Libertad necesaria pero insuficiente

El presidente Bush anuncia que EEUU impondrá la libertad a todo el mundo. No se trata de favorecer su expansión sino de elevar a categoría absoluta lo que no es sino uno de los derechos fundamentales recogidos con razón en su Constitución y en las más importantes Declaraciones de derechos.
Si consideramos el título del discurso distribuido por la Casa Blanca tenemos serias razones para preocuparnos: No hay justicia sin libertad. Ni libertad que merezca la pena sin la justicia social que nos permita desarrollar el derecho a la búsqueda de la felicidad, que corona la tríada magistralmente redactada por Jefferson y por Franklin.
Todo el sermón laico y moralista del presidente, cuyo principal redactor fue el evangélico Michael Gerson, incluyó varias imágenes religiosas para contentar a todos. “Apoyada nuestra vida nacional en las verdades del Sinaí, el sermón de la Montaña y las palabras del Corán". Pero el nervio del discurso presidencial es la obsesiva defensa de la seguridad nacional como objetivo principal del Estado. Y no puede ser así, porque la naturaleza del estado se fundamenta en la paz que procede de la justicia. Sólo así la paz puede ser “tranquilidad en el orden justo”. La seguridad sin garantías de justicia, sin frutos de bienestar y sin medios para expresarse plenamente como ciudadano y no como súbdito de cualquier poder dominante, puede ser conseguida por las armas, por la policía o por la opresión de los déspotas y de los tiranos.
Bush dijo que el 11-S hizo tomar conciencia a EE.UU. de su vulnerabilidad. "Durante medio siglo defendimos nuestra propia libertad permaneciendo vigilantes en fronteras lejanas. Después del naufragio del comunismo vinieron años de relativa calma, años de reposo, años sabáticos, y luego vino un día de fuego". Pero lo que preocupa a Bush es que con la guerra de Iraq o de Afganistán no terminaron con la amenaza de quienes pretenden canalizar el descontento real de millones de seres que padecen hambre, enfermedad, marginación y desesperación. Entonces, en lugar de analizar las causas de ese sufrimiento para ponerles remedio, se lanzan a culpabilizar a sociedades enteras que padecerán el castigo de las fuerzas del Bien, que Bush ha dicho repetidas veces encarnar. "Hay sólo una fuerza en la historia que puede romper el reino del odio y el resentimiento. Es la fuerza de la libertad humana".
Y esto no es del todo cierto. La libertad en Grecia, en Roma y en los países desarrollados de Occidente no alcanzó de igual modo a todo el pueblo. En Atenas, a un 30%, en Roma, sólo los ciudadanos, en la Francia de la Revolución, a los burgueses con dinero, en EEUU, durante siglos estuvieron y están excluidos los indígenas que restan de la masacre genocida, millones de negros hasta Kennedy, y actualmente, millones de inmigrantes latinoamericanos.
No puede capitanear la lucha liberadora y mesiánica en nombre de la libertad quien mantiene la pena de muerte con furia y denuedo, quien no suscribe los Protocolos de Kioto ni reconoce la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional ni acata la Declaración de los Derechos del Niño.
Bush hizo hincapié en que "la supervivencia de la libertad en nuestra tierra cada vez depende más del éxito de la libertad en otras tierras". Pero esto es una falacia si no nos ponemos de acuerdo sobre lo que el Moisés de Washington entiende por libertad y por democracia. Hasta el punto de que Bush reconoce que esta cruzada por la libertad “aunque fue la vocación fundacional de Estados Unidos, ahora existe un requerimiento urgente de hacerlo por nuestra seguridad nacional”. En un pretencioso anuncio se dirigió “en nombre de América, a todos los ciudadanos del mundo: cuando os alcéis por vuestra libertad, estaremos a vuestro lado”. ¿A quién se dirige? ¿A los chinos? No, ya que Condolezza Rice declaró ante el Senado que “EEUU está construyendo una relación sincera que subraya los intereses comunes”, por eso los excluyó de lo que denominó “bastiones de la tiranía” que incluyen a Cuba, Bielorrusia, Zimbabwe, Myanmar, Irán y Corea del Norte. Es de aurora boreal considerar a los cuatro primeros como amenaza alguna contra la paz mundial. Ni lo fue Iraq ni lo es Irán ni mucho menos el decrépito régimen de Corea.
Pero cada uno ocupa un lugar en América, África, Este de Europa, Oriente Medio y Asia. Queda proclamado urbi et orbi que EEUU ya tiene un punto en cada rincón que les “facultará” para emprender guerras preventivas en cualquier rincón del mundo. Los resultados electorales del próximo presidente ya las legitimará, como“legitimó” su decisión de atacar a Iraq. Aunque se haya demostrado que no había armas de destrucción masiva, ni era un santuario del terrorismo, ni tenía material atómico –a diferencia de Israel-, ni era un foco de islamismo radical.
No son tan temibles los bastiones de la tiranía como la desesperación de los condenados de la tierra.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 21/01/2004