paraísos aquí en la tierra o en un más allá en nombre de estériles abstracciones.

Pasadas las Guerras mundiales, el mundo se dividió en dos campos enfrentados en una guerra fría por el poder disuasorio de sus misiles y por el reparto de zonas de influencia a costa del resto de los pueblos que continuaron explotando.

Creció el Primer mundo que controló las fuentes de energía y desarrolló tecnologías necesarias para una carrera de crecimiento económico que denominaron desarrollo.

Desmoronado el Segundo Mundo, constituido por Rusia y sus satélites, todo parecía concitar a un nuevo plan de desarrollo general de los pueblos antes oprimidos y de los explotados del Tercer Mundo en su mano de obra y en sus riquezas, fundamentales para mantener ese nivel de despilfarro al que llamaban progreso.

No fue posible la concordia creadora porque emergía una China imperialista capaz de poner en jaque las economías tradicionales cuyos trucos aprendieron de Occidente.

El continente americano pretende una estructura monolítica presidida por el ALCA, al servicio de EEUU. África, es panteón de miserias humanas pero rico en materias primas fundamentales. La antigua Rusia no fue ayudada en su tránsito hacia formas democráticas y de desarrollo sostenible y fue arrojada al desconcierto de las mafias mientras minaban sus alianzas con las repúblicas asiáticas del Este que la defendían del despertar de China.

Ahora tocará el turno a Ucrania, granero de los eslavos, que pronto hostigarán desde Georgia para controlar el Caspio, el Mar Negro y la salida a las aguas calientes.

En medio, las reservas petrolíferas de Oriente Medio, de pueblos islámicos empujados al ocaso fundamentalista pero cuyos recursos necesitan para afrontar al coloso chino.

Japón, Australia, y el Sudeste asiático aguardan la explosión de Indonesia sin caer en la cuenta de que la existencia de un Israel prepotente no se apuntalará con el ataque a Iraq o a Irán sino que será India quien altere ese intento de controlar el mundo mediante un Nuevo Muro de la Energía que reemplace al desaparecido Telón de Acero.

 

8 de marzo de 2002

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creencias, sociedad civil, ONG, y voluntariado

 

Desde el alba de los tiempos, cazadores y recolectores, pueblos del maíz, herreros y caldereros, indígenas de las praderas y de bosques y selvas, magos y hechiceros, sabios y chamanes son hitos del devenir de los seres humanos desde que aquellos grandes primates emigraran en África central y se alzaran para poder ver de lejos a sus predadores en la sabana de altas hierbas. Fue tal vez el inicio de la humanidad. Desde entonces, la conciencia de nosotros mismos, el sabernos mortales, pero querer ser inmortales, el dolor, el sufrimiento, la enfermedad y las incertidumbres han tejido una espesa y compleja red de creencias y mitos, cuyo conocimiento ayuda a conocernos.

Las creencias consolidaron las conciencias y las convicciones y así se construyó la sociedad de los ciudadanos y ciudadanas. Del conocimiento de los problemas, disfunciones, errores, crímenes incluso y desviaciones, la conciencia civil dio paso al altruismo y a la solidaridad, y en la solidaridad nació el voluntariado, apenas medio siglo atrás.

Nuestro mundo no sería comprensible sin ellos ni tampoco soportable sin esa revolución silenciosa de sociedad civil en marcha, mundo solidario y voluntariado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Creencias

 

Alma Grande, Ghandi

 

“Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala  es el silencio de la gente buena”, decía el líder político religioso hindú cuyas enseñanzas inspiraron los movimientos pacifistas del mundo. Y añadía, “Mañana tal vez tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados. Pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear”. 

Así, también Martin Luther King: “tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las acciones de las malas personas sino de los pasmosos silencios de la gente buena”.

Su ejemplo y su mensaje permanecen en un mundo enloquecido por guerras, crímenes, hambrunas y fraudulentas crisis económicas.

Conmemoramos ahora el 60 aniversario de su asesinato a los 78 años de edad. Nada más indicado que saborear y ponderar las palabras de quien tomó sobre sus espaldas “el monopolio de mejorar sólo a una persona, esa persona soy yo mismo y sé cuán difícil es conseguirlo."

A pesar del aparente fracaso de su actividad política, murió en una India desangrada en guerra religiosa. Fue fiel a aquella “voz interior” que le urgía a “seguir combatiendo contra el mundo entero, aunque me encuentre solo. Me dice que no tema a este mundo sino que avance llevando en mí nada más que el temor a Dios."

Porque él estaba convencido de que “no debemos perder la fe en la humanidad que es como un océano; ella no se mancha porque algunas de sus gotas estén sucias."

Ya que nadie puede hacer el bien en un aspecto de su vida, mientras hace daño en otro; “porque un cobarde es incapaz de mostrar amor, hacerlo está reservado para los valientes”.

Afirmaba que la vida es un todo indivisible por eso “no se nos otorgará la libertad externa más que en la medida exacta en que hayamos sabido, en un momento determinado, desarrollar nuestra libertad interna”.

Y con la eterna sabiduría citaba el ejemplo del Rabí que pasó entre nosotros haciendo el bien. De ahí que Luther King escribiera: “Nosotros devolveremos bien por mal. Cristo nos enseñó el camino y Mahatma Gandhi nos demostró que era operativo”. Como él, fue meridiano con los que ignoran y son causa de la pobreza y de la miseria de tantos seres humanos. "El que retiene algo que no necesita es igual a un ladrón”, porque lo que no se comparte se pierde.

“Si en apariencia tomo parte en política se debe a que la política nos rodea igual que el abrazo de una serpiente del que no podemos desasirnos por mucho que lo intentemos. Por lo tanto, deseo luchar con la serpiente”, decía.

Y sabía que la lucha era durísima y el pago implacable. “Si no tuviera sentido del humor me habría suicidado hace mucho tiempo”. Porque, primero ellos te ignoran; más tarde se ríen de ti; luego te hacen la pelea; y entonces… ¡tú ganas!”. Sabiduría de la no violencia, del wu wei “no hacer” de Lao Tsé, inclinarse mientras pasa la riada para alzarse de nuevo e imitar al agua que se adapta al terreno para vivificarlo y transformarlo.

El Mahatma Ghandi estaba convencido de que ningún hombre pierde su libertad sino por su propia debilidad. Que la fuerza no proviene de la capacidad física sino de la voluntad indomable. “Sé tú mismo el cambio que quieras ver en el mundo."

Y se mostró caminando por la inmensa India, con un sencillo doti confeccionado por él mismo en la rueca que habría de figurar en la bandera de India.

“Es mejor permitir que nuestras vidas hablen de nosotros a que lo hagan las palabras”. Y así, humildemente mostró su camino.

“Me esforzaré en amar, en decir la verdad, en ser honesto y puro, en no poseer nada que no me sea necesario, en ganarme el sueldo con el trabajo, en estar atento siempre a lo que como y bebo, en no tener nunca miedo, en respetar las creencias de los demás, en buscar siempre lo mejor para todos, en ser un hermano para todos mis hermanos”.

Alma Grande Ghandi sabía lo que significaba vivir y morir como no violento, “pero  me falta demostrarlo mediante un acto perfecto."

Y ese acto que rubricó su vida, hace ahora 60 años, a manos de un hindú fanático y enloquecido, a quien Ghandi hubiera estrechado entre sus brazos hizo exclamar a Einstein: “Las generaciones del porvenir apenas creerán que un hombre como éste caminó la tierra en carne y hueso”.

 

30 de enero de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La esperanza está en el camino

 

"Este camino tal vez no conduzca a ninguna parte, pero alguien viene por él", escribe el autor sueco Lars Norén.

Quizás sea esta la actitud que deba presidir nuestro caminar, casi a ciegas y sin disponer de referentes de confianza. Pero la meta es el mismo camino. No importa tanto adónde vamos sino cómo vamos, y que no nos lleven.

En la sociedad de la información padecemos un bombardeo de imputs difíciles de procesar. Como hace años leí en un graffiti, “ahora que sabíamos las respuestas, nos han cambiado las preguntas”. Esta sensación de inseguridad  provoca desaliento, evasión irresponsable o la entrega a ideologías para no pensar, para no tomar decisiones. Ese ha sido el consuelo de los débiles para poder seguir viviendo, aún a riesgo de abdicar de la libertad y de zafarse del cumplimiento de los derechos universales para todos. Derechos humanos, políticos y sociales.

Las ideologías han explotado el miedo a la libertad y a la responsabilidad de las personas. Al explotar ese miedo a la soledad, inventaron dioses inhumanos, implacables que infundían pavor, salvo que el  individuo se sometiese a los dictados de sus eunucos con la promesa de una vida eterna y absurda.

Otras religiones comenzaron apoyando los sentimientos de humanidad y de solidaridad naturales para convertir luego a sus adeptos en hormigas de un hormiguero, en seres domesticados y sin personalidad capaces de negar las realidades más cercanas.

Otras ideologías partieron de la falsa premisa de que el ser humano es malo por naturaleza y de que sólo busca su propio bien, aún a costa de hacer de los otros seres objetos de su poder, de su codicia y de su voluntad. Sostenían que lo hacían en nombre del “pueblo”, de una etnia o raza, de una clase social, o de la misma “humanidad” elevada a categoría.

Los dioses habitaron las lagunas de nuestra ignorancia y sus secuaces obligaron a postrarse y a obedecer bajo castigos. No sólo en un inventado más allá, sino en el presente mediante el temor y la ignorancia. Aún sirviéndose de la tortura, de la privación de la libertad, de la exclusión social y de la pena de muerte.

Parece increíble pero el número de países en los que está legalizada la pena de muerte es estremecedor. Las mismas religiones, pretendidamente reveladas, la mantienen “por causa de la maldad del hombre”. Conculcan el “no matarás” de sus fundadores, pero ellos no vacilaron en practicarla siempre que les convino.

Esta es la historia de la inmensa mayoría de las tradiciones religiosas y de los regímenes políticos autoritarios, tiránicos, despóticos y totalitarios.  Ese totalitarismo y ese despotismo absolutistas han derivado hacia sistemas, modelos de desarrollo, paraísos fiscales, mafias financieras transnacionales y guerras de invasión y de conquista, pretendidamente “liberadoras y restauradoras de la democracia”. ¿De qué democracia?

Parece increíble que estemos viviendo el escándalo de las guerras, de las ventas de armas, de la corrupción, del blanqueo de dinero procedente del crimen organizado, de la explotación de las riquezas de los países empobrecidos, de la trata de seres humanos como objetos de comercio o de consumo.

Espanta la naturalidad con la que se acepta la existencia de miles de millones de personas que padecen hambre, enfermedades curables, incultura,  explotación, falta de viviendas,  guerras, deportaciones en masa, maltrato por razón de género, de creencias o de tradiciones culturales, prostitución, trabajo infantil y de mujeres más propio de la esclavitud que de mentes racionales.

Las alarmas han sonado sobre el cambio climático, la contaminación de la tierra, del aire y de los mares pero intereses de poderosas minorías lo niegan o demonizan. Se niega la evidencia, como se han negado los derechos humanos universales.

Nos acusarán de catastrofistas, pero como decía Galileo a los cardenales que lo condenaban, “miren por el telescopio, no les pido que me crean me basta con que miren”. Y se negaron como los poderosos de hoy atentan contra los derechos humanos para todos.

Mientras el panorama social, político y económico no sea transformado desde dentro por la razón y la justicia, caminaremos por un camino para el que sólo hemos traído billete de ida.

Pero alguien viene, otros seres humanos oprimidos vienen al encuentro para el despertar y la concordia. O los acogemos y actuamos como comunidad cosmopolita y solidaria o seremos destruidos por nuestros errores y por nuestra ceguera.

 

2 de enero de 2009

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y ahora, ¿qué he hecho?

 

Amarse no es mirarse uno a otro, recuerda Saint Exupéry,  sino saber mirar juntos en la misma dirección. Me preocupa esa especie de solapado autismo que se esconde en querer ser Ying y Yang, padre y madre, blanco y negro, hombre y mujer, justo e injusto, en lugar de reconocer la coincidencia de los opuestos. Pero jamás la descubrirá ni encontrará quien niegue la realidad de los opuestos y complementarios. Eso de que “el buey solo bien se lame” no significa más que lo que dice, pero para eso hay que ser buey castrado, y muchos por ahí no pasamos.

¿Por qué esa manía de pretenderse autosuficientes en lugar de reconocerse contingentes? ¿Tanto miedo tenemos a reconocer que necesitamos amar y ser amados, que necesitamos ayuda y consuelo, estímulo y compañía, ternura y acicate? Muchas personas sufren porque creen que no les está permitido sentirse mal, quejarse o llorar, pedir ayuda o reconocer que han metido la pata. De ahí tantas personas agobiadas por creerse siempre actuando ante un público que no existe y ante jueces que no son tales o ante padres inflexibles o ante presuntos dispensadores de patentes de eternidad.

El lector ya me entiende. Antes, eran los clérigos, rabinos y ulemas, que amenazaban con el Infierno o con el mismo Cielo, amenaza real ante la perspectiva de una eternidad sin culos y tañendo el arpa sobre una nube. Ahora, son psicólogos, educadores, presuntos líderes de opinión los que pretenden dispensar parecidas patentes de “buena conducta”. Ya está bien con tantas murgas. Las personas no necesitamos ser salvadas para nada ni por nadie, nos basta con ser reconocidas, aceptadas y respetadas. Que nos dejen ser nosotros mismos. Si nos dejamos impresionar por los modelos impuestos socialmente viviremos en una insufrible paranoia, como si siempre nos estuvieran vigilando, como si tuviéramos que dar cuentas a ese gran hermano... que no existe, más que en el cuenco de mis manos y en el anverso de mi corazón.

Basta ya de preguntarme tantas veces “Y ahora, ¿qué he hecho?” Por eso, me ratifico en la convicción de que la educación, las buenas maneras, el buen gusto y el estilo son valores propios de cada sociedad y que ignorarlos o despreciarlos quizás no muestren sino una debilidad de carácter. Todos esos valores son formas de la vida, de la libertad, de la justicia y del indeclinable derecho a la búsqueda de la felicidad. Como quiera que la llames. Recordemos ese anónimo texto del Desiderata, enterrado en la vieja iglesia de Saint Paul, Baltimore, 1693, EEUU. Es bueno para el camino: Camina plácidamente entre el ruido y la prisa, y recuerda la paz que se puede encontrar en el silencio: Vive en buenas relaciones con todas las personas, todo lo que puedas, sin rendirte. Di tu verdad tranquila y claramente; escucha a los demás; incluso al aburrido y al ignorante; ellos también tienen su propia historia. Evita a las personas ruidosas y agresivas, sin vejaciones al espíritu. Si te comparas con otros, te volverás vano y amargado; porque siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus logros así como de tus planes. Mantén el interés por tu propia carrera, por humilde que sea; es una verdadera fortuna en las cambiantes vicisitudes de los tiempos. Sé cauto en tus negocios; porque el mundo está lleno de engaños. Pero no por eso te ciegues a la virtud que, sin duda, existe; mucha gente lucha por altos ideales; y, en todas partes, la vida está llena de heroísmo. Sé tú mismo. Especialmente no finjas afectos. Tampoco seas cínico en el amor; porque, frente a toda aridez y desencanto, el amor es perenne como la hierba. Recoge mansamente el consejo de los años, renunciando con donaire a las cosas de la juventud. Nutre la fuerza de tu espíritu para que te proteja en las desgracias repentinas. Pero no te angusties con  fantasías. Muchos temores nacen de la fatiga y de la soledad. Junto con una sana disciplina, sé amable contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que los árboles y las estrellas; tú tienes derecho a estar aquí. Y te resulte evidente o no, sin duda el universo se desenvuelve como debiera.

