Retazos de Ting Chang 018

La perfecta velocidad

Cuando regresó Sun Tzen de la reunión que mantuvieron todos los consejeros en la residencia del padre de Ting Chang, éste se emocionó con un paquete que le entregaron. Estuvo sin abrirlo durante todo el día pero no dejaba de mirarlo y de cambiarlo de sitio en las ocasiones que venía para descansar. Fue un día de mucho trabajo pues a Sun Tzen le habían acompañado de regreso otras personalidades. Sergei se debatía entre dos tensiones, bueno, entre tres: por un lado, le hubiera encantado que Ting Chang dispusiera de más tiempo para descansar y así poder compartirlo juntos; por otro lado, el rapaz no había olvidado la historia de China que Ting Chang había comenzado a contarle y que era mucho más interesante que las lecciones de los profesores que le habían asignado; pero, en tercer lugar, por qué no decirlo, estaba deseando saber lo que encerraba aquel paquete llegado desde Pekin. Así que, tan pronto como llegó Ting Chang para cambiarse para la cena, le soltó, así como si nada:- Noble Señor, debes estar agotado con este ritmo de trabajo.- Pues es lo que me espera durante los próximos días. Se ve que han trabajado muy duro y ya mi hermano me había preparado durante una llamada que me hizo desde Ottawa.- ¿No estaba en Nueva York?, - preguntó Sergei.- Sí pero, en Canadá y en Brasil, se preparan las nuevas grandes delegaciones de la Compañía para América y ya están las obras muy adelantadas. Él, desde Nueva York, las coordinará pero, al parecer, han decidido que nuestra hermana tercera...- ¿La que estudia en Suiza?- Ha terminado sus estudios en la universidad. Ahora ya lleva un tiempo haciendo prácticas en un gran banco internacional con sede en Ginebra...- ... y que, por casualidad, os pertenece.- No a nosotros, Sergei, al grupo. Es como si se tratara de un gran edificio que tuviera muchos pisos y dependencias vinculadas a las diversas plantas industriales, fábricas y medios de transporte. Pero en la que felizmente los responsables ya no necesitan desplazarse para estar siempre comunicados. Ya no hay que bajar de la planta cuarta a la segunda para despachar un asunto que puede resolverse por sistemas electrónicos y gracias a las maravillas que no dejan de sorprenderme de las nuevas tecnologías digitales, están mentalizándose para comprender que da lo mismo comunicarse desde la planta cuarta a la segunda que desde Shangai a Johannesburgo, Sao Paulo, Londres o Yakarta. - Es como aquello que nos contaron un día en las chozas, y que no era precisamente un cuento oriental sino que era del libro Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach, cuando la intrépida gaviota le pregunta a la Gran Gaviota ¿Cuál es la perfecta velocidad?...-seguía entusiasmado Sergei-- ...La perfecta velocidad es estar allí, le respondió tranquila. Es eso, Sergei. Mi padre ha comprendido que los logros de la realidad superan las mayores fantasías de la mente, pero que necesitarán siempre de la inteligencia y del corazón de los hombres para coordinarlos. Por eso él decidió dar el paso a las nuevas generaciones pues, por mucho que las comprenda y asuma el cambio, ha comprendido que, por su edad, será de mayor utilidad desde la retaguardia asesorando a los consejeros.- Pero se cuidó muy bien de colocar a sus hijos en los puestos claves.- Más bien se preocupó de darles la formación necesaria para las responsabilidades que nos aguardan. Recuerda también que en nuestra cultura por muchos partidos políticos, sindicatos, lobbies o mafias que existan siempre permanecerá la red insustituible de la familia. Es la que realmente tiene los contactos, guanxi, y sus mayores los comparten desde hace generaciones.- Es como una red.- Sí pero de obligaciones y de responsabilidades, antes que de derechos y de privilegios, que naturalmente también existen. De lo contrario aquellos no podrían ser desempeñados con la misma naturalidad que respiramos.- Sí, Noble Señor, pero tú habías intentado sustraerte a ese entramado... para dedicarte a la medicina.