Razones para una búsqueda

Los motivos que inducen a las personas a ser voluntarios son muy variados y, en la mayoría de las ocasiones, legítimos. Podríamos señalar: Altruismo, Filantropía, Solidaridad. Compromiso político y participación ciudadana. Motivaciones religiosas. Tiempo libre. Huida de crisis personales. Conocimiento de otras realidades. (Curiosidad, a veces morbo...) Búsqueda de justicia social. Sentimientos de culpa. Búsqueda de relaciones humanas. (Conocer gente, buscar amigos...) Búsqueda de experiencia laboral. (Hay quien piensa que el voluntariado puede ser un camino para introducirse en ciertas áreas profesionales) Búsqueda de límites y retos personales. (Una aventura cercana, barata y con riesgos asumibles).
El voluntario es una persona que busca. A veces las motivaciones de esa búsqueda son positivas y otras dudosas, por no decir negativas. Pero lo cierto es que conocer los motivos reales de la persona que llega queriendo ser voluntario es muy difícil. Porque raramente existe una sola razón, más bien se entreveran unas con otras y no es fácil delimitarlas. Al igual que los hechos psíquicos, las motivaciones pueden estar sobredeterminadas. Una persona puede llegar a una organización queriendo ser voluntario porque su padre ha estado enfermo de Alzheimer y, tras su muerte, decide ayudar a familias en la misma situación. Pero, al mismo tiempo, es ama de casa, con sus hijos crecidos y se aburre un poco, y, junto a eso, siempre le ha interesado ayudar a los demás y no se ha decidido hasta ahora...
Hay personas que se sienten amilanadas porque sus razones les parecen “peores” e “inferiores” a las de otros compañeros. Por el contrario, muchos se creen “únicos” en sus motivos extraordinarios. Unos se acercan al voluntariado con el espíritu inflamado de sentimientos sublimes y, pasadas dos semanas, se desinflan y abandonan por cualquier motivo. Otros “pasaban por allí”, sin mayores pretensiones y luego descubren en el servicio al otro una profundidad humana que les hace alcanzar compromisos y responsabilidades insospechadas.
Por eso, cualquier persona puede ser voluntario, con independencia de su situación personal y de los motivos que lo inducen a ello. La motivación ha servido de pretexto para tomar la decisión. Ahora, se ha de transformar en un trabajo acorde con unos objetivos y con una metodología que contemplen a la persona marginada como verdadera protagonista. La organización y el propio voluntario tendrán que cuidar qué servicio se asigna, qué formación y qué apoyos se ofrecen y cual es la actitud correcta para desarrollarlo con éxito.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16
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