Por lo tanto, mantente en paz con Dios, de cualquier modo que lo concibas. Y, cualesquiera que sean tus trabajos y aspiraciones, mantén, en la ruidosa confusión, paz con tu alma. Con todas sus farsas, trabajos y sueños rotos, éste sigue siendo un mundo hermoso. Ten cuidado. Esfuérzate en ser feliz.

 

22 de Septiembre de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sociedad civil

 

Acoger por el placer de compartir

 

“Fernando Silva dirige el hospital de niños en Managua. En vísperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde… Cuando decidió marcharse, hizo un último recorrido por las salas, y sintió que unos pasos de algodón lo seguían; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.

Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:

-Dígale a... -susurró el niño-

`Dígale a alguien, que yo estoy aquí´”, escribe E. Galeano.

Celebramos unas fiestas ancestrales montadas sobre otras relacionadas con Mitra o con Saturno o con Osiris o con el solsticio de invierno. Lo que importa es la celebración del cambio estacional, desde la noche más grande del año y en relación con la mutación de una naturaleza viva y palpitante aún bajo las nieves del invierno, los árboles sin hojas y la tierra yerma que se prepara para una explosión de júbilo en primavera.

No podemos ignorar los hechos culturales que sostienen nuestra personalidad y nuestra forma de vivir, nuestro progreso y nuestra lucha por una sociedad más justa y solidaria que reconozca el derecho a la búsqueda de la felicidad. Nuestro quehacer es vivir aquí y ahora con la mayor plenitud posible, con coherencia y armonía, reconociéndonos para ser consecuentes con nuestra realidad, con nuestro ambiente y con nuestras relaciones. Todo lo demás es sufrimiento estéril por absurdo.

Antes, celebraban la siega o la vendimia, los ritos de amor o de paso. Hoy celebramos permanecer vivos y tratamos de dar un sentido a nuestro vivir porque se nos escapa el sentido de la vida.

Algo no va bien en el mundo y nos contentamos con aliviar algún efecto de la injusticia estructural con limosnas y aguinaldos. Nos echamos a la calle a comprar para éste o para el otro, mientras durante el resto del año no somos capaces de encontrar un momento para saber cómo se encuentra, para escucharlo.

¿No es en estas fiestas cuando nos acomete una extraña soledad, una especie de vacío que llamamos nostalgia y que no es más que hastío?

Dejemos el envoltorio y disfrutemos del regalo, del presente, de esa vuelta al hogar, al seno en donde un día te supiste acogido y querido. Eso es el hogar, el espacio ddonde nos esperan sin preguntar qué hicimos, sino ¿qué me sucede?

Sólo una persona ajena a la cultura y a las realidades que nos sostienen es capaz de rechazar como absurdas estas celebraciones. ¿Podríamos comprender nuestra historia  sin la existencia de ese  judío de Nazareth, que pasó haciendo el bien, acogiendo a los marginados, que desafió a los poderes constituidos de su tiempo, que predicó las Bienaventuranzas,  que amó y fue amado, que hizo que el sábado fuera para el hombre y no al revés, que superó las ataduras religiosas y sociales de su tiempo, que enalteció a las mujeres, a los niños, a los pobres y a los ancianos y que trajo la Buena Nueva para todos los seres humanos: “Amaos los unos a los otros”?

Es preciso buscar ese reino que pertenece a los que padecen persecución por causa de la justicia, a quienes dan de comer al hambriento, de beber al sediento, que visten al desnudo, que enseñan al que no sabe, que consuelan al triste, que comparten. Y que no juzgan ni condenan sino que están dispuestos a acoger con un brazo mientras que con el otro aportan propuestas alternativas a las injusticias sociales que denuncian sin cesar formando muros y redes de solidaridad. Y para esto, les basta con caminar con su corazón a la escucha, su mente abierta a la verdad y al entendimiento mientras sus brazos se abren para acoger y para bendecir, para acariciar y para curar.

Tenemos que aprovechar los momentos especiales para hacernos cómplices con la vida, y reconocer que nos debemos a nosotros mismos un gesto de confianza en la vida y de compromiso con el otro. Así lograremos trazar un puente sobre el abismo. Por eso es navidad cada vez que alguien acoge a los demás.

 

19 de diciembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Agresiones de hijos a padres, problema emergente

 

Las agresiones a los padres, en más de la mitad de los casos, no se limitan a ser verbales o psicológicas. Son físicas. Aunque está lejos de la violencia de la que son objeto las parejas, ya suponen el 22% de los casos atendidos, en 2007, por un programa municipal para afectados y agresores con éxito en la capital de España.

Ante un problema social, lo mejor es plantearlo bien y atrevernos a llamar a las cosas por su nombre. La preocupación por la violencia de género no nos ha de hacer olvidar las agresiones psíquicas y hasta físicas a las personas mayores en sus hogares o en residencias o las que sufren algunos hombres por sus mujeres o la que sufren los padres por sus hijos.

Félix Arias, psicólogo de uno de los Centros de Atención Familiar madrileños, subraya que los padres suelen tomar conciencia de que van perdiendo el control sobre sus hijos a partir de la preadolescencia (12 ó 13 años), cuando éstos  tienen más capacidad de hacer daño físico y son más autónomos. Cuestionan normas, horarios, la autoridad. El desencadenante puede ser el rendimiento en el colegio, el absentismo escolar, peleas, la falta de respeto a los profesores, la separación de los padres o sus desavenencias y la mutua falta de respeto.

El conflicto suele gestarse en la infancia y aumenta hacia formas más peligrosas. El agresor utiliza la violencia para ejercer el control y el poder sobre los demás, porque ha aprendido que así obtiene lo que desea. No hay más que ver las llantinas y pataleos de tantos niños a las salidas de los colegios si no les dan las golosinas que prefieren en lugar de la merienda. Esto continúa hasta la Universidad, jóvenes de ambos sexos tomándose porquerías en lugar de un bocadillo consistente, como hicimos siempre. A estos chicos desde pequeños, en sus casas, les preguntan “¿Qué quieres para merendar, cariño?” O de postre, o de cena, o de desayuno. No puedo imaginar a mi madre ni a mi mujer haciendo semejantes preguntas. Se come lo que te ponen delante. Igual que aprendes a no dejar nada en el plato y a celebrar el esfuerzo que supone conseguir y preparar esos alimentos. Pues no, hay muchos padres que dicen erróneamente: “Pobres, ya tendrán tiempo de pasar privaciones, que aprovechen ahora.” Hacen lo mismo con la ropa, exigen marcas. O se creen con derecho al último aparato tecnológico. Muchos padres gastan lo que no tienen para que los niños no tengan traumas. ¿Qué traumas?

“Desobedece, falta al respeto, rompe objetos, insulta, grita, empuja, y puede acabar con golpes directos contra el miembro más débil: la madre. Aunque también se da en padres por su falta de firmeza o, en caso de separación, por no estar presente en su entorno cotidiano”, afirma Arias. El mecanismo de la víctima es inverso al del verdugo: “Si cedo a la presión cesa la agresión. De ahí que sean cada vez más permisivos”.

Esos hijos, que van deteriorando la vida familiar, suelen ser varones con baja tolerancia a los contratiempos, que no se esfuerzan en casa ni en el colegio, vinculados a veces a grupos violentos o al consumo de drogas, aunque no ésta es una variable esencial. Sin una sana disciplina, sin orden, sin referentes en tareas, horarios, cumplimiento del deber por cada miembro de la familia, se hace difícil la maduración de cada uno de sus miembros. Y el niño se convierte en el “rey o reina” que sus progenitores o parejas posteriores creen se les debe en una infancia imaginada.

La intervención para resolver la situación afecta a toda la familia. Una vez que se toma conciencia de la situación, que no es fácil de asumir porque los padres se sienten culpables, comienza la terapia para modificar la forma de relacionarse, de expresar las emociones y controlar los impulsos.

“Una de las tareas más difíciles de entender para los padres es que no tienen que suplantar las responsabilidades de sus hijos, que las tienen que asumir sus hijos y equivocarse, porque de lo contrario no les dejan crecer ni madurar”. Deben observar el problema desde un punto de vista racional y ser firmes, sin rebajar las muestras de cariño, descartando cualquier tipo de agresión, incluso verbal. Al mismo tiempo, se trabajan las habilidades de comunicación, los valores, el respeto, la tolerancia...

Mis seis hijos y diez nietos aprenden desde muy pequeños la máxima de Chuang Tzú: “No olvides, cuando caigas, que el suelo te ayudará a levantarte”. Lo fácil es correr a coger al niño y decir “¡mala mesa! ¡mala silla! ¡mala alfombra!”. Luego, pídeles coherencia.

Es necesario promover cambios de actitud y de las reglas del juego, y respetarse mutuamente. Debe quedar claro quién ejerce la autoridad y generar una convivencia adecuada. Los padres tienen que ser exigentes sin ser autoritarios, comunicativos, capaces de ponerse en lugar del otro, cariñosos, compartir actividades… y no disimular las propias flaquezas. Si un adulto cae, se levanta pero no echa la culpa al suelo.

 

18 de abril de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desaprender lo aprendido

 

Como decían en la Institución Libre de Enseñanza: Es preciso desaprender lo aprendido. Durante años, nos han inculcado la seguridad como valor fundamental. Nos han enseñado a huir del dolor, aún sin descodificarlo para conocer su mensaje. Nos hemos movido bajo criterios de culpa más que con los de la responsabilidad personal y social.

Han creado en nosotros como una segunda conciencia, un reflejo condicionado que se dispara como un mecanismo del que ya no somos conscientes: “No vale más lo que más cuesta” o lo que no cuesta no vale. Esto es confundir valor con precio. A mi no me cuesta querer a mis amigos, a mi esposa, a mis hijos y a mis nietos, no me digan que eso no vale y que no es virtuoso.

Me cuesta más herir y hacer sufrir, no cumplir con las tareas que he asumido, no disfrutar de la naturaleza y del silencio, de la música y de la comida, del erotismo y del sexo, de los buenos libros y de los viajes, del placer de un silencio compartido, de la búsqueda de la verdad y de la justicia, de la libertad y de la solidaridad.

Lo que me costaría mucho serían la mediocridad y la codicia, la envidia y la calumnia, el hacer daño a otro conscientemente, no saber decir "lo siento". Me cuestan lo vulgar y lo obsceno, la insensibilidad y las ofensas gratuitas, la falta de responsabilidad y la infidelidad a la palabra dada, la falta de lealtad y el egoísmo, la vanidad que se me escapa y la impaciencia que se puede transformar en ira. Me cuesta más el desorden que el orden, actuar sin coherencia que sopesar las posibilidades, la suciedad que la higiene, pisar una flor que cultivar un jardín, beber un mal vino que beber agua, el ruido que el silencio, la ordinariez que la elegancia. Me abruman los halagos y prefiero la austeridad sin estridencias.

Debería subrayar todo lo positivo que ha habido en mi vida, los goces, las caricias, los saberes compartidos, las enseñanzas -aún las duras-, los buenos paisajes, los viajes que he tenido la dicha de realizar, las universidades en las que he estudiado y los maestros que he tenido, los afectos recibidos y compartidos, las ricas comidas y bebidas, los tejidos auténticos y sencillos, los baños y el sol, la nieve y la lluvia, el sueño y las vigilias... la familia. Y ese regalo de los nietos que, según la retranca hassídica, son "la recompensa que nos da el Cielo por no haber matado a los hijos”. Me imagino que quieren decir, por haberlos cuidado sin rendirnos.

Y la amistad, que contiene y perfecciona todas las formas de amar verdaderas. También el don de haber descubierto que nacimos para la felicidad, y que ésta consiste en ser uno mismo. En poder hacer lo que queremos, y de que el camino está en querer lo que hacemos.

Una de las mayores satisfacciones que he tenido ha sido ocuparme en la enseñanza. Si a eso le llaman trabajo para obtener un salario y poder sostener a mi familia, me entristecería. Ese quehacer, esa faena, esa labor de enseñar y de compartir los saberes ha sido lo que me ha mantenido y me mantiene. Ahora que ya no tengo clases renovadas cada año de alumnos, ni prácticas ni exámenes ni seminarios ni formar parte de tribunales… qué alivio poder dedicarme a compartir los saberes. A escribir y a leer, a mantener un blog y a enviar cada semana artículos a medios de comunicación. A editar artículos de otras personas, poder ir al cine y al teatro, frecuentar las exposiciones y vivir, cada día y a cada momento, para abordar esta fase para la que nadie nos había preparado, como lo hicieron para trabajar y para sobrevivir en la lucha. Me refiero a la vejez, a esta sorpresa que te desborda con una nueva disminución de capacidades que tenías adquiridas. Y se presentan así, como si nada, de la noche a la mañana, y cuando llega la noche y te preguntas por dónde amanecerá la gotera del alba.

Hablan de la experiencia adquirida, de la sabiduría, del control de las pasiones, qué remedio, de la prudencia que no es más que precaución ante lo que se puede presentar, y se presenta. Se atreven a denominarla “edad dorada”, “tercera edad”, “tiempo de plenitud y de sosiego”, el de los seniors venerables. Tonterías ahora que el marketing nos ha descubierto como “nicho” de consumidores.

¿Serán torpes? Nos hablan de nicho, a nosotros que estamos adaptándonos a este cambio radical. Y vaya si cuesta. Personalmente he padecido en un año todas las intervenciones quirúrgicas y dolencias para las que no había tenido tiempo durante setenta años vividos. Por eso, me reafirmo en celebrar el vivir de cada día. Parodiando a John Milton, porque tengo los años que todavía no he vivido.

 

4 de abril de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Construir la felicidad

 

Una cosa es estar vivos y otra es vivir la vida, recuerda Alex Rovira en una sugerente reflexión. Cierto que él la aborda desde la necesidad de hacernos una hoja de ruta personal escrita con descripción de los motivos del cambio, con un listado de objetivos concretos, con los recursos para conseguir esos deseos y nada menos que con la fijación del tiempo de realización. Y que lo firme para rubricar el compromiso.

Todo este proceso me recuerda los manuales norteamericanos de autoayuda, usted sí que vale, usted puede conseguirlo, la voluntad lo alcanza todo. Con las consiguientes frustraciones propias de las dietas exprés de adelgazamiento o los cursos para aprender inglés en siete días. A mí no me parece serio. Quizás porque, en mis 70 años, vividos con la intensidad que he sabido y podido, me alarman estos voluntarismos que tanto daño han hecho cuando generaciones de padres pretendieron que sus hijos alcanzaran metas profesionales, académicas y laborales que ellos jamás pudieron, claro, “¡porque eran otras épocas y no teníamos todo lo que vosotros tenéis!”

Mi experiencia como Profesor de universidad en la que he estudiado y enseñado, reflexionado y compartido los saberes durante 50 años, me ha mostrado las consecuencias de esa locura de valorar más el tener que el ser, el conseguir grados antes que la sabiduría, el transformar la memoria en un almacén en lugar de ayudar a construir una cabeza bien estructurada. “No se trata tanto de una cabeza bien llena como de una cabeza bien organizada”, decía Montaigne.

