Solidaridad sin trampas

Las Organizaciones No Gubernamentales corren el peligro de servir de instrumentos para alcanzar otros fines que aquellos para los que fueron concebidas y configuradas jurídicamente.

Ellas deben acudir allí donde la acción de los gobiernos y de otras instituciones o no alcanza o corre el peligro de desvirtuarse por intereses sectarios, o de partido político o de confesión religiosa o de cualquier otra finalidad proselitista o sectaria. Para esas actividades ya están los ordenamientos jurídicos que reglamentan esas sociedades, corporaciones o instituciones de derecho público o privado.

La esencia de las ONG es el servicio a otras personas o pueblos, comunidades o grupos de manera totalmente desinteresada y respetando la identidad cultural y las características peculiares de cada hombre. No cabe proselitismo alguno ni sectarismo de ninguna especie. Se acabó el ir con las cuentas de cristal o con espejos y baratijas. Nadie ni nada justifica la desculturización ni la agresión confesional a ninguna comunidad de seres humanos que, ante todo, tienen derecho al respeto, a la libertad, a la vida y a sus propias señas de identidad.

Desde estas páginas denunciamos a todos aquellos que aprovechándose de la cobertura jurídica de las ONG llevan a cabo operaciones de captación de adeptos, agresiones culturales, económicas, políticas o religiosas, contaminación con modelos de desarrollo foráneos y no digamos ya explotación en todas las formas que la historia nos muestra.

No es justo ni es ético, no es decente ni de recibo, que quienes no puedan ya convencer con sus siglas, con sus programas, con sus métodos y prejuicios traten de enmascarar sus verdaderas intenciones bajo la capa de la "solidaridad" con los pobres del tercer mundo, con los marginados, y con todos aquellos que tienden sus manos hacia nosotros en busca de la comprensión, de la ayuda y de nuestro afecto. Pero nadie tiene derecho a pedirles nada a cambio, porque eso supone juzgarlos y calificar su legítimo derecho a decidir y optar por el modelo de vida que hayan elegido. Nadie tiene derecho a "civilizar" a nadie ni a cambiar a nadie ni a "desarrollar" a nadie.

Con razón se pregunta R. Panikkar: ¿Qué es eso de "países en vías de desarrollo"?, de ¿cual desarrollo?, ¿en nombre de quién? En un mundo en el que los medios de comunicación nos han relacionado directamente a todos y nos han hecho sentir responsables unos de otros no cabe más que la solidaridad como alternativa.

Es vergonzoso que en estos momentos haya más de treinta guerras en curso, que mueran cada día unos dos mil civiles por acciones bélicas, que más de mil millones de seres pasen hambre mientras se dilapidan billones de dólares en armas de guerra y en destrozar el medio ambiente con residuos atómicos y tóxicos. Que se creen necesidades y se explote como nunca a los más débiles mientras se pretende crear un "nuevo orden mundial". ¿Quién está legitimado para esto? La historia demuestra que siempre que un pueblo o una institución, una casta o una raza ha querido imponer un "nuevo orden" ha sido el suyo para defender sus intereses, sus ideas y su fuerza.

En estos momentos, desmoronado el muro este-oeste, no ha sido la paz ni la prosperidad las que han triunfado sino los egoísmos y las ambiciones, a veces en manifestaciones irracionales, sectarias y despiadadas ignorantes de los signos de los tiempos. Mientras tanto, el muro Norte-Sur se alza para vergüenza de todos luchando por perpetuar esa opresión del quince por ciento de la humanidad que controla más del ochenta por ciento de las riquezas del mundo. Por eso busca "civilizarlos" imponiéndoles sus modelos de "desarrollo" o sus convicciones y sistemas despreciando la libertad y los derechos fundamentales de todo hombre y de todos los pueblos.

Por eso alzamos nuestra voz para poner en guardia ante todos aquellos que se escudan en la "Solidaridad" y en las ONG para camuflar sus fines proselitistas o sectarios. Habrá que ir desenmascarándolos y llamar a las cosas por su nombre. No vale pescar en pecera ni aprovecharse de la generosidad de los jóvenes ni explotar lo sentimientos de las personas de buena voluntad ante las necesidades de los más pobres y marginados.

El que quiera captar adeptos, adoctrinar, vender o imponer modelos de desarrollo, ideas religiosas o políticas, que lo diga sin escudarse en siglas y en instituciones que deben su eficacia a la independencia de todo sectarismo político, económico o ideológico.

Y lo que decimos de la "solidaridad" y de las ONG lo decimos de la "universidad", de la "paz", de los "jóvenes" y de otras nobles realidades que algunos, como siempre, tratan de utilizar en su propio interés. Por esta razón, está en marcha un interesante proyecto para estudiar desde la Universidad Complutense la verdadera entidad de las ONG, de sus actividades y de sus fines.

José Carlos Gª Fajardo