Es tiempo de convergencias

Convergencia para asumir los problemas como desafíos, convergencia de los saberes, convergencia de las resistencias, convergencia de las alternativas, convergencia de los espíritus, convergencia de los corazones, hacia un mundo de justicia y solidaridad, de imaginación y progreso, de optimismo y de florecimiento espiritual. Es posible construir un mundo mejor si aunamos esfuerzos para aportar alternativas viables al modelo de desarrollo caduco y obsoleto que impera. Que ocasiona la explotación de los más débiles por la prepotencia de unos cuantos que, ciegos de codicia y ebrios de soberbia, no comprenden que la única bandera con futuro es la solidaridad que se enfrente a la mundialización unilateral. Necesitamos alternativas que se basen en el bienestar y en la felicidad para los pueblos y procuren el respeto de las diferencias nacionales, culturales y religiosas.
El equilibrio entre la iniciativa personal y los objetivos colectivos alumbrará nuevas realidades.
Trabajaremos con otros índices que los mercantiles para la expansión de sectores que toman en cuenta el bienestar y la felicidad de las personas y de los pueblos que las utilizan. Ante nosotros se alza un pensamiento creador y universal que integre y sosiegue, que conserve y expanda, que nos haga sentirnos responsables solidarios más que culpables por haber nacido y caminar mudos como borregos.
La democracia no es tan sólo una meta en la organización de las sociedades. Es fundamental para el funcionamiento de los movimientos sociales, de los partidos políticos, las empresas, las instituciones, las naciones y los órganos internacionales.
Todas las culturas forman parte del patrimonio de la Humanidad y es preciso actuar en consecuencia con el orgullo de sabernos artífices, no esclavos.
Reforzar y democratizar las instituciones internacionales, regionales y mundiales se ha convertido en un objetivo del que depende el progreso del derecho internacional y de la regulación de las relaciones económicas, sociales y políticas, tanto en el plano mundial, como en los ámbitos del capital financiero, de la fiscalidad, de las migraciones, y del desarme. Es menester crear una red de personas comprometidas, de organizaciones sociales, de centros de reflexión para animar políticas de sensibilización. Es posible construir una democracia universal, respetuosa de la identidad y de la dignidad de todos los seres humanos. Es tiempo de revertir el curso de la Historia porque, hace dos mil años, en un rincón del Imperio, se anunció la buena nueva a los marginados y a los pobres del mundo sin que, al parecer, hayamos aprendido mucho.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16
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