El deber de resistencia indígena

"Devuélveme el futuro y pactaremos el armisticio", dicen los indígenas por boca del escrito guineano Zamora Loboch. Nos lo dicen a los herederos de quienes invadieron y conquistaron sus tierras. En pleno siglo XIX los europeos trataban de enmascarar sus conquistas en nombre de las "Tres C: Civilizar, Cristianizar y Comerciar". La historia muestra que el móvil de toda conquista es económico. Lo que denominaban "abrir rutas al comercio". Como hoy los intereses que animan a la OMC, que buscan abrir mercados para sus productos hundiendo los autóctonos y saqueando las materias primas que necesitan. A esto llaman Ayudar al Tercer Mundo.
Celebramos Fiestas folclóricas con indígenas para que no pierdan su nota de color. "Cuiden al indígena, que no pierda su folclore, ni tale árboles, ni contamine el medio ambiente". Los pueblos del norte, que hemos arrasado bosques, contaminado ríos y convertido litorales en cloacas, imponemos cómo deben conservar su hábitat transformándolo en Parques Naturales, para nosotros. ¿Por qué no sueltan unos centenares de elefantes y cocodrilos en el Bois de Boulogne, en Central Park, o en la Casa de Campo? En África se les obliga a que los elefantes devoren las cosechas ya que se ha roto el equilibrio natural.
Los indígenas de Brasil celebran con fuertes protestas los aniversarios de "su descubrimiento" por los portugueses, al igual que otros pueblos del continente diezmados por los españoles y exterminados por los ingleses cuando descendieron del May Flower, como Moisés después de atravesar el Mar Rojo. Que en lugar de amorreos, filisteos y cananeos había siux, comanches y arapajoes. Daba igual, había que exterminarlos. Ese genocidio espera su juicio porque esos crímenes no prescriben.
Las agencias de prensa a veces informan de secuestros de pretendidos turistas por bandas indígenas en países del Tercer Mundo. El cacique Roni, de la etnia Caipós, mantuvo a quince turistas como rehenes hasta que el gobierno brasileño les garantizó la zona de tierra reconocida en 1991. ¿Qué habría sucedido si no ejercen el deber de resistencia por los medios que tenían? Hace dos años fueron secuestrados 165 trabajadores de la Shell, en Nigeria, por el pueblo Ijuw cuyas tierras ha devastado la petrolera. A veces se califica como bandas criminales, a quienes, si triunfan, la historia reconocerá como héroes.
Los pueblos indígenas sojuzgados por los invasores tienen el deber de rebelarse por los medios a su alcance para conservar sus señas de identidad. Parece que sólo así lograrán el diálogo para recuperar su futuro.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16 el 03/10/2003
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