Las heridas abiertas

Sami Naïr, es autor de un libro fundamental sobre los flujos migratorios en el Mediterráneo: Las heridas abiertas. Las dos orillas del Mediterráneo: ¿un destino conflictivo?, prologado por Joaquín Estefanía.
Su lectura es imprescindible ante los brotes de xenofobia que se producen en Europa. Deslumbrados por los nuevos inmigrantes de los países del Este, a quienes consideran más afines por la apariencia externa, por la educación y por su fácil integración, corren el peligro de olvidar de dónde proceden las materias primas que durante siglos cimentaron el desarrollo de este continente. No se puede concebir una democracia si una parte de la población está excluida y no participa; la cuestión social es clave. Es preciso esclarecer los conceptos sobre la emigración: la psicosis de invasión de emigrantes y la falta de fundamento del impacto de los trabajadores extranjeros sobre el paro y la productividad.
Los extranjeros que viven es España no representan ni el 3% de la población. En Francia suponen el 6’5%, en Bélgica el 9%, en Luxemburgo el 32%, en Suiza el 17’5%, en Alemania el 7’5% y en Austria el 6’5%. Como demuestra A. Izquierdo, en La inmigración inesperada, la exageración de las cifras son un hecho ideológico y un componente inductor de la xenofobia.
La integración europea será imposible si en el sur del Mediterráneo perdura la miseria: el Sur requiere compartir los beneficios de la riqueza. De ahí que Estefanía recoja las declaraciones del líder argelino Ben Bella: “¡Qué absurda sería una España que acogiera a los polacos y rechazara a los marroquíes y argelinos, una España que intentara controlar la inmigración desplegando el Ejército como hace Italia (con los refugiados albaneses en Brindisi)!. Aunque Europa quiera vivir dentro de sus muros ignorando al resto del mundo, el resto del mundo no ignorará a Europa. El Sur es un arrabal de chabolas que tiene delante un campo de golf. ¿Qué puede ocurrir? Una invasión del terreno. Para impedirlo sólo hay una fórmula: que el arrabal viva mejor. Europa debe ayudar a los países del Sur a desarrollarse, siguiendo sus propios caminos”.
Sami Naïr propone hacer un lugar de encuentro, de intercambio y de solidaridad que tenga en cuenta el mestizaje de las orillas del Mediterráneo. En lugar del mar como frontera, el Mediterráneo como espacio común. Ni se pueden promover entradas masivas ni sostener políticas de inmigración sin abordar las condiciones de vida de donde proceden los inmigrantes. España, tierra de asilo, debe promover la política más generosa y no dejar la libre circulación para los capitales mientras se es cicatero con la de las personas que, muchas veces, se ven obligadas a emigrar por los excesos de una globalización desmesurada y torpe por inhumana.

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16
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