Ese lanzarse a conseguir unos objetivos por todos los medios, aún poniendo en juego la felicidad personal, no produce ciudadanos maduros e integrados. Sostener en la práctica que “vale más lo que más cuesta” es otra aberración que ha producido ingentes víctimas. ¿Qué es eso de que vale más? A mí no me cuesta querer a mis nietos, a mis hijos, a mi esposa, a mis padres y hermanos, a mis amigos y a mis discípulos. Ay de mí si no amase. No me cuesta y me llena de satisfacción y vale inmensamente más que todos los títulos, grados, honores y distinciones que he recibido en mi vida profesional y académica. A mí me encanta, disfruto y me siento vivo al dar clase, al dirigir seminarios, al escribir artículos y libros y al pronunciar conferencias. ¿Eso no vale porque “ellos” dicen que no me cuesta?

No es cierto que es más feliz el que más tiene sino el que mejor se siente consigo mismo y con su entorno. Ser, estar, saberse, quererse, aceptarse, asumir los fallos, acoger a los demás y dejarse abrazar y querer por los demás. Ser capaz de reírse de nuestras propias limitaciones, de caer y saber levantarse con una sonrisa, de no tomarse tan en serio a estos “culos redondos partidos por la mitad”.

 “No es cuánto más, mejor; sino cuánto mejor, más”, llevo repitiendo durante décadas. La voluntad tiene su sitio en la formación de la persona, y es cierto que pueden los que creen que pueden y que una persona cabal alcanza aquello que anhela profundamente. Pero porque es cabal y no un iluso ni un fantasioso. Las grandes conquistas se hicieron realidad porque alguien las soñó primero. Por supuesto que la imaginación es tan fundamental como el razonamiento, la ilusión y el esfuerzo necesario. Para llegar a aquella meta feliz de los que “lo hicieron porque no sabían que era imposible”. Imposible para los pusilánimes y no para quienes se deciden a avanzar, porque no hay que esperar por las órdenes de nadie. Recuerdo a Einstein “los que dicen que es imposible no deberían molestar ni interrumpir a los que lo están haciendo”. En nuestra ONG tenemos  un cartel invisible en la puerta: “El que no tenga nada que hacer, que no lo venga a hacer aquí”. Los jesuitas siempre encargan las cosas más urgentes a la persona mas ocupada. Ésa encontrará el tiempo para hacerlo.

“Yo sé quién soy”, decía Don Quijote. Y esa es la clave de toda educación auténtica y verdadera: ser capaces de abordar las contingencias, adaptarse a la realidad para transformarla y dejar nuestra huella. Educere…. Sacar lo mejor de cada uno. Para alcanzar la maduración, para ser uno mismo, para ser felices pues ese es el más profundo sentido del vivir personal y social. Pues no se trata de alcanzar victoria alguna, que exige vencidos, sino el éxito de desplegarnos, de crecer, de madurar y de ser nosotros mismo. Yo tengo derecho a estar aquí.

 

1 de febrero de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ante un cambio de ciclo

 

Ha llegado el tiempo de la jubilación académica. Desde 1973 no he dejado de dar clases de Historia del Pensamiento Político y Social y de Historia Universal contemporánea. Junto a tantos Seminarios vinculados a esas asignaturas que, con sólo evocarlos, me parece imposible haberlos dado siempre a las horas del almuerzo. ¿Recordáis? “Lo hicieron porque no sabían que era imposible”.

Participación en Congresos, Cursos de Verano, sede de Naciones Unidas, Conferencias en tantas universidades de tantos países y en otras instituciones vinculadas a mi profesión docente y académica. No relacionadas con la ONG Solidarios para el Desarrollo y otras actividades, ese es otro capítulo que no conoce jubilación, porque siempre se puede servir a los demás, sobre todo a los más débiles.

Mi primer contrato como Profesor en la Universidad Complutense de Madrid data de 1973. Y salvo en el año sabático, al cumplir 25 años como docente que aproveché para estudiar en 20 países de África Subsahariana, nunca he dejado de dar clase. Me encanta y he disfrutado con plenitud y con libertad. He estudiado y leído mucho. Toda mi vida. He tenido la suerte de escuchar a grandes Maestros y pude formarme en las universidades de Salamanca, Madrid, Paris, Roma y Oxford. He podido aprender idiomas, conocer pueblos y viajar por casi un centenar de países.

La pasión de saber fue abriendo las puertas del corazón y de la mente a la pasión por la justicia que ha dominado mi vida desde hace décadas.

Me siento algo emocionado, porque se amontonan los recuerdos, buenos y menos buenos. Pero no encuentro en mi existencia otro orgullo más grande que haber sido y saberme universitario. No hay que olvidar que, desde los 17 años, en que comencé Derecho, en la Universidad Complutense de Madrid, han pasado 53 en los que nunca abandoné las aulas y las bibliotecas como discente o docente.

Sé que nunca podré olvidar esta condición, esta riqueza y este estilo que me imprimió carácter. Más fuerte y duradero que el de cualquier ideología. He sido y soy feliz en la universidad.

Ahora quiero dar las gracias a cuantos me han ayudado en mi formación pero sobre todo a los miles de alumnos que han pasado por mis clases, por mis seminarios o por mi despacho. Me han enriquecido de manera inconmensurable. Nadie podrá jamás hacerse una idea del lujo que supone ese enriquecimiento.

Pero también sé que he molestado a algunos, que los he hecho sufrir, sobre todo por mi impaciencia, mi excesivo rigor y a veces por mi incomprensión y falta de tacto. No por “mi carácter”, sino por mi falta de un auténtico carácter. Sepan todos, o díganselo si pueden, que nunca podrán imaginar el sufrimiento que siempre ha supuesto para mí el hacer daño a otra persona. L’esprit de l’escalier, cuando salía de clase, me movía a regresar sobre mis pasos, pedir perdón y tratar de deshacer el entuerto. No siempre he sido lo rápido que hubiera debido. Igual me ha sucedido en otros ámbitos de mis relaciones familiares, laborales y sociales. Ha sido uno de mis mayores sufrimientos: quizás esa haya sido una de las causas que me han llevado a estudiar y a iniciarme en el Cristianismo, en el Budismo Zen, y en la sabiduría universal que preside mis estudios, mis clases, conferencias y mis publicaciones. El malestar conmigo mismo y la falta de aceptación de mis limitaciones, así como mi obsesión por la tarea bien hecha, por el cuidado por los detalles… y por exigir a los demás más de lo que podían y debían dar. Cuando me he lamentado ante los maestros y los sabios que he tenido la fortuna de conocer me respondían: “piensa qué hubiera sido de ti si no hubieras tenido ese sufrimiento por el dolor que podías causar a los demás”.

Pero no terminan aquí mi labor profesional, mis conferencias, artículos y libros. Cumplir 70 años tiene una serie de limitaciones físicas, por ejemplo, para cargar un camión, pero hay otras muchas posibilidades de vivir, tratar de ser uno mismo y hacer cuanto esté en mi mano por ser fiel a mi compromiso social con las causas de la justicia, de la libertad y de los derechos humanos.

Tampoco soy tan lerdo como para no reconocer, al cabo de estas décadas de docencia, que he sembrado mucho y a voleo, que me he preparado a fondo para las clases y que nadie sabe cuánto bien, felicidad o sosiego, inquietud o valor he podido hacer durante esas clases y esos encuentros personales. Sería injusto por mi parte. Por eso suelo, decir que hay algo todavía más grande que hacer el bien, y es contribuir a que lo hagan los demás y poder llegar a ser ellos mismos.

 

25 de mayo de 2007

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El empobrecimiento en las ciudades

 

Las ciudades fueron construidas como espacios de encuentro, de seguridad y de mutua ayuda, superada la época del nomadismo. Aún con la trashumancia, permanecían las ciudades y los pueblos en donde los hombres recuperaban fuerzas, afrontaban los inviernos, engendraban, se ocupaban de sus familias y se abrían a la roturación de los campos de acuerdo con el ciclo de las estaciones. En muchas sociedades, aún ahora, no se concibe la propiedad de la tierra, pero sí su uso en armonía con el resto de las familias. Se marcaba una línea a partir de un río y los miembros de cada familia o de cada clan roturaban, sembraban y cuidaban lo que podían sus fuerzas para su uso y para el de la “grande familia”, todas las personas vinculadas por la sangre o la hospitalidad. Era inimaginable un anciano abandonado, un niño desnutrido o alguien enfermo del que no se ocupase la comunidad. Eran como un cuerpo con sus miembros: nadie podía imaginar no sentirse responsable de los demás. El vínculo establecido era sagrado.

Por eso, en África, América o Asia, en las comunidades primitivas, regía la solidaridad como algo natural e impostergable. Pero vinieron los conquistadores de otros imperios o etnias dominantes y, para aprovechar mejor lo que ellos llamaban “recursos” humanos o naturales –buenos para ser explotados-, fomentaron la concentración en pueblos y ciudades. Empezó a regir el principio de productividad, de búsqueda del mayor beneficio, de éxito en los negocios. Los mercaderes impusieron sus reglas por encima de las etnias, de las familias y de las tradiciones. Era cuanto más, mejor; no cuanto mejor, más. Esta fue la luz que alumbró las conquistas, las “evangelizaciones” y las colonizaciones.

Desde entonces, las gentes acostumbradas a caminar para ir a buscar el agua, para cultivar los campos o para la caza, se buscaban sus alimentos y los útiles necesarios para la convivencia en paz y en solidaridad. Llevaban una vida más sana de lo que iba a suceder en los arrabales de las ciudades.

Desde que los europeos se dedicaron a dominar a los demás, les prometieron seguridad y los trataron como a súbditos alienados en nombre de principios religiosos, racistas y excluyentes.

En África, las ciudades después del siglo XVI se asentaban en los puertos adonde conducían los caminos procedentes de las minas, los bosques o los campos de cultivos. No había redes horizontales ni transversales. No hay más que mirar los mapas. Y en las ciudades se fueron hacinando millares de personas que abandonaban sus campos, sus familias y sus tradiciones siguiendo el espejismo del pretendido “progreso del hombre blanco”.

Así comenzaron a proliferar enfermedades surgidas del hacinamiento, de la falta de vida en contacto con la naturaleza… Los seres humanos fueron contados, pesados, medidos y utilizados como medios para alcanzar el fin de los beneficios. El sujeto pasó a ser objeto, instrumento para alcanzar los “nobles” fines de los europeos cristianos, blancos y enviados por Dios a salvarlos de la barbarie.

Enfermedades que no se conocían en las comunidades agrícolas comenzaron a proliferar, la soledad y el aislamiento sustituyeron a las relaciones de fraternidad, de solidaridad y de comunidad.

Tengo dicho muchas veces que hay varias clases de pobres: los que no tienen que comer, los que no tienen acceso a la educación necesaria para la libertad y para la responsabilidad, los que no saben que son pobres y los que ni siquiera saben que son hombres y mujeres, personas.

Por eso, hoy tenemos muchedumbres solitarias y aisladas entre las multitudes de las ciudades deshumanizadas en las que lo que importa es tener, más que ser. En las que miles de seres humanos padecen de esquizofrenia con personalidades desintegradas que buscan sobrevivir en un piélago de riqueza desbordante y acusadora. Hoy, ser pobre es un delito. En las ciudades, no tener es pecado, decía Fernández Asís, parodiando otras concepciones sociales. Pero las instituciones deben de caer en la cuenta de que es posible reorganizar la convivencia y hacer habitables las zonas agrícolas, ganaderas y piscícolas.

Hoy es posible aprovecharnos de las nuevas tecnologías y de los avances de la ciencia para construir comunidades en las que las personas se sientan ciudadanos y vivan en solidaridad e interdependencia. Es posible extender la educación básica a todas las personas desde la infancia, acceder a los cuidados sanitarios fundamentales, recuperar la maternidad y la paternidad responsables, cuidar del medio ambiente en el que vivimos, nos movemos y somos, porque la tierra no pertenece al hombre, el hombre pertenece a la tierra. Y esto traerá la paz como fruto de la justicia.

 

23 de julio de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos son mis hijos

 

Una chica de 16 años, enferma de leucemia, consigue un cordón umbilical mediante una campaña en un blog de Internet. La familia de esta chica informó ayer tarde de la aparición de un cordón umbilical compatible, que le permitirá someterse a un transplante de médula ósea en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona. La página Web www.amigosdepati.es, ya ha recibido más de 30.000 visitas de todo el mundo.

El trasplante para una persona de 16 años que proviene de un cordón es “muy arriesgado”, ya que hay pocas posibilidades de que la médula se regenere fácilmente, porque el cordón en sí tiene poca cantidad de células madre, a diferencia de los donantes adultos.

Desde el portal creado en Internet, amigos y familiares de Pati piden a todos los posibles donantes que vayan a un banco de sangre a hacerse la prueba de compatibilidad. Hay una gran falta de información. Si la gente supiese que con una simple extracción de sangre puede salvar una vida, estoy seguro de que se harían la prueba.

Hace años, la doctora de la Clínica Puerta de Hierro, de Madrid, Pilar Zabala, vino a nuestros seminarios de periodismo en la facultad de Ciencias de la Información, para explicar el problema que tenían cuando se presentaba un trasplante. Así como el plasma sanguíneo se puede conservar en frigoríficos, las plaquetas sólo duraban unas cuantas horas una vez extraídas de la sangre. Nos organizamos y fuimos a ese Hospital, nos tumbábamos durante dos o tres horas, nos extraían la sangre por un brazo, pasaba a través de un aparato que extraía las plaquetas y nos volvían a introducir la sangre por el otro brazo. Ni era doloroso ni peligroso y les servía para hacer un Banco de donantes de plaquetas. Hicieron un fichero con nuestros nombres, teléfonos y características y, en cualquier momento del día o de la noche, podían avisarnos a unos cuantos para acudir a donar las vitales plaquetas que ayudaron a salvar muchas vidas. Logramos que se hiciera un Banco con más de cien voluntarios donantes bien seleccionados. También formaron parte de ese banco familiares de enfermos que superaron la prueba de la compatibilidad, y que habían superado los naturales miedos de hace 20 años. También se comprometían a donarla a quienes la necesitasen aunque no fueran de su familia.

¿No sería posible organizar una campaña nacional para formar Bancos de posibles donantes compatibles de células madre? Hacerse la prueba es tan sencillo como una extracción de sangre para un análisis. Podríamos convocar a miles de ciudadanos que no saben que con su disponibilidad pueden ayudar a miles de enfermos de leucemia y otras enfermedades. Os animo a todos. Por mi parte, aprovechando lo que me resta como Profesor Emérito en la Universidad Complutense, promoveré esta campaña desde esta Universidad de Madrid. Como no conozco el límite de edad, me ofrezco para que otros jubilados ayuden a promover las campañas que pongan en marcha las autoridades competentes. Es más que probable que las personas mayores más que células madres tengamos células abuelas, pero no importa la edad para pasar la palabra, echar una mano, desde casa con Internet o el teléfono, o desde las ONG y Asociaciones de la Sociedad Civil que quieran participar. Quizás no haya muchas personas que sirvan para el Banco de donantes, pero al menos sí habrá muchos que se sometan a la prueba de sangre, que, repito, es bien sencilla y conozcan sus posibilidades reales por si algún día alguien de su familia los necesita. Lo mismo hemos hecho animando a los jóvenes universitarios a hacerse las pruebas sobre la calidad de su semen y las posibilidades que en su día podrían tener para asumir una paternidad responsable. La respuesta fue excelente en toda España. Desde hace muchos años, nuestra facultad ha sido una de las que mayores donantes de sangre tienen cada año en nuestro campus. Y es que nunca dejamos de recordárselo a los nuevos estudiantes: pueden salvar vidas de la forma más sencilla y sin complicación alguna. Además, reciben información sobre su estado de salud o sobre si precisan hacer una revisión.

