RETAZOS 057 Como los bambúes

Otra tarde en la que el Maestro estaba descansando sus pies en una tinaja con agua salada y Sergei se preparaba para darle un masaje con bálsamo, la liebre siberiana le dijo:
- La verdad, Maestro, y sin querer meterme en este trajín que os traéis por las noches, al otro lado del río, es que mejor sería que lo compartierais con toda la comunidad para que ellos avanzasen en ese camino. Porque, ¡mira cómo traes los pies y cómo tienes las manos! Además, estáis adelgazando los dos de manera preocupante. 
- Ay Sergei, Sergei. Según los Libros Santos de Occidente, todas las desgracias les sobrevinieron a los hombres cuando pretendieron conocer los secretos del Cielo sin estar debidamente preparados. 
- ¿Y quiénes eran los responsables de que no estuvieran preparados y, lo que es peor, de que supieran que existían otras dimensiones que podrían hacerlos más felices? ¡Pues, los dioses! 
- No te fíes de las apariencias, joven Sergei. Aparte de que se trata de géneros literarios para que podamos comprenderlo, los hombres tenían, en su origen, todo lo necesario para ser felices si vivían de acuerdo con su naturaleza. 
- Entonces, ¿por qué no podían comer de aquel árbol de la sabiduría que los haría como dioses? 
- Ese fue el engaño. Lo tenían todo, pero su inmenso error fue no reconocerlo. Creyeron que "podrían ser como dioses... ¡cuando ya lo eran, Sergei, ya lo eran! 
- ¿Y ahora? 
- No podemos dejar de serlo, Sergei. Se trata de caer en la cuenta desprendiéndonos de tantas costras que oscurecen nuestra mente. Mira los bambúes que hemos plantado hace unos años. ¿Los ves? 
- Sí, Maestro. 
- No hay dos iguales, unos son más altos que otros, unos más flacos, otros más verdes, unos llevan agua y otros están secos, unos se inclinan al paso del viento y otros resisten porque se consideran más viejos. ¡Y todos son bambúes, Sergei! 

José Carlos Gª Fajardo


Este texto pertenece a la serie 'Retazos Luna Azul', colección de cuentos orientales adaptados a nuestro tiempo