El Mediterráneo como espacio de encuentro

Las Conferencias Euromediterráneas en los últimos años no han logrado crear un espacio de colaboración. Los países del sur han abierto sus fronteras a los productos industriales de la UE mientras que ésta no acepta sus productos agrícolas. Europa envía 1.000 millones de euros a los países mediterráneos del sur mientras que el déficit comercial de estos produce un flujo anual hacia Europa de 34.000 millones. La política iniciada en Barcelona, en 1995, tenía tres objetivos: crear una zona de estabilidad basada en el respeto a los derechos humanos; establecer una zona de libre cambio y estimular sociedades civiles para favorecer el entendimiento mutuo. No se logrará la liberalización sino se aceptan los productos agrícolas del sur. Las políticas migratorias exigen un codesarrollo económico, no sólo avances democráticos en esos países.
"El mundo del Norte, viejo, rico, pequeño y blanco ha alcanzado el máximo poder pero se ha agotado y el Sur joven, pobre, grande y de colores no conoce fronteras y ocupará el puesto que le corresponde", dice Sami Naïr.
En el norte se concentra la riqueza mientras se destruyen las sociedades tradicionales del sur y aumenta la movilidad de sus poblaciones. El 75% de las inversiones se hacen en el Norte rico y sólo el 8% en Africa.
"España es el país europeo en que menos emigración existe, pero parece como si quisieran cortar con gran parte de su pasado y europeizarse cuanto antes”.
Se acabó el concepto de conquista para civilizar a otros, o para imponer un monoculturalismo que provoca desarraigo, alienación y desesperación.
Sami Naïr sostiene que "los flujos migratorios que van a transformar el mundo no se pueden admitir en forma desordenada. La solidaridad con los inmigrantes es hacerles comprender que entran en una comunidad a la que deberán adaptarse, respetándola y aportando sus inmensos caudales culturales". De ahí que urjan políticas contractuales con los países de donde proceden, fomentar los contratos temporales e integrar a los que ya están aquí a través de la escuela y de la participación ciudadana.
Preparémonos mediante la educación de los pueblos implicados y no confiar absurdamente en el mercado. Los inmigrantes no son una mercancía, sin alma, sin deseos, sin cultura. Son nuestro mejor mañana con quienes tenemos que construir un futuro humano y habitable. "Hay que pagar un tributo a las desigualdades del mundo porque lo que cuenta no es lo étnico sino la participación en un proyecto común".

José Carlos Gª Fajardo

Este artículo fue publicado en Mestizaje, de Diario 16 el 23/07/2004
Las Máscaras son artículos sobre temas sociales