Reparación debida mejor que ayuda

Uno de los grandes mitos sobre los africanos es que están condenados a morirse de hambre. No lo fue así antes de la conquista y colonización, ni lo es ahora, a pesar del incremento de su población. El infundio ha sido creado por las potencias dominadoras reemplazadas hoy por las grandes transnacionales: “No saben gobernarse, son inestables, siempre están en guerras tribales y necesitan de nuestra ayuda”. Una variante del despotismo ilustrado, “todo para ellos, pero sin ellos” aunque, en la práctica, jamás han pensado en ellos más que para aprovecharse de sus materias primas y de una mano de obra barata. Lo califican de “recursos materiales y humanos”.
La historia y la realidad cotidiana demuestran que esto es falso: Los más serios estudios antropológicos e históricos confirman que la mayoría de los pueblos africanos ha sabido ser autosuficiente y crear formidables imperios. Lo que no se puede es tomar la parte por el todo y apoyar el argumento en determinadas áreas geográficas desertizadas adonde fueron empujados sus moradores por los resultados de las guerras. Como en todas partes, las hambrunas han provocado enormes daños. Pero han sido las guerras de conquista las que han causado y causan todavía éxodos masivos cuyas imágenes nos sirven los medios. Hasta los señores del desierto, los tuaregs, que han sabido vivir durante siglos en una naturaleza hostil, pero que ellos controlaban hasta que les dividieron sus espacios libres en siete u ocho estados artificiales con fronteras que jamás habían existido.
El continente africano es uno de los más ricos y siempre mantuvo a sus habitantes hasta que esa locura de las megaurbes, creadas artificiosamente por los europeos, se convirtió en un espejismo para millones de seres que ya no controlaban sus tierras y se encontraron desarraigados en ghetos extraños.
Hablemos de pueblos empobrecidos y podremos comprobar lo acertado del pronóstico que permite calificar a Africa como “continente de la esperanza”.
Sus riquezas minerales, arbóreas, de tierras fértiles y de unas poblaciones capaces de organizarse se complementa en millones de hectáreas con ríos, lagos y recursos incomparables. Pero debido a que siempre ha tenido una población muy pequeña con relación a sus inmensas tierras no habían necesitado practicar la acuicultura porque la naturaleza era pródiga para satisfacer sus necesidades con la agricultura, la ganadería, la pesca de bajura y la explotación de las minas.
Es el momento de efectuar la reparación debida, mejor que ocultar la realidad con ayudas al desarrollo. Lo que se recibe en justicia no se agradece en caridad.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16 el 17/10/2003
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