No ser tenidos por idiotas

En la Grecia clásica la imagen del orden establecido preside la estructura política y cualquier violación del orden se antoja blasfema, pues desafía la norma que garantiza la convivencia. La democracia, más que una forma de gobierno, es una forma de vida en la que el ciudadano debe participar y estar informado de las cosas de la república. Según Pericles, "cada uno de nosotros, de cualquier estado o condición que sea, si tiene algún conocimiento en virtud, está obligado a procurar el bien de la ciudad. Y no será nombrado para cargo alguno, ni honrado por su linaje, sino sólo por su virtud y bondad". Llamaban "idiotés" al que no participaba en las cosas referentes a la comunidad. De ahí, la evolución semántica hasta el significado de idiota, en nuestros días.
La virtud esencial de quien gobierna es conseguir la concordia de la ciudad, la general participación de las gentes y el aprecio de los idóneos para los puestos de responsabilidad.
Abrumados por campañas electorales desconcertantes, tenemos que ir en busca de la auténtica democracia y no de subastas demagógicas, como los perennes anuncios de bajadas de impuestos que siempre benefician a quien tiene para pagarlos. Para los pobres y los marginados, aquellos que no tienen nada, una bajada de impuestos sólo significa dejar de recibir un servicio público.
Causa perplejidad escuchar a los candidatos sin sentarse a debatir los problemas y las posibles soluciones buscando el bien común y no el de las facciones. Desde el debate de Kennedy y Nixon, la televisión es el ágora ante la que somos testigos como protagonistas y no como objetos de un mercadeo de votos. Por sus descalificaciones y lugares comunes nos preguntamos por qué no utilizan unas máscaras trucadas para reflejar mejor la persona que ocultan. Escamotean los grandes problemas de un mundo en mutación, de una sociedad interrelacionada con el resto del planeta, de las consecuencias de una economía globalizada, de tecnologías que no conocen fronteras con efectos deletéreos sobre el medio ambiente. Silencian nuestros compromisos supranacionales, nuestra responsabilidad en el área geográfica de nuestro entorno, nuestra dependencia de las materias primas de otros pueblos y el cambio de actitud en las relaciones con pueblos que ya no caben en sus estados.
Nosotros hemos apostado por el mestizaje, la solidaridad, el respeto a la diversidad y el reconocimiento de los valores de la diferencia y denunciamos modos políticos obsoletos que hacen un mercado con pensiones y promesas que no cumplieron cuando gobernaron. Estamos en plena revolución de la información y de las comunicaciones y nuestros presuntos líderes se pierden en la prosa de los mandarines.
Es preciso afirmar, mediante el pensamiento crítico, nuestra condición de ciudadanos: la plenitud de lo humano en la persona.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16 el 30/05/2003
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