Tengo para mí que, desde hace ya más de 30 años, ante un caso de grave enfermedad renal de uno de mis colaboradores, que sólo tenía un riñón, recién casado y esperaba a su primer hijo, comprendí que todos son mis hijos, mis padres y mis hermanos. Y si uno nunca vacilaría en ayudar a un ser querido, cuando este ámbito se expande, todo resulta más natural y fácil.

 

9 de julio de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo importante es compartir

 

Infatigable defensor de los “sin techo” en Francia, fundó las comunidades de Emaús para mejorar la vida de los más desfavorecidos. Lo conocí en el verano de 1955, en Paris para donde había conseguido una beca para estudiar Lengua y Cultura francesas. Ese verano, conocí a Albert Camus, encuentro que habría de marcarme para siempre, y a Charles Möeller, junto con A. Barjon y otros, en su curso “El silencio de Dios en la literatura contemporánea”. Un viernes, al acabar las clases, se acercó un compañero belga y me preguntó “¿qué vas a hacer el sábado?”, y yo respondí “lo que tú hagas”. “Pues, a las siete de la mañana, en la puerta de Clichy”. Al día siguiente, nos fuimos en metro hasta la banlieu y en seguida me encontré sentado junto a otros voluntarios con un gran saco de papeles y cartones entre las piernas. En frente, tenía varios bidones de cartón para echar el papel impreso, el de periódico, el couché, el cartón etc. Se trataba de faire le triâge. Yo me apliqué quizás con excesivo celo y terminé antes que los demás. Entonces, vi que se acercaba un sacerdote flaco y con barba, con una pipa humeante en la mano y una boina negra algo ladeada mientras su mano derecha reposaba en su fajín. “Españolito, me dijo con cierta ternura y una media sonrisa, ¿no ves que si siempre vas tan de prisa los demás corren el peligro de quedarse en el camino?” “¡Touché, mon père!” “No hay más que una cosa importante, partager" “¡No lo olvidaré, compartir!”

Quizás ese encuentro ayuda a comprender una de las pocas constantes a lo largo de mi vida, compartir. Estos artículos, mis clases y mi blog no son sino el ansia de compartir lo que busco, lo que encuentro, lo que me afecta y me golpea en un mundo con un modelo de desarrollo que no me gusta. Pero ninguna protesta sin propuesta alternativa.

Quizás, también, porque escuchando a aquellos maestros, en París... un oscuro sacerdote precisó con naturalidad la enseñanza que mis hermanos y yo habíamos vivido junto a nuestra madre: eran tiempos de hambre después de nuestra guerra y ella cocinaba todas las semanas una enorme olla que, junto con un trozo de pan, repartíamos a los pobres que se sentaban por las escaleras desde el portal hasta el segundo piso en donde vivíamos; nuestra madre visitaba en el hospital a los enfermos que no tenían familiares, aprendió a hablar con las manos para defender a una mujer sordomuda apaleada por su marido; cuando mi padre conseguía harina o aceite, él ya sabía que se harían partes para otros familiares y amigos enfermos o más necesitados.

El Abate Pierre fundó la primera comunidad de Emaús en 1949. Su constancia a favor de los derechos de los más pobres le ha valido el cariño y la admiración de toda Francia. El presidente de la República, Jacques Chirac, elogió su figura. “Toda Francia está dolida. Pierde una inmensa figura, una encarnación de la bondad”.

Había nacido en 1912 en el seno de una familia numerosa y acomodada. Estudió en los jesuitas hasta que a los 19 años entró en los capuchinos, la más pobre de las órdenes mendicantes, pero tiene que abandonar la orden por enfermedad poco después de ser ordenado y asignado a la diócesis de Grenoble. Durante la ocupación nazi, entra en la clandestinidad y colabora con la resistencia. Incluso lo detienen los nazis, pero logra escapar a Argelia. Luego, es elegido diputado en 1945.

Su verdadera obra comienza cuando funda la primera Comunidad de Emaús, un hogar para pobres, el primero de una organización que ahora tiene albergues en 50 países del mundo. En 1954, lanza su famoso discurso en Radio Luxemburgo a favor de la “insurrección de la bondad” a causa del terrible invierno del 54, que afecta a muchas personas de la calle. Cuarenta años más tarde, volvió a subirse a la escena para denunciar “el cáncer de la pobreza”, lanzando una segunda petición de ayuda para los 400.000 “sin techo” de Francia y por el derecho de todos a la vivienda.

Su lucha por los “sin hogar” ha tenido como escenario la calle, la televisión, la radio e incluso la Asamblea Nacional francesa, donde intervino en enero del 2006. Fue nombrado Gran Oficial de la Legión de Honor francesa, aunque en 2001 se negó a llevarla para protestar contra el rechazo del Gobierno a proporcionar alojamiento a los “sin techo” cediéndoles viviendas vacías. En 2004, se le elevó la condecoración a Gran Cruz de la Legión de Honor.

Cuando ahora asistimos a los movimientos en favor de las personas sin hogar, es imposible no reconocer la inmensa labor que durante más de medio siglo ha realizado este sacerdote humilde y auténtico que abrazó sin reservas la causa de los más pobres. No fueron fáciles sus relaciones con la Jerarquía eclesiástica, por una libertad y autenticidad que le llevó muchas veces a actuar al margen de la ortodoxia vaticana. En el último libro en forma de entrevista manifiesta una libertad de espíritu que impresiona y emociona. Por encima de todo, defendió la causa de la justicia y los derechos de todos los seres humanos sin distinción alguna. Además, consta el reconocimiento que el Papa Juan XXIII había hecho de su persona y de su obra. Cuando era Nuncio en París lo visitaba para sentirse “cerca del auténtico testimonio de Jesús... y poder respirar el aire del Evangelio”.

 

26 de enero de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

Los jóvenes hablan otro lenguaje

 

Querer a un hijo no es obligarlo a que viva con nuestras verdades sino ayudarlo para que pueda vivir sin nuestras mentiras. Que no son pocas. Ante la supuesta irresponsabilidad de los jóvenes es preciso recordar lo que Sócrates escribía hace ya 25 siglos: “Los jóvenes de ahora aman el gasto, tienen pésimos modales y desdeñan la autoridad. Muestran poco respeto por sus superiores y ya no se levantan cuando alguien entra en casa. Prefieren perderse en charlas sin sentido a practicar el ejercicio como es debido, y están siempre dispuestos a contradecir a sus padres y a tiranizar a sus maestros”.

Ha sido una constante la confrontación entre generaciones, pero en nuestro tiempo resulta alarmante por descontrolada. Y entiendo que es un síntoma de vigor y de esperanza, porque expresa una disconformidad con una realidad social que no les gusta. Por injusta e insegura, por imprevisible e insolidaria, porque no pueden comprenderla y no encuentran su puesto en ella. Ese malestar lo expresan a gritos o con silencios que hieren, encerrándose en sus cuartos o aislándose tras los auriculares que les conectan a los MP3.

La mayoría de los padres españoles cree que les tocaron vivir momentos más duros y que fueron más trabajadores, más maduros y más respetuosos que sus hijos, cerca de seis millones de jóvenes. Los padres tropiezan y dudan cuando tratan de inculcar a sus hijos los valores que creen deben regir sus vidas en un futuro que adivinan laboral y socialmente complejo: el esfuerzo en los estudios, la diversión responsable, la disciplina, la solidaridad, el respeto o la promoción de los afectos. Los progenitores arrojan la toalla y delegan en los profesores o en el psicólogo. Lo hacen tras haber llegado al convencimiento de que su capacidad de influencia es casi nula. Sienten que fueron esclavos de sus padres y ahora, de sus hijos, en buena medida muy parecidos a ellos.

Pero nos encontramos ante una generación más libre que pretende ser más responsable para abordar su futuro.

La trepidación les conduce a una incómoda soledad y a una sensación de no llegar nunca a tiempo. No sabemos a dónde, pero tenemos la sensación de que vamos a llegar tarde. Nos agitan, nos golpean y zarandean, nos desconciertan y abruman para que no pensemos. De ahí que muchos jóvenes opten por evadirse, por disfrazarse y por integrarse en la tribu para encontrar algo de solidaridad y consuelo. Ese denostado botellón, esas vestimentas, esos tatuajes y piercing, esa música y esas danzas son atavismos ancestrales para no dejar de ser ellos mismos, para soportar la espera mientras recuperan unas señas de identidad que les permitan decir Yo sé quién soy y quiero ser responsable de mis actos.

Si la educación consiste en dirigir con sentido nuestra propia vida y poder así afrontar las circunstancias, a las personas mayores les cuesta admitir que sus hijos están pasando auténticas pruebas iniciáticas, propias de un cambio de Era, más que de siglo. Vivimos en plena revolución de las comunicaciones, todo se ofrece como espectáculo al alcance de la mano y con una inmediatez que desborda nuestras posibilidades reales de procesar tanta información. La publicidad nos golpea con tal machaconería que nos incapacita para tomar decisiones y compulsa a unirnos a la mayoría. Las mayores falacias de la publicidad, a fuerza de ser repetidas, terminan por ser creídas. El patético espectáculo de políticos, sindicalistas y pretendidos líderes religiosos y de opinión, así como de programas de radio y de televisión desde los que algunos se alzan como profetas, no hacen más que desconectar a los jóvenes que necesitan referentes de autoridad, buen juicio y coherencia. Es erróneo sostener que a los jóvenes les asustan el orden y la exigencia. Al contrario, si a un joven le pides poco no te dará nada, si les pides mucho te lo darán todo. Esa es la experiencia cotidiana en las organizaciones de la sociedad civil con los voluntarios sociales que asumen un compromiso movidos por la compasión o espoleados por la injusticia. Lo que admiran y respetan no es la educación como transmisión de conocimientos sino la capacidad de los maestros para extraer lo mejor de cada uno de ellos. Que eso significa educcere. Aunque dé la impresión de que actúan en manada, prefieren el trato personalizado, el ser escuchados, la pertenencia a un grupo, para repetir con Shakespeare “Nosotros, pocos; nosotros, felices y pocos; nosotros, banda de hermanos”.

 

27 de Octubre de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sentido de vivir

 

Para un número creciente de jóvenes indios norteamericanos y canadienses, el suicidio es la única salida que encuentran ante una vida que ha perdido significado. Los suicidas representan el 1% de todas las muertes en Norteamérica, pero la realidad es que cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo y cada tres, otra lo intenta, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Es la segunda causa de fallecimiento de los jóvenes, tras los accidentes de tráfico. Le siguen las personas muy ancianas, que ya no se soportan ante una enfermedad discapacitante o de dolor insoportable creyéndose una carga para los demás, cuando no es sino el rechazo de una soledad insoportable.

Muchos suicidas han sucumbido a la desesperanza, más que a la desesperación. Como sucede con muchas personas que mueren en accidentes de tráfico o víctimas de toxicomanías, o en enajenaciones que a tantos llevan a engrosar las filas de ejércitos, guerrillas o mafias urbanas. Pálidas alternativas para unas vidas a las que no han encontrado sentido, el suyo, no el impuesto por una sociedad, religión, otra ideología, o por una presión ambiental insoportable para quienes ya no pueden dialogar ni con ellos mismos.

Vidas carentes de sentido y ante las que no han sabido sobreponerse como dijo André Malraux ante la mayor desgracia en la vida del escritor: “puede que la vida no tenga sentido, pero tiene que tener sentido vivir”.

Esta denuncia de la OMS quiere cambiar las actitudes sociales que consideran el suicidio como un tabú del que no conviene hablar. Como si fuera algo vergonzante, no sólo para el protagonista sino para su familia y para su entorno. Como lo fueron las enfermedades de transmisión sexual, la esquizofrenia, el alcoholismo, la homosexualidad, las relaciones prematrimoniales o con familiares próximos, o la depresión hasta hace unas décadas. El descubrimiento de los fármacos antidepresivos hizo descender las cifras de suicidio en muchos países. Un elevado porcentaje de los actos suicidas está relacionado con algún tipo de trastorno psiquiátrico, pero no siempre es ese el origen del suicidio.

El elevado número de suicidios entre los indígenas se da no sólo en EEUU y de Canadá sino en muchos otros países del continente americano. Pero en el norte han acometido el estudio de esta plaga silenciosa que hay que tratar como epidemiológíco. Cuenta mucho el desarraigo y la estructura desintegrada de muchas culturas autóctonas tradicionales. Mientras estas hecatombes se producían en los países empobrecidos del Sur, parecían no afectarnos en las antiguas metrópolis. Ahora producen alarma social en las capitales de grandes países africanos y asiáticos, y no afecta sólo a las personas hacinadas en barrios marginales sino que es una de las mayores afecciones entre la población universitaria. Jóvenes que han alcanzado ese estadio sostenidos por sus familias y comunidades como esperanza salvadora para todos, no soportan la presión a la que se ven sometidos y sucumben fracasados recurriendo a la droga y al suicidio.

Los instintos ya no le indican al hombre lo que tiene que hacer, y las tradiciones no le muestran lo que debe hacer, hasta el punto de que muchas personas ya no saben lo que quieren hacer. De ahí, el hacer sólo lo que los demás quieren o empeñarse en querer lo que hacen los demás, formas ambas enajenantes de sumisión o conformismo. Pero el fenómeno que se atribuía al desarraigo en las inhumanas ciudades de los países descolonizados, lo llevan consigo muchos emigrantes que sucumben ante el desgarramiento entre lo que soñaron en sus lugares de origen y la realidad que encuentran en los paraísos donde no eran esperados ni se sienten queridos. La epidemia del suicidio se gesta en una sociedad excluyente, en unas formas de vida aceleradas, deshumanizadas, en las que todo parece poder comprarse, en dónde la búsqueda del placer como único fin da el salto a una búsqueda de poder como única forma de supervivencia. Es el resultado de una voluntad frustrada de sentido. Al nihilismo se le llama reduccionismo, en forma de fundamentalismo religioso, ideológico, consumista o destructivo de todo lo que se escapa a nuestro control. En nuestros días, muchos no necesitan ni el cielo como recompensa ni el infierno como castigo, sino saberse queridos y respetados aquí y ahora, en primer lugar por nosotros mismos.

Vivir con voluntad de sentido, porque no se trata de dar sentido a la vida o de aceptar el que nos impongan, sino de descubrirlo en nosotros mismos. Para eso necesitamos ayuda y apoyarnos solidariamente, no sólo en los demás sino en las instituciones sociales que tienen su razón de ser en la felicidad y el bienestar de los ciudadanos. La educación debe ser el motor fundamental que nos ayude a descubrir en cada situación el desafío para asumir la responsabilidad que nos corresponde. Cuanto más vivo es el sentimiento de responsabilidad de una persona y el reconocimiento de su valor personal, mejor preparado está contra ese vacío existencial que se extiende en un modelo de desarrollo que produce sociedades carentes de sentido.

Ser uno mismo significa aceptarse y quererse para actuar con responsabilidad, aunque el suicidio suponga para muchos, en palabras de Erasmo de Roterdam, “una forma de manejar el cansancio de la vida”.

 

30 de junio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

Ética y Desarrollo Humano

 

El concepto de desarrollo ha sido manipulado al servicio de intereses económicos que han hecho de la cooperación para el desarrollo un nuevo colonialismo, asimilable, según el profesor D. Crocker, a la esclavitud o a la guerra. Amartya Sen, premio Nobel de Economía, afirma que “el desarrollo humano consiste en un proceso de expansión de las libertades reales de los individuos, de tal manera que cada ser humano esté en disposición de poder desarrollar todo su potencial como persona, de poder poner en práctica todas sus capacidades”. Frente a las concepciones utilitaristas y economicistas que asimilan el desarrollo con el crecimiento económico, el desarrollo humano sostenible (DHS) pone el acento en otras dimensiones tradicionalmente olvidadas.

