Carta del Presidente (1995)

Una Memoria no puede reflejar, por limitaciones de espacio, el cúmulo de actividades a favor de las personas marginadas y de los más desfavorecidos se han llevado a cabo durante el transcurso de un año.
Pero sirve de acicate para los miles de colaboradores, de socios y, sobre todo, de los Voluntarios Sociales que en Solidarios para el Desarrollo han abierto sus mentes a los inmensos problemas que asolan a una sociedad universalizada haciéndoles permanecer con el corazón a la escucha y los brazos abiertos para tratara de comprender la desigualdad injusta que domina ese muro que no cae: el enfrentamiento entre el Norte opulento y los pueblos empobrecidos del Sur.
De la observación nace la reflexión y la búsqueda de soluciones en común para que, ante la natural protesta, surjan propuestas viables a favor de un desarrollo integral de la persona y de los pueblos que tienen derecho a la felicidad en una vida digna, con libertad y respeto a sus características peculiares y en donde rija la justicia como presupuesto de toda acción solidaria.
En los nueve años de experiencia en Solidarios para el desarrollo, hemos comprobado que son innumerables las personas que quieren hacer algo por los demás y no saben cómo ni dónde ni cuándo. Esa es nuestra principal tarea: formar personas solidarias que comprendan su responsabilidad y adiestrarlas en servicios concretos ya que es posible participar en esta maravillosa tarea con independencia de las limitaciones que cada uno lleva consigo. Nadie sabe de lo que es capaz hasta que se pone a hacerlo. Para ello es fundamental desarrollar la propia autoestima en el servicio de los demás, pues los seres humanos alcanzamos nuestra más plenaria dimensión cuando salimos al encuentro y descubrimos un mundo de valores sin los cuales la existencia pierde su más auténtico sentido.

José Carlos Gª Fajardo, presidente y fundador