De la orfandad a la insolencia

"Somos una sociedad muy insolente", declaraba el profesor Salvador Giner, al recibir el Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2006. Abrumado por el cambio que España experimentó durante el casi cuarto de siglo que pasó estudiando en Alemania y en Estados Unidos, y enseñando en Gran Bretaña durante más de 23 años, se vio animado a escribir un manual de civismo con la profesora Victoria Camps. Pero se siente confuso y casi desorientado ante el panorama de nuestra sociedad cada vez más rica y menos estructurada y sensata: la transformación de España de un país semi rural a uno urbanizado en tan poco tiempo. Lo que en el norte de Europa se tardó 120 años, aquí se hizo en 30, dice. Todo el mundo habla de la transición política, pero la cultural ha sido la más extraordinaria. España era un país que quemaba iglesias y los católicos mataban masones. Pues 40 años después, las iglesias están vacías. Se ha sustituido quemar las iglesias por la indiferencia a ellas. Un salto brutal. En cambio, el salto étnico-cultural ha sido pequeño: el catalanismo, el andalucismo... se han reafirmado. Las identidades colectivas hispánicas se han intensificado. Quizá sea fruto de un proceso compensatorio de pérdida de esa personalidad. 
Como muchos otros estudiosos, Giner, no se alarma tanto del auge de los nacionalismos, a veces provincianos o inventados, como de la afirmación de un nacionalismo español cada vez más excluyente e insolidario, como sostiene la derecha más recalcitrante. Se alzan contra los mini nacionalismos vasco o catalán desde la palestra de un nacionalismo castellano leonés, al que denominan español y que, ante la realidad europea y la revolución de las comunicaciones que nos acercan y descubren como interindependientes y cada vez más relacionados, resulta palurdo y anticuado.
Salvador Giner reconoce que a él siempre le ha interesado el "altruismo cívico", de qué manera los ciudadanos se organizan para los otros. "Lo que ocurre es que no estamos bien educados. Vienen inmigrantes en masa, hay muchos españoles que han crecido con el televisivo Gran Hermano como referente, que no saben qué son, aparte de mileuristas. [la media de españoles que ganan en torno a mil euros al mes]". Reconoce que hay una descomposición social gravísima que no tienen referentes. De ahí, esa sensación de orfandad y de desarraigo que padecen muchos jóvenes españoles y la generación de sus padres, que no la de sus abuelos. "Se da en las sociedades occidentales un alto grado de falta de orientación, a lo que nos ha llevado el capitalismo competitivo, una máquina de crear frustrados". El llamado "pensamiento único" sostenido por los teocons, más que por los neocons que se tienen por liberales. "Y si no tienes una religión, cualquiera, te vuelves agresivo. A esta gente la frustras y mañana muerden", dice el profesor Giner.
A la pregunta de la periodista C. Geli sobre la pérdida de la solidaridad y de ciertas convenciones sociales, responde que muchos padres actúan como si la escuela fuera un lugar para aparcar el niño y que allí ya le enseñarán lo que no les enseñan los padres. "Se le pide mucho a la escuela y nosotros no le damos lo que necesita. Si queremos una sociedad moderna necesitamos capital social y capital humano. Y eso se consigue con grandes escuelas. Además, antes había un respeto por el que sabía más que tú que se ha perdido. Somos una sociedad muy insolente", afirma convencido y decepcionado a la vez. Hemos dado tantas cosas a nuestros niños que ahora les damos hasta insolencia. Insolencia y caos. Hay un problema de anomia o falta de ley. No tenemos creencias: somos indiferentes a la iglesia y al partido comunista, por simplificar así las ideologías. Estamos perdiendo referentes. Se disgregan los valores.
El prestigioso sociólogo teme que estemos ante una sociedad en descomposición moral. "A esta sociedad le falta tensión moral. Y patriotismo", dice. Giner entiende por patriotismo lo que otros denominamos civismo. Dice que "tanto en España como en Cataluña hay nacionalismo, pero no patriotismo. El que quiere a su país no destroza su paisaje o tira papeles al suelo. Eso es virtud patriótica. La media cívica española está muy por debajo de Holanda e Inglaterra. Eso es mesurable".
Y ante la pregunta de si nos podrían sacar de eso la sociedad de la información, responde que no cree en ella. "Es una inflación de información por unos medios tecnológicos que lo facilitan. De eso no puede venir nada bueno". Reflexión pesimista que quizás se exceda ante una realidad de consumismo irracional, de desarrollismo inhumano que olvida una serie de valores con riesgo de perder sus señas de identidad. Las que hacen que los pueblos se reconozcan y vivan acordes con unas pautas y referentes acordes con los tiempos pero coherentes con una actitud ante la vida, más que con unas conductas determinadas.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en el Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS) el 23/03/2007.