Sugiere el Profesor Goulet que cualquier concepción adecuada del DHS debería incluir estas seis dimensiones: un componente económico que trate la creación de una riqueza auténtica y mejores condiciones de vida material, equitativamente distribuidas; un ingrediente social medido en términos de salud, educación, vivienda y empleo; una dimensión política  que abarque valores como los derechos humanos,  la libertad política, la emancipación legal de la persona y la democracia representativa; un elemento cultural  que reconozca el hecho de que las culturas confieren identidad y autoestima a las personas; un medio ambiente sano; el paradigma de la vida plena, referido a los sistemas y creencias simbólicas en cuanto al significado último de la vida, la historia, la realidad cósmica y las posibilidades de trascendencia.

Nosotros trabajamos por una universidad transformadora, que actúa en la promoción del DHS adaptando y transformando las tendencias de una educación más consciente de sus responsabilidades sociales en un contexto global y dinámico.

De ahí que las actividades de una Organización de la Sociedad Civil (OSC) sean inconcebibles sin una Ética como saber qué nos orienta para tomar decisiones justas y felices, en palabras de Adela Cortina. La Ética del Desarrollo ya es una disciplina académica que se pregunta ¿qué entendemos por Desarrollo? Ese nombre no es descriptivo, sino valorativo, por eso nos quedamos sin saber nada de lo que es si no se describe. El DHS tiene unos bienes internos que se manifiestan en metas y en principios. Las metas: reconocer que no se pueden imponer otras formas de vida, porque las consideremos buenas para nosotros. No es legítimo porque el Desarrollo es una actividad que tiene que satisfacer exigencias básicas de justicia para desarrollar planes de vida felicitante. Hay que humanizar el trabajo, empoderar a la gente para aumentar su autoestima, su esperanza y los medios de vida necesarios. De ahí que los Principios sean tres: 1) el Desarrollo es un fin en sí mismo, no es un medio para alcanzarlo; 2) es preciso tener en cuenta las opciones de los afectados porque su participación es indispensable para la toma de decisiones y 3) asumir la responsabilidad porque somos responsables de una naturaleza vulnerable.

Es preciso superar nuestra tendencia a considerar mejores nuestros valores en lugar de dialogar y aprender de las tradiciones vivas de culturas diferentes que nos pueden enriquecer y mejorar nuestra relación y nuestros vínculos.

No podemos olvidar que cada uno nos hacemos personas porque otros nos reconocieron como tales. Algunas personas no formadas parecen temer a las obligaciones que confunden con los deberes, que son impuestos. Obligación proviene de ob-ligatio, cuando uno descubre que tiene un vínculo con otra persona. Cuando reconocemos el lazo o vínculo con otras personas nos sentimos obligados porque ese sentimiento brota del corazón, no hay que forzarlo. La auténtica felicidad y no el bienestar efímero de la epidermis, sólo se logra por el descubrimiento de la obligación que tenemos con otras personas.

La Universidad es universitas y su misión es formar profesionales que respondan a las necesidades de los pueblos. No podemos limitarnos a transmitir conocimientos sino a compartir los saberes, porque el que tiene sabiduría es el que sabe hacia donde encaminar los conocimientos. Creemos en la universalidad del saber y de la humanidad, por eso queremos  recuperar esa cultura universal y no caer en la fragmentación de los saberes que hacen a unos pueblos engreídos y a otros esclavos. De ahí, que nos hayamos comprometido en la conversión de esta universidad de mercado, que genera títulos y busca fondos para subsistir, en una universidad que hace de la búsqueda de la sabiduría, de la formulación de los conocimientos y de la aplicación de las técnicas el eje de su actividad para favorecer las relaciones y la implicación de docentes y de estudiantes en los valores de la justicia y de la solidaridad.

Esa es nuestra responsabilidad social. La que no surge de firmar contratos sino de responder por otro porque uno ha descubierto el vínculo que nos une y que origina una obligación solidaria. La clave de la vida social y de los Derechos Humanos no es el contrato individual sino el reconocimiento de que los otros también tienen esos derechos morales que anteceden a cualquier legitimación jurídica. Los humanos tenemos un vínculo y por eso  tenemos que recuperar el mutuo reconocimiento y no temer a las obligaciones que, en su ámbito, también tenemos con los animales y con el medio ambiente pues al fin y al cabo, formamos parte del universo. Como gentes del Norte queremos regresar del Sur con las lecciones aprendidas para cambiar nuestros hábitos y transformar nuestras vidas, ya que lo que empieza como estrategia puede terminar en Ética.

 

5 de mayo de 2006

 

 

 

 

Pongámonos en pie de paz

 

No puedo callar, no debo callar. He visto muchas cosas, en muchos lugares del mundo. Por eso, escribe Federico Mayor Zaragoza, ha llegado el momento de reaccionar, de que cada ser humano ocupe el lugar protagonista que le corresponde. De aparecer en el escenario y, todos en pie de paz, ocupar por fin el espacio que durante siglos han ocupado quienes detentaban el poder. ¡Hasta los principios universales que guiaban el comportamiento de la gente han sido arrumbados y sustituidos por los avatares del mercado! Así andamos sin brújula y sin caminos, explota en “La Fuerza de la Palabra”, el libro que recoge lo mejor de su pensamiento, editado por ADHARA.

He llegado a la conclusión, dice en su Introducción, de que sólo tenemos una fuerza: la de la palabra. La que transmite el poder inmenso, creador, inventor, de cada ser humano único. Si nos liberamos, por la educación, si somos, por fin, ciudadanos y no súbditos, si construimos la democracia que representa de verdad la voz del pueblo, entonces transitaremos desde una cultura de imposición, de violencia, de la ley del más fuerte, a una cultura de concordia, de diálogo, de entendimiento, de justicia y de paz.

El hilo conductor de la selección de escritos que a lo largo de los años han reflejado sus estados de ánimo, conjeturas, previsiones, reflexiones, temores y sueños, es la esperanza porque afirma su creencia en la infinita capacidad de la especie humana.

Este sabio de reconocido prestigio universal, doctor en Farmacia y catedrático de Bioquímica por la universidad de Granada de la que fue Rector. Diputado del Parlamento español y Ministro de Educación y Ciencia, Diputado al Parlamento Europeo y desde 1987 hasta 1999, Director General de la UNESCO, es Presidente de la Fundación Cultura de Paz y desde esa atalaya comparte con todas las personas que se alzan contra la injusticia, contra la guerra, contra el hambre y contra la exclusión de cualquier ser humano sus experiencias para que nos sirvan de acicate en la lucha por globalizar la libertad, la democracia, la justicia y la solidaridad.

No podemos callar para que nuestros hijos no se avergüencen de nosotros y nos desprecien porque habiendo podido tanto, nos atrevimos a tan poco. Para que nuestros descendientes, al volver la vista atrás no puedan reprocharnos: ¡Esperamos su voz... y no llegó!

Arranca del 15 de febrero de 2003, porque para él constituyó el principio de la voz del pueblo, multitudinariamente, pacíficamente, expresada contra la guerra. Mayor Zaragoza, desde sus 70 años llenos de vitalidad, de sabiduría nacida de la experiencia y de la reflexión, dice a los gobernantes y a los poderosos de la tierra que aquella movilización tendrá continuidad, -no sólo presencial sino virtual utilizando todos los recursos tecnológicos, incluidos Internet y el SMS-, y que no sólo será voz alta de protesta sino de propuesta, no sólo en contra, sino a favor de los grandes objetivos de la humanidad, tan reiteradamente marginados y conculcados. Las cuestiones económicas y sociales, medioambientales, culturales y éticas serán abordadas por los ciudadanos del mundo que ya no se resignarán conscientes de que la era de la sumisión ha terminado.

Ha terminado, escribe, la era de la indiferencia y del silencio. Ha llegado el día de la rebelión del espíritu, de tener el futuro presente, de situar a los jóvenes en el centro de toda iniciativa y acción. Porque, con palabras de Gabriela Mistral, los jóvenes se llaman “Hoy” y nuestro compromiso es inaplazable, impostergable. Ahora es el momento de utilizar todos los recursos de la “aldea global” para que ocupe la gente el escenario, por fin, el siglo de la gente. Para que otro mundo sea posible es preciso que las manos que se han alzado, en lugar de tenderse, se unan en un esfuerzo común, en una proyección de futuro porque en ello nos va la vida, y la del planeta tierra de la que formamos parte. Hemos guardado silencio, se lamenta. A partir de ahora, hablaremos convocando a todos los seres humanos. ¡La fuerza de la palabra! Para que nadie calle. Para que todos se sepan necesarios y se sientan convocados. ¡Que nadie que sepa hablar siga callado, que todos los que puedan se unan a este grito! Para llevar a cabo la revolución de la fraternidad, la única, escribe, que no se ha tenido la clarividencia y el coraje de acometer, hasta que la “aldea global” la ha hecho posible.

En este Centro de Colaboraciones Solidarias, acogemos estas palabras de vida porque nos sabíamos en marcha, como escribió Unamuno, en el prólogo a La Vida de Don Quijote y Sancho, conscientes de que en otros mil lugares del mundo caminaban personas hambrientas de paz, nostálgicas de eternidad y ardientes en la más noble de las tareas, la de hacer a las personas felices, esto es, soberanas de sí mismas.

 

22 de julio de 2005

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchedumbres solitarias

 

Un campesino, viendo a su mujer trabajar con un molino de mano, le dice: “Déjame a mí, yo moleré; tú, descansa”. (Day at ia pobrusa a ti poci way). Al parecer, este es el texto polaco más antiguo que se conoce y apareció en el siglo XIII en el inventario en latín de un monasterio de Silesia. Sabemos que el latín fue la única lengua escrita en Polonia durante varios siglos después de la conversión del país al cristianismo en 966.

Emociona esa muestra de solicitud y piedad entre dos personas mayores. Puedo ver a la mujer sentándose, tras una dura jornada de trabajo para el bienestar de toda la familia. Me produce ternura contemplarla mientras se seca las manos con el mandil que extiende en su regazo al tiempo que comentan las incidencias del día.

No se lamentan ni se quejan, han aprendido a hacer lo que quieren porque quieren lo que hacen. Saberse queridos, necesitados en una relación de inter-independencia conforma la plenitud de una existencia. Porque los animales existen, pero las personas existen para. Somos seres de encuentro, nudo de relaciones, redes de solidaridad comunicados por la palabra. En un poema vikingo del siglo IX, las Estancias de Odin, se canta: “Me sentí rico al hallar un amigo, pues el hombre es el solaz del hombre... el tizón con el tizón se enciende y arde; el fuego nace del fuego; el hombre recibe del hombre el calor de su palabra, a quien no tiene voz se le esquiva.”

Ando esto días de final de curso aguijoneado por el renacer de la nostalgia, ese sentimiento que brota en los profesores cuando perciben que se aproxima el final de una relación intensa con los alumnos. Es el dolor por lo conocido ausente, que se vislumbra antes de producirse la separación. Uno quisiera derramar a manos llenas, sobre ellos, todo lo que conoce, intuye o sabe en este quehacer de un vivir que es preciso que tenga sentido. Como respondió André Malraux al general de Gaulle, atónito por el agnosticismo de su ministro de Cultura, para el que no imaginaba consuelo por la muerte de su hijo: “Mi general, aunque la vida no tuviera sentido, tiene que tener sentido vivir”.

Después de treinta años de enseñanza en la universidad, cada vez me impresiona más la sensación de orfandad, de desamparo y de fragilidad que muestran los jóvenes universitarios, tan provocadores y descarados por fuera, pero en realidad tan necesitados de ser escuchados. Hemos convertido la universidad en una guardería de adultos para atiborrarlos de conocimientos en una demencial tarea impropia de su ser auténtico, de ese compartir los saberes, como la definiera el rey Sabio, hace casi mil años.

Desde siempre, recibo a cada alumno en mi despacho para conocerlos y escucharlos, y tratar de comprender su situación personal. No pocas veces me he sorprendido al escucharles, entre tímidos y ruborizados, que era la primera vez que alguien les preguntaba lo que pensaban, lo que sentían, lo que anhelaban.

Desde que eran niños los hemos tratado como almacén de seguridades, como corredores para conseguir un título, para tener cultura, virtudes, poder; pues para eso les hemos dado a entender que servían los conocimientos. “No seas vago, haz algo útil, no pierdas el tiempo, tienes que prepararte para ocupar un puesto en la vida, para trabajar”. Como si viviéramos para trabajar, en lugar de trabajar para vivir. Como si el trabajo fuera un castigo, en lugar de un quehacer que tiene que ver con la creación, con la techné que libera en vez de la imposición que esclaviza.

Es la nueva moral que proclama que no tener es pecado. Es la enajenación por las cosas que nos encadenan y poseen, en vez de liberarnos.

Mi experiencia personal, la más dura de mi extensa vida de docente es percibir la creciente soledad de los jóvenes, la ausencia de los abuelos, de esas personas que hacían la familia más rica que el mero matrimonio y el cada vez menor número de hijos.

La casa cada vez es menos un hogar, espacio de encuentro y de relaciones, de solidaridad y de afectos, que un aparcamiento o una posada en un incierto camino. Se multiplican los electrodomésticos y se incrementa la soledad en un ruido que cada cual lleva a su celda. Por supuesto, con los cascos de su walkman conectados a sus orejas.

Tengo para mí que se ha perdido la palabra, el acoger y saberse formando parte de una tradición en marcha. Ya no hay lugar para los abuelos, para aquella tía que se quedó soltera o para esas personas de las familias que nos visitan, nos atienden y nos cuentan.

El grado de civilización de una sociedad se percibe por el modo de tratar a los niños, a las mujeres y a las personas mayores. El creciente desarraigo, perder las raíces y con ellas las señas de identidad, arranca de haber olvidado que la educación es el arte de saber adaptarse a las circunstancias. Que educar, proviene de educere, no conducir sino sacar lo mejor de cada uno para que pueda ser él mismo, para que sea capaz de alcanzar su plenitud y de quererse en una relación de afecto y de creatividad.

La alarmante soledad de las muchedumbres solitarias conduce a la violencia, a la angustia y a la evasión por medio de otras drogas que las de diseño: las adicciones a sucedáneos de una vida humana en la que necesitamos sabernos queridos y compartir nuestra búsqueda. Quizá, como intuyó Albert Camus, todo consista en cambiar solitario por solidario. No es más que una letra, pero a algunos parece que les cuesta.

 

 

30 de abril de 2003 

 

 

 

 

 

ONG

 

Libros que liberan

 

Hace ya muchos años, cuando viajaba para conferencias y proyectos de cooperación por cerca de 20  países de Latinoamérica, encontré que muchas Escuelas de Magisterio en Latinoamérica y otros centros de enseñanza superior carecían de buenas bibliotecas. Se me vino el alma al suelo ¿Cómo podrían formarse como profesores y directores de enseñanza sin libros para leer? Al regresar a Madrid envié cartas a mis amigos de la universidad pidiéndoles novelas, teatro, poesía, arte, cine, ensayos, diccionarios y enciclopedias que ya no utilizasen.

Así nació el Proyecto Libro Solidario. Sin financiación alguna para procesar los libros, destruir los no adecuados y organizar bibliotecas de 3.000 ó de 5.000 ejemplares para enviarlos en containers. No ha sido fácil pero lo hicieron porque sintieron la necesidad del compromiso en el servicio. A pesar de que no es fácil obtener recursos para su transporte, ya que no muestran heridas,  lágrimas o miseria.

Gracias a la ayuda de muchos voluntarios y a los almacenes y espacios que nos prestaron algunas instituciones hemos sacado adelante esta formidable empresa.