- Mi padre lo permitió y sus consejeros comprendieron la sabiduría que contenía su decisión. Lo que se requería era una formación universitaria completa y con acceso a las tecnologías y a los métodos más avanzados. ¿Qué importaba si dedicaba unos años a estudiar la fisiología y la anatomía del cuerpo humano, sus entresijos y sus dolencias, su armonía y sus problemas con tal de que lo estudiase a fondo? Esa era la clave, que lo que hiciéramos fuera con una entrega total y absoluta, como si nada en el mundo y en la vida fuera a interesarnos más. Al fin y al cabo, que más da estudiar anatomía que la gestión de una empresa. Se trata, como decía aquel maestro referida a la función del médico: aconsejar, escuchando; aliviar el dolor una vez descodificado y no interferir en el camino de la naturaleza para que esta restablezca la salud y el equilibrio.- Por eso el maestro te acogió en las chozas y te preparó como si hubieras de dirigir un gran monasterio, o lo que fuera. Si eras capaz de gobernarte a ti mismo, daba igual que aplicases después tus talentos a coordinar a los demás. - reconoció Sergei.- Por supuesto que el Maestro, por serlo, no puso ningún obstáculo y como él me dijo un día antes de ponernos en camino: "Sergei, no impidas su vuelo. Ting Chang no obstaculices su crecimiento".- Y en eso estamos. - respondió Sergei-. Aunque si tus hermanos fueron conducidos directamente hacia profesiones más relacionadas con vuestras responsabilidades en la familia ¿cómo es que contigo actuó de otra forma?- No, Sergei, no fue así. Nuestro padre nos educó desde muy niños, y todo el ambiente familiar por lo demás, en la convicción de que no deberíamos preguntarnos nunca si nos gusta o no nos gusta lo que tenemos que hacer. No tendría sentido, se hace y ya está. Ahora bien, cada joven va mostrando sus habilidades, inclinaciones y capacidades y lo prudente es ir ayudándole a que las desarrolle dentro de un orden. ¿Por qué, si no, nos inculcan tanto la práctica de los deportes, el estudio de las artes y de manualidades si no vamos a dedicarnos al deporte ni a las artes ni a una actividad agrícola o artesana?- Eso también lo valoran mucho en las universidades anglosajonas, y hay muchos que todavía no lo comprenden.- Es fundamental. Aprender a trabajar en equipo, a perder y a ganar, a compartir y a ejercitarse y, cuando llega la ocasión, algunos a saber dirigir a los demás con todo lo que eso lleva consigo. Para la gente corriente, la autoridad se confunde con el mando, y este con privilegios. Qué error tan grande. Los sabios de las más importantes tradiciones afirman cada uno en su estilo que pocos nacen para mandar pero muchos para ser mandados.- Dicho así, suena duro, - dijo Sergei.- Es que es más cómodo que decidan otros que tener que tomar uno las decisiones que afectan a una comunidad, a una empresa, o a un estado. Por eso son tan pocos los que asumen esa responsabilidad, y por eso existen dinastías, no sólo en los estados, sino en las empresas y en otros muchos ámbitos del saber. Pero no resulta políticamente correcto hablar de ello.- "El que sabe no habla, el que habla no sabe" - musitó Sergei.- A propósito, Liebre de las estepas. Como quiera que estos días voy a estar más ocupado y no podemos interrumpir el trabajo con los textos, te he traído mis notas del Tao Te King, de Lao Tsé. Haz como con los Cuatro Libros de Confucio. Léelos, transcríbelos y tenlos preparados para cuando los necesitemos. Son 81, como sabes He procurado utilizar un lenguaje más adaptado al nuestro actual porque el de los textos originales sería muy difícil para ti. Un día de estos trataré de explicarte algo de la complejidad de la lengua china y de ese mundo del que te dan lecciones tus profesores pero que a ti, como mongol, al no haber nacido en este mundo tiene que parecerte más compleja. Es un mudo apasionante, ya lo verás.- Contado por ti, Noble Ting Chang, estoy seguro de va a ser apasionante, - dijo Sergei mientras recogía el cuaderno que le tendía, y añadió -pero sin olvidarnos de la historia de China.- ¿Y qué la comprensión del lenguaje sino la segunda mayor aproximación al alma de un pueblo? - respondió Ting Chang como pensando en voz alta. 
- ¿Y cual es la primera?, Luz del Atardecer.

- El silencio.

José Carlos Gª Fajardo


Este texto pertenece a la serie 'Retazos de Ting Changl', colección de cuentos orientales adaptados a nuestro tiempo