Carta del Presidente (2000)

Al presentar el Manual del Voluntario, Raimon Panikkar nos habló del Voluntariado y de la pasión que lo anima. Como nos ha acompañado desde los comienzos de nuestra andadura, preferimos robarle sus palabras porque de él aprendimos que la única urgencia está en compartir.
"Están en crisis los estamentos: estado, Iglesia, mercaderes y trabajadores. Por abusos de poder o por las razones que fueren, las jerarquías eclesiásticas están en crisis, los mercaderes que se han convertido en multinacionales producen crisis, los trabajadores que se han parapetado en la dialéctica se encuentran también en crisis.
El voluntariado parece ser esta floración espontánea -y todo lo espontáneo es lo natural, lo real y lo que dura- un apunte de esperanza, una forma no violenta y natural de tomar en sus manos, de nuevo, el destino y la marcha, que es demasiado sagrada para que se institucionalice. Surge por todo el mundo algo que no es una institución, algo que es violento, algo que no pretende ser la panacea de todas las cosas, pero que surge dek sentimiento de una necesidad de la sociedad de poder vivir una vida más justa, más libre y más feliz.
Este fenómeno social e histórico del voluntariado tiene, además, una trascendencia mucho mayor que la anécdota de hacer pequeñas obras, aún siendo maravillosas. Representa un pulmón sano, pues la sociedad reacciona a la inercia, a la rutina, a los abusos de los cuatro estamentos.
En nombre de la religión se han hecho los actos más sublimes y santos pero también los más criminales y soeces. Todo tiene un peligro, lo mismo sucede con la pasión. Si el corazón no es puro, la pasión será la fuerza motriz de todas mis acciones. Pasión significa también paciencia, pobreza, sentirse vacío, con esa fuerza enorme que te sale de dentro.
Pasión por la justicia. Pasión que salga de dentro. El deseo significa que quiero el fin que tengo delante; la idea que me he forjado de las cosas me conduce a actuar de esa manera y conseguirla. El deseo está causado por algo externo que yo quiero conseguir. La pasión surge de dentro. Como en las bienaventuranzas cuando se habla de justicia: el hambre de dentro, la sed interior que me llevará a querer ser un instrumento de justicia. Pasión por lo justo, que viene de dentro si yo estoy vacío. Pero si olvido los datos de la desigualdad y la injusticia, apoltronado en mi situación privilegiada, no seré un apasionado por la justicia, como lo puede ser un buen voluntario.
Para Aristóteles, la justicia es la reina de las virtudes, sin la cual ninguna virtud es virtud. No es una especialización humana, incumbe y es responsabilidad de todos. No sólo somos responsables de lo que elegimos sino de lo que toleramos y dejamos que otros hagan. Es más difícil cumplir mis derechos que cumplir mis deberes. Nosotros, burgueses bien considerados por la sociedad, cumplimos los deberes perfectamente, pero ¿cuántos de nosotros cumple sus derechos? El derecho a protestar, a que no se cometa una injusticia a mi lado…el portador de derechos no es el Estado, es el hombre, cada uno de nosotros.
La Justicia, según casi todas las tradiciones humanas, es inseparable de la Verdad y de la Misericordia. Justicia sin misericordia y sin Verdad, no es Justicia. Las dicotomías que hemos hecho son mortales para nuestra sociedad. El dar "a cada uno lo suyo" lo hemos interpretado en el sentido de propiedad. Tomás de Aquino decía que la Justicia significa reconocer en cada cosa su dignidad, el hombre abusa de ella.
El hombre tiene su dignidad, que significa "ser en sí mismo", no justificarse por el trabajo que hago, por el sueldo que tengo y por lo bueno que soy. La dignidad no se justifica por ningún "hacer" sino por el ser desnudo y escueto de cada cosa. Si perdemos el sentido de la dignidad de las cosas, perderemos luego el sentido de la dignidad de los animales y luego perderemos el sentido de la dignidad de los hombres y los clasificaremos en buenos y malos, esclavos y libres, etc. Y faltamos a la Justicia si no reconocemos que yo no soy digno por las obras y acciones que hago sino por el ser que soy.
La pérdida de la visión de esta realidad desnuda y escueta que es fin en sí misma de cada cosa -y esta se pierde si no hay Amor,- es lo que nos lleva a tolerar sistemas injustos, como el que hoy día colectivamente está viviendo el mundo.
En otros tiempos y lugares había abusos, crueldad. Pero no creo que se pudiera decir que existía como régimen teórico. Si analizamos la desigualdad y la injusticia que revelan ahora las cifras que nos muestran el PNUD, no es porque un señor sea egoísta o el otro un maléfico o un criminal, es porque el sistema en cuanto tal lo lleva intrínseco. Y de ahí, esa floración de movimientos que intentan restablecer la Justicia. Que a veces olvidan que hay que ser misericordioso y que la Justicia sin la Verdad no es justa y que la lucha por la Justicia debe ser ella misma justa.
La modernidad ha tenido, entre otras, dos grandes herejías -en el sentido griego de separación- que tienen que ver con la Justicia.
La dicotomía entre Justicia y Derecho. Hemos separado la Justicia de la Legitimidad. Hay especialistas en leyes, en lo legítimo, que no es necesariamente la expresión de Justicia. La Ley es una ordenación muy necesaria, pero si cada uno de nosotros pierde su identidad en la idolatría de la Ley…(y eso fue la gran revolución cristiana: que el sábado está hecho para el hombre. Aunque a aquél Jesús de Nazareth se le condenó porque no seguía la Ley). La separación entre Justicia y Derecho es un punto débil dentro de otros muchos progresos que ha hecho el mundo moderno y se nos ha hecho creer que Justicia y Ley eran sinónimos. No es lo mismo. Volver a hermanar, no a identificar, la Justicia con la Ley es una tarea que compete a todos, legisladores y legislados.
La dicotomía entre Justicia y Justificación. La Justicia no se puede separar de la Justificación total del hombre. Justicia social como justificación sobrenatural. No se puede alcanzar la Justificación si menosprecio o ignoro la justicia social. No hay una sin la otra.
La función histórica del Voluntariado, la resumiría en una palabra que es Armonía (música, concordia y moral). Armonía entre la Verdad, la Misericordia y la Justicia. El Voluntariado tiene esta misión de armonizar estos tres grandes valores. Que surja esa armonía no por mi creación, sino por haber eliminado los obstáculos que se oponen a la creación espontánea de la realidad. Un orden que todos soñamos, pero que muchos nos atrevemos a pensar como real.
La pasión por la justicia es innata. Responsabilidad y saber exigir: el Voluntariado se encarna en esa Justicia.
Auguro para el Voluntariado ese hambre y sed de Justicia; en primer lugar, para nosotros mismos y que estando llenos de esta felicidad la podemos contagiar a los demás".
Y nosotros nos unimos en esta proyección de una actividad enraizada en la convicción de que solidaridad es la respuesta ante una desigualdad injusta. 
Todavía tenemos mucho camino de andar, paso a paso, con los pies bien apoyados en el suelo.

José Carlos Gª Fajardo, presidente y fundador