El Libro Solidario es uno de los programas de la OSC Solidarios para el Desarrollo. Se trata de un proyecto que impulsa el desarrollo educativo necesario para el progreso global.

Los beneficiarios son centros de formación, colegios de enseñanzas primaria y secundaria, universidades, bibliotecas populares, centros de atención a jóvenes en situación de exclusión social, y centros educativos que lo necesiten y que podamos ayudar, aunque consideramos prioritarios aquellos dedicados a la formación de maestros y profesores.

A lo largo de los 10 años de funcionamiento del programa, se han recibido multitud de solicitudes de bibliotecas. Por razones de infraestructura y de los fletes, damos prioridad a las regiones más desfavorecidas y a aquellos centros que disponen de unas condiciones básicas de instalación de una biblioteca y que garanticen la viabilidad del proyecto, la seguridad de los libros y el buen uso de ellos, sin censuras ni cortapisas. No podemos enviar libros de texto porque no coinciden los programas.

Tenemos en cuenta el perfil y las necesidades del centro o comunidad destinataria: literatura universal en castellano; diccionarios y enciclopedias; manuales de divulgación: sociología, política, economía, derecho, pedagogía, metodología de la lengua, literatura, filosofía, psicología, historia universal, geografía universal, asistencia social, antropología, matemáticas, física, química, geología, paleontología, botánica, zoología, medicina, tecnología, informática; libros de viaje, de música, de arte o de cine; literatura infantil y juvenil. 

En estos años, Solidarios ha enviado más de medio millón de  libros bien seleccionados de entre más de un millón de ejemplares recibidos.

Sin los voluntarios sociales de todas las edades, jamás hubiéramos podido clasificar y distribuir por campos temáticos los libros que se donan para su posterior envío y seleccionar los libros en mal estado de conservación para su posterior reciclaje. Un trabajo que refuerza además la conciencia ecológica de nuestra labor social. También reparamos aquellos libros que presentan pequeños desperfectos y separamos los libros desactualizados o con un perfil no adecuado para su envío. 

Desde hace años se lleva un registro para la fácil ubicación y posterior selección de los libros que componen el envío. Gracias a las técnicas modernas llevamos un registro informático con los datos referentes al contenido de cada uno de los envíos.

Nada de esto sería posible sin participar en la recogida de libros en colegios, universidades, e instituciones como ayuntamientos, comunidades y  periódicos que nos ceden los que ya han leído.

Es una tarea de sensibilización social que permite dar a conocer los problemas educativos de los países empobrecidos y concienciar a los demás sobre la necesidad de cooperar en proyectos de desarrollo.

La tarea de la persona voluntaria no es sólo una labor con fines culturales, sino que sus implicaciones se ramifican en múltiples campos del desarrollo, la cooperación, la educación en valores y la mejora de condiciones, a medio y largo plazo, de los países empobrecidos. La educación es el más sólido de todos los valores de cara al futuro, y la lectura es uno de los pilares básicos de la educación.

 

28 de noviembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mientras la ciudad duerme

 

Se despliegan por calles paralelas a las grandes avenidas en grupos de tres personas con un termo de café o chocolate caliente y bocadillos. Se agachan en esquinas y en rincones inverosímiles para charlar un rato. Los voluntarios sociales acuden como la sangre a la herida y saben en dónde encontrarlos, bajo cartones o sobre una vieja manta y tiritando de frío.

Los llaman por sus nombres o por algún apodo familiar, como hacían sus madres o sus mejores amigos. Mientras se calientan las manos, apenas envueltas en descoloridos mitones, intercambian informaciones del día. No utilizan elaboradas frases, sino monosílabos con sofocantes elipsis y con gestos elocuentes como sus silencios camino del olvido. A cada uno se le administra su tiempo, el que desea o precisa. Se comenta algo pillado en el transistor u ojeado en una página de periódico traída por el viento. Puede ser política internacional, dislates del G8 o del escándalo inmobiliario. Los sin techo, van marcados por lo efímero. No retienen demasiado porque no hay mañana, y el ayer va incluido en el fardo de la vida.

El alcohol y el tabaco, las interminables caminatas por las venas abiertas de la ciudad, en amaneceres sin rumbo o en busca de comida, los mantienen en una nebulosa sin ruidos. Desaparecidos los centros de salud mental, muchos crónicos se han perdido. Cómo pájaros caídos de los nidos, heridos en sus alas o con patas encallecidas. Perdido el empleo, víctimas del alcohol o de las drogas, como excrecencias de un cuerpo social implacable con los improductivos. Víctimas de culpas por algo que no han sabido integrar hasta convertirse en ajenos a sí mismos.

Así, tratan de fundirse en las penumbras de una sociedad desarraigada, casi enloquecida, que deserta las calles de la ciudad a punto de dormirse.

“Ahora, a esperar a que la vecina de enfrente levante las persianas y deje entrar al día”, dice Pablo desde su nicho en el portal acristalado de un banco. Cada uno procura tener su ámbito de seguridad a resguardo de patadas, de insultos o de miradas que traspasan. Se pretenden invisibles.

Pero no se duermen hasta que no llegan los otros ángeles de la noche que salen vituallas que han preparado con esmero para calentar el cuerpo y facilitar un rato de expansión.

Esas personas sin hogar disponen de un manejable tríptico en el que figuran direcciones de interés: emergencias; baños públicos a 0,15 céntimos; alimentos para refugiados o para inmigrantes sin recursos; horarios  de lugares donde reparten bocadillos; comedores en los barrios con estación del metro y la discreción debida; centros que gestionan el derecho a percibir una renta mínima (RMI); dispensarios de ropa; alojamientos para hombres o mujeres; centros de noche para drogodependientes con asistencia médica, alimentación y asesoría jurídica; o con lavandería, ducha y enfermería; centros de día con talleres de español para extranjeros; servicios donde reciben información y gestión de las prestaciones sociales a las que tienen derecho por ser personas, así como el servicio de Mediación Social Intercultural (SEMSI) para informar y asesorar a los inmigrantes. Miles de inmigrantes ya se sirven de ellos pero se trata de acercárselos a estas personas desvalidas.

Hace ya bastantes años, una compañera se llevó de mi mesa un café caliente. Después me dijo que era para un hombre aterido en aquella helada noche madrileña. Ahí comenzó todo. Para mi alivio, en el atardecer de la vida, se ha superado la mera beneficencia y proliferan centros para la búsqueda de algún empleo para estas personas expoliadas y desarraigadas por los fallos del sistema socioeconómico, o por sus errores personales.

También están organizados en otras ciudades de España y de otros países europeos. No son parches ni tapabocas, alivio de malas conciencias ni remiendos ante las injusticias de un modelo de desarrollo implacable con los excluidos. Son gritos en el silencio que, mientras dan de comer y de beber, visten y consuelan, alivian y sostienen, se afanan en escribir y en llamar a las puertas de los poderes fácticos para denunciar y aportar propuestas alternativas, organizar redes de solidaridad para transformar la compasión en compromiso y en acción política. Ya no hay tiempo para lamentarnos sin alzarnos en rebeldía conscientes de que lo que se debe en justicia no se concede en ayuda o caridad. El servicio se transforma con el tacto y la delicadeza. Con la denuncia, con la acogida, con el compromiso y con la propagación del incendio en aulas y en medios de comunicación, en nuestros ambientes de trabajo y de ocio. Convencidos de que otro mundo más justo es posible, porque es necesario. No podemos especular con ayudas a países empobrecidos y en locas carreras de consumismo y despilfarro sin ocuparnos, al tiempo, de nuestro entorno más próximo.

Para que el mendigo Pablo no tenga que aguardar a que la vecina abra las contraventanas para dejar paso al nuevo día.

 

24 de julio de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Historia de una andadura

 

Solidarios para el Desarrollo nació en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Un grupo de estudiantes me preguntó si podrían reunirse para hablar de la pobreza, los derechos humanos, las injusticias… a las que yo me refería en clase. Así, surgió el Seminario Solidaridad, donde miles de estudiantes se han preguntado sobre las causas de la pobreza. En la actualidad, la ONG Solidarios está en muchas universidades de España y cuenta con más de 2.000 voluntarios que han ido renovándose.

Nuestra historia va ligada a la formación y al servicio. Uno de los primeros servicios de voluntariado social lo iniciamos en el centro penitenciario de Segovia, cuando uno de mis alumnos tenía que cumplir una pena. Hoy, las Aulas de Cultura se realizan en prisiones de Madrid, Sevilla, Granada, Galicia y Baleares. Todos los sábados, un grupo de voluntarios entra en la cárcel junto a un invitado: profesores universitarios, escritores, artistas, profesionales diversos, periodistas o deportistas.

El Programa de Atención a Estudiantes Discapacitados (PAED) es otro de los servicios que surge de un encuentro con una estudiante en silla de ruedas que esperaba a que alguien la ayudase para asistir a clase. Desde entonces, hemos trabajado con centenares de estudiantes discapacitados para ayudarles a superar los obstáculos en la Universidad.

El apoyo a enfermos de sida fue otro de los primeros servicios. En unos años donde era tabú, los voluntarios de Solidarios acompañaron a estos enfermos en hospitales de España, de Latinoamérica y de África. Todavía hoy es una de las actividades más importantes.

Las personas mayores son otro de los colectivos que más nos preocupan. Desde 1995, tenemos en marcha dos programas: Atención a Domicilio y Vivienda Compartida. Con el primero acompañamos una tarde a la semana a una persona mayor que vive sola. El programa de Vivienda Compartida surgió tras darnos cuenta de que hay mayores que no quieren dejar sus casas pero no quieren vivir solos. Solidarios pone en contacto a esas personas mayores con jóvenes. El programa cuenta con más de cien parejas cada año y ha sido reconocido por la Asociación Homeshare International como uno de los mejores programas de Europa.

Una persona sin hogar pasaba las noches en el portal de una de nuestras compañeras, que le llevaba un café para que entrase en calor. Supimos de otros y así hoy con el Programa de Atención a Personas sin Hogar hay centenares de voluntarios que por la noche recorren las calles de Madrid, Sevilla, Granada, Murcia y La Coruña en busca de las personas que duermen en la calle para charlar con ellos y ofrecerles información. Lo que comenzó con un vaso se café se ha convertido en más de cien toneladas de leche y bocadillos.

Desde el principio trabajamos con niños y jóvenes en situaciones de riesgo, con enfermos mentales, con mujeres marginadas, con drogodependientes… La atención y apoyo a inmigrantes ha sido uno de los últimos servicios que hemos abierto. El fenómeno de la inmigración no puede dejarnos indiferentes y como voluntarios ayudamos a la integración de estas personas.

El Puente Solidario ha sido uno de los programas más queridos. Nace después de un viaje a Cuba en 1998  cuando conocimos a médicos que necesitan medicamentos. En España recogíamos medicinas, las clasificábamos y se enviaban a maternidades, clínicas y pequeños hospitales. Hubo más de 62 envíos a esos países de Latinoamérica y de África hasta que en 2003 la OMS aconsejó enviar medicamentos genéricos.

Durante mi año sabático de 1998 en África subsahariana creamos 20 Centros de Medicina Preventiva en universidades, como se recoge en el libro Encenderé un fuego para ti. Viaje al corazón de los pueblos de África (Anthropos). La idea era que las Universidades, a través de sus jóvenes licenciados, dieran un servicio a la comunidad. Los centros fueron equipados por Solidarios con material de laboratorio y reactivos, material de consulta y de farmacia, así como ordenadores. Miles de alumnos universitarios reciben desde entonces un tratamiento médico.

El Libro Solidario surge también en 1998 cuando encontramos Facultades, Seminarios y Escuelas de Magisterio con las bibliotecas vacías. Pusimos en marcha una campaña con profesores y amigos. Después recibiríamos ayuda del Rectorado de la UCM, de Ayuntamientos y de Comunidades autónomas. Son casi 10 años enviando bibliotecas. Los voluntarios han procesado más de dos millones de libros y hemos enviado unos 800.000 libros en bibliotecas con los títulos esenciales de la literatura universal, arte, ensayos, enciclopedias y diccionarios. Además, se han llevado bibliotecas a los departamentos de español de Universidades de Iraq, Irán, Senegal, Camerún, Costa de Marfil, Mozambique y Marruecos.

Durante más de diez años, realizamos programas de formación de voluntarios en Universidades de Latinoamérica. Durante los veranos, voluntarios universitarios españoles viajaban allá para sensibilizar a los estudiantes, trabajar con los más desfavorecidos y crear grupos de voluntarios que pudiesen servir a sus comunidades. Hoy ya se pueden ver algunos resultados.

En cooperación, llevamos a cabo, junto con organizaciones locales, programas de desarrollo en países de América Latina y África. Damos prioridad a la educación y a la sanidad. Buscamos un desarrollo sostenible, adaptado a las necesidades de las poblaciones y llevado a cabo por personal e instituciones del propio país.

Junto al voluntariado social y la cooperación al desarrollo, cuidamos la sensibilización social. Ya vamos por la 6ª edición del Manual del Voluntario, herramienta fundamental para los voluntarios sociales. Debates, charlas, conferencias en colegios mayores y congresos universitarios, exposiciones fotográficas, encuentros con estudiantes… son actividades de sensibilización que programamos cada año.

La actividad del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) ya es conocida por nuestros lectores. Más de 1.500 periodistas de Latinoamérica y Estados Unidos y más de 3.000 ONG de todo el mundo reciben los artículos cada semana. El CCS tiene, además, un aspecto académico: Taller de periodismo solidario, donde 30 alumnos de los últimos cursos de Periodismo se forman cada año.

Pero el deseo de Solidarios es “no ser necesarios”: el fin de la pobreza, la marginación y las desigualdades injustas.

 

11 de mayo de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Transparencia en la gestión y eficacia en el servicio

 

Once grandes organizaciones no gubernamentales (ONG) de ámbito internacional se han impuesto de manera voluntaria un código de conducta y transparencia que persigue garantizar y profundizar su legitimidad ante la opinión pública. Con este código, abierto a todas las ONG que acepten esos mismos principios, los firmantes quieren adelantarse a la creciente crítica sobre el poder de estas organizaciones.

Las ONG quieren, al mismo tiempo, poner un alto listón de compromiso con el público y la transparencia para distinguirse en la creciente sopa de letras del sector humanitario. El texto afirma el compromiso de todas ellas con la Declaración Universal de Derechos Humanos y por trabajar a favor del avance “de las leyes que promueven los derechos humanos, la protección del ecosistema, el desarrollo sostenible y otros bienes públicos”.

Entre otros aspectos, consagra el carácter independiente y no partidista de las organizaciones firmantes, aboga por políticas éticas explícitas y públicas, por trabajar en colaboración con los agentes locales y en beneficio de las comunidades locales, por actuar de manera imparcial y no discriminatoria en todas sus actividades, tanto internas como externas, por la transparencia de su gestión con el compromiso de auditar sus cuentas y hacer un informe anual de sus actividades, por tener una relación ética con los donantes y las donaciones y el compromiso específico de destinar las donaciones a la causa específica para las que han sido entregadas y la obligación de dar explicaciones al público cuando hay exceso de donaciones en alguna campaña específica.

El código establece también los criterios a seguir en la gestión profesional de las ONG, que ha de ser abierta a los controles financieros, a la mejora continua, a las sugerencias del público u organizaciones individuales, exige especial cuidado al elegir a los socios con los que se trabaja y una política de recursos humanos que mantenga un equilibrio entre el trabajo voluntario y el profesional.

Aunque el consejero delegado de Ayuda en Acción, Ramesh Singh, destacó en la presentación que el público tiene mucha más confianza en las ONG que en los Gobiernos, su creciente poder e influencia y al mismo tiempo su carácter de organismos no electos las hace vulnerables a largo plazo, en la medida en que su financiación depende de la opinión que el público tiene de cada una de ellas y esa opinión depende en gran medida de la imagen de honestidad y transparencia que sean capaces de proyectar. En ese sentido, la secretaria general de Amnistía Internacional, Irene Khan, destacó que “nadie nos ha impuesto este código ni nos han coaccionado”, pero admitió que las ONG se enfrentan a la larga a un problema de legitimidad en la medida en que su poder aumente. “Nuestra legitimidad nos viene dada por el trabajo diario”, de ahí la necesidad que tienen las ONG de asegurarse de que ese trabajo es legítimo y acorde con los principios que inspiran a estas organizaciones, con una gestión transparente y sometida a la rendición de cuentas.

El código pretende adelantarse a ese problema y al mismo tiempo cribar el cada vez más amplio mundo de ONG. La adhesión y cumplimiento del código ayudará al público a distinguir unas de otras. Lo que hace único este código es que es global y se extiende a todos los sectores: medio ambiente, derechos humanos, ayuda humanitaria y desarrollo, organizaciones de mujeres, indígenas y grupos de discapacitados.

Esta histórica Carta nos recuerda la responsabilidad colectiva  que tenemos en materia de transparencia y rendición de cuentas, aspectos cruciales para asegurar los altos estándares de nuestro trabajo; los mismos estándares que exigimos a los Gobiernos y las industrias del mundo.

De ahí,  el sentir general de las más prestigiosas ONG de establecer un sistema eficiente que nos permita centrar nuestros recursos en las causas que queremos servir para saber rendir cuentas plenamente por el trabajo que hacemos. Solidarios para el Desarrollo se adhiere incondicionalmente a esta propuesta ya que siempre ha apostado por la transparencia en la gestión y la eficacia en el servicio.

 

19 de junio de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las ONG deberían cambiar de nombre

 

Un antiguo adagio decía promoveatur ut removeatur. Ensalcémoslo para sacarlo de en medio. Así solía hacer Roma con ciertos obispos, les concedían un capelo cardenalicio y los removía.

Las ONG corren parecido peligro, porque se han puesto de moda. Sin embargo, necesitamos muchas más asociaciones humanitarias: en los barrios, en las comunidades, en las universidades, en el campo y en la ciudad, en el norte y en el sur.

El tejido social precisa nuevos aportes imaginativos y audaces. Pero que no pierdan sus señas de identidad, porque padecerán los más débiles. El voluntariado social, como fenómeno sociológico, se puede datar en el tiempo y no va más allá de tres décadas. Pero siempre ha habido personas que se han ocupado de los demás, que han sido compasivas, generosas, benefactoras y caritativas. No se podría entender la compasión del Buda si hubiéramos tenido que esperar al Cristianismo. En muchas tradiciones religiosas y en movimientos sociales ha habido alguna forma de generosidad, de comunidad solidaria.

La preocupación por los demás, las cooperativas, las fraternidades y las iniciativas sociales no han sido patrimonio exclusivo del cristianismo, aunque en éste haya sobresalido de manera excelsa. Sin olvidar que el soborno de un pretendido Cielo podría desvirtuar ese altruismo.

Pero en las ONG lo que debe caracterizar al voluntariado social es su pasión por la justicia, sin esperar nada a cambio. La entrega de los voluntarios no tiene por qué depender de convicciones religiosas. Aunque no sobran. Tampoco el voluntario tiene que ser un dechado de virtudes. Paradójicamente, las personas sencillas, llenas de contradicciones y dudas son voluntarios de lujo porque así es menos difícil para los marginados identificarse con ellos. Los que se reconocen como nada pueden ser todo en el voluntariado.

Comprendemos que a las personas de orden les cueste entenderlo.

Quizás las asociaciones humanitarias deban abandonar la denominación de ONG (Organización No Gubernamental). Que se lo dejen a los amigos de los gobiernos, de los clubes filantrópicos, de ciertas fundaciones bancarias con fines éticos que parecen haber descubierto un filón en el voluntariado y la cooperación al desarrollo.

Asombra el impudor de quienes se anuncian como ONG cuando durante tanto tiempo formaron clubes elitistas.

No son esos los criterios del voluntariado social propio de las organizaciones que no buscan ni el cielo ni el reconocimiento, sino la justicia y la solidaridad.

 

16 de marzo de 2001

 

 

Voluntariado

 

Lo hicieron, aunque no sabían que podían hacerlo

 

“¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a entregar mi corazón”, en palabras de Fito Páez. Se extiende una especie de pesimismo, pasotismo, egoísmo individualista que más bien tiene que ver con la resignación. Y es preciso llamar a las cosas por su nombre. Al que roba hay que llamarle ladrón y llevarlo a los tribunales; al que miente, mentiroso; al que explota, explotador, y así sucesivamente. Pero protestar aportando, en lo posible, propuestas alternativas nacidas de la reflexión, del conocimiento, de la pasión por la justicia y por la solidaridad. Porque “Otro mundo, mejor y más solidario,  es posible” porque es necesario. Todo lo necesario tiene que ser posible, si no se trataría de una quimera, fantasía o necedad.

Para ello tenemos que “pasar la palabra” cuando leemos o escuchamos algo interesante, valiente y esperanzador. No podemos abortar los ideales por temor a no poder alcanzarlos. Mal punto de partida.  Todo lo grande de este mundo se ha llevado a la práctica porque alguien lo imaginó primero, lo interiorizó y lo hizo suyo. No vale escudarse en que “yo no sé hablar”, “no estoy preparado”, “nadie me va a escuchar”. Tú pasa la palabra, difunde las ideas, proyectos y propuestas de quienes te conmuevan y te parezcan sensatos, creíbles, y arriesgados. Tenemos que esquivar los peligros o superarlos y asumir los riesgos como auténticos desafíos, como oportunidades.

Mi experiencia me ha demostrado que nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo. Es preciso convencerse de que no hay que esperar a ser bueno, para hacer cosas buenas. Gran parte de las personas respetables y admirables que conozco nunca hubieran comenzado. Porque no se trata de lo que hagamos sino de cómo lo hagamos. Poner el corazón y hasta la vida en aquello que admiramos, amamos y anhelamos. Siempre habrá un puesto para mí, así como soy, sin cambiar sino asumiendo mi realidad. De esta forma, los marginados y los excluidos se pueden identificar con nosotros con menos dificultad.

No podemos esperar a que nos ocurra algo extraordinario si no lo “descubrimos” en todo lo ordinario que nos sucede. Al llegar a esta altura de mi vida, he comprobado que la virtud más eminente es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer. Ni se trata de empeñarse en hacer cosas buenas. Los sabios, los auténticos líderes, los santos, los maestros no hacen cosas buenas. Bueno es lo que hace el sabio, el santo, el maestro. Cuando come, come; cuando bebe, bebe; cuando duerme, duerme.  Las cosas fueron primero, su para qué después. Autentikós es quien tiene autoridad, y ésta deriva de augere, promocionar, pues tiene autoridad sobre alguien el que lo promueve. Por tanto, auténtico es el que tiene las riendas de su ser, posee iniciativa y no nos falla porque es coherente y nos enriquece con su modo de ser estable y sincero, con palabras de A. Quintás

Así, en cualquier estadio de nuestro vivir podemos caer en la cuenta de que, así como somos, somos necesarios. No se trata de cuanto más, mejor; sino de cuanto mejor, más. Y todo lo que se hace desde el corazón, reforzado por la mente, es bueno y se difunde por sí mismo.

Di una conferencia en la universidad de Salamanca. Quien la organizó se ocupó en convocar al mayor número de medios de comunicación, prensa, radio y televisiones.  Entrevistas de 20 minutos en cuatro emisoras y en directo; dos entrevistas de quince minutos para dos televisiones; y desde días antes, entrevistas en periódicos, y, al día siguiente de la conferencia, aparecían comentarios y fotos en otros periódicos; y este domingo saldrá una entrevista a doble página en el diario más importante de la ciudad.

¿Qué importa el número de personas que hayan podido acudir a la conferencia a las 12 de la mañana y en el alejado campus universitario? Todo lo que han difundido los medios y por Internet es tan eficaz o más que la presencia personal.

Al día siguiente me escribió la persona que arregló todo en silencio: “Gracias profesor. Quién pudiera hablar como usted”. Y yo le respondí  “sin ti, nada hubiera sido posible. ¿Te das cuenta de todo lo que ha ocurrido? El escrito que me has enviado, lo reenvié a mi cadena de amigos, y estos los reenviaron a los suyos, lo he colgado en mi blog y otros colgaron sus post”. Esta es la red de redes, sabernos necesarios y aceptados y acogidos y queridos y respetados. Nadie sabe de lo que es capaz, hasta que se pone a hacerlo.

Eso es auténtico periodismo: provocar, escuchar, mirar y saber contarlo.

 

21 de noviembre de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Somos árbol que camina

 

La generosidad, más que en dar, consiste en compartir, y en hacer juntos parte del camino. Es llevar en el alma a los demás, y saberse responsable del mundo. El médico no necesita compartir la cama ni los medicamentos del enfermo para saber consolar, aliviar y no interferir en la sabiduría de la naturaleza, para que ésta pueda restablecer el equilibrio.

Toda injusticia es un atentado a la armonía, a la proporción, a la unidad y a la equilibrada tensión de los opuestos. La solidaridad perfecciona la reparación de la justicia al introducir la delicadeza en el modo de actuar. Es consecuencia natural de saberse parte del tejido social dañado. No se restaura lo dañado en el otro, sino en ese utrum, uno y otro a la vez, que es más profundo que nosotros, nos-otros.

Entre yo y tú hay una relación esencial que fundamenta nuestra condición de personas, seres que viven para los demás. El animal es un ser que vive en la estructura de todo lo que existe, pero no es consciente de que pueda vivir para, sino en. Que no es poco.

 ¿Cómo sabría el uno que es uno sino fuera por el dos? ¿Cómo sabría quién soy sino fuera por ti? No es una cuestión de utilidad o de preferencia, sino de entidad real. En la naturaleza no existe el robinsonismo porque Robinsón vive por sus padres y abuelos, y en relación con la naturaleza que lo sustenta. Por eso, yo no puedo considerar al otro como objeto de mi amor, sino como sujeto que interpela y me da mi más auténtica dimensión, al expandir la suya.

El espejo sólo me devuelve una imagen captada en un momento, y siempre distorsionada por la interpretación del que se mira. No existen auténticos autorretratos, sino interpretaciones subjetivas, porque cada cual vive en su propio espacio corporal, el de nuestra vulnerabilidad y de nuestra soledad. Es también el espacio del placer, del bienestar y de la sensación de ser querido, como subraya John Berger. La cantidad de los autorretratos que se hizo Rembrant no tiene parangón, y nunca estuvo satisfecho porque sabía que ninguno era él. El pintor puede pintar su mano izquierda como si fuera la de otra persona, pero ante el espejo su reacción frente a la cara que está viendo la transforma. Todos representamos cuando nos miramos en el espejo, adecuamos nuestra expresión y nuestra cara. El auténtico retratista pinta lo que la cara olvidada ha dejado en su cabeza, y la reconstruye.

Para ser objetivo tendría que haber nacido objeto, y soy sujeto. Por eso busco el equilibrio y la armonía en mi descubrimiento en el otro, y del otro en mí. Somos proyecciones en movimiento de una energía que nos descubre, nos acerca y nos transforma hasta reconocer que los límites son meras apariencias.

“Tú y yo somos un mismo pueblo, Madre de todas las cobras. Llevamos la misma sangre”, le dice Mowgli como clave para abrir las puertas del conocimiento

El símbolo de “Solidarios” es el árbol de robusto tronco, amplio ramaje y hojas que parecen estirarse y mecerse para acoger y dar sombra a todo el que pasa, por las raíces tan profundas, humildes y jugosas que lo sustentan.

Sería fácil concluir que los voluntarios sociales representan esas raíces, o el tronco, o las ramas, o las hojas. Más bien son el ambiente que acoge y aspira y transforma y devuelve vida y alegría en forma de oxígeno, de ozono, de prana y de esperanza. Los voluntarios sociales de la primera época eran conscientes de que estaban construyendo un mundo mejor, porque transformaban su corazón, y se enriquecían dándose. Acoger a quien sea, donde sea y como sea, sin esperar nada a cambio, por el placer de compartir. Porque los necesitamos para poder ser felices juntos. Y porque este modelo de sociedad no nos gusta.

Hoy el voluntariado está en proceso de cambio. No es fácil reconocerse, como tampoco es fácil para el joven que grita ¿qué ha pasado? en un cuerpo envejecido. Ojalá esos voluntarios sean capaces de descubrirse esenciales en el tejido social como parte vivificante del árbol, del bosque y de la vida.

Ese chute en vena, en el que nos convertimos, es la llamada de la ausencia para restaurar la justicia en una sociedad atormentada por el grito de los pobres.

 

7 de marzo de 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escuchar con el corazón

 

Hace años que un maestro me enseñó a escuchar con el corazón, el leb shomá del joven Salomón. Hacerse uno con las personas que nos acogen y sintonizar, aunque los idiomas parezcan distintos. Hemos perdido el placer de conversar sin tiempo y saborear los silencios. Siempre viene a mi mente un viejo haiku atribuido a Basho, pero que no es suyo: “No decían palabra el anfitrión, el huésped y el crisantemo”... ¿Qué habían de decir? ¿Estropear con un ruido del presente la música de lo eterno? Pero en este presente nos va la vida y saborearla es vivirla con plenitud: “Vivir con modestia y pensar con grandeza”, como sugería Wordworth. O como, con palabras del ermitaño Kenko (s.XIV), se preguntaba el novelista y poeta Ueda Miyoji, poco antes de morir “¿Cómo es posible que los hombres no se alegren cada día por el placer de estar vivos?”. Y añadía: “Es preciso vivir cada día plenamente, como si cada día valiera su peso en oro”. “¡Hagamos tiempo para el ocio! ¡Y vivamos un día como si fueran dos!”

Cuando los voluntarios sociales viajamos a las regiones de los pueblos empobrecidos del Sur ponemos todo el empeño en respetar sus tradiciones culturales y religiosas. Para ello nos preparamos con tiempo. Un viaje a un lugar desconocido no se puede improvisar sin riesgo de ofender a alguien. Y es preciso escuchar, porque los encuentros sólo se producen una vez en la vida. Todas las despedidas son eternas porque la repetición es imposible. La vida sólo ocurre en el presente y mientras no sepamos vivir cada instante como si fuera único, corremos peligro de no vivir la vida en toda su plenitud. Kenko repetía sin cesar: “Las personas que temen la muerte deberían amar la vida”.

En una reunión con los representantes de las comunidades indígenas en Costa de Marfil, el portavoz nos decía: “Ahora que habéis bebido y que vuestros equipajes reposan seguros en las casas que os hemos asignado, permitidnos que os demos la novedad: La aldea está en paz, no hay guerra, la vida sigue su curso, hay caza, las cosechas van bien porque ha llovido a su tiempo y nos sentimos felices, porque habéis llegado acudiendo a la llamada que os hicieron los espíritus de nuestros antepasados. Contadnos noticias, pues siempre se puede aprender de quienes han recorrido tan largo camino. La noche es joven y vosotros traéis la aurora”.

Cuando a uno le dan las gracias durante esos viajes o lo agasajan,  siente un profundo rubor y tiene físicamente presentes a todas esas personas anónimas y generosas gracias a cuya labor continuada centenares de millares de enfermos en docenas de países alivian su dolor o son curados de sus dolencias. Su generosidad es infinita, porque ni siquiera corren el riesgo de que les den las gracias con sus manos febriles o sus cuerpos comidos por la lepra, la tuberculosis, el sida o la malaria. Pero, sobre todo, por el dolor y el abatimiento, por la impotencia y la desesperanza.

Nosotros habíamos salido a su encuentro, porque ellos nos esperaban. Nadie nos había enviado, nos habían llamado. Esta es una idea que siempre tenemos muy presente. Ante el océano de dolor, hambre, soledad e injusticia que hay en el mundo para miles de millones de seres, a muchos les asalta la tentación de no hacer nada ante la magnitud del desastre. No. Es preciso discernir lo signos y ver que en esta persona a cuyo lado estoy está la humanidad doliente entera, que éste es el pueblo sufriente que se alivia cuando se atiende a uno sólo de sus miembros. Toda acción ejercida en un punto del tejido social se transmite a todo el organismo para bien o para mal. Y si nosotros dejamos de hacer ese poco ahora, quedará sin hacerse eternamente, por muchas otras cosas que podamos hacer después.

 

18 de mayo de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La compasión no basta

 

Ante el 20 aniversario de Solidarios para el Desarrollo, se agolpan en mi mente retazos de una vida empleada en animar a otros a luchar por la justicia, por el compromiso y las propuestas alternativas.

Se entiende por solidaridad el sentimiento del que se considera unido a la causa de otro. Uno se siente interpelado y movido a la acción. Es la intuición de que coopera con la justicia más radical.

Somos seres naturalmente sociables que podemos mejorar el bienestar de la comunidad y el propio. Por eso, la mutua solidaridad incrementa lo mejor de cada uno para el servicio de los demás.

Al profundizar en la dimensión antropológica de la solidaridad, ésta se expresa como necesidad de restaurar la unidad de derechos originaria.

No es de extrañar que el voluntariado se plantee como plataforma de reivindicación de justicia para que la solidaridad sea algo real.

Como ser joven es mantener la capacidad de asombrarse y de comprometerse en una actividad que supere nuestra contingencia, el auge del voluntariado social ha encontrado entre los jóvenes un apoyo solidario y generoso. Se saben en el umbral de la Utopía, no más allá, porque todavía no se conocen las leyes del caos. Pero son capaces de imaginar escenarios que harán posibles, porque son necesarios. Toda Utopía comenzó siendo una verdad prematura.

Hoy la situación de millones de seres humanos se hace insoportable y, con la complicidad de los medios de comunicación, nos sabemos vagabundos de Internet capaces de hacer realidad lo que soñamos. No sin causa esta ONG nació en la facultad donde se forman los periodistas.

Junto a las amenazas de grupos terroristas, se alza la esperanza de una sociedad más justa y solidaria, más consciente de que forma parte del medio ambiente y que constituye una fraternidad en la que nos sabemos “bandada de hermanos”. Admiramos a las personas capaces de comprometerse con ideales generosos y superar ideologías que hacen del ser humano un objeto de mercado, de fascinación o de intercambio. No queremos ser considerados como “recursos”, pues no somos objetos para fin alguno, porque todo ser humano es un fin en sí mismo, y por lo tanto, de valor inconmensurable.

Los jóvenes rechazan la guerra, los paraísos fiscales, los grupos de poder que controlan un modelo de desarrollo inhumano e injusto en el que se confunde valor con precio. Se alzan cada día más numerosos contra la explotación del hombre por el hombre, y de los nuevos imperialismos sin imperios sobre el resto de la humanidad que habita tierras ricas en lo que ellos denominan “recursos”, buenos para ser explotados. Se alzan y protestan ante esta gestión financiera y mercantilista de una globalización para que los condenados del mundo hagan escuchar su grito contra la injusticia y construir unas formas de convivencia más cordiales y más humanas.

Desean participar en la cosa pública, sabiéndose cada uno igual a los demás y que, todos juntos, pueden más que los mandatarios que los gobiernan. En la sociedad de la comunicación ya no se puede engañar a muchos durante demasiado tiempo. Y los jóvenes lo saben y cada vez convocan a más personas mayores que corrían el riesgo de resignarse. Ni unos ni otros desean que sus descendientes sientan vergüenza de ellos porque, habiendo podido tanto, se hayan atrevido a tan poco. Ya es común la conciencia de que no nos juzgarán tanto por nuestros fallos como por silencios que nos hacen cómplices de crímenes contra la humanidad.

Saben que es posible la esperanza porque es posible decir no y ponernos en camino junto a millares de personas que no quieren resignarse. No se alzan contra la autoridad sino contra la prepotencia  de oligarcas, de fanáticos y de demagogos. Un sentimiento les invade: hoy es siempre, todavía. Nadie nos había prometido que fuera fácil y, si nadie tiene que mandarnos, ¿a qué esperamos?

Vivimos tiempos hermosos en los que somos conscientes de que el ejercicio exclusivo del desarrollo integral de la persona y de la sociedad no compete ni al Estado ni a los partidos políticos ni a las diversas confesiones religiosas. Es el ser humano y sus opciones libres quienes deben ser los protagonistas de su desarrollo integral y el derecho a buscar la felicidad, pues el ser humano ha nacido para ser feliz. 

 

4 de mayo de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Movidos por la pasión de la justicia

 

Somos seres sociables que podemos mejorar el bienestar de la comunidad y el propio. La mutua solidaridad incrementa lo mejor de cada uno para el servicio de los demás. Al profundizar en la dimensión antropológica de la solidaridad, ésta se expresa como una necesidad de restaurar la unidad de derechos originaria.

No es de extrañar que el voluntariado se plantee como plataforma de reivindicación de justicia para que la solidaridad sea algo real. La compasión no basta, aunque sea esencial para el compromiso. Es bueno reflexionar sobre sus características que nos revelan sus señas de identidad.

- La gratuidad, pues es la donación de sí mismo y la conciencia de ser para los demás lo que sostiene su concepción de la vida

- La continuidad, ya que no se pueden crear necesidades en aquellas personas que no estemos dispuestos a seguir ayudando.

- La preferencia vocacional del voluntario, ya que uno hace mejor aquello que le gusta y para lo que está más preparado.

- La responsabilidad personal sostenida por su equipo que desarrolla el proyecto de la Organización con la que trabaja.

- El conocimiento, respeto y valoración de las diferentes personas o pueblos que pueda encontrarse en la realización de su tarea.

De ahí, que nada se aleje más de un auténtico voluntariado social que:

- Invadir el terreno de los profesionales. Es preciso colaborar con los profesionales en tareas que sería más difícil realizar puesto que se trata de un modo de actuar que no se encuentra en el mercado laboral.

- Imponer ideologías, políticas, culturales o religiosas, aunque es natural que cada uno tenga sus opciones personales no se tiene derecho a imponerlas en la actividad como voluntario social.

- Utilizar al excluido como herramienta para satisfacer su curiosidad o sus necesidades profesionales, como si los demás fueran objetos de su curiosidad o, lo que es peor, de su experimentación. Las personas son sujetos, un fin en sí mismas, nunca objetos.

- Crear dependencia con el asistencialismo, pues el voluntario quiere desarrollar en las personas y en los grupos capacidades que les lleven a la autonomía. Reconocemos que muchas veces puede existir un componente asistencial que cubre necesidades urgentes y prepara una actuación para la autonomía a largo plazo del sujeto.

- Dar limosna desde la compasión, pues supera la relación de alteridad para insertarse en la más profunda reciprocidad. En el voluntariado social tenemos claro que lo que se debe en justicia no se ofrece en caridad.

- Confundir los deseos con la realidad. El voluntariado sabe asumir sus límites. En la organización del trabajo voluntario, hay que diseñar programas realistas y factibles, pues de otra forma se fomentan la desilusión y la desesperanza, cuando no la pérdida de la confianza en las capacidades de desarrollo humano, económico y social de las personas.

Admiramos a las personas capaces de comprometerse con ideales generosos y de superar ideologías que hacen del ser humano un objeto de mercado, de fascinación o de intercambio.

Saben que es posible la esperanza porque es posible decir no y ponernos en camino junto a millares de personas que no quieren resignarse. Nadie nos había prometido que fuera fácil y, si nadie tiene que mandarnos, ¿a qué esperamos?

El voluntariado siempre será necesario porque aporta un plus de humanidad. Nos movemos acuciados por la pasión por la justicia y, en nuestra tarea aportamos la delicadeza en el modo y la firmeza en los fines.

 

30 de noviembre de 2007

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Necesitamos auténticos voluntarios sociales

 

Es hermoso constatar el crecimiento del voluntariado social. Tras las tres décadas desde su nacimiento, hay signos de los peligros que corre la generosidad de los voluntarios: partidos políticos, gobiernos, sectas e intereses empresariales.

Cuando el candidato llega a una ONG no se le puede poner a trabajar sin más con los enfermos o con los niños, en las cárceles o en cualquier otro servicio sin una formación adecuada.

La responsabilidad final de cualquier error y de la buena marcha es la Organización. Como no es gubernamental, sino que se desenvuelve en la esfera de la sociedad civil, se rige por las normas que se ha dado, aprobadas de acuerdo con la legislación vigente.

El protagonista de la acción social del voluntariado no es la organización ni el voluntario. Es el marginado, el excluido, quienes padecen la injusticia. Porque la solidaridad o es una respuesta ante una desigualdad injusta o puede derivar en mera compasión, beneficencia. O sucedáneo que pudre la herida y convierte en cómplice de los responsables de la situación injusta. El candidato a voluntario debe escoger la asociación que mejor vaya con sus preferencias y capacidades, y ésta tiene la obligación de seleccionar a los candidatos más idóneos para las tareas de voluntariado propias de esa organización. Es falso que cualquier persona tenga derecho a entrar en cualquier organización. Falso y peligroso. No hay más que leer la legislación que regula el voluntariado social. El voluntario tiene que sentirse a gusto cooperando física y económicamente, de acuerdo con sus posibilidades, en la asociación que lo ha admitido, así como ésta tiene la obligación de formarlo y ayudarlo en sus tareas de voluntariado y exigirle una conducta acorde con los principios de la ONG. No cabe planteamiento asambleario alguno. El que no se sienta a gusto debe buscar otra organización en donde pueda estarlo.

Estoy convencido de que el boom de las ONG toca techo y presenta una cierta fatiga en relación al impulso de su primer fervor. Las ONG tienen que dar paso a los organismos que puedan prestar ayuda eficaz. Los voluntarios seguiremos militando en la lucha por la justicia y por los derechos sociales para todos.

Si yo fuera alcalde de una ciudad, ni una sola persona dormiría en la calle, los recogería y vería qué le pasaba a cada uno para remediar su necesidad y tratar su reinserción en la medida de lo posible. En Suiza no duerme nadie en la calle. Eso que hacen algunas ONG de salir de noche a dar café es por admirable compasión; algunos van más allá y lo hacen con compromiso para denunciar esa situación inadmisible en una sociedad bien organizada, pero no podemos perpetuarlo, porque corremos el riesgo de caer en el asistencialismo. Y el asistencialismo genera dependencia.

Ha sido cínico cerrar centros psiquiátricos y lanzar a las calles a enfermos mentales que deberían estar acogidos en adecuadas residencias de salud. Los voluntarios deberían atender a esos pobres excluidos mientras avisan a la administración para que se hiciera cargo de ellos. Lo mismo sucede en las prisiones, o con los inmigrantes, con ancianos que viven solos, con enfermos terminales, con drogodependientes o con cualquier marginado en donde se detecte una injusticia social, al tiempo que se urge el medio de remediarla. No podemos contentarnos con acompañar al marginado en desgracia, tal conducta podría ocultar algún desequilibrio que confundiera sujeto con objeto, o alguna oculta transferencia.

El voluntario es una persona que trabaja y cede parte de su tiempo para ayudar en una labor social. Pero no es admisible que haya quienes hagan del voluntariado una forma de vida, cuando no cuestionable necesidad.

 

17 de marzo de 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Menos lobos, Caperucita

 

Los voluntarios de la sociedad civil, las ONG, que trabajan por la justicia y por el respeto de los derechos humanos en su lucha por un mundo más justo y más solidario, tienen que hacer frente a una campaña de descalificación en su humanitaria labor.

La escritora india Arundhati Roy ha alertado sobre “el peligro que suponen las ONG para el auténtico desarrollo de las poblaciones del Sur”. Olvida que el mayor número de voluntarios sociales de las ONG trabajan en los países del Norte sociológico para hacer frente a las injusticias y a la explotación de personas en situación de peligro. Ancianos, inmigrantes, mujeres, niños, prejubilados y parados, mestizos y gentes de color, enfermos terminales y drogadictos, gentes sin hogar y sin recursos en unas sociedades cada vez más deshumanizadas.

Reducir las actividades de las ONG a los proyectos que algunas desarrollan en países del Sur es una burda simplificación. Generalizar casos que suceden en India, con personal de ONG indias, es de una temeridad incomprensible en una mujer de tanto talento. James Petras, de la universidad Binghamton de Nueva York, se aprovecha de su prestigio en la causa de los derechos humanos para arremeter contra las ONG acusándolas de “ser un peligro para la democracia”, de no participar en las “luchas reivindicativas de los maestros”, de “minar el sentido de lo público” con sus proyectos de ayuda social, y de “apropiarse del lenguaje de la izquierda”.

El Profesor Petras, que tanto jaleó a las ONG cuando le pareció que “su imagen era favorable hasta en la izquierda”, aplaudió nuestro apoliticismo y aconfesionalismo, porque entendió que así no podrían aprovecharse de nosotros las confesiones religiosas que tradicionalmente desarrollaban muchas de estas actividades. Ni los tildados de “socialistas utópicos” por el marxismo más montaraz. Ahora resulta que “las ONG fomentan un nuevo tipo de colonialismo y de dependencia cultural y económica”.

Descalifica a las ONG porque “son postmarxistas”. Salva a “una pequeña minoría que desarrolla estrategias alternativas en apoyo de la política de clase y del antiimperialismo”. Ya salió el fundamentalismo ideológico que tanto censuran en los neoliberales, en los neoconservadores y en todo lo que no suena con la música que a algunos les gusta dirigir desde sus cátedras.

No queremos militar en partidos políticos, en sindicatos de clase ni en ninguna confesión religiosa. Respetamos la libertad de los voluntarios sociales para que ejerzan sus derechos en cualquier opción democrática.

La escritora india confunde los abusos de algunos miembros de ciertas ONG en la India, y en otros países, que pueden despistar a la opinión pública. Les acusa de que sirven de sucedáneos, de cortinas de humo para paliar las deficiencias de unos sistemas políticos que aceptan los “reajustes económicos” del Banco Mundial o del FMI, reduciendo las inversiones en educación, en sanidad y en obras sociales fundamentales. No se puede generalizar aunque al final de sus palabras diga que “no todas son así”. Primero, se lanza la piedra y luego se esconde la mano. No es ético ni elegante, no es justo ni lo aceptamos.

Ahora resulta que el formidable voluntariado social que ha movilizado a millones de seres “desde la década de los setenta está controlado por el Banco mundial, por el FMI, y por el imperialismo norteamericano y europeo”.

Cuando cientos de miles de jóvenes en Europa y en EEUU, desencantados de muchas ideologías, decidieron asumir la causa de los más pobres, de los oprimidos, de los explotados y humillados por un sistema socioeconómico injusto, fueron mirados con desconfianza por las instituciones religiosas. Se creían que ese campo “les pertenecía”. También fueron