Carta del Presidente (1999)

Nuestras coordenadas entre sentimiento y razón nos mantienen con el ritmo de la búsqueda de una sociedad más humana y digna. Por todas partes se alzan voces que denuncian los efectos perversos de un modelo de desarrollo que incrementa las desigualdades, mientras las instituciones se revelan obsoletas ante el desafío de un mundo en el que la universalidad se hace presente gracias a las conquistas de las ciencias y de las técnicas que sólo tienen sentido si se ponen al servicio de los seres humanos como sujetos sociales responsables de sus vidas.
Nada es lo mismo después de Seattle, Bangkok, Washington y Porto Alegre. Nadie rechaza la globalidad sino la pretensión de que las personas sean tratadas como mercancías y que se discutan las propuestas de la OMC a puerta cerrada. Se trata de globalizar los derechos humanos, los avances científicos, la educación y las riquezas de la tierra y de la mente, no la pobreza y la miseria. Es decir, que pasen de derechos políticos a derechos sociales.
En las universidades, en los medios de comunicación y en las asociaciones que fortalecen el tejido social se discuten las ventajas y los errores del sistema impuesto por una economía de mercado que ha idolatrado el beneficio económico, la rentabilidad y el crecimiento en detrimento de la justicia social. Hay que afirmar el derecho inalienable a ser nosotros mismos para rebelarnos contra quienes pretenden arrebatarnos nuestro yo. "¡Mi yo, que me arrebatan mi yo!", clamaba Unamuno. 
Sólo puede frenarse el avance capitalista con una contracultura ciudadana alternativa. Pues sólo una contracultura de la solidaridad internacional podrá activar la presión ciudadana para impulsar políticas de redistribución supranacional de la riqueza. La contracultura ciudadana está taponada por el imperio del individualismo posesivo. El profesor Díaz Salazar ofrece cuatro objetivos como desafíos emergentes: generar ideales colectivos altruistas, formar el hombre-mundo frente al hombre-patria, adiestrar en la práctica de virtudes públicas e insertar a las personas en asociaciones y movimientos de participación social.
La Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos afirmaba que "los pobres tienen derecho a dejar de serlo" a pesar de que "el mundo industrializado todavía considera los derechos humanos como derechos civiles y políticos mientras que en los pueblos empobrecidos del Sur la pobreza extrema es la negación fundamental de los derechos humanos". Mary Robinson acusaba a los países ricos de ser culpables de mantener un doble discurso: "son críticos ante los abusos contra los derechos humanos en el campo civil y político, pero protestan mucho menos cuando se trata de violaciones de los derechos económicos, sociales y culturales".
De ahí que no sea creíble hablar de derechos humanos y de prevenir conflictos y, al mismo tiempo, cortar la ayuda al desarrollo a otros pueblos que les proporcionan las materias primas indispensables para mantener el nivel de despilfarro de ese 20% de la humanidad que acapara el 87% de los recursos del planeta. Hay un nuevo enfoque del desarrollo basado en el respeto a los derechos humanos y centrado en las personas: derechos humanos para todos.
Ya no podemos ignorar que estamos en una dimensión universal, que la sociedad ha cambiado y no se puede vivir de nostalgias sino sumar los anhelos de muchas sensibilidades. Los mercados se mueven a gran velocidad despreciando y vulnerando el imprescindible control de los gobiernos. El ciclo de lo económico ya no se corresponde con el ciclo de lo natural, para el que fue concebido como una parte de la política para hacer posible una sociedad más justa y solidaria. No podemos plegarnos ante un modelo de desarrollo que se basa en un crecimiento insostenible y depredador que explota a cuatro quintas partes de la humanidad.
Hay que defender el derecho al bienestar de todos dentro de un ambiente general de libertad y de solidaridad. Y si continuamos afirmando que las ONG y los movimientos humanitarios no pueden ser utilizados como instrumentos por ningún grupo político o de presión, no es menos cierto que los voluntarios sociales no pueden desligarse de su responsabilidad en la acción política para no caer en nuevos fundamentalismos radicales como si las cosas de la república no nos afectasen y obligasen a todos. La participación ciudadana es la clave de la democracia en una sociedad bien organizada. Sin prejuicios ni exclusiones. Si han muerto los dioses de la ignorancia, de la opresión y del miedo, no podemos sucumbir ante los ídolos del mercado. Nos basta con la dignidad del ser humano en su trascendencia personal y social. Por eso, queremos afirmar nuestros pies en la realidad, pero sin abjurar de nuestros sueños. Pues la política es la capacidad de transformar en actos de gobierno una voluntad colectiva con pluralidad de ideas, de pensamiento y de acción con la dimensión transversal como forma de conocimiento frente al verticalismo despersonalizador del pensamiento único. Desde Solidarios nos unimos a quienes aúnan esfuerzos por una sociedad más justa sin esperar a tener las respuestas ni a ser justos nosotros mismos sino a convocar el debate y ponernos en marcha conscientes de que en la tardanza está el peligro. Apostamos por el protagonismo de la persona en la búsqueda de su derecho fundamental a la felicidad. 
Por lo demás, proseguimos nuestras tareas: educación para todos, medicina preventiva para cuidar la salud, atención a las personas más débiles de nuestro entorno y de otros países, donación de bibliotecas fundamentales para las Escuelas Normales donde se forman los maestros de toda Latinoamérica y en los Departamentos de Español de las universidades africanas. Asimismo, hay diversos proyectos en varios países que nos sirven de acicate y sosiego. Continuamos con los Programas de Ayuda a Estudiantes Discapacitados y de Vivienda Compartida de estudiantes con personas mayores, así como en los servicios que reclaman más de 50 proyectos desarrollados por nuestra asociación y por otras de conocido prestigio. Desde el año 2001 funciona el Centro de Colaboraciones Solidarias que coopera a diario con diversos medios de comunicación españoles, latinoamericanos y africanos, así como nuestra página web donde nos podemos encontrar para compartir experiencia y contribuir a esa sociedad más justa pero que requiere conocer y asumir la que tenemos para no dar pasos en el vacío.
Lo ilusionante es constatar las mil y una voces que se encuentran cuando uno se arriesga a ponerse en camino, pues si nadie puede mandarnos, ¿qué esperamos? Nunca podrán arrebatarnos el placer de atrevernos a actuar con responsabilidad y entusiasmo para hacer realidad la urgente tarea de edificar la sociedad del reparto frente al mito del consumo.

José Carlos Gª Fajardo, presidente y fundador