Aforismos de Confucio. La virtud de saber dirigir, (Editorial Temas de Hoy, Madrid)

En un momento histórico en el que el relativismo se impone, dejando atrás ideologías rígidas y estáticas, la mentalidad occidental encuentra en el pensamiento oriental resortes que le ayudan a superar con éxito los complejos desafíos del mundo actual.
Esta obra recoge una cuidada selección de aforismos de Confucio de validez universal. Una lectura necesaria para quienes aspiren a ejercer el buen gobierno o el recto liderazgo en la vida social y política, convencidos de que la educación es el camino que lleva a la virtud y a la felicidad, o para aquellos que gusten de bucear en la compleja psicología del ser humano.
Confucio (551- 479 a. C.) es el más famoso de los filósofos chinos, coetáneo de Lao Tsé que, más que filósofo, fue un maestro para la humanidad de todos los tiempos. Vivió en un período marcado por la inestabilidad y la decadencia. Se dedicó a transmitir sus ideas reformadoras recuperando el sentido de las palabras. Llamar a las cosas por su nombre, y ser coherentes. Nadie como él ha reflexionado sobe el arte de gobernar y la virtud de dirigir. El confucianismo influyó en la Europa ilustrada que descubrió en él la idea de un gobierno basado en la educación y en el mérito.
No hace mucho cuando preguntaban al presidente de China, “Después de Mao, ¿qué?”, respondió: “Como filosofía de la vida tenemos a Lao Tsé y sobre el arte de gobernar con virtud tenemos a Confucio, que dijo que el buen maestro es el que sabe extraer una nueva verdad de un saber antiguo.”
Como dice Racionero en el prólogo: “Procuro conducir mi vida según la vía del taoísmo, pero si tuviese que organizar una sociedad emplearía las ideas de Confucio porque es la sensatez en persona”. Confucio encarece la virtud, no predica ningún misterio. En sus aforismos invita a perdonar las injurias y a recordar sólo los beneficios, a vigilarse sin cesar, corrigiendo hoy las faltas de ayer, a controlar las pasiones y cultivar la amistad; a regalar sin ostentación y no recibir más que lo necesario sin bajeza, y tratar a los demás como uno quiera que lo traten. Occidente necesita templar su exceso de individualismo competitivo con cierta dosis de serenidad, mesura y armonía como están en Lao Tsé, en Confucio, en los Upanishads o en el Damaphada de Buda.
La palabra “melancolía” es un ideograma en el que se ve un corazón humano contemplando cómo caen las hojas sobre un estanque. El equilibrio y la armonía surgen de la honradez, y ésta viene del significado del cosmos.
Para vuestro deleite: “Los emperadores de antaño, deseando superarse, transgredieron los límites”. “El hombre debe encontrar en sí mismo las claves de su conducta”. “Una vez conseguida la prosperidad del pueblo, hay que instruirlo”. “El funcionario es reclutado sobre la base del saber, la capacidad y el mérito, y que busca el bienestar del pueblo”. “La clave del éxito está en mantenerse siempre listo para efectuar los ajustes necesarios”. “La virtud de humanidad (ren) no conoce límites”.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 18/09/2009