Rescatar la memoria del olvido

“No escribimos para que sepan, si no para que no olviden. Cuando salimos a la noche hay que andar con ojo porque en ella anidan el mal y el malo. Pero eso dice la gente que no sabe, porque ahora el mal no se anda ya escondido tras los pliegues de la noche sino a cielo abierto y caminan el día impunemente. Han tomado el poder bajo sus mil formas en estas tierras que duelen y andan las modas que ellos mismos decretan”. Por eso, dice Marcos, no podemos permitir que pongan en venta la memoria y la privaticen también. No sólo porque empezaríamos a perdernos todos nosotros, si no porque la memoria es la única esperanza que nos queda para poder abrir un mañana, que está en nosotros pero abandonado al otro lado del espejo. Tenemos que rescatarnos del olvido para que no nos privaticen y nos homologuen y perdamos la magia de la palabra. Tenemos que hacer el mejor espacio para la palabra que transita y dejar que sea ella la que nos busque y encuentre. “Que hablen los todos que son diferentes. Que hablen y encuentren la memoria, que con ella conspiren y labren un futuro mejor para todos”
A veces, parece pesar la vida porque la tomamos como sustantivo y es preciso arriesgarse en el infinitivo. André Malraux respondió al General de Gaulle: “aunque la vida no tuviera sentido, tiene que tener sentido vivir”. Pero nos dejamos llevar como si dioses ociosos tuvieran en sus manos nuestras vidas. En la vorágine, no nos atrevemos a discrepar y nos aferramos al inane concepto de la seguridad que nos venden bajo mil formas. Como si hubiera algo más seguro que la incertidumbre portadora de desafíos que transforman los problemas. Quizá la frase más reveladora del Quijote sea “Yo sé quien soy, Sancho amigo”.
Ante el malestar de un mundo en crisis, es preciso agarrarse a la memoria y hacer espacio a la palabra. Dentro del laberinto de espejos en que se ha convertido la historia contemporánea hay que tallarlos y convertirlos en cristales para ver lo que podemos ser. “Los espejos son para ver de este lado, los cristales son para atravesarlos y pasar al otro lado”. Y empezar a ser felices queriendo lo que hacemos para superar esta soledad colectiva que hará crisis si nos lo proponemos.
Hagamos verdad nuestra memoria para que no haya olvido